
Abandonada y Embarazada
Lissy Escritora · Completado · 248.1k Palabras
Introducción
Bella no solo deberá tomar las riendas de su vida, también deberá estar preparada porque una mala decisión puede marcarla para siempre. En medio de secretos, verdades y grandes enemigos, luchará por superar cada obstáculo, y, por encontrar su verdadero lugar en el mundo.
¿Podrá mostrarle al destino que la fuerza de una mujer aguerrida vale más que mil desafíos? ¿Qué tan grande es el poder del amor? ¿Podrá contra el viento que la acecha o se dejará arrastrar por la fuerte corriente?
Una historia dramática, con toques de comedia, pero sobre todo, dulce y romántica. Una historia que el destino puede escribir en la vida de cualquiera.
Capítulo 1
—Diez minutos más —supliqué con voz ronca y el corazón pendiendo de un hilo. Tenía un nudo en la garganta, sentía como un hormigueo recorría cada centímetro de mi piel y la angustia se apoderaba de mi cuerpo con cada segundo que transcurría.
Los presentes me observaban con gran expectativa y en algunos rostros notaba una pizca de comprensión. La expresión de mi rostro definitivamente no era la mejor ni la más cordial, mis músculos tensados, mis mejillas empapadas en lágrimas y mi mirada puesta en la entrada delataba mi espera por un milagro.
Ahí estaba yo, en el supuesto mejor día de mi vida, con el vestido más hermoso que pude haber elegido con la ayuda de mi mejor amiga: ceñido al cuerpo en la parte alta; en la baja una radiante caída esponjada que contrastaba con el encaje blanco; la cinta ataba mi cintura y moldeaba mi figura. Era realmente hermoso, desde el primer instante que lo vi, me enamoré y supe que sería el que usaría para unir mi vida a la de mi amado novio.
—Creo que debemos irnos —replicó mi mamá en un gruñido impaciente, interrumpiendo el silencio abrumador que empezaba a apoderarse de la estancia.
Me giré con rapidez. Mi mamá no podía estar insinuando terminar todo tan rápido.
—¡No! —grité alarmada y al mismo tiempo llamando la atención de los invitados. Los observé mientras negaba con la cabeza y con voz ahogada agregué—: Tal vez se le hizo tarde o no sé, seguro le salió un imprevisto.
Cerré los ojos tratando de buscar una excusa lo suficientemente válida para justificarlo, aunque dentro de mí sabía que James era un idiota, el más grande de todos.
—¿No te das cuenta el espectáculo que estamos haciendo? —susurró mi padre esbozando una leve sonrisa nerviosa de lado hacia el público para disimular.
—Pero... no puedo irme, papá. James no pudo haberme hecho esto —murmuré, casi a punto de llorar. En el fondo, algo dentro de mí decía que podía ser posible, pero me negaba a aceptarlo en su totalidad, no después de los cinco años a su lado—. Solo está retrasado. No puede dejarme aquí y...
—Cálmate, vamos a llamarlo una vez más —interrumpió Angie, mi hermana, con voz pausada y un inexpresivo semblante, porque, aunque James no fuese de su total agrado, sabía que yo lo amaba y estaba sufriendo en ese momento.
Tomó su celular y lo desbloqueó, un tierno gatito apareció en la pantalla, luego buscó entre los contactos hasta encontrar el de James. Llamó, pero no obtuvo respuesta. Suspiró y negó con la cabeza, luego llamó una vez más, una más, otra más y otra. Negó con la cabeza y me dedicó una mirada de compasión que entendí al instante.
Todo había acabado.
—Bella, creo que es mejor terminar con esto. No podemos seguir aquí parados con este espectáculo —sentenció mi mamá secando con un pañuelo blanco las lágrimas que ya empezaban a brotar de mis ojos.
Me limité al silencio, ese que duele. Pero en mi mente repetía una y otra vez. «Va a llegar, James va a llegar» haciéndole entender a mi cabeza que sí llegaría, que todo era una terrible confusión y que seguramente en unas horas estaría riéndome por pensar que todo había acabado.
