
Sombras de Poder
eleymalu4 · En curso · 182.1k Palabras
Introducción
Lo que comienza como un juego de poder y atracción prohibida se transforma en una vorágine de pasión tóxica, traiciones familiares y revelaciones que podrían destruirlos a ambos.
¿Podrá Elena domar al lobo de Wall Street, o se perderá en las sombras de su imperio?
Capítulo 1
Perspectiva de Elena………
El calor intenso de Caracas a las diez de la mañana no es una sugerencia; es un asalto.
Mientras caminaba por las aceras agrietadas de El Rosal, sentía que el vapor que subía del asfalto intentaba derretir mis tacones de imitación de cuero, los únicos "profesionales" que pude rescatar del mercado de Quinta Crespo.
Me ajusté el blazer, rezando para que las manchas de sudor no traicionaran mi origen antes de que pudiera abrir la boca.
Frente a mí, la Torre Montenegro se alzaba como un colmillo de cristal y acero clavado en el cielo nublado.
Era el Olimpo. Y yo, una simple mortal del Oeste con un título de la UCV bajo el brazo y una cuenta bancaria que marcaba saldo negativo, estaba a punto de entrar en la guarida de la bestia.
Al cruzar las puertas giratorias, el frío del aire acondicionado me golpeó como una bofetada de lujo.
El mármol del piso estaba tan pulido que podía ver mi propio reflejo, distorsionado y pequeño.
—Nombre —dijo una recepcionista que parecía tallada en el mismo hielo que el ambiente.
—Elena Vargas. Tengo una cita con el señor Montenegro.
La mujer no levantó la vista. Sus dedos volaron sobre el teclado.
—Piso 45. El ascensor dorado. No se detenga en el área de café, el señor odia el olor a tueste barato.
Vaya bienvenida me dije yo y que frialdad me recibe la recepcionista espero no equivocarme al conseguir empleo aquí daré todo mi esfuerzo en trabajar aquí.
El ascensor subió tan rápido que mis oídos crujieron.
Cuando las puertas se abrieron, no había secretarias ni salas de espera.
Era una oficina que ocupaba toda la planta, rodeada de ventanales que hacían que el Ávila pareciera una pintura costosa puesta allí solo para el deleite de un hombre.
Él estaba de espaldas. Un traje gris humo, cortado a la perfección, abrazaba sus hombros anchos. No se movió.
—¿Sabe por qué el mármol de la entrada está siempre tan limpio, señorita Vargas? —Su voz era un barítono profundo, carente de cualquier calidez.
Me quedé helada a mitad de camino. No era la pregunta que esperaba de una entrevista de trabajo.
—Supongo que porque tienen un personal de limpieza eficiente, señor Montenegro.
Él soltó una risa seca, sin rastro de humor.
—No. Está limpio porque obligo a mis empleados a usar protectores de calzado si vienen de la calle. Usted ha dejado tres huellas de polvo del Oeste desde la puerta hasta donde está parada.
Sentí el rubor subir por mi cuello, pero no bajé la cabeza.
—Si me hubiera avisado, me habría quitado los zapatos en la entrada. Aunque dudo que haya contratado a una abogada con honores para que analice la higiene de sus suelos.
Por primera vez, hubo un movimiento. Sus manos, entrelazadas tras su espalda, se apretaron.
—No la he traído aquí por su título. Hay miles de abogados en esta ciudad vendiendo su alma por un sueldo mínimo. Dígame, Vargas... ¿A quién ha traicionado para llegar hoy aquí?
Fruncí el ceño.
—¿Perdón?
Él se giró lentamente. La descripción de las revistas no le hacía justicia. Su rostro era una arquitectura de ángulos severos y piel pálida, pero fueron sus ojos los que me detuvieron el pulso. Eran grises, del color del mercurio, y brillaban con una inteligencia cruel.
—La lealtad es una moneda devaluada en Caracas —dijo, dando un paso hacia mí. Era mucho más alto de lo que imaginaba—. Sus notas en la UCV dicen que es brillante. Sus antecedentes dicen que su padre fue un dirigente sindical que terminó en la cárcel por "errores administrativos". ¿Viene aquí a buscar justicia o a buscar venganza?
—Vengo a buscar un empleo —respondí, muy firme sin que me intimidara su voz irónica y apretando los dientes—. Las facturas no se pagan con venganza.
—Mentira —escupió la palabra, deteniéndose a escasos centímetros de mí. Podía oler su perfume: sándalo y algo metálico, como la sangre—. Usted tiene los ojos de alguien que ha pasado hambre, pero no de comida, sino de poder. Quiere estar de este lado del ventanal para poder escupirle a la ciudad que la ignoró.
