
SEGUNDA OPORTUNIDAD
Historias Luna llena · Completado · 220.1k Palabras
Introducción
—¡Estás desterrada de Redmoon! —grito el Alfa Thomas, su rostro retorcido por la ira arrojándome al suelo como si fuera nada, me aterró.
Yo, Mila, no era más que la esclava de Alexandra, su prometida. Una loba inferior que rechazo ser su Luna, mi aroma lo atrapó pero me negué a aceptar ese destino.
Rechacé lo que todas hubieran soñado, y por esa decisión, ahora soy una loba marcada, exiliada y furiosa, cegada por la venganza. Nunca imaginé que otro lobo se cruzaría en mi camino, para enseñarme algo mucho más poderoso que la venganza: el verdadero significado de la justicia.
Capítulo 1
Capítulo 1
Narra Mila...
Tome aire y mire a la ventana donde la luz de la luna auguria una buena noche, mi noche.
Observé mi abdomen, la marca del destierro, me coloque un vestido rojo carmesí que enmarcaba lo delgada y esbelta figura, me mire al espejo mientras terminaba de colocarme las lujosas joyas que luciria, , Hoy, por fin está noche iniciaba mi venganza en contra del Alfa Thomas Vanetto y su Luna Alexandra Zanella, los líderes de la manada Redmoon, la que fue mi manada y de la que me echaron.
Meses atrás
Mi nombre, Mila, sin un apellido, desde niña fui comprada para ser la esclava de Alexandra Zanella, la pequeña cachorra consentida de su padre.
Me alejaron de mi madre, no recuerdo mucho más antes de mi llegada a la mansión.
Desde mi corta edad supe lo que era el dolor, la humillación y bajar la cabeza, Alexandra era mala, tenía poder, le cumplían sus caprichos y me odiaba.
Alexandra buscaba la oportunidad para acabar con mi felicidad, disfrutaba humillarme, a pesar de la insistencia de su padre de tratarme bien.
Teníamos la misma edad, crecimos juntas, Pero eramos el agua y el aceite.
Mientras hago las labores del día, la puerta suena, me pongo un poco nerviosa, y acomodo mi viejo y roto vestido.
Al abrir lo veo a el, El Alfa Thomas Vanetto, nuestro Alfa.
Cada vez que lo veía mis manos sudaban, y es que que loba no se enamoria de su porte, cabello rubio, ojos verdes, una pequeña barba, además tenía el atrayente de ser el Alfa más joven conocido.
—¿Dónde está mi novia? —Pregunta seco mientras me ve con desprecio.
Thomas siempre es así conmigo, es igual que Alexandra, caprichoso, ególatra, y clasista, el uno para el otro.
—En su habitación
El me da un leve empujón para quitarme del paso, caminó sin precaución con sus zapatos llenos de barro dejando el piso manchado con sus marcas.
Tome un poco de aire, no soy nadie para el, solo la esclava de su prometida y como todos rumoreaban, su Luna.
Termine de limpiar lo que ya había limpiado, suspiré al escuchar un grito que me llamaba desde la planta superior.
—¡Mila ven de inmediato! —grito Alexandra.
No quería hacerlo, subir, soportar, escuchar sus infinitas burlas donde parecía desquitarse conmigo por todo lo que le ocurria, y está vez no lo quería porque estaba el.
Subí despues del segundo grito, sabía que al tercero tendría golpes, pues su madre apoyaba insesante el maltrato que me daba, mis únicos dias en paz era cuando el señor Zanelli, su padre estaba en casa.
—Digame señorita Alexandra —abri la puerta agachando la cabeza para no ver nada inapropiado.
Alexandra sonrie, cubriendose con una sábana, era claro que acababa de tener intimidad con el Alfa, quizás estaba celosa, Pero nunca podría poner los ojos tan alto y el jamás miraría tan bajo.
Se colocó una bata y me miró con una sonrisa, creo que sabía que el Alfa me gustaba un poco, y aprovechaba estás situaciones para demostrarme que era mejor que yo.
—Limpia este desastre, iré abajo por un vaso de agua —Camino cerca de mi y regreso para susurrar en mi oído —Mucho cuidado con decirle a papá algo que no debes, porque puedo ser aún más cruel con tu castigo.
¿Más cruel? Jamás hablaría.
Quite las sabanas aún mojadas en sudor, Pero escuché un ruido en el baño, me acerque a sabiendas que podía ser el Alfa.
Efectivamente, El Alfa Thomas se daba una ducha, abrí mi boca y las sabanas que tenía en mi mano cayeron al suelo, era la primera vez que veía un lobo desnudo, mis ojos se dilataron.
No podía dejar de mirarlo, sus músculos, su cuerpo empapado, todo de él.
Empecé a sentir una leve humedad entre los piernas, mi corazón latia con rapidez, es como si una lluvia de emociones ocupará mi pecho, me sonroje mientras frotaba un poco las piernas.
—¡¿Que haces estúpida esclava?! —Alexandra llegó por la espalda, me jalo del cabello con fuerza.
—Nada... Yo solo... Quería limpiar —tartamudee.
Me sentía avergonzada, de mis pensamientos, de lo que ví, de lo que sentí y lo mucho que me gustó.
Alexandra me tiró al suelo, me dió una fuerte cachetada
—¡Nunca mires a mi lobo así!
Repetí la mentira que ni yo me creía, Pero ella gruño, se acercó a mi y me olfateo.
—¿Que es ese olor repugnante? Acaso Te mojaste viendo a mi lobo —Gruño
No sabía a qué se referia, Pero sentía humedad en mi parte íntima
—Dejeme retirarme —le suplique con mi voz quebrada.
La loba me miró burlona
—Eres tan ignorante y estúpida, si te excitaste viendo a mi prometido, te humedeciste, con ese olor atraes a tu pareja ¿No lo sabías?
Negué con la cabeza, nadie nunca me había explicado nada de la intimidad, derrame una lágrima.
Ella soltó una carcajada
—¿Crees que un Alfa puede fijarse en una esclava? Corrijo ¿Crees que un lobo puede fijarse en ti? Eres asquerosa, nunca atraerás con ese olor repugnante a ningun lobo, estás condenada a la soledad.
Me levanté, asentí con la cabeza a todas sus palabras, solo quería irme, la puerta del baño se abrió, quería que la tierra me tragara.
—Me retiro —quise irme Pero ella me jalo del brazo enterrandome sus uñas afiladas
—Te quedas aquí.
No, por favor no, pensé de inmediato, sabía que esto sería burla, que todos se enterarían lo que había pasado.
Thomas salió con la toalla de baño en la cintura, secando su cabello con otra mano.
Alexandra se acerco, le dió un beso en la boca apasionado
—Mi amor, no vas a creer lo que acaba de pasar —sonrio.
El empezó a olfatear la habitación, tuve miedo, ese olor repugnante como decía Alexandra llegaría a su nariz.
—¿Que es ese olor? —Pregunto sin dejar de mover la nariz buscando la fuente.
—De eso te q
uiero hablar —sonrio Alexandra.
—Me encanta... ¡¿Que es ese olor?! Necesito saberlo —levanto la voz.
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