Bajé mi vista y miré el ramo de flores que tenía en mis manos, sus colores eran mis favoritos, pero en este momento ni siquiera eso lograba alegrar mi vista y muchísimo menos mi corazón que en ese momento se encontraba resquebrajado como una copa de cristal.
Lágrimas rodaban por mis mejillas cayendo en mi pecho adornado con el collar que James me había regalado el día que anunció la compra de nuestro apartamento. Mi corazón empezaba impacientarse y mi angustia crecía al notar que mis seguridades se desvanecían.
Escuchaba murmullos y voces por todos lados, todos tenían la vista puesta en mí; querían ver mi reacción y al parecer, disfrutaban verme sufrir parada frente al altar sola y abandonada esperando por un hombre que alguna vez prometió compartir su vida conmigo.
Observé mi celular una vez más, ya mis manos sudadas eran testigo del tiempo que llevaba pendiente por si vibraba o si entraba una llamada, los números del reloj aparecieron en la pantalla y suspiré con dolor al notar que ya había transcurrido exactamente una hora. Una hora y ni un mensaje, ni una llamada. ¡Nada! No había rastro de James.
¿Dónde se había metido?
Se suponía que había quedado en llegar al hotel donde celebraríamos la boda. No lo veía desde hacía dos días, porque con todo el tema de la boda, el tiempo era lo que más se nos agotaba. Pero nos escribíamos por WhatsApp y se suponía que todo estaba bien entre nosotros ¿o no?
Mis pies cansados pedían consideración, una hora de pie con esos zapatos altos ya me hacían sentir un hueco en mis talones, el peinado ya empezaba a molestarme, los cabellos sueltos me provocaban escozor y el vestido ya no me parecía tan hermoso; las pestañas falsas comenzaban a pesar y aquellas flores ya no eran las más bonitas.
Una vez más el abogado se acercó a nosotros con expresión cansina y a grandes zancadas, en su rostro podía notar su impaciencia.
—Disculpen, tengo un compromiso en media hora y debo irme cuanto antes —masculló con seriedad mirando su reloj—. Siento mucho todo esto, pero debo irme.
—Señor, a usted le pagan por esto ¿verdad? —gruñó Mell impaciente y es que la paciencia no era precisamente una de sus virtudes.
El señor de barba asintió y enarcó una ceja, estaba confundido y se notaba en aquella mirada desconcertada.
—¡Entonces quédese en su bendito lugar! ¡Al fin y al cabo le van a pagar! —exclamó mi amiga haciéndolo sobresaltar debido al tono de sus palabras.
Todos la miraron sorprendidos, incluso el mismo abogado, sin embargo, el señor asintió y cabizbajo, de seguro pensando improperios y malas palabras, regresó hasta su lugar sin dejar de observar con rabia a mi amiga.
Eché un vistazo a mi alrededor y la nostalgia arrancó un gemido de mi interior al ver todo lo que me rodeaba: la decoración era hermosa, mi amiga y mi hermana se habían dedicado en tiempo y alma a ella. Los ramos de flores rosadas con turquesa bailaban con el viento que entraba por las ventanas. Los centros de mesa tenían una preciosa "B y J" en el medio, decorado con lindas rosas rojas, de las cuales emanaba un dulce aroma. Las ventanas decoradas con seda de las que pendían flores naturales de diferentes colores, dando un toque silvestre.
Mis ojos no podían más, empezaron a derramar lágrimas, una tras otra. Todo había sido en vano, todo había acabado y lo que más me dolía eran esos cinco años de mi vida.
El abogado planchó su saco negro con las manos y se acercó con expresión molesta. Esta vez aclaró su voz para decir con su tono más grave:
—Debo irme —se dirigió a mi papá—. La boda que se supone que oficiaré empezó hace diez minutos y usted sabe cómo es el tráfico de esta ciudad, además, es la boda de un influyente hombre de negoc…
—Cinco minutos más —rogó mi mamá, mirándome de reojo, pero casi suplicando al abogado.
