
La sumisa perfecta del jefe
Yina Zabala · En curso · 121.6k Palabras
Introducción
Sus más oscuros deseos salen a la luz cuando su nuevo jefe le muestra un mundo desconocido para ella, un mundo lleno de placer y lujuria.
James Evans es un hombre estricto, arrogante y demasiado atractivo. Es un distinguido y respetado empresario al que todos admiran.
Sin embargo, en la oscuridad, muestra una faceta oscura y placentera, disfruta el sexo, el placer y ser quien domina.
Un acuerdo, una regla clara y mucho placer.
¿Podrán disfrutar del sexo sin compromiso sin mezclar sus sentimientos?
¿Él podrá enamorarse cuando se entere quien es ella en realidad?
Capítulo 1
Allison
Llegué hasta el primer bar que encontré en el camino, mis manos aún temblaban por lo que ví hace algunas horas, lo que pensé que iba a ser el día más feliz de mi vida terminó convirtiéndose en una completa pesadilla.
Las fotografías estaban arrugadas dentro de mis manos, lo que creí que era una simple burla, se había vuelto lo que más temía en la vida.
Mi cumpleaños se había convertido en lo opuesto a una celebración.
Creí haber encontrado el amor verdadero con el hombre que llevaba tres años, con el hombre que pensaba casarme… no obstante, él me mostró que no me amaba lo suficiente.
Que aparentemente yo no era suficiente y por eso prefirió revolcarse con mi mejor amiga.
Bebí más de dos copas de un solo sorbo sintiendo como aquel líquido quemaba por completo mi garganta.
Quería llorar, pero no solo eso… quería vengarme.
Miré a mi alrededor, buscando tal vez a alguien que pudiera caer en mis redes esta noche.
Mi relación había acabado y quería al menos una vez en mi vida desinhibirme un poco de lo que era normalmente.
Giré mi rostro cuando a mi lado se sentó un hombre, el olor amaderado ingresó por mis fosas nasales llamando por completo mi atención.
Era un hombre atractivo, serio y la opción más idónea por el momento.
Tomé valor para acercarme, no soy ese tipo de mujeres que suele comportarse de esa manera. Pero esa necesidad de demostrarme que también puedo, que puedo ser deseada por alguien más.
Pedí dos copas y puse una enfrente de él, mostrando seguridad y seducción… aunque tal vez no era muy experta para eso.
—Por lo visto los dos necesitamos un poco de compañía —mencioné mordiendo el interior de mi mejilla completamente nerviosa.
Él me miró de reojo, de arriba abajo sin discreción alguna. Con una mirada que me desestabilizó por unos cuantos segundos.
Su mirada fría, oscura y penetrante me escaneo por completo.
Me agradeció con un movimiento de cabeza y bebió brindando.
—Seré clara —dije interrumpiendo el momento—, busco olvidar esta noche a un idiota que se burló de mí. No me importa nada, tan solo quiero olvidarme de él.
Él curvó las comisuras de sus labios en una sonrisa coqueta. Oculté mis manos evitando mostrar ese nerviosismo que estaba carcomiendo en ese momento todo mi ser.
Ante el silencio de aquel hombre, sentí que la vergüenza me caía por completo.. No solo me había engañado mi prometido, sino que también un desconocido me estaba rechazando en ese preciso momento.
Sin esperar una humillación mayor, bebí una copa más de un solo trago sintiendo como mi garganta se quemaba, y se puse de pie. Pero antes de que pudiera dar un paso más, él me detuvo.
—Sin nombres y en mi apartamento ¿Estás de acuerdo? —su voz ronca hizo que mi cuerpo se erizara por completo.
Lamí mis labios y asentí con mi cabeza, un movimiento lento que confirmaba que al menos por esa noche sería una mujer completamente diferente.
Luego de algunos minutos, ya estábamos en un lujoso pent house, miré el lugar con asombro, la sobriedad estaba haciendo efecto en mi cuerpo y el arrepentimiento estaba a punto de aparecer. Tal vez era la sensación de miedo por algo nuevo, o quizás el hecho de que nadie en mi vida me había tocado aparte de mi prometido.
