
ATLAS EL ALFA CAUTIVO
Tory Sánchez · Completado · 229.7k Palabras
Introducción
—Lléname de ti, Atlas —suplicó abriendo los pantalones del hombre.
Un gruñido animal abandonó la garganta de Atlas, pero no pudo hacer nada. Simplemente, observó como Mica le acariciaba la dura verga.
Durante meses. Atlas Dravencor sufrió en cautiverio a manos de su enemigo. El alfa Aziel de la manada de Plata. Encerrado como una bestia, fue torturado para doblegarlo, pero fiel a sus principios y lealtades, no se dejó vencer. Hasta que llegó Mica, inocente y con intención de ayudarlo, terminó sucumbiendo ante ella. Solo para enterarse de que se trataba de la hija de su peor enemigo.
Traicionado, juró vengarse y, cuando finalmente es rescatado por su padre y su gente, Atlas no huye solo: arrastra a Mica con él, herida en el asalto. No la salva por piedad. La lleva con él como su botín de guerra. Como castigo y símbolo de su victoria.
Atlas está decidido a vengarse y hacerle pagar por su engaño; sin embargo, estar lejos de la joven omega le resulta imposible, sobre todo, cuando descubre que en su cuello lleva su marca y en su vientre, a su hijo.
Entre la sed de venganza y el deseo prohibido, Atlas deberá decidir si será un verdugo… o un alfa digno.
Capítulo 1
El cielo se iluminó cuando el estruendo de una tempestad irrumpió la tranquilidad de la noche. De inmediato, el cielo abrió sus puertas y, como cascadas, la lluvia se precipitó sobre el bosque, haciendo que la noche se volviera más oscura, fría y tenebrosa.
Mica temblaba con violencia cuando las fuertes gotas de lluvia golpeaban el cristal del auto. Uno, dos, tres estruendos más surcaban el cielo, iluminando la fría noche y dejando un eco violento en la distancia. La madre naturaleza parecía furiosa y con deseos de arrasar todo a su paso.
Los árboles se movían como si desearan abandonar sus raíces. Era escalofriante ver la violencia con la que se sacudían, inconformes.
Ella aferró su mano al sillón, presionando con fuerza el fino cuero para evitar salir expulsada de su asiento cuando un giro inesperado las sorprendió. Levantó la vista para buscar los ojos de su madre, pero Zarina tenía la mirada fija en la ventanilla, ignorándola como siempre.
Ni su presencia ni la furiosa tormenta parecían perturbarla.
—Mamá —susurró Mica, tan bajo que por un segundo dudó que la hubiera escuchado. Aunque, el sonido de la lluvia era ensordecedor, resultaba imposible creer que la fina audición de su madre fallara.
—Guarda cualquier opinión o comentario que tengas para ti, Mica. He tomado una decisión y no voy a cambiarla por nadie, ni siquiera por ti —sentenció Zarina sin mirarla, dejando claro su desprecio.
Mica mordió el interior de su mejilla hasta probar el sabor metálico de su sangre. Enterró las uñas en sus palmas, atravesando la fina tela de sus guantes. El deseo de llorar la abrumaba, pero luchó con todas sus fuerzas por tranquilizarse.
Desde la muerte de su padre, su vida se había ido a la deriva. Se sentía totalmente perdida sin su guía. Él había sido su soporte y su ancla. Ahora solo tenía la desagradable sensación de ser una carga para su madre.
Más bien, era Zarina quien se encargaba de recordarle a cada segundo que no era más que una deshonra para ella, un maldito lastre con el que se había visto obligada a cargar.
No sabía si era su condición de mestiza lo que provocaba tanto desprecio en Zarina, pero desde que tenía uso de razón, jamás había sido afectuosa con ella, nunca le había demostrado ni un ápice de ternura. Zarina no era como otras lobas que darían la vida por sus cachorros.
Mica sabía que, en el fondo, su madre no dudaría un solo segundo en arrebatarle la vida si así lo deseara.
—No quiero problemas, Mica —dijo de repente Zarina, rompiendo el denso silencio dentro del auto.
Ella se obligó a apartar la mirada del torrencial aguacero y de la oscura carretera. La observó en silencio, esperando a que continuara.
—Aziel no es un lobo cualquiera. Es el alfa de su manada y mi pareja destinada.
Mica tragó el nudo que se formaba en su garganta, se mordió el labio para no hacer preguntas, pero falló estrepitosamente.