Estaba a punto de tomar una decisión que marcaría mi vida, el nudo que había en mi garganta se enredaba más a medida que pensaba en lo que iba a hacer, pero no había de otra. No había de otra.
—Sí, Pedro. Unos cinco mi... —suplicó esta vez mi padre.
—No —interrumpí con toda la seguridad que pude reunir en ese momento. Sequé mis lágrimas y aclaré mi voz tratando de tragarme mis miedos y mi dolor. Todos me miraron asombrados, me quité el recogido que llevaba en mi cabello y lo dejé suelto para aplacar un poco el dolor que carcomía mi cabeza—. Creo que ya es hora de irnos —agregué resignada, pero con fuerza, intentando ahogar el llanto que deseaba salir de lo más profundo de mis entrañas.
—Pero herma... —trató de decir Angie con su voz dulce, pero la silencié con una mirada que denotaba seguridad.
—¿Estás segura, Bella? —cuestionó mi mejor amiga observándome con detenimiento. A ella no podía mentirle, Mell era de las pocas personas que podían descifrarme con tan solo una mirada.
La miré por unos segundos y tuve ganas de abrazarla, de dejar escapar mi dolor y llorar. Pero mi corazón rugió de fuerza y asentí como si fuera la decisión menos difícil del mundo.
—Ya he esperado lo suficiente, creo que es evidente que no llegará—confirmé con voz temblorosa y terminé de secar mis lágrimas con las manos que también temblaban a causa del impacto que ese acontecimiento estaba teniendo en mi ser.
—¿Estás segura? —preguntó dudosa mi mamá acercándose y examinando mi repentina reacción, algo que ni yo misma me creía aún.
El silencio reinaba en aquel salón de hotel, estaba más que claro que James era un idiota, pero ya había llorado mucho frente a toda esa gente que alguna vez nos vio besándonos o jurándonos amor eterno, tenía que recoger las pocas partículas que aún quedaban de mi dignidad y largarme de ese lugar.
—Sí —repetí convencida.
Mis padres se miraron y luego de unos asentimientos y miradas de compasión y desconcierto, terminaron por suspirar en modo de resignación.
—Queridos invitados, lamentablemente la boda se cancela... —informó mi papá frente al público, pero no pude quedarme a escuchar todo su discurso de disculpas. Necesitaba salir de ese lugar lo más rápido posible o iba a romper en llanto frente a todos.
Así que caminé a paso rápido hacia la salida, escondiendo mi rostro para evitar miradas curiosas, iba agarrando mi pesado y esponjado vestido entre mis dedos temblorosos. Necesitaba aire pronto, más bien, necesitaba más que eso. Necesitaba olvidar esa pesadilla, necesitaba borrar ese dolor, necesitaba no haber amado a James, no haberlo conocido.
Escuché pasos acercarse, ese no era el mejor momento para tener compañía. Me giré y de la manera más amable interrumpí a mi mamá, mi hermana y mi amiga que se aproximaban con notable preocupación.
—Gracias, pero necesito estar sola —zanjé con voz firme—. En serio, espero lo entiendan. —Les dediqué una última sonrisa triste antes de girarme y seguir caminando.
Salí a paso rápido por la enorme puerta que se abrió en dos y de inmediato el aire fresco inundó mis fosas nasales y me hizo renovar aquel que recorría mis pulmones.
El sol estaba perfecto, el viento pegaba en mi rostro maquillado, las aves cantaban, las hojas danzaban en un vaivén dejándose llevar por la melodía del viento.
¡Hubiese sido el día perfecto!
Miré a mi alrededor y sin pensarlo me despojé del par de zapatos que me torturaban. Mis pies sintieron la humedad de la hierba y a paso lento caminé hasta el pequeño lago que estaba en la parte de atrás del hotel. Mi vestido se arrastraba y emitía un sonido al hacer fricción con el suelo húmedo y rociado.
