
EL CEO INDOMABLE
Anthonela Mogollón · Completado · 205.4k Palabras
Introducción
Capítulo 1
Donald Evans es un empresario de treinta años, billonario, guapo. Durante los últimos cinco años, se dedicó a viajar y recorrer el mundo, con sus diversas inversiones comerciales, así como con sus actividades filantrópicas y altruistas. Era un bondadoso y empático.
Este viaje que estaba a punto de culminar ha sido interrumpido debido a que su hermano mayor CEO de la Transnacional Evans & Associates, Robert Evans, sufrió un accidente que lo mantiene hospitalizado y en coma.
En virtud de esto, Donald regresó para asumir el cargo de CEO que desde hace años era ocupado por su hermano. Al llegar al aeropuerto fue recibido por uno de los choferes de la mansión, quien lo condujo a la clínica donde está recluido. Una vez ahí, fue guiado hasta la UCI.
«¡Dios mío! ¡No puede ser!», pensó él lamentándose al observar a su hermano, en este estado tan deplorable.
¡Aquí estoy, hermanito! —Expresó él, en voz alta, dejando que sus lágrimas corrieran por sus mejillas, agregando— ¡Tú cuentas conmigo!
Donald se acercó a su hermano le besó en la frente y comenzó a hablarle al oído, convencido de que este le podía escuchar. Luego, de compartir unos minutos con él salió de la UCI, hacia la mansión.
Al día siguiente, este asumió el cargo de CEO en la empresa en la cual sus dos hermanas, Jade y Venus, ocupaban cargos directivos. Ellas, toda la vida lo han considerado un rebelde e indómito, de armas tomar, que siempre termina haciendo su voluntad, no lo que le recomienden o aconsejen los demás.
Al inicio, para Donald fue duro, estuvo enfrentado fuertemente con sus dos hermanas. Siempre estuvo en disputa porque ellas hasta ahora han pretendido manipularlo e influir en sus decisiones, lo cual nunca han conseguido.
Seis meses después…
Donald, saliendo de la habitación especial que había contratado en la Clínica para la atención de su hermano caminó preocupado hacia la salida. Sus dos hermanas mayores pretenden que él formalice un compromiso matrimonial, con Laila Thomas una de sus amigas y con lo cual este no está de acuerdo.
En virtud de esto, decidió llamar a su amigo John, antes de subir a su Ferrari.
—¡Aló, John! ¿Dónde estás? Me urge hablar contigo —solicitó él, con cierta ansiedad mirando al horizonte.
—Estoy en el café cerca de la oficina, despejando un poco la mente, con el nuevo personal femenino que contrataron ¡ja, ja, ja! ¿Si quieres, te vienes de una vez? Aquí te espero —propuso este, llevándose la taza de café a su boca aspirando con el olfato su aroma.
—Ya voy —respondió Donald, encendiendo su Ferrari y conduciéndolo a alta velocidad violando en algunos casos, los límites de velocidad permitidos. Por lo que, en diez minutos llegó al lugar indicado por su amigo.
Al llegar al estacionamiento del local, pudo observar el Maserati de su amigo John, ahí estacionado. Se bajó y caminó hacia la entrada de la cafetería.
—¡Hola! —saludó Donald, acercándose y abrazando a su amigo sentándose justo al frente de este.
—¡Hola, Donald me da gusto verte! Ya casi no nos vemos, te tiene totalmente ocupado, la dirección de la empresa ¿Cómo está todo? —preguntó su amigo.
—¡Excelente, amigo! Los números y las estadísticas, demuestran el éxito rotundo de esta, al mismo nivel que la mantenía Robert. Sin embargo, hay algo que me está mortificando, desde hace días —comentó Donald llevándose sus dos manos hacia la cabeza.
—¿Qué es? —preguntó su amigo, con una amplia sonrisa.
—En la última reunión, del Consejo Directivo casi todos los accionistas, incluidas mis hermanas, me solicitaron que formalizara un compromiso matrimonial con Laila Thomas.
—¿Quéeeeee? —interrogó su amigo, escandalizado.
—Según ellos, eso les dará confianza en mí, en mi estabilidad y permanencia ¡O sea...! Que no me voy a ir, ni abandonaré el cargo. Por lo visto, ¡dudan de mí! —manifestó él, apretando los puños fuertemente, golpeando con rabia la mesa.
—¡Eso es absurdo, Donald! —Cuestionó su amigo— Desde que llegaste y asumiste el cargo de CEO te has dedicado en cuerpo y alma a la empresa, a multiplicar las ganancias de todos. ¿Ellos, saben que tienes tus propios negocios? E incluso, algunos los has dejado de lado.
—¡Deben saberlo! —Respondió este pasándose las manos por su indomable y lacio cabello rubio, que lo hace ver aún más joven de lo que realmente era— ¡Gracias a ti amigo, que te has encargado de todo!
Desde muy joven, Donald se destacó por su extraordinario físico. Es un hombre muy atractivo, guapo, alto, atlético, blanco y de un par de ojos azules bellísimos. Además, de tener un ojo de águila para los negocios.
—¡¡Es absurdo!! —Exclamó John, enojado al ponerse en el lugar de su amigo— ¡Esa posición del Consejo Directivo es una arbitrariedad! El hecho de que Robert este casado, no asegura para nada su permanencia en el cargo.
—¡Grrr…! —gruñó Donald, porque si algo le molestaba y le enfurecía era que le quisieran imponer algo y mucho más, si se trataba de elegir la mujer que será su compañera de por vida— ¡Definitivamente, están locas! —exclamó este enfurecido.