—¿Tu pareja destinada? —Un sabor amargo le quemaba la lengua y un aguijonazo atravesaba su pecho. El aire se llenaba de un olor demasiado fuerte y abrumador.
Excitación.
—Creí que mi padre lo era —murmuró, incapaz de respirar.
Los ojos de Zarina brillaban con deleite y el aroma se volvía más insoportable.
—Tu padre solo fue un asqueroso y pretencioso humano. Su único mérito fue tener dinero y poder. Por eso mi padre me entregó a él, pero nunca fue digno de poseer a una loba como yo —gruñó con desprecio.
Los ojos de Mica se llenaron de lágrimas, pero se obligó a no derramarlas. Su madre parecía disfrutar con su dolor.
—A pesar de tu… existencia —continuó Zarina—, Aziel me ha convertido en su luna y, a partir de ahora, será un padre para ti, además de tu alfa. Todo lo que él decida para ti, lo aceptarás sin discutir.
El calor abandonó el cuerpo de Mica. Los latidos de su corazón zumbaban en sus orejas. Estaba segura de que su madre podía escucharlos con claridad. Incluso, tenía la certeza de que podía oler su enfado e indignación.
—¡Estás loca! No puedes hablar en serio, mamá. ¡Mi destino no va a decidirlo, alguien que ni siquiera lleva mi sangre! —rugió, sintiendo el picor de sus colmillos en las encías.
No pasó ni un segundo antes de tener las garras de Zarina alrededor de su cuello. El filo cortó ligeramente su piel. Los latidos de su corazón se aceleraron y el miedo la petrificó.
Saber que su madre era capaz de matarla y tener su cuello expuesto eran dos cosas muy distintas.
—No me provoques, Mica. Ya he tenido suficiente con tener que cargar contigo a mi nuevo hogar —gruñó Zarina, enseñándole los dientes.
La necesidad de bajar el rostro y doblegarse quemaba cada músculo del cuerpo de Mica, pero alzó el mentón en un claro desafío.
—Entonces, hazlo, mamá. Termina con mi vida y lanza mi cuerpo a la barranca más cercana —murmuró con dificultad.
La mano de Zarina se apretó sobre su garganta hasta cortarle la respiración. Presionó sus dientes, y sus ojos verdes cambiaron, convirtiéndose en dos pozos negros como el ónix. Su loba estaba muy cerca de la superficie. Solo tenía que decidirse, y todo terminaría.
—Es una invitación tan difícil de ignorar, cariño —gruñó con burla, mostrando sus colmillos—. Pero Aziel tiene planes para ti —agregó, liberándola de sus garras.
La primera bocanada de aire que llegó a los pulmones de Mica le quemó como fuego. Se acarició la piel, tratando de aliviar el dolor.
—¿Planes? —susurró.
Zarina no se molestó en responder, por lo que Mica volvió la atención a la carretera. Los gigantescos árboles desfilaban uno tras otro, hasta internarse en lo más profundo del bosque. El hogar de la manada Luna de Plata. Su nuevo hogar.
Un escalofrío recorrió su columna mientras la neblina se hacía más y más densa con cada kilómetro recorrido. El frío calaba sus huesos, o quizá solo era el miedo a lo desconocido.
Cerró los ojos. El camino parecía no tener fin, o eso pensaba. El auto bajó la velocidad hasta detenerse por completo.
—Llegamos —la voz satisfecha de Zarina la hizo abrir los ojos lentamente. No se molestó en verla.
Cuando la puerta se abrió, su madre descendió como si fuera una reina. Mica no tenía idea de quién era el hombre que la recibió, pero el olor que emanaba de él le picaba la nariz. Era como respirar mierda.
—Date prisa, Mica. Aziel odia que lo hagan esperar.
Un nuevo temblor la sacudió, pero lo controló con dignidad. Se deslizó del asiento y salió del auto.
Abrió y cerró la boca al fijarse en la impresionante construcción delante de ella. Era como estar en el corazón de la antigua Escocia. No podía llamar “casa” a un lugar como ese. Era un castillo erguido de piedra y torres que parecían acariciar el cielo.
Y, como en desacuerdo con sus pensamientos, un rayo surcó el cielo acompañado de un aullido desgarrador que caló hasta lo más profundo de su ser.
Últimos capítulos
#162 CAPÍTULO 163
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Última actualización: 6/25/2026#155 CAPÍTULO 166
Última actualización: 6/24/2026#154 CAPÍTULO 155
Última actualización: 6/25/2026#153 CAPÍTULO 154
Última actualización: 6/25/2026
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