Me dejé caer en una banca de madera justo frente al lago, tiré el ramo de flores al piso con toda la rabia que invadía mi cuerpo. Sin darme cuenta empecé a llorar. La impotencia y la decepción me estaban comiendo por dentro y mi corazón ya empezaba a desahogarse frente a aquel paisaje frente a mí.
El viento movía el agua del lago y los recuerdos mi corazón remontándome a aquel día, el que se suponía daría pie al mejor día de mi vida.
—Esta noche es muy especial —murmuró con voz dulce y luego depositó un beso en mi mejilla.
—¿James, ¿qué haces? —cuestioné perpleja al ver que se separaba de mí y sacaba una pequeña caja envuelta con un lazo rojo de su bolsillo.
No dijo nada más, pero se arrodilló frente a mí para luego abrir la pequeña caja y mostrarme un precioso anillo reluciente.
—Bella, ¿quieres ser mi esposa? —preguntó, acompañado de una sonrisa.
Había estado esperando ese momento hacía algún tiempo y era lo que anhelaba. No dudé en arrojarme a sus brazos. Lo amaba. Amaba a ese hombre que me abrazaba con ternura. Luego de unos segundos, me separé y mirándolo a los ojos asentí sonriendo.
—Te amo, James —murmuré antes de besarlo. Estaba muy emocionada, no había imaginado que en mi realidad el día que tanto había soñado, llegaría para cumplir mi sueño de la mano de James Carter, el hombre al que amaba.
—¿Te parece si nos casamos en seis meses? —cuestionó minutos después, mientras ambos admirábamos el anillo en mi dedo.
—Por supuesto, mi amor. ¡Mi madre se va a morir de la felicidad! —exclamé alegre y sonreí al imaginar su reacción cuando le dijera que su hija se casaría con el yerno que tanto quería.
Escuché la música sonar y volví al presente en un solo minuto. Ahora todo eran recuerdos.
Mi mente solo se sumergía en las posibilidades de regresar el tiempo y quedarme en esos recuerdos dulces y no sentir el dolor que me estaba matando poco a poco.
De fondo sonaba una canción en género salsa, de seguro los invitados estaban en el salón disfrutando de la fiesta de la boda que no se realizó. Mis padres habían invertido mucho en esa "fiesta" al igual que los de James. Pero al final todo había sido una farsa, una más de sus mentiras.
El sol empezaba a ocultarse entre las nubes y mi mente no podía dejar de pensar qué había hecho mal. ¿Por qué James no había llegado? ¿Cuál era la causa de su arrepentimiento?
Se suponía que todo estaba bien entre nosotros, incluso ya en nuestro apartamento estaban parte de las cosas que habíamos comprado, la luna de miel estaba pagada, la fiesta se había organizado hacía meses y teníamos un lugar donde vivir. Aun recordaba la alegría de aquel día cuando me invitó a comer y me anunció que ya había comprado un apartamento para los dos, que era nuestro hogar. ¿Entonces qué había pasado? ¿Cómo podía cambiar una persona de opinión en apenas dos días?
Y la pregunta más temible dentro de mí era ¿me había dejado de amar?
Sabía que estaba joven para casarme, pero mi corazón sentía que hacía lo correcto. Lo amaba y deseaba pasar mis días junto a él, despertar a su lado cada amanecer y recostarme en su pecho en las madrugadas, quería vivir mi propia historia de amor, pero junto a él y ahora, ahora estaba sola.
A cada pensamiento, una punzada en lo más profundo de mi corazón. James Carter era el amor de mi vida, el hombre que ponía mi mundo se cabeza, el que me ponía nerviosa con solo tenerlo cerca, al que le había regalado cinco años de mi vida, con quién ya tenía un futuro planeado, el que sería el padre de mis hijos, el pensamiento de mi futuro y mi presente, la mano que quería ver envejecida junto a la mía.
