
La redención del CEO: Siempre Mía
Vanne Sepulveda · Completado · 100.4k Palabras
Introducción
Capítulo 1
Brooke estaba en casa sola, esperando que Enzo volviera de una reunión. Tenía un cheque que debía depositar ese día, pero no lograba encontrar su chequera. Recordó que Enzo mencionó haber usado una de sus chequeras la semana pasada y decidió subir a su oficina.
Al entrar, notó el característico orden del lugar: cada objeto parecía estar exactamente en su lugar. Se acercó al escritorio y empezó a revisar en los cajones. En el segundo encontró sobres, contratos, y papeles que claramente pertenecían a las empresas de su esposo. Entre ellos, un título llamó su atención: "Última voluntad y testamento de Giovanni Lombardi".
Curiosa, y quizás inconscientemente inquieta, tomó el documento. Su nombre en una de las cláusulas destacaba como un grito silencioso:
"Enzo Lombardi podrá acceder a la totalidad de los bienes y propiedades listados siempre y cuando contraiga matrimonio antes de cumplir los 30 años".
Brooke sintió cómo su respiración se detenía mientras seguía leyendo. Ahí estaba: su nombre, los detalles del testamento, y lo que parecía una firma reciente de aceptación de Enzo.
—No puede ser... —susurró, sintiendo el peso de la traición como una daga en el pecho.
En ese momento, la puerta de la oficina se abrió de golpe. Enzo entró distraído, hablando por teléfono, pero se detuvo en seco al ver a Brooke con los documentos en las manos.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó con un tono alarmado, acercándose rápidamente.
Brooke lo miró, y su expresión de desconcierto cambió a una mezcla de furia y dolor.
—¿Qué es esto, Enzo? —le espetó, levantando los papeles para que los viera claramente.
Enzo cerró los ojos por un segundo, maldiciendo internamente su descuido.
—Puedo explicarlo...
—¿Explicarlo? —su voz temblaba, pero no cedía. Dio un paso hacia él, dejando caer los papeles sobre el escritorio—. ¿Vas a explicarme cómo nuestro matrimonio fue un contrato para que heredes la fortuna de tu abuelo?
—Déjame explicarte...
—¡Eso es lo que estoy esperando! —gritó, golpeando el escritorio con los documentos—. ¡Explícame cómo encajo yo en todo esto! ¿Desde el principio fue un plan? ¿Me buscaste por eso?
Enzo respiró hondo, pasando una mano por su cabello desordenado. Había esperado este momento, pero no tan pronto. Había pensado que tendría tiempo, que encontraría una manera de explicarlo todo sin que ella se sintiera traicionada. Ahora, cada segundo que pasaba lo hacía ver más culpable.
—Cuando te conocí... —comenzó, pero Brooke lo interrumpió.
—Cuando me conociste, ¿qué, Enzo? ¿Ya sabías que yo era perfecta para cumplir tu condición?
—No, al principio no. —Su voz era suave, casi inaudible.
Brooke soltó una risa amarga, llena de incredulidad.
—Eso lo hace peor. ¿Me usaste? ¿Jugaste conmigo, con mis sentimientos, solo para asegurarte tu maldita herencia?
Enzo se acercó un paso más, pero ella retrocedió, levantando una mano para detenerlo.
—Brooke, escúchame. No fue así. Sí, es cierto que necesitaba casarme, pero cuando te conocí, todo cambió. Tú cambiaste todo.
—¿Y eso debería consolarme? —respondió con frialdad. Su voz se quebró al final, traicionada por las lágrimas que amenazaban con salir.
Enzo apretó los puños, luchando por encontrar las palabras correctas. Sabía que cualquier cosa que dijera podría empeorar las cosas, pero no podía dejar que ella se fuera sin entender lo que realmente sentía.
—Brooke, al principio sí pensé en la herencia, pero me enamoré de ti. Lo juro. Esto dejó de ser un plan hace mucho tiempo.