—¡Tranquilo! —Aconsejó su amigo para calmar a este, agregando— Simula que le sigues la corriente, di que andas en eso, no obstante, deja bien claro, “que eres tú y cuando tú quieras, quien elegirá a la mujer de tu vida”
—¡Ya se los he dicho! Pero, te tomaré la palabra, simularé y les seguiré la corriente. Veremos ¿quién se sale con la suya? —Afirmó él, pensando seriamente en esto— Lo que menos deseo es involucrarme en una relación formal con alguien.
»¡Estoy muy bien, así! Sin compromiso alguno —aseguró él, sonriendo hasta con los ojos, añadiendo— ¡soy de todas y de ninguna en especial! ¡Disfruto más la vida así! Es más relajante, ¡ja, ja, ja!
—¡Donald! Y hablando de eso ¿Qué pasó con la pelirroja que te acompañó en oriente, hace unos meses atrás? —Preguntó su amigo, dando un pequeño manotón sobre su hombro.
—¡Quería anillo, mascota y exclusividad! Y no, eso no va conmigo —respondió él sonriendo, abriendo sus brazos y manos con un gesto de incredulidad—
»¡Eso no es para mí! Nací libre y así viviré perpetuamente. Por eso, no me visualizo en un compromiso formal con alguien ¡ja, ja, ja! —Sonrió este.
—¡Eres, difícil de someter y domar! Pero ¡ya verás! Eso será hasta que te llegue la propia. La mujer ante quien serás sumiso y obediente, con la cual querrás vivir, pegado todo el tiempo —aseguró John, con una sonrisa en sus labios.
—¡Jamás! —Aseguró este.
»¡Ninguna mujer me amarrará para ella sola! —Contestó Donald con una fuerte carcajada— ¡Ja, ja, ja! —Él, se hizo la señal de la cruz, en su cuerpo como protección, ignorando que ya estaba en su camino, quien lo mantendrá domado de por vida.
—¡Ya veremos! ¡Ja, ja, ja! —Dudó su amigo, sonriendo también— ¿Qué te parece si nos vemos hoy en el Talavera? —preguntó finalmente John, antes de salir del Café.
—¡Genial! Ya los negocios pueden caminar solos —argumentó Donald sonriendo y aceptando la invitación— Además, tengo ganas de una buena escapada, con otra pelirroja ¡ja, ja, ja! —añadió este con una sonrisa.
Los dos caminaron hacia el estacionamiento, se despidieron y cada uno arrancó en su flamante vehículo de lujo y deportivo.
A pocos metros del lugar…
—¡Por favor! ¡Por favor! Señorita, diga al Doctor Miller que Yves Johnson está aquí, que es de vida o muerte —expresó ella, con angustia y temor al entrar al área del consultorio médico, en el cual había varias personas esperando.
La secretaria, conociéndola de antemano a esta, trató de que se calmara. Se levantó de su silla y tras un breve toque a la puerta del consultorio, entró al mismo e informó al doctor, quien de inmediato le ordenó, que la dejara entrar.
—¿Qué pasó, Yves? —interrogó el galeno, quien se levantó de la silla y se acercó a ella, puesto que se veía muy mal.
El doctor Miller, desde que le tocó atender el caso de la madre de Yves, se sintió atraído por esta. En la medida que ha ido pasando el tiempo, conociendo la situación económica de ellas, ha tratado de ayudar. Sin embargo, la única ayuda que aceptan es esta, la del tratamiento para calmar el dolor a su madre.
—Doc., mi mamá está peor —respondió, ella con sollozos— Le falta más el oxígeno. Además, se terminó la medicina que usted le dio para aliviar el dolor. Anoche se quejó mucho.
—¡Vale! Ya solucionaremos eso —aseguró este.
—¡Disculpe, que le moleste! Necesito más medicina, ¡por favor! —suplicó ella.
—Ya te lo he dicho antes, Yves. En lo que te pueda ayudar, cuentas conmigo. Recuerda que debes mantenerte firme y valiente por tu mamá —manifestó el galeno, pasando sus manos por el cabello rojizo de ella, el cual mantenía atado en una cola de caballo.
»Tu mamá, está en la fase terminal de la enfermedad. Por lo tanto, cada vez será peor el dolor. Debes ser más fuerte, para que no te vea así ¡Espera aquí! —Expresó él, soltando a esta y saliendo de su consultorio para conseguir lo que ella buscaba.
Al regresar, el médico le hizo entrega de la medicina. Ella, le agradeció, se despidió y salió corriendo. Debido a que su amiga, quien le prestó su celular, le pasó un mensaje de texto, avisando que su mamá estaba peor.
Una vez, fuera del Hospital corrió para buscar un taxi y llegar lo más rápido posible. Justo en ese momento, Donald conduciendo su Ferrari por la Avenida Independencia fue sorprendido, cuando al pasar por el frente del Hospital Clínico, alguien impactó su coche…
¡¡¡Catapum!!!
Últimos capítulos
#90 Capítulo 90. Extraordinario final
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Última actualización: 1/25/2025#86 Capítulo 86. Te arrepentirás de haber nacido
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Última actualización: 1/25/2025#84 Capítulo 84. La boda de Jade y Matheo
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Última actualización: 1/25/2025#81 Capítulo 81. Muerto el perro, se acabó la rabia
Última actualización: 1/25/2025
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