¿Por qué me estaba haciendo eso? ¿Por qué me hacía sufrir de esa forma tan dolorosa?
¿Dolía? Sí, de una manera inexplicable. Mi corazón estaba pasando una fuerte conmoción; mi alma también lo sabía y mi cuerpo empezaba a desfallecer agobiado por la tristeza de amar sin ser amada lo suficiente.
Asimilar que había perdido esta vez, me estaba costando tanto, porque no solo había perdido mis planes, mis deseos, mis anhelos, también había perdido cada día de los últimos cinco años de mi vida, amando a quien tal vez nunca lo mereció.
Había sido un doloroso capítulo de mi vida. ¿Qué más podía empeorarlo?
Últimos capítulos
#102 EPÍLOGO
Última actualización: 1/18/2026#101 CAPÍTULO EXTRA 3. PARTE 2.
Última actualización: 1/18/2026#100 CAPÍTULO EXTRA 3. PARTE 1.
Última actualización: 1/18/2026#99 CAPÍTULO EXTRA 2
Última actualización: 1/18/2026#98 CAPÍTULO EXTRA 1
Última actualización: 1/18/2026#97 CAPÍTULO 97 [FINAL]
Última actualización: 1/18/2026#96 CAPÍTULO 96
Última actualización: 1/18/2026#95 CAPÍTULO 95
Última actualización: 1/18/2026#94 CAPÍTULO 94
Última actualización: 1/18/2026#93 CAPÍTULO 93
Última actualización: 1/18/2026
Te podría gustar 😍
Invisible para su Matón
De mejor amigo a prometido
Una semana de boda en New Hope. Una mansión llena de invitados. Y una dama de honor muy resentida.
Para sobrevivir, Savannah lleva una cita —su encantador y pulcro mejor amigo, Roman Blackwood. El único hombre que siempre la ha apoyado. Le debe un favor, y fingir ser su prometido? Fácil.
Hasta que los besos falsos empiezan a sentirse reales.
Ahora Savannah está dividida entre mantener la farsa… o arriesgarlo todo por el único hombre del que nunca debió enamorarse.
Después de Una Noche con el Alfa
Pensé que estaba esperando el amor. En cambio, fui tomada por una bestia.
Mi mundo debía florecer en el Festival de Luna Llena de Moonshade Bay—champán burbujeando en mis venas, una habitación de hotel reservada para Jason y para mí, finalmente cruzar esa línea después de dos años. Me había puesto lencería de encaje, dejé la puerta abierta y me acosté en la cama, con el corazón latiendo de emoción nerviosa.
Pero el hombre que se subió a mi cama no era Jason.
En la habitación completamente oscura, ahogada en un aroma embriagador y especiado que me mareaba, sentí manos—urgentes, ardientes—quemando mi piel. Su grueso y palpitante miembro presionó contra mi húmeda entrepierna, y antes de que pudiera jadear, él empujó fuerte, desgarrando mi inocencia con fuerza despiadada. El dolor ardía, mis paredes se contraían mientras arañaba sus hombros de hierro, ahogando sollozos. Sonidos húmedos y resbaladizos resonaban con cada golpe brutal, su cuerpo implacable hasta que tembló, derramándose caliente y profundo dentro de mí.
—Eso fue increíble, Jason—logré decir.
—¿Quién diablos es Jason?
Mi sangre se volvió hielo. La luz iluminó su rostro—Brad Rayne, Alfa del Clan Moonshade, un hombre lobo, no mi novio. El horror me ahogó al darme cuenta de lo que había hecho.
¡Corrí por mi vida!
Pero semanas después, me desperté embarazada de su heredero.
Dicen que mis ojos heterocromáticos me marcan como una verdadera pareja rara. Pero no soy lobo. Soy solo Elle, una nadie del distrito humano, ahora atrapada en el mundo de Brad.
La mirada fría de Brad me clava: —Llevas mi sangre. Eres mía.
No hay otra opción para mí que elegir esta jaula. Mi cuerpo también me traiciona, deseando a la bestia que me arruinó.
