
Bajo el velo de la traición
sandravenezuela7 · Completado · 335.9k Palabras
Introducción
Regresa con el poder en sus manos y el hielo en sus venas. Isabella Moretti no es la ingenua que dejaron atrás. Armada con títulos, la ampliación de los negocios y un rencor que ha perfeccionado durante años, acepta su destino: un matrimonio arreglado con el hombre que destrozó su corazón. Es su deber y su primera jugada en un tablero que solo ella ve por completo.
Francesco Rossi cree controlarlo todo. Su corazón pertenece a otra, su imperio mafioso está en luto y ve a Isabella como un obstáculo elegante y frío. Pero subestima a la mujer que regresa. Porque tras la boda forzada por la tradición y la ambición, no hay un final, sino el primer movimiento.
Este no es un cuento de amor. Es un pacto con el diablo tejido con juramentos rotos y promesas envenenadas. Juntos, Isabella y Francesco deberán navegar un mar de traiciones donde cada aliado puede ser el verdugo y cada secreto, un arma. ¿Qué pesa más: el amor de toda una vida o la lealtad a un legado de sangre? ¿Se puede confiar en alguien cuando el mayor peligro duerme en tu cama?
Bajo la fachada de lujosas villas y negocios legales, la verdad se oculta entre sombras. Aquí, la venganza es un plato que se sirve frío, y el amor, el arma más letal de todas. La traición siempre llega desde donde menos se espera… y a veces, te sorprende cuando te enfrentas a lo que hay Bajo el Velo de la Traición.
¿Estás listo para ver caer el velo?
Sumérgete en una saga adictiva de pasión tóxica, giros impactantes y personajes grises que desafiarán todo lo que crees saber sobre el bien y el mal. Para lectores que no temen a la oscuridad.
Capítulo 1
El resonar de la lluvia golpeaba las ventanas de la mansión Rossi, creaba una sinfonía melancólica que se filtraba por cada rincón. Francesco, con la mirada perdida en el horizonte, recordaba las palabras de su abuelo Don Marco Rossi: «La vida es un laberinto, Francesco, y a veces nos perdemos en las sombras».
Esa noche, las sombras se cerraron aún más. El sonido de unos tacones resonó en el pasillo, interrumpiendo los pensamientos de Francesco. Elena entró en la habitación en compañía de Dimitri; su rostro estaba palidecido y sus ojos parecían perdidos e inundados por el llanto.
—Elena, acabo de enterarme —dijo Francesco con una expresión de tristeza y rabia—. Siento mucho lo de tus padres, Elena. Trabajaron para el abuelo y siempre fueron leales a la familia; no entiendo cómo sucedió. ¿Cómo estás?
Elena apenas levantó la mirada. —Estoy totalmente sola, Francesco. La noticia fue como un golpe repentino, no sé qué haré sin mis padres. Yo ni siquiera terminé la universidad; mi padre siempre quiso cuidarme y tratarme como a una princesa, eso era para él, su princesa —respondió Elena entre sollozos mientras se aferraba a los fuertes brazos de Francesco.
En ese momento, Dimitri, que observaba todo con los brazos cruzados desde la puerta del despacho, intercedió. —Francesco, sé que esto es difícil, pero hay algo que debes saber. Antes de morir, el padre de Elena me pidió que hicieras un juramento.
Francesco frunció el ceño, intrigado. —¿Un juramento? ¿De qué estás hablando?
Dimitri respiró hondo antes de continuar. —Me dijo que te hiciera prometer que protegerías a Elena en su ausencia. Y ahora, más que nunca, necesitará a alguien que la cuide; es frágil y está completamente sola. Después de todo, ustedes mantienen una relación clandestina; considero que es hora de que enfrentes a tu abuelo y te cases con Elena.
Las palabras de Dimitri resonaron en la habitación, dejando a Francesco perplejo. —Dimitri, no tienes por qué involucrarte en mis asuntos y mis decisiones. Si no tienes más nada que decir, es mejor que te retires; aunque nos conozcamos desde niños, no debes olvidar cuál es tu lugar.
Dimitri bajó la mirada, mientras apuñaba una de sus manos. —No tengo nada más que decir, Francesco. Los dejaré solos para que conversen.
Elena se levantó en cuanto Dimitri se marchó; la decepción destellaba en sus ojos. —¿Qué diablos estás queriendo decir, Francesco? Entonces yo también debo ocupar mi lugar. También soy la hija de los peones de tu abuelo y de tu familia. Pensé que ibas a cumplir la última voluntad de mi padre, que me amabas y lucharías por mí ahora que estoy completamente sola. Al igual que Dimitri, nosotros somos empleados y jamás podremos aspirar a más que eso; tendré que conformarme en satisfacer tus necesidades a espaldas de tu familia y salir de tu habitación como una cualquiera.
