
El esposo de mi prima ahora es mío
Rosa Gonzalez · En curso · 99.3k Palabras
Introducción
A los 24, ya no tiene opción.
Valeria, es obligada a casarse con un magnate poderoso, un hombre que casi no conoce, no ama y para mayor drama es el viudo de su prima.
Una mujer que desapareció sin dejar ningún rastro.
Capítulo 1
El olor al café recién hecho de las mañanas me inunda las fosas nasales, mientras siento como la tensión que flota en el aire crece cada vez más.
Es la misma tensión que siempre siento cuando mi padre quiere hablar conmigo.
Mientras lo observo con disimulo, remuevo el azúcar en mi taza sin ganas, sintiendo ya el peso de otro día bajo su techo.
—Te vas a casar —dice mi padre de pronto cuando ya casi hemos terminado el desayuno. El habla con esa voz tan calmada que suele usar con hombres negocios que sabe que me confunde, aún así, sus palabras caen de forma ruidosa sobre mi.
Ante sus palabras, levanto la vista de golpe para observarlo, pero me obligó a mantener el rostro inexpresivo.
No pienso darle la satisfacción de verme temblar.
—No —respondo sin vacilar—. No me voy a casar. —Sacudo la cabeza con fuerza, como si el movimiento pudiera borrar lo que acabo de escuchar.
Desde que cumplí la mayoría de edad, mi padre ha intentado convertirme en moneda de cambio muchas veces. La primera vez, a los dieciocho, con un socio lo suficientemente viejo como para ser mi abuelo. La segunda, a los veintidós, con el nieto de ese mismo hombre. A los veintitrés, con otro socio. Y ahora, con veinticuatro años, aquí estábamos otra vez.
—¿Quién es esta vez? —pregunto, tratando de que mi voz no delate el miedo que ya me sube por la garganta —no lo pienso hacer.
Mientras yo siento el pánico en mi cuerpo, él solo se mantiene en silencio observándome fijamente.
—Natalia —suspira mi padre luego de un rato en silencio, dejando el tenedor con deliberada lentitud sobre la mesa—. ¿Acaso no lo entiendes? No es una opción. Solo te estoy informando lo que vas a hacer.
El tono tranquilo de su voz me eriza la piel. Es como si mi opinión fuera un detalle insignificante, algo que podía barrer con la misma facilidad con la que aparta su plato.
—Tengo veinticuatro años —replico, apretando los dedos alrededor de la taza de café medio vacía, hasta que los nudillos se me ponen blancos—. No me puedes obligar.
—¿Obligarte? —Sonríe mi padre con esa frialdad que siempre me hiela la sangre—. No, hija. Te equivocas. Yo no te obligo… —hace una pausa teatral que solo hace que se me erice la piel— solo te advierto que, si decides no hacerlo, dejarás de contar con mi apoyo.
Al escuchar sus palabras, el desayuno que acabo de tragar se revuelve en mi estómago como plomo derretido. Soy una estúpida.
Cuando mi padre me pidió que lo acompañará a desayunar sabía que tramaba algo, pero no me imaginé que era esto. Tuve que haber sido más inteligente que él.
Siento como el aire del comedor se vuelve más denso, más difícil de respirar.
—¿A qué te refieres? —pregunto con cautela, aunque una parte de mi ya sabe la respuesta.
—Como tú misma dijiste, ya tienes veinticuatro años y aún vives en mi casa, de mi dinero… —entrecierra sus ojos— y tu madre…
—No te atrevas a meter a mi madre en esto —lo interrumpo en voz baja, casi en un siseo. El corazón me golpeaba con fuerza contra las costillas cuando comprendo todo.
Durante años he luchado por evitar exactamente esto. Pensé que había ganado tiempo. Pero mi padre nunca perdería una batalla. No contra mi.
—Te casas o todo se termina —advierte él con una calma demasiado aterradora—. Es tu decisión si lo aceptas o no.
¿Decisión? Una risa amarga amenaza con escapárseme mientras él me mira fijamente, esperando mi respuesta.
—Estás enfermo —escupo, asqueada.
Cualquier otro hombre se habría ofendido, pero no mi padre. Él jamás se molestaría por algo como esto, en cambio solo sonríe y sigue comiendo, como si estuviéramos hablando del clima.
—Estoy siendo práctico. Hemos aplazado esto por demasiado tiempo. Ya es hora de que sirvas de forma correcta a esta familia —dice con satisfacción.
Mientras lo observo fijamente no puedo pensar en otra cosa más en el odio que siento en este momento hacia él. De verdad lo hago. Lo odio con una intensidad que me quema el pecho.
En este momento, más que nunca, siento que el hombre frente a mí no es mi padre, sino un extraño dispuesto a sacrificarlo todo por sus intereses.
—¿Con quién? —pregunto, sintiendo el sabor amargo de la derrota en la lengua—. ¿Con quién quieres que me case? —pregunto haciendo todo lo posible porque no noté el temblor de mis manos.
Mi padre no responde de inmediato y ese silencio suyo me inquieta más que cualquier palabra que pueda decir. Mi instinto me grita que esta vez será diferente. Peor.
—Papá… ¿con quien quieres que me casé? —insisto.
—Dante Moretti.
El nombre me golpea como un puñetazo en el estómago, el aire se me escapó de los pulmones y mis manos empiezan a temblar aún más. Es tanto que tengo que dejar la taza sobre la mesa y colocar mis manos sobre mis muslos.
—¿Qué? —jadeo.
Dante Moretti.
—No —niego mientras me pongo de pie tan rápido que la silla raspa contra el suelo con un sonido estridente—. No me puedes pedir esto. —Niego con la cabeza con fuerza—. Él es el esposo de mi prima.