ADVERTENCIA: Solo para lectores maduros
El Ascenso de la Loba Desterrada
Ese rugido me robó mi decimoctavo cumpleaños y destrozó mi mundo. Mi primera transformación debería haber sido gloriosa—la sangre convirtió la bendición en vergüenza. Al amanecer me habían marcado como "maldita": expulsada por mi manada, abandonada por mi familia, despojada de mi naturaleza. Mi padre no me defendió—me envió a una isla desierta donde los marginados sin lobos eran forjados en armas, obligados a matarse entre ellos hasta que solo uno pudiera irse.
En esa isla aprendí los bordes más oscuros de la humanidad y cómo enterrar el terror en los huesos. Innumerables veces quise rendirme—sumergirme en las olas y no salir jamás—pero los rostros acusadores que atormentaban mis sueños me empujaban hacia algo más frío que la supervivencia: venganza. Escapé, y durante tres años me escondí entre humanos, recopilando secretos, aprendiendo a moverme como una sombra, afilando la paciencia hasta convertirla en precisión—convirtiéndome en una espada.
Luego, bajo una luna llena, toqué a un extraño herido—y mi lobo regresó con una violencia que me hizo completa. ¿Quién era él? ¿Por qué podía despertar lo que yo creía muerto?
Una cosa sé: ahora es el momento.
He esperado tres años para esto. Haré que todos los que me destruyeron paguen—y recuperaré todo lo que me fue arrebatado.
Sobornando la Venganza del Multimillonario
Su vida es perfecta hasta que su castillo de cristal se derrumba. Su esposo admite haber sido infiel con nada menos que su propia hermana, y hay un hijo en camino. Liesl decide que la mejor manera de sanar su corazón destrozado es destruyendo lo único que él valora más que cualquier otra cosa: su carrera.
Isaias Machado es un multimillonario de primera generación estadounidense; él conoce el valor del trabajo duro y de hacer lo necesario para sobrevivir. Toda su vida ha estado orientada al momento en que pueda arrebatar la compañía McGrath de las manos de los hombres corruptos que una vez dejaron a su familia sin hogar.
Cuando Liesl McGrath se acerca al multimillonario para sobornarlo con información destinada a arruinar a su exmarido, Isaias Machado está ansioso por tomar todo lo que los McGrath valoran, incluyendo a Liesl.
Una historia de amor, venganza y sanación necesita comenzar en algún lugar, y el dolor de Liesl es el catalizador para la montaña rusa más salvaje de su vida. Que comience el soborno.
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
El regreso de la princesa de la mafia
Después de la aventura: En brazos de un multimillonario
En mi cumpleaños, la llevó de vacaciones. En nuestro aniversario, la trajo a nuestra casa e hizo el amor con ella en nuestra cama...
Descorazonada, lo engañé para que firmara los papeles de divorcio.
George permaneció indiferente, convencido de que nunca lo dejaría.
Sus engaños continuaron hasta el día en que se finalizó el divorcio. Le lancé los papeles en la cara: —¡George Capulet, a partir de este momento, sal de mi vida!
Solo entonces el pánico inundó sus ojos mientras me suplicaba que me quedara.
Cuando sus llamadas bombardearon mi teléfono más tarde esa noche, no fui yo quien respondió, sino mi nuevo novio Julian.
—¿No sabes —rió Julian en el receptor— que un exnovio decente debería estar tan callado como los muertos?
George rechinó los dientes: —¡Ponla al teléfono!
—Me temo que eso es imposible.
Julian dejó un suave beso en mi forma dormida, acurrucada contra él. —Está agotada. Acaba de quedarse dormida.
En la Cama con su Jefe Idiota
Una noche. Eso es todo lo que se suponía que iba a ser.
Pero a la fría luz del día, alejarse no es tan fácil. Roman no es un hombre que suelta—especialmente no cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por una noche. La quiere a ella, punto.
Y no tiene intención de dejarla ir.
