
La niñera del millonario
Alannis Saenz · En curso · 71.1k Palabras
Introducción
Kevin lleva cinco años soltero y no puede evitar empezar a desarrollar fuertes sentimientos por la hermosa niñera de su hija.
La desea y no va a dejar que nada ni nadie se interponga en su camino.
Capítulo 1
AVA
—Vale, está bien Ava. Este hombre necesita una niñera y te ha elegido a ti. ¿Qué es lo peor que podría pasar?—. Suspiro dispuesta a pulsar el timbre, pero entonces retiro rápidamente la mano y respiro hondo. —Venga. Deja de ponerte nerviosa—. Voy de nuevo a por el botón, pero salto al oír una voz.
—¿Has terminado de hablar sola, Ángel?—. Miro a mi alrededor sobresaltada.
—Me estoy volviendo loca—. Susurro para mis adentros y me ajusto la bolsa al hombro.
—No, no lo estás—. La voz se ríe. —¿Cómo te llamas? —Pregunta la voz grave.
—A-Ava Smith—. Las puertas del portal se abren. —Así que voy a entrar, ¿vale?—. Levanto la vista y diviso una cámara, le hago un gesto con el pulgar y me acerco lentamente a las grandes puertas dobles.
La puerta se abre y juro que todo el oxígeno se escapa de mis pulmones.
Este hombre es una especie de dios griego. Lleva un traje negro que resalta cada músculo de su cuerpo y lleva el pelo oscuro recogido en un moño.
Vaya.
—Eres la niñera de mi hija. Me llamo Kevin, mi hija está durmiendo la siesta—. Le doy la mano y se aparta para que pueda entrar.
Una vez que ha cerrado la puerta me doy la vuelta para mirarle.
—Soy Ava—. Asiento con la cabeza.
—Lo sé, Ángel—. Sonríe.
Ah, sí. Claro que lo sabe.
—Lo siento. —Me acomodo un mechón de pelo detrás de la oreja y miro la casa de aspecto moderno.
—Tienes una casa preciosa—. Le hago un cumplido y al volver la vista me miro fijamente. —He dicho que tienes una casa preciosa—. Repito tratando de llamar su atención.
—Lo siento, gracias. Sacude la cabeza y sonríe. —Iré a despertar a mi hija, puede que esté un poco gruñona porque odia que la despierten de sus siestas—. Me informa y sube las escaleras.
Me quedo de pie junto a la puerta sin saber qué hacer.
Un par de minutos después, Kevin camina hacia mí con una niña de aspecto cansado en brazos.
—Esta es mi princesa, Lily. Lo es todo para mí—. Sonríe, pellizcando sus mejillas regordetas.
—Hola Lily, soy Ava—. Sonrío. Ella me mira y chilla, sonriéndome.
—No ve a muchas mujeres, teniendo en cuenta que solo somos ella y yo. Probablemente, piensa que eres una princesa, por eso está tan emocionada—me dice Kevin. Asiento con la cabeza y decido que es mejor no preguntar dónde está su madre.
—¡Princesa!— Grita y me tiende la mano. Miro a Kevin y él asiente con la cabeza. Le quito a Lily de los brazos y la abrazo. —Bonita—. Dice admirada, mientras juega con mi pelo.
—Tú también eres muy guapa—. Le sonrío y sus grandes ojos marrones se abren de par en par.
—¡Papá dice que yo también soy guapa!—. Me rodea el cuello con las manos y me abraza.
No puedo evitar sorprenderme de lo bueno que es su vocabulario.
—¿Cuántos años tienes, Lily? —Me levanta cuatro dedos.
—Cuatro. Es pequeñita.
—Princesa, Ava va a cuidar de ti cuando yo no esté—. Kevin se acerca a nosotros y mi corazón empieza a acelerarse.
¿Qué carajo?
—¿Te vas?— Ella frunce el ceño, sus labios empiezan a temblar y sus ojos a humedecerse.
—Sabes que tengo que hacerlo, cariño. ¿Qué ha dicho papá sobre llorar?—. Kevin frunce el ceño y le besa la frente.
—Soy demasiado guapa para llorar—. Ella suelta una risita, se limpia las mejillas y luego apoya la cabeza en mi hombro, lo que me calienta el corazón. Kevin nos sonríe a los dos.
—Ava va a cuidar de ti, Lily. ¿Te parece bien?— Ella asiente a su pregunta y luego se retuerce, deseando que la deje bajar. La pongo suavemente en pie y sale corriendo escaleras arriba.
—¡Lily, no subas corriendo las escaleras!— me regaña Kevin.
—¡A dormir la siesta!— Grita y sube las escaleras.
Kevin se vuelve hacia mí. Está mucho más cerca que antes, puedo oler su sexy perfume.
