
Solo un con beso
Anabella Brianes · Completado · 125.0k Palabras
Introducción
Capítulo 1
Seguía sin entenderlo. ¿Cómo podía ser que hubiera aceptado semejante propuesta?
Anna se paró en una esquina a observar. No decía nada, no se movía, solo lo miraba. Ojalá pudiese dejar de pensar en eso, ojalá nunca hubiese pasado; entonces no se sentiría tan pequeña, tan poca cosa. Era una ilusa. Pero ya casi todo había terminado; solo debía aguantar un poco más.
Ese día… ese beso… No, no debía pensarlo. Sacudió la cabeza como queriendo deshacerse del recuerdo, pero las sensaciones las tenía pegadas a la piel.
Desvió la mirada y siguió la línea blanca de las mesas. Un hotel tan elegante, tan distinguido, con toda esa decoración costosa. Los cuadros milimétricamente colocados a la distancia justa los unos de los otros; las luminarias enormes que brillaban incandescentes en los techos, los muebles antiguos que salpicaban pequeños rincones o esquinas. Y en el fondo del salón, una orquesta muy bien afinada que le regalaba a todos los invitados melodías suaves e íntimas de jazz.
Aun con su hermoso vestido, zapatos y los diamantes colgándole del cuello, Anna sabía que no pertenecía a ese ambiente. La atmósfera se sentía pesada, recordándole constantemente que ese no era su lugar. El ritmo de la música cambió un poco.
Sus ojos fueron a detenerse directamente sobre Owen, que estaba bailando con Elena en medio de la pista. Estaban casi solos, la mayoría de los invitados solo se quedaron observando, con sonrisas de soslayo, con miradas bajas y murmullos. Estaban muy entretenidos con el espectáculo principal.
—Es un condenado imbécil —dijo Bob.
Anna se volteó apenas y miró a Bob a la cara.
—Lo siento… Esa perra —le dijo bajando la voz, como avergonzado.
—No te preocupes, te entiendo —le aseguró Anna —Todavía siente cosas por ella ¿verdad?
— No lo sé... Realmente no lo sé, Anna. A veces creo que sí, pero luego tiene esos momentos de furia… ¡Ah! Hasta a mí me confunde.
Y es que Bob conocía a Owen desde pequeños, siempre fueron amigos inseparables. Lo sentía más como un hermano que como un amigo del alma, lo había visto casarse con Elena, lo había visto convertirse en lo que ahora era. Suspiró, vencido. Él lo adoraba, pero a veces tenía muchas ganas de romperle algo en la cabeza.
—Quizá si le parto una botella podré ver si aún le queda algo de materia gris —. dijo medio bajo, como si hablara para él.
Anna esbozó una leve sonrisa. Tenía un nudo en el estómago, conocía la historia de fondo y sabía lo que Elena intentaba lograr; lo que no comprendía era qué hacía ella allí, en medio de todo aquello.
—Lo engañó descaradamente ¡Él la encontró en su propia casa con el amante! ¿Crees que se preocupó por Eva? ¿Qué le importó su hija? Cuando Owen la echó como a un perro y le dio todo el dinero del acuerdo de divorcio, ella se subió a un avión con ese tipo y desapareció. Owen me contó que ni siquiera nombró a la niña, ni pidió por ella ¡¿Y ahora esto?! ¡Esa mujer es una bruja!
Eso le había medio contado su amiga Lali, la prima de Owen. Anna solo podía imaginar todo ese dolor, toda esa pena. Y aunque ella misma lo vivía todos los días, no se daba la dimensión de lo que a Owen debió haberle pasado por el corazón; solo con su pequeña hija, abandonado y traicionado.
—Sácame a la pista —le dijo de pronto a Bob.
—¿Qué?
—Sácame a bailar, lo sacaré de allí —respondió convencida.
—No tienes que hacer nada de eso, Anna.
—Lo sé, pero no puedo dejarla hacerle eso… Es muy triste.
Bob lo consideró por unos momentos. La jovencita tenía agallas. ¿De dónde la había sacado Owen? Al parecer, conocía la historia de su amigo y estaba genuinamente preocupada por él. Quizá… No, Owen no se permitiría algo así, no dejaría que nadie se le acercara. Pero al ver la determinación en los ojos de Anna, le ofreció su brazo con una sonrisa y comenzaron a caminar hacía la pista.
Los ojos de Owen se clavaron en ella mientras se acercaba del brazo de su amigo; no había esperado verla así, tan hermosa. Pero ¿Qué hacía? El trato era sencillo: él necesitaba alguien que lo acompañara, un accesorio que entrase con él a ese hotel, que sonriera un poco y se comportara con decoro y a cambio, la dama recibiría una transferencia de cinco cifras en su cuenta bancaria. Un trato más que justo y redondo por algunas horas de “presencia”.
Bob tomó a Anna de la cintura y comenzaron a moverse al compás. Cada tanto cruzaba miradas desesperadas con su amigo, como queriendo incitarlo a que abandonara ese espectáculo que estaba dando. Le movía la cabeza señalando a Anna. Pero ella tenía sus propias ideas.
Se detuvo muy cerca de Owen y Elena. Bob la miró expectante y Owen con un dejo de desdén.
—Owen… —le dijo Anna.
Elena la observó de pies a cabeza. Sí, era bonita, joven y tenía un buen vestido, pero ni se acercaba a la clase de mujer que ella era. La sofisticación y la elegancia innatas, la belleza casi sobrenatural, la boca roja y el cabello negro.
—¿Qué? —le respondió fastidiado.
Anna se desprendió de su compañero de baile y le puso una mano en el hombro, aun cuando él seguía sosteniendo a Elena de la cintura. Pudo sentir el calor de esa mano pequeña atravesarle la tela del traje.
—¿Disculpa? —se indignó Elena ante tanto atrevimiento de esa mocosa.
—Perdón, soy Anna, mucho gusto. Lamento interrumpirlos, pero… quisiera beber algo, Owen.
¿Qué? La confusión se dibujó en el rostro de ese hombre alto y algo canoso. Abrió grande los ojos y Anna le clavó los suyos con una intensidad que lo desbalanceó.
Bob no lo podía creer, estaba a punto de pegar un grito de excitación ¡Mira nada más! Si lo despegaba de Elena, si se lo llevaba así, dejando a esa zorra sola en la pista de baile; él mismo le levantaría una estatua en una plaza pública.
Pero a Owen le estaba costando reaccionar. Tenía todas las emociones de cabeza: en sus manos, la mujer que había amado con locura, con desesperación, devotamente; la misma que lo engañó con su socio, revolcándose con él en su casa y en su cama, a pocos metros de la habitación de su hija. En su hombro la mano cálida y pequeña de esa jovencita tan franca y sencilla, que solo existía por qué si, a la que le había robado un beso fugaz…
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El amor nunca ha tenido lugar en mi vida. Lo considero una tontería, una distracción insignificante que solo debilita a las personas.
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LIBRO 1 DE LA SAGA ATRACCIÓN