El Alfa Motociclista que se Convirtió en Mi Segunda Oportunidad de Pareja
—Eres como una hermana para mí.
Esas fueron las palabras que colmaron el vaso.
No después de lo que acababa de pasar. No después de la noche ardiente, sin aliento, que sacudió nuestras almas mientras nos enredábamos en los brazos del otro.
Sabía desde el principio que Tristan Hayes era una línea que no debía cruzar.
No era cualquier persona, era el mejor amigo de mi hermano. El hombre que pasé años deseando en secreto.
Pero esa noche... estábamos rotos. Acabábamos de enterrar a nuestros padres. Y el dolor era demasiado pesado, demasiado real... así que le rogué que me tocara.
Que me hiciera olvidar. Que llenara el silencio que la muerte dejó atrás.
Y lo hizo. Me sostuvo como si fuera algo frágil.
Me besó como si fuera lo único que necesitaba para respirar.
Luego me dejó sangrando con seis palabras que ardieron más profundo que cualquier rechazo.
Así que, huí. Lejos de todo lo que me causaba dolor.
Ahora, cinco años después, estoy de vuelta.
Recién rechacé al compañero que me abusó. Todavía llevando las cicatrices de un cachorro que nunca pude sostener.
Y el hombre que me espera en el aeropuerto no es mi hermano.
Es Tristan.
Y no es el chico que dejé atrás.
Es un motociclista.
Un Alfa.
Y cuando me miró, supe que no había ningún otro lugar al que pudiera huir.
De Substituta a Reina
Con el corazón roto, Sable descubrió a Darrell teniendo sexo con su ex en su cama, mientras transfería en secreto cientos de miles para mantener a esa mujer.
Lo peor fue escuchar a Darrell reírse con sus amigos: —Es útil—obediente, no causa problemas, se encarga de las tareas del hogar, y puedo follarla cuando necesito alivio. Básicamente es una sirvienta con beneficios. Hizo gestos groseros de empuje, provocando las carcajadas de sus amigos.
Desesperada, Sable se fue, reclamó su verdadera identidad y se casó con su vecino de la infancia—el Rey Lycan Caelan, nueve años mayor que ella y su compañero predestinado. Ahora Darrell intenta desesperadamente recuperarla. ¿Cómo se desarrollará su venganza?
De sustituta a reina—¡su venganza acaba de comenzar!
El Remedio de Medianoche del CEO
Mi nombre es Aria Harper, y acabo de atrapar a mi prometido Ethan acostándose con mi hermanastra Scarlett en nuestra cama. Mientras mi mundo se desmoronaba, ellos planeaban robarme todo—mi herencia, el legado de mi madre, incluso la empresa que debería ser mía.
Pero no soy la chica ingenua que creen que soy.
Entra Devon Kane—once años mayor, peligrosamente poderoso, y exactamente el arma que necesito. Un mes. Un trato secreto. Usar su influencia para salvar mi empresa mientras descubro la verdad sobre la "muerte" de mi madre Elizabeth y la fortuna que me robaron.
El plan era simple: fingir mi compromiso, seducir información de mis enemigos, y salir limpia.
Lo que no esperaba? Este multimillonario insomne que solo puede dormir cuando estoy en sus brazos. Lo que él no esperaba? Que su arreglo conveniente se convertiría en su obsesión.
A la luz del día, es un maestro de la indiferencia—su mirada deslizándose más allá de mí como si no existiera. Pero cuando cae la noche, está levantando mi vestido de encaje, sus manos reclamando mis pechos a través del material transparente, su boca encontrando el pequeño lunar en mi clavícula.
—Eso es—susurra contra mi piel, con la voz tensa y ronca—. Dios, te sientes increíble.
Ahora las líneas están borrosas, las apuestas son más altas, y todos los que me traicionaron están a punto de aprender lo que sucede cuando subestiman a Aria Harper.
La venganza nunca se sintió tan bien.