Dios, este hombre es sexy.
—Es una buena chica, solo se excita con la gente nueva. Se nota que ya te quiere—. Me sonríe y yo asiento en respuesta.
—Eres muy alto—. Le miro y se ríe.
—A lo mejor eres muy pequeña, Ángel—. Sonríe.
—Mido un metro setenta. Soy alta—. Cruzo los brazos sobre el pecho, pero me sonrojo invisiblemente cuando me mira el escote.
—Vale, lo que tú digas—. Me guiña un ojo. —Tengo que irme. Por favor, sírvete comida y demás, si hay algún problema llámame. Volveré sobre las nueve de la noche.
—De acuerdo. —Le acompaño a la puerta.
—Hasta luego, Ava—. Me guiña un ojo y se dirige a su Range Rover.
Cierro lentamente la puerta y una pequeña sonrisa se dibuja en mi cara.
Un par de horas más tarde, Lily se despierta de su siesta. La ayudo a bajar las escaleras, asegurándome de que no se caiga.
—¿Tienes hambre, cariño?— La levanto y la apoyo en mi cadera al ver que aún tiene un poco de sueño.
—Sí, ¿me das una tostada, por favor?—. Susurra, quitándose el sueño de los ojos.
Coloco a Lily en una silla y empiezo a hacerle la tostada. Se queda mirándome un rato antes de hablar.
—¿Vas a ser mi niñera para siempre?—. Se inclina hacia delante y sonríe.
—No para siempre, Lily—. Le doy una pequeña sonrisa.
—¿Vas a ser la princesa de mi padre?—. Me atraganto al oír su pregunta.
—No, cariño.— Me río ligeramente.
—P-Pero él necesita princesa—. Sus labios empiezan a temblar. —Papá está triste y solo—. Me quedo estupefacta mientras ella empieza a resoplar.
—Oye, seguro que tu papi está bien. Te tiene a ti—le digo, intentando animarla.
—Solo quiero una mamá—. Susurra con tristeza y se me parte el corazón.
—No estés triste, cariño—. Me agacho delante de ella y le limpio las lágrimas.
—Me caes bien. Eres amable y muy, muy, muy guapa—. Susurra.
—No voy a ir a ninguna parte por ahora, Lily—. La tranquilizo. —¿Qué tal si vemos una película, sí?—. Ella asiente entusiasmada.
—¡La princesa y el sapo!— exclama.
—Vale, ve a prepararla y yo terminaré de hacerte la tostada—. La ayudo a bajar de la silla y rápidamente me abraza la pierna antes de correr hacia el salón.
Entro en el salón y le doy a Lily un plato con su tostada.
—¡Gracias, Avey!— Ella sonríe y yo me río del apodo que me ha puesto.
Tres películas más tarde y me despiertan.
—Ava—. Abro los ojos lentamente y veo a Kevin mirándome.
—¡Oh! Lo siento mucho.— Susurro y acomodo a Lily que está dormida contra mí. —Estábamos viendo una película, debí quedarme dormida—. Empiezo a divagar y Kevin solo se ríe y pone sus manos sobre mis hombros.
—Oye, cálmate, Ángel—. Me mira divertido. —Voy a llevar a Lily a su habitación. Gracias por cuidar de ella—. Miro por la ventana y veo que fuera estaba muy oscuro.
—Será mejor que me vaya—. Me pongo los zapatos.
—Déjame ir a buscar tu dinero—. Vuelve un par de minutos después y me da el dinero.
Mis ojos se abren de par en par. ¡Doscientas libras!
—Creo que me has dado demasiado, Kevin. Creía que en la carta decías ocho cinco libras.
—Coge el dinero, Ava—. Dice con severidad. —Nos vemos mañana, ¿sí?—. Asiento con la cabeza y ambos caminamos hacia la puerta principal. —Alguien vendrá a recogerte, ¿verdad?—. Me mira preocupado y me impide salir.
—Mi amigo llegará en un par de minutos—. Digo, acomodándome un mechón de pelo detrás de la oreja.
—Vale, pues quédate dentro hasta que venga—. Cierra la puerta.
—Él, en realidad—. Sonrío torpemente y veo una emoción irreconocible destellar en sus ojos azules.
—¿Tu amigo es un chico?— Levanta las cejas.
—Sí.— Nos interrumpe el sonido de mi teléfono y veo que es un mensaje de mi amigo Charlie. —Está fuera—. Kevin asiente y me abre la puerta.
—Asegúrate de mandarme un mensaje cuando llegues a casa, ¿vale? Tienes mi número, ¿verdad?
—Sí—. Tuve que conseguir su número para contactarlo en primer lugar sobre cuidar a Lily. —Nos vemos mañana—. Sonrío y él me devuelve la sonrisa.
—Buenas noches, Ángel.
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