Francesco la miró fijamente. —¡Elena, no vuelvas a decir eso! —gritó Francesco—. Te equivocas, Elena. Tú eres diferente. Hablaré con mi padre antes de hablar con mi abuelo; así tendré mucho más apoyo y, si no lo aceptan, pues declino a mi herencia y a todo lo que me corresponde por ser feliz contigo.
—No, cariño, jamás me perdonaría que renunciaras a tu familia y a todo lo que te pertenece por mi culpa. Mejor habla con tu padre antes de que salgan de viaje; así le daremos tiempo de pensar. Posteriormente, cuando regresen, hablaremos con el abuelo. Ahora debo irme, tengo que hacer los preparativos para el funeral. Le pediré a Dimitri que me acompañe.
—Está bien, ve. Mientras tanto, conversaré con mi padre.
La confusión invadía a Francesco mientras procesaba todo lo que sucedía y la inesperada revelación de Dimitri. —¿Cómo sabía su padre que algo así sucedería? ¿Qué estaba pasando realmente? ¿Por qué los padres de Elena habían bajado la guardia para ser asesinados brutalmente?
Francesco tenía tantas preguntas y tan pocas respuestas. Ahora solo tenía que cumplir con el juramento y velar por que su amada Elena estuviera bien; pero para eso debía enfrentar a su familia.
Mientras Dimitri y Elena estaban organizando todo para el funeral, Francesco estaba reunido con su primo Leonardo, conversando sobre lo sucedido y su determinada decisión.
—Es desquiciado todo lo que me cuentas, Francesco. Sabes muy bien que la familia no aprobará esa relación y mucho menos una boda. Ambos sabemos que Elena se mete en tu cama desde que tenía dieciséis años; siempre ha sido un pasatiempo como las otras mujeres, pero de ahí a convertirla en tu esposa, eso jamás lo permitirán, y menos después de que rompiste el corazón de la favorita del abuelo por culpa de Elena.
—¿Por qué no, Leonardo? ¿Es porque no viene de una familia adinerada? Eso es algo estúpido. Venimos de una familia de mafiosos, no de la realeza. Yo amo a Elena, es tan dulce, frágil y divertida; en cambio, la favorita del abuelo, como le dices, era una chica mimada y simple.
—Pues la ‘Ndrangheta es la realeza de la mafia y no te permitirán que te cases con Elena. Dime algo, Francesco, ¿cómo es que Dimitri no recibió ni un rasguño en ese ataque? Porque desde que recibí la noticia le doy vueltas al asunto y no encuentro una respuesta que lo explique. Tuvo tiempo para un juramento, pero no para disparar; eso es raro, ¿no te parece? Ah, mira, allí viene mi tío. Te dejo para que converses con él; yo iré a despedirme de mis padres. Después de esta conversación, espero no tener que asistir a tu funeral. Te espero en la sala.
Francesco tragó grueso al ver a su padre ingresar en el despacho; sus manos sudaban y podía jurar que el color de su rostro se había ido. —¿Qué sucede, hijo? Estás pálido. ¿Alguna vez te he dicho lo orgulloso que estoy de ti? Ocuparás muy bien mi puesto cuando el abuelo y yo nos retiremos o, en su defecto, una bala nos envíe al panteón.
—Qué cosas dices, padre. Mi abuelo y tú son inmortales, a los Rossi no los vence nadie.
—No lo sé, Francesco. En ocasiones pensamos que nada puede pasarnos y de pronto, un día, nuestros hijos organizan velorios. La muerte de los Guidacci me ha dejado con muchas preguntas. En este negocio, hijo, hay que cuidarse de todos, en especial de las personas que amamos; esos son los más peligrosos, ya que conocen nuestras debilidades. Bueno, basta de plática, tu tío me espera. Tu abuelo, tu primo y tú representarán a la familia en el funeral de los Guidacci.
—Padre, quería darte una noticia antes de que te marches: me casaré con Elena. Juré que la protegería; además la amo y dentro de unos meses la haré mi esposa. Quería que lo supieras antes que el abuelo.
Roberto se giró observando a Francesco con una expresión casi indescifrable; sonrió ladinamente y en ese instante un frio recorrió el cuerpo de Francesco, un frio que presagiaba la tormenta que estaba por llegar...
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