—¿Debería creerte? —susurró, sus ojos llenos de lágrimas—. Porque ahora mismo, todo lo que siento es que fui un medio para un fin.
El silencio se instaló entre ellos como un abismo imposible de cruzar. Brooke dejó caer los papeles sobre el escritorio y se dirigió a la puerta.
—Brooke, por favor, no te vayas así.
Ella colapsó, le pareció el colmo que intentara retenerla. Se volteó con demasiada ira y le gritó.
—¡Aléjate de mí, maldito mentiroso! —gritó Brooke, girándose con tal furia que el aire a su alrededor parecía chisporrotear.
Pero su ira no alcanzó a sostenerla. Un mareo repentino nubló su vista, y apenas tuvo tiempo de llevarse una mano a la frente antes de que todo se volviera negro.
—¡Brooke! —la voz de Enzo se quebró mientras corría hacia ella. La sostuvo justo a tiempo, abrazándola como si con eso pudiera evitar que el mundo se derrumbara.
El tiempo pareció detenerse. Su rostro, pálido y sin fuerzas, lo asustó como nunca antes.
—No te desmayes, por favor... —susurró, desesperado, mientras la levantaba en brazos y corría fuera de la oficina.
El hospital fue un frenesí. Médicos y enfermeras rodearon a Brooke en cuanto llegaron, dejando a Enzo parado, impotente, mientras la llevaban a una sala de emergencias.
Los minutos eran cuchillas que cortaban su alma. Caminaba de un lado a otro, sus manos temblaban y su corazón parecía querer salirse del pecho. Finalmente, un médico salió de la sala.
—¿Cómo está mi esposa? —preguntó Enzo, antes de que el médico pudiera decir algo.
—Ella está estable, señor Lombardi, pero sufrió un colapso por estrés y baja presión. Y hay algo más...
El médico hizo una pausa, observándolo con atención.
—¿Qué? ¿Qué más? —la voz de Enzo era apenas un susurro.
—Felicidades, señor. Su esposa está embarazada.
Por un instante, todo lo demás dejó de existir. Las palabras resonaron en su mente, pero no podía procesarlas.
—¿Embarazada? —repitió, incrédulo.
—Sí, aproximadamente seis semanas. El estrés no es recomendable, así que necesita descansar y evitar cualquier situación que la altere.
El médico siguió hablando, pero Enzo ya no escuchaba. La culpa, la alegría y el miedo se entremezclaban en su interior. "Un bebé. Vamos a tener un bebé".
Cuando le permitieron entrar a la habitación, la encontró despierta, con el rostro pálido pero los ojos llenos de lágrimas.
—¿Qué haces aquí? —su voz era baja, pero cortante como un cuchillo.
—Brooke, por favor... —se acercó, pero ella alzó una mano, deteniéndolo.
—No te atrevas a decirme que te importa. —dijo con amargura.
Él respiró hondo, intentando mantener la calma.
—No te oculto esto. Estoy tan feliz como asustado.
Ella lo miró fijamente, como si hubiera escuchado mal.
—¿Qué dijiste?
—Ya el medico me lo dijo y quiero que sepas que estoy dispuesto a luchar por ustedes.
El silencio cayó como un peso entre ellos. Brooke llevó una mano a su vientre, procesando la noticia. Sus ojos, llenos de lágrimas, se alzaron hacia los de Enzo.
—Un bebé... —su voz tembló, cargada de incredulidad y emoción.
—Sí. —respondió él, dando un paso hacia ella—. Brooke, lo siento. Sé que te fallé, pero quiero estar contigo, quiero que estemos juntos en esto.
Ella negó con la cabeza, rompiendo a llorar.
—¿Cómo se supone que te crea después de todo esto? ¡Me traicionaste, Enzo! Y ahora... ahora hay un bebé.
Él quiso acercarse, pero no lo hizo. Pensó que sería su oportunidad para redimirse con ella. No podía perderla, mucho menos ahora que estaba esperando un bebé suyo.
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