
No te dejaré ir, esposa mía.
Angel Summer · En curso · 46.2k Palabras
Introducción
Lo que Antonella no sabe es que detrás de la máscara indiferente de Vincent existen secretos mucho más oscuros de lo que imagina. Mientras intenta reconstruir su corazón roto, un misterioso hombre conocido como Leviatán comienza a convertirse en el único refugio capaz de devolverle la sonrisa. Dulce, protector y peligroso, él le ofrece el cariño que nunca recibió en su matrimonio… sin imaginar que ambos están atrapados en una red de mentiras, mafia, obsesión y deseos imposibles de controlar.
Entre traiciones, celos enfermizos, secretos ocultos y un amor tan intenso como destructivo, Vincent hará todo lo posible para recuperar a la mujer que siempre consideró suya.
Porque hay algo que Vincent Brown tiene claro…
Él jamás dejará ir a su esposa.
Capítulo 1
—Tú elegiste ser mi esposa… y te quedarás así hasta que la muerte nos separe.
Su mano se aferró a su cintura, pegándola contra él. La otra subió por su pecho, deslizándose bajo su blusa.
Un gemido ahogado escapó de Antonella. Odiaba eso. Odiaba no poder resistirse, odiaba que al más mínimo rose de sus manos, su cuerpo reaccionaba deseando más.
—Déjame… no me toques con esas asquerosas manos que tocaron a esa zorra.
—Mis manos solo han tocado a una mujer… y esa eres tú —dijo con voz baja—. No hagas berrinches. Ve a casa y espérame como una buena esposa. No tengo tiempo para lidiar con tus niñerías. No pasó ni pasa nada entre Scarlett y yo.
—Claro… y yo soy estúpida.
Antonella se giró. Sus ojos ardían de rabia, decepción y lágrimas, en cambio los de él… imperturbables, como siempre.
—No me importa si no me crees. Yo sé que es verdad.
Su mano sujetó su cuello y la besó. Brusco. Dominante. Sin pedir permiso, como siempre lo hacía, la inmovilizó contra él. Su mano descendió hasta su trasero, apretándola contra su cuerpo, y luego bajó por su muslo, elevándolo hasta su cadera, obligándola a abrirse para él.
Cuando terminó el beso, Antonella apenas podía respirar.
Su aroma la intoxicaba. Vincent la levantó, la llevó al escritorio, la giró, subió su falda y la tomó sin más.
—¿Esto querías? ¿Por esto viniste? Me lo hubieras pedido… jamás te he negado sexo.
Sus movimientos se volvieron más duros… más implacables… mientras sus manos recorrían sus pechos, sus labios mordían su cuello, hasta que se dejó ir en ella.
Antonella jadeaba, su cuerpo la traicionaba una vez más, derritiéndose y entregándose solo a él, a ese hombre que solo la veía como un juguete.
Lágrimas silenciosas empezaron a caer por sus mejillas. Lágrimas de impotencia. De humillación. De no poder negarse a ese hombre que jamás la amaría.
Vincent salió de ella y se arregló como si nada. Antonella se giró, secándose las lágrimas.
—¿Satisfecho, señor Brown? Espero que lo haya disfrutado… porque yo no. Con su permiso.
Con la poca dignidad que le quedaba se giró y se fue, la puerta se cerró. El silencio cayó pesado. Minutos después, volvió a abrirse.
—Vaya, vaya… sí que eres todo un don Juan. Tú sí que sabes tratar a las mujeres.
Alexander, su mejor amigo y socio entró, con su típica sonrisa burlona, había sido testigo que todo lo que había sufrido Nella, en su juventud los 3 se conocían, siempre se encontraban en las fiestas de negocio de sus padres, Alexander sentía un cariño real por Nella, ella desde niña fue inteligente, arreglaba sus armas en Paint para que golpearan mas fuerte y los tres siempre terminaban ganando las partidas, siempre supo que Nella sería un genio y que no era una mujer normal, era única, así que cuando se casó con Vincent, estuvo realmente feliz, tendría a sus dos amigos juntos, pero no contaba con que Vincent se volvería un cabrón con ella, eso desgastó su amistad, alejando a Nella de él. Lo sentía pero entre Vincent que era como su hermano y Nella que era su amiga, siempre ganaría Vincent, aunque le doliera perderla.
—Un terroncito de cianuro… ¿cuándo dejarás esa faceta de hombre cruel? Estás rompiendo a Nella… te vas a arrepentir.
—Hago lo que tengo que hacer. No te metas.
Vincent caminó hacia el bar sirviéndose otro whisky, Alexander pudo notar lo frustrado que estaba, sus músculos estaban tensos, su mirada fija, y se tomó el Whisky de un sorbo, se sirvió otro y se sentó en su escritorio.
—Necesito saber cómo va lo que te pedí… y quiero al hijo de puta que publicó esas fotos… muerto mediáticamente, que no encuentre trabajo en su puta vida, esas fotos jamás debieron llegar a manos de Nella.
—Sí, las vi… te ves muy mal ahí, Vin. Con razón Nella estaba furiosa, no creo que esta vez te perdone.
—No es tu problema, yo me encargo de ella, tú haz lo que te pido.
—Está bieeen, señor gruñón… vaya genio más dulce que tienes hoy. ¿Desayunas alacranes con jugo de odio todas las mañanas?
—Vete de mi oficina. Ahora.
—Ya, ya… entendí.
Alexander salió y el silencio volvió. Vincent abrió un cajón con clave, la fecha de nacimiento de ella. El Cajón solo tenía tres cosas, una foto, un celular y un arma. Tomó el celular y los encendió con su huella. Lo primero que vio fueron los mensajes.
Los abrió uno a uno… Sintiendo cómo su corazón se apretaba con el dolor de la persona que le escribía.
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Última actualización: 6/1/2026
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