—Ya no lo es.
—Claro que sí. Ellos están casados y…
—Ella está muerta, Natalia.
—No, no, claro que no —estallo, la voz quebrándose con casa palabra que digo—. Mi prima no está muerta. ¡Nunca encontraron su cuerpo! —le recuerdo molesta —tú mismo lo sabes.
El cuerpo de Anastasia no ha aparecido. Durante tres años me he negado a aceptar su muerte. No puedo. No sin pruebas.
Mi padre me observa durante lo que parece una eternidad, con esa mirada calculadora que conozco demasiado bien desde que descubrí el horrible padre que tengo.
—Anastasia ha sido legalmente declarada muerta —dice finalmente luego de un rato en silencio—. Dante ahora es un hombre libre.
¿Libre? La palabra me revuelve el estómago. ¿Cómo podía ser libre un hombre cuya esposa ha desaparecido sin dejar rastro? Un hombre que nunca movió un dedo para buscarla.
—Papá… —suspiro con la voz entrecortada—Anastasia podría regresar y…
—Anastasia no va a regresar —responde él con una indiferencia que me hiela la sangre—. Dante ya es un hombre libre. —Sonríe abiertamente, satisfecho—. Es nuestro momento de actuar.
—No, papá. Por favor —susurro, sintiendo que las paredes del comedor se empiezan a cerrar sobre mí—. Si tengo que casarme con alguien, elige a otro. Cualquiera. Pero no a él. —Le pido, casi implorándole.
Durante años he logrado evitar casarme con hombres asquerosos escogidos por mi padre, pero este es el peor de todos.
Si tengo que casarme con un hombre de 70 años, lo hare. Prefiero mil veces tener que hacerlo a casarme con el esposo de mi prima.
—No hay otro hombre. —Masculla mi padre con indiferencia —es Dante Moretti… o te olvidas de esa clínica tan cara donde internaste a tu madre.
Sus palabras son como cuchillos clavándose en mi pecho. Siento que el suelo se mueve bajo mis pies mientras escucho cada una de sus palabras.
Él sabe perfectamente lo que esa clínica significa para la salud de mi madre, si la saca de allí, mi madre simplemente dejará de existir.
—¿De verdad quieres que me case con él? ¿Con el esposo de mi prima? —Pregunto con mi voz temblando por la indignación—. Sabes que él es el culpable de la desaparición de Anastasia.
Desde el accidente, siempre he sospechado de Dante. Mientras yo recorría comisarías, organizaba búsquedas y suplicaba en televisión, él se había mantenido impasible. Frío. Como si la desaparición de su esposa no le importara en absoluto.
—Deja de decir estupideces —gruñe mi padre, poniéndose de pie con brusquedad mientras me mira con frialdad—. Dante es uno de los hombres más importantes de la ciudad. ¿Sabes lo que nos haría si te escuchara decir semejante cosa? —sisea en voz baja como si de verdad temiese que él pudiese escucharlo incluso aquí, dentro de su propia casa.
Pero tiene razón. Dante Moretti no es solo un hombre poderoso; es realmente peligroso.
Él lo sabe y aún así está dispuesto entregarme a él como si fuese una especia de trofeo.
—Natalia, no me hagas perder mi tiempo. La fecha de la boda ya ha sido fijada.
El pulso me retumba en los oídos.
—¿Qué? —susurro, sintiendo que el mundo se inclina hacia cualquier lado menos al correcto.
—¿Acaso no lo entiendes, hija mía? —sonríe abiertamente —ve a la habitación de invitados. Te están esperando.
Por un segundo, el tiempo se detiene. Intento hablar, negarme, suplicar, gritar… pero las palabras se me atascaron en la garganta mientras comprendo lo que quiere decir.
Mi padre de verdad lo ha logrado esta vez.
—Exacto, me gusta ver qué a veces puedes ser alguien racional —dice satisfecho —hoy se celebrará la ceremonia. Así que apresúrate.
En blanco, escucho cada una de sus palabras sin saber cómo reaccionar. En seguida comprendo que nada detendrá esto. Para mi padre, Dante Moretti vale más que su propia hija, y él sabe exactamente dónde presionar para hacer que yo haga lo que él quiere.
Hace años lo vi hacer lo mismo con mi prima, pero a diferencia de ella, ella jamás hizo nada por detenerlo, ahora lo entiendo. Entiendo porque mi prima jamás objeto cuando fue casada con un desconocido. A lo mejor, ella igual que yo, no tuvo ninguna opción.
Y ahora, con Anastasia desaparecida, yo soy la forma más fácil de sellar una alianza que para mí padre es más importante que su propia familia.
—…Lo haré —exclamo al fin, con el corazón a punto de estallar en mil pedazos.
Por mi madre lo haré.
Porque se perfectamente lo que es capaz de hacer mi padre y se que está vez no me dejará salirme con la mía.
—Sabía que tomarías la decisión correcta —dice él con una sonrisa lenta y victoriosa mientras vuelve a tomar asiento en el cabecero de la gran mesa como si no hubiese pasado nada—. Ahora ve a cambiarte. No hagamos esperar al novio.
Con un gesto de la mano, mi padre me despacha y no puedo hacer otra cosa más que salir del comedor con las piernas temblando, mientras siento que cada paso me acerca a una jaula de oro de la que quizás nunca podre escapar.
Otra vez.
Últimos capítulos
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Última actualización: 8/8/2026
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####ADVERTENCIA Esta historia contendrá: Contenido Sexual Explícito, Lenguaje Fuerte y Escenas de Violencia Doméstica que pueden ser desencadenantes. Solo para adultos.#########
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