
Esposa para dos: Doble placer
Maye Lyn V · En curso · 94.8k Palabras
Introducción
Cuando Emily descubre la traición , el dolor se convierte en venganza pura. Ama a Benjamin con locura, pero quiere herirlo.
Días después, un hombre misterioso la salva de un ataque, Emily lo trae a casa como arma.
Benjamin cree que es un farol. Había aceptado el desafío con arrogancia: «Hazlo, si tanto quieres vengarte. Pero no podrás».
—Ben —dice Emily con voz calma—. Te presento a Xavier. Esta noche se queda.
La sorpresa cruza el rostro de Benjamin. Emily besa a Xavier delante de él. Xavier baja la cremallera de su vestido, desliza los dedos entre sus piernas.
—Quiero que me toques hasta que me corra —le dice a Xavier, mirando a su marido—. Y quiero que él lo vea.
Xavier obedece. Emily se corre con un grito contra la mano del desconocido mientras Benjamin observa, mandíbula tensa-
Cuando Benjamin se pone de pie, Emily espera violencia. En cambio, él se acerca, y une sus dedos a los de Xavier dentro de ella.
—¿Esto es lo que querías? —susurra Benjamin.
Emily solo asiente, lágrimas de placer en los ojos. Los cuatro dedos la llenan, la hacen explotar otra vez. Grita el nombre de Benjamin mientras se corre entre los dos hombres.
—Nunca pensé que lo harías.
—Y yo no pensé que lo aceptaras.
¿Sobrevivirá su matrimonio a esta guerra de placer o el fuego los consumirá?
Capítulo 1
Capítulo 1: El regalo equivocado
La mansión Brooks dominaba las colinas de Beverly Hills con vistas infinitas al océano Pacífico que se perdía en el horizonte.
Veinte habitaciones, una piscina infinita que parecía fundirse con el cielo, jardines meticulosamente cuidados por un equipo de jardineros que llegaban cada. El garaje albergaba una flota de autos que cualquier coleccionista envidiaría: un Aston Martin plateado para Benjamin, un Porsche 911 blanco para Emily, y el Bentley familiar que apenas usaban desde que Alexander, su único hijo, se había marchado a Stanford aquel otoño.
Emily Brooks, cumpliendo hoy treinta y ocho años, se miraba en el espejo de cuerpo entero de su vestidor privado —un espacio más grande que muchos apartamentos completos—. Llevaba un vestido negro de seda de Valentino, ajustado y elegante, que realzaba la figura que mantenía con sesiones diarias de pilates y un entrenador personal que cobraba lo que ganaba un ejecutivo medio al mes. Su cabello rubio ese día lucía perfecto, gracias a la estilista que había venido esa tarde.
Se sentía hermosa, deseable. Y expectante.
Benjamin siempre se superaba en sus cumpleaños. El año anterior había sido un collar de diamantes de Harry Winston valorado en siete cifras.
Antes, un viaje privado a las Maldivas en su jet Gulfstream. O la vez que alquiló entero el Louvre para una cena privada.
Veinte años de matrimonio, y aún sabía cómo hacerla sentir como la chica de dieciocho que se había enamorado locamente de él en la universidad.
Bajó las escaleras de mármol flotante, cada paso la acercaba más a la sorpresa de ese año, le ponía nerviosa acercarse tanto a los cuarenta años, pero el paso del tiempo era algo que nadie podía detener. Benjamin la esperaba en el vestíbulo, en un traje Tom Ford hecho a medida, el cabello oscuro apenas salpicado de canas que lo hacían parecer distinguido en lugar de viejo. La miró con esa sonrisa que aún le aceleraba el pulso.
—Estás deslumbrante —dijo, besándola en la mejilla con cuidado de no arruinar el maquillaje—. Feliz cumpleaños, amor.
—Gracias —respondió ella, sonriendo—. ¿A dónde me llevas esta vez?
—Es sorpresa —respondió él con un guiño—. Pero te va a encantar.