O peor aún, una mezcla de todo junto.
El lugar tenía unos cuantos espejos que me causaban curiosidad, era un ambiente agradable a simple vista.
El hombre apareció frente a mí con dos copas. En ese momento lo puedo observar con más claridad, sus músculos se marcaban a través de la camisa, y sus labios carnosos junto a sus ojos se robaban toda mi atención inevitablemente.
Al notar mi nerviosismo, él dejó la copa a un lado, cortó la distancia que había entre los dos y pasó su pulgar por mis labios tomándome desprevenida.
Mi pecho subía y bajaba con desesperación ante la cercanía de él.
Me jaló hacia él y pasó su lengua levemente por mis labios. Gemí ante el contacto.
Sus manos bajaron con lentitud a través de cada una de mis curvas, cada uno de mis pliegues, se ubicó en mi pecho y pellizcó suavemente mi pezón.
Él siguió bajando hasta ubicarse en medio de mis piernas. Por inercia las apreté, pero su mirada me dejaba claro que él no estaba con juegos.
—¿Nos detenemos? —susurró en mi oído mordiendo mi lóbulo—. ¿Quieres que me detenga?
Negué, a pesar de que mi cuerpo estaba temblando por una mezcla de ansiedad y miedo. No quería detenerme, quería sentir, quería gemir en la boca de alguien más.
Lo miré dándole toda la aprobación que él necesitaba en el momento. Una sonrisa apareció en él como si estuviera seguro de que mi respuesta no iba a ser otra.
Con agilidad movió mi vestido, y pasó sus dedos por aquella tela que cubría mi intimidad.
Apreté mis piernas luego de sentir el cosquilleo que este provocaba. Sus dedos gruesos se paseaban a lo largo de mis pliegues tentando con cada movimiento el hambre que estaba provocando.
Él se hizo paso y metió uno de sus dedos y sonrió. Abrí mi boca sintiendo como mi respiración se aceleraba cuando insertó otro, generando más placer en mí.
Frente a nosotros estaba uno de los espejos y esa sola imagen de él con sus dedos dentro de mí me calentaba mucho más de lo que creía.
Él con total naturalidad movió sus dedos sintiendo la humedad que había en mí. Frotando mi clítoris levemente provocando pequeños espasmos en mi cuerpo.
Me contuve antes de cerrar los ojos y jadear con fuerza, sentí como la temperatura comenzaba a subir en mi cuerpo.
—Mírame —ordenó—. Quiero que me mires fijamente, quiero grabarme esa imagen.
Sin protestar algo, obedecí.
Me sostuve de sus hombros cuando él aumentó la velocidad. Mi clítoris se hinchó, por instinto moví mi pelvis hacia él, buscando ese contacto, frotando mi sexo contra la mano de aquel desconocido.
Él sonrió con satisfacción a medida que mis mejillas se sonrojaban con cada uno de sus movimientos. Podía notar como disfrutaba tener el control, tenerme a su merced.
Sus dedos entraban hasta el fondo, una y otra vez se movían con gran agilidad. Comenzó a jadear sin poder detenerme, apretaba su camisa sin importar nada, estaba completamente excitada y el más mínimo roce despertaba toda la sensibilidad que había en mi cuerpo.
Él mantuvo su postura, observando cada uno de los gestos que emitía. Podía notar por encima de sus pantalones su falo palpitaba con cada uno de mis gemidos.
Mi cuerpo se tensó por completo cuando no pude aguantar más y el clímax me hizo temblar.
Mi clítoris completamente sensible seguía pidiendo aquel roce que él estaba provocando.
Sus dedos seguían dentro de mí, recibiendo todos mis líquidos y sosteniéndome mientras temblaba una y otra vez.
Cuando recuperé mi compostura, él sacó sus dedos y frente a mí lamió de ellos. Esa sola acción volvió a hacer que palpitara mi centro.
Lo observé sin parpadear, con la necesidad de tener más.
De ser follada como nunca en mi vida.
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