Me sostuve el aire en los pulmones. Era un juego. Me estaba provocando.
—Si lo que quiere es una asistente sumisa que le diga que sí a todo mientras que usted humilla al resto del mundo, se equivoca de candidata. Sé quién es usted, señor Montenegro. Sé cómo construyó este imperio sobre las cenizas de la competencia. No me asusta me oyó.
Él arqueó una ceja, visiblemente sorprendido por mi audacia al yo no permitirle intimidarme.
—¿Ah, sí? ¿Y qué cree que me impide llamar a seguridad ahora mismo y mandarla de vuelta a su barrio con una prohibición de entrada en todas las empresas del Este?
—yo se que usted me necesita —di un paso adelante, invadiendo su espacio personal. Mi corazón golpeaba mis costillas como un animal enjaulado—. Necesita a alguien que sepa cómo se sobrevive en el barro para que pueda cuidar su mármol. Alguien que no le tenga miedo a ensuciarse las manos porque ya las ha tenido sucias toda la vida.
Alejandro Montenegro se quedó en silencio, escrutándome como si fuera un contrato con una cláusula oculta.
La tensión en la habitación se volvió espesa, casi eléctrica. El Ávila, a nuestras espaldas, parecía observar el duelo entre nosotros.
De repente, se alejó y caminó hacia su escritorio de caoba negra. Abrió un cajón y sacó un sobre grueso. Lo lanzó sobre la mesa.
—Ahí hay diez mil dólares en efectivo —dijo con naturalidad—. Es su primer bono de confidencialidad.
Me quedé parpadeando.
—¿Significa que estoy contratada?
—Significa que ahora me pertenece, señorita Vargas. Su primera tarea comienza en diez minutos. Hay un hombre en el piso de abajo, un antiguo socio. Necesito que baje y le entregue este documento. Él va a intentar sobornarla, va a intentar apelar a su moral, quizás incluso la amenace.
—¿Y qué quiere que haga yo? —pregunté, tomando el sobre con manos que intentaba mantener firmes.
Él se sentó en su silla de cuero y me miró con una sonrisa depredadora que no llegó a sus ojos.
—Quiero que lo destruya. Use esa "audacia" de la que presume. Si para cuando regrese él no está llorando en el ascensor, puede quedarse con los zapatos de polvo y volver a su casa. Pero si lo logra... mañana tendrá un despacho a mi lado.
Me guardé el sobre en el bolso. Me giré para salir, pero su voz me detuvo antes de llegar a la puerta.
—Una última cosa, Elena.
Me detuve sin mirar atrás.
—¿Sí?
—En este edificio, el único que tiene permitido tener secretos soy yo. Si descubro que me oculta algo, incluso el color de su ropa interior, la Torre Montenegro será lo último que vea antes de desaparecer de este mapa. ¿Queda claro?
Sentí un escalofrío recorrer mi columna, una mezcla de terror y una excitación oscura que me avergonzó.
—Perfectamente claro, señor Montenegro.
Salí de la oficina con el pulso a mil por hora. Mientras el ascensor bajaba, me miré en el espejo de metal. Mi reflejo ya no parecía pequeño. Había entrado buscando una oportunidad y acababa de vender mi alma al lobo de Wall Street caraqueño.
El descenso al Olimpo no era una caída; era un salto al vacío. Y por el brillo en mis propios ojos, supe que Alejandro tenía razón: tenía un hambre atroz, y estaba dispuesta a devorarlo todo.
Últimos capítulos
#159 Capítulo 159 Capítulo 159.- Sombras de Poder (Final)
Última actualización: 7/13/2026#158 Capítulo 158 Capítulo 158.- El Legado de Poder
Última actualización: 7/13/2026#157 Capítulo 157 Capítulo 157.- La Paz de la Costa
Última actualización: 7/13/2026#156 Capítulo 156 Capítulo 156.- El Exilio de las Sombras
Última actualización: 7/13/2026#155 Capítulo 155 Capítulo 155.- La Caída de Gabriel
Última actualización: 7/11/2026#154 Capítulo 154 Capítulo 154.- Cuentas pendientes (Continuación)
Última actualización: 7/11/2026#153 Capítulo 153 Capítulo 153.- Cuentas pendientes
Última actualización: 7/11/2026#152 Capítulo 152 Capítulo 152.- El Juicio de las cuñadas
Última actualización: 7/10/2026#151 Capítulo 151 Capítulo 151.- Corona de concreto
Última actualización: 7/9/2026#150 Capítulo 150 Capítulo 150: La Noche de los Cuchillos Largos
Última actualización: 7/9/2026
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