El chófer los llevó en el Rolls-Royce Phantom hasta The Bel-Air, uno de los restaurantes más exclusivos de Los Ángeles, donde tenían reservada la mesa privada en la terraza con vistas al lago y los cisnes. Música suave de jazz—un trío de piano, contrabajo y saxofón tocando estándares de Cole Porter—. Las velas parpadeaban en linternas de cristal, y el aroma de trufas y caviar impregnaba el ambiente.
Hablaron de todo y de nada durante la cena: de cómo Alexander ya había encontrado un grupo de amigos en la universidad, de la próxima expansión de Brooks International a Singapur, de la nueva línea de cosméticos ecológicos que Emily estaba lanzando.
Veinte años juntos les habían dado una complicidad fácil, una forma de comunicarse con miradas y medias frases. Pero también había silencios. Silencios que antes llenaban con pasión y que ahora se extendían como lagos tranquilos.
Emily sentía la emoción crecer mientras tomaban el postre —un soufflé de chocolate que se derretía en la boca—. Benjamin siempre dejaba el regalo para el final; extrajo un pequeño catálogo encuadernado en cuero negro, del tamaño de un pasaporte.
—Toma —dijo, deslizándolo por la mesa con una sonrisa misteriosa—. Este año quería algo... diferente.
Emily lo abrió, el corazón latiéndole fuerte. Esperaba fotos de islas privadas, de hoteles boutique en la Polinesia, de destinos que solo existían en sueños de millonarios. Pero lo que vio la dejó helada.
Página tras página, mujeres. Jóvenes. Todas entre veintidós y veintiocho años, calculó rápidamente. Modelos profesionales, con cuerpos perfectos, rostros angelicales o diabólicos según la pose. Algunas en lencería, otras desnudas pero artísticamente. Todas hermosas de una manera que dolía mirar.
Alzó la vista lentamente hacia Benjamin, que la observaba con una mezcla de expectativa y nerviosismo.
—¿Qué... qué es esto? —preguntó, la voz apenas un susurro.
Benjamin se inclinó hacia adelante, bajando la voz, aunque la mesa más cercana estaba a diez metros.
—Son opciones, amor. Elige la que más te guste. He investigado agencias exclusivas, todo muy discreto, profesional. Chicas educadas, limpias, que firman acuerdos de confidencialidad. Pensé que... podríamos probar algo nuevo. Los tres.
Emily sintió que el mundo se inclinaba. Miró de nuevo el catálogo, como si las imágenes pudieran transformarse en destinos de viaje si las miraba con suficiente fuerza.
—¿Un trío? —dijo al fin, la palabra saliendo como un escupitajo—. ¿Ese es mi regalo de cumpleaños? ¿Un puto trío?
Benjamin retrocedió ligeramente, sorprendido por el tono.
—Emily, baja la voz. No es cualquier trío. Es algo especial, algo que podría... reavivar lo nuestro. Llevamos veinte años juntos, amor. ¿Cuánto hace que no tenemos sexo de verdad? ¿Meses? ¿Un año? Todo es rutina, rápido, sin pasión. Pensé que esto podría ser emocionante para los dos.
Ella cerró el catálogo de golpe, las manos temblándole.
—Es un regalo de mierda, Benjamin. Un regalo de mierda absoluta.
Él se enderezó, la mandíbula apretándose.
—¿De mierda? He pasado semanas organizando esto. Contraté a los mejores, revisé perfiles, pensé en lo que podría gustarte. ¿Sabes cuánto cuesta esto? No es una puta de esquina, Emily. Es una experiencia de lujo.
—¿Y eso lo hace mejor? —replicó ella, la voz subiendo a pesar de intentarlo controlar—. ¿Que sean caras lo convierte en algo romántico?
Benjamin suspiró, mirando alrededor para asegurarse de que nadie escuchara.
—Mira, sé que es inesperado. Pero nuestra vida sexual está muerta, Emily. Muerta. Nos queremos, funcionamos bien como equipo, como padres, como socios en los negocios. Pero en la cama... es como si fuéramos compañeros de cuarto. Pensé que traer a alguien nuevo, alguien hermoso, podría despertar algo. En los dos.
Emily sintió una ira fría extendiéndose por su pecho.
—¿Y por qué una mujer? —preguntó de repente—. ¿Por qué no un hombre?
Benjamin se quedó quieto. La pregunta colgaba entre ellos como una granada sin seguro.
—¿Qué?
—Dices que quieres reavivar la pasión. ¿Por qué no traer a un hombre? Alguien que me haga sentir deseada, que me toque como tú ya no lo haces. ¿Por qué solo mujeres?
La cara de Benjamin cambió. La sonrisa confiada desapareció, reemplazada por algo duro, posesivo.
—¿Estás loca? —dijo en voz baja pero intensa—. ¿Dejar que otro hombre te toque? ¿Que te folle mientras yo miro? Ni loco, Emily. Jamás.
Ella lo miró fijamente, comprendiendo de golpe.
—Ah. Ya veo. Tú sí puedes tener a otra mujer en nuestra cama. Puedes tocarla, follarla, disfrutar de un cuerpo joven y perfecto. Pero yo... yo no puedo tener lo mismo. Porque soy tuya. Tu propiedad.
—No es eso...
—Es exactamente eso —lo cortó ella, la voz temblando de rabia—. Quieres tu fantasía de dos mujeres, como en las películas porno que sé que miras cuando crees que estoy dormida. Pero la idea de que yo disfrute con otro hombre... eso te aterra. Te hace sentir menos hombre.
Benjamin apretó los labios, las manos cerradas en puños sobre la mesa.
—No voy a discutir esto aquí. Pero sí, es diferente. Soy tu marido. Veinte años juntos. No voy a compartirte con otro hombre. Punto.
Emily sintió las lágrimas picándole en los ojos, pero se negó a dejarlas caer. Se puso de pie lentamente, el vestido susurrando contra sus piernas. Sin decir una palabra más, levantó la mano y le dio una cachetada. No fuerte, pero sí precisa. El sonido fue apenas audible sobre la música de jazz, pero Benjamin se llevó la mano a la mejilla, atónito.
Emily tomó su bolso y el catálogo —lo iba a quemar en cuanto llegara a casa— y se alejó hacia la salida sin mirar atrás. El maître intentó ayudarla con el abrigo, pero ella lo rechazó con un gesto.
Fuera el chófer esperaba.
No podía creerlo.
Su regalo de cumpleaños número treinta y ocho era un trío.
Con una mujer que él elegiría.
Porque no soportaba la idea de que otro hombre la tocara.
Veinte años de matrimonio, una empresa multimillonaria construida juntos, un hijo criado entre lujo y privilegios... y esto era lo que quedaba.
¿Estaba su matrimonio arruinado? ¿Ahora los regalos de cumpleaños serían una tercera persona entre los dos?
Últimos capítulos
#74 Capítulo 74 Capítulo 74. Mudanza
Última actualización: 7/4/2026#73 Capítulo 73 capitulo 73 Una pareja
Última actualización: 7/4/2026#72 Capítulo 72 Capítulo 72 Regreso a casa
Última actualización: 7/4/2026#71 Capítulo 71 Capítulo 71: El atardecer
Última actualización: 7/4/2026#70 Capítulo 70 Capítulo 70: Entre los dos
Última actualización: 7/4/2026#69 Capítulo 69 Capítulo 69- Un baño y cama para los tres.
Última actualización: 7/4/2026#68 Capítulo 68 Capítulo 68. Eres valiente
Última actualización: 7/4/2026#67 Capítulo 67 Capítulo 67: La mañana después
Última actualización: 7/4/2026#66 Capítulo 66 Capítulo 66: La tarde larga
Última actualización: 7/4/2026#65 Capítulo 65 Capítulo 65: El esposo que he sido
Última actualización: 7/4/2026
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