
Notas de Colisión
RYUU D. BLACK · En curso · 47.8k Palabras
Introducción
Valentina Cruz es la mejor copiloto que nadie quiere contratar. En un mundo dominado por hombres, su talento táctico está desperdiciado en ligas menores, hasta que una deuda familiar amenazante la obliga a aceptar un trato con el diablo. Y el diablo tiene nombre: Ares Thorne.
Arrogante, temerario y con un historial de copilotos hospitalizados, Ares es el chico malo indiscutible del Campeonato Mundial. Necesita a Val para no perder su asiento, pero se niega a escuchar su voz. Encerrados en el infierno asfixiante del coche de carreras, la hostilidad inicial se transforma en una dependencia brutal. Cada curva ciega los obliga a confiar, cada roce en las cabañas heladas tras las carreras rompe sus defensas. Val pensó que lo más peligroso del rally era la pista, pero pronto descubrirá que lo verdaderamente letal es enamorarse del hombre que lleva el volante.
Capítulo 1
El olor a caucho quemado me perforó las fosas nasales un segundo antes del estruendo. El anticongelante hirviendo siseó, escupiendo nubes de vapor tóxico al tocar el asfalto agrietado.
El Ford Fiesta RS WRC había entrado cruzado en la horquilla a ciento treinta kilómetros por hora. Demasiado rápido. Demasiado ángulo. El morro del coche no giró; la física simplemente reclamó su tributo. El chasis de medio millón de euros se estrelló brutalmente contra la barrera de neumáticos de contención, a escasos diez metros de donde yo estaba parada con mi libreta de tiempos.
La fibra de carbono crujió con el sonido sordo de huesos rompiéndose. Una nube espesa de polvo rojo y humo negro lo envolvió todo. Los mecánicos a mi alrededor soltaron las llaves inglesas, los medidores de presión y corrieron en pánico hacia la pista.
Yo no me moví. Me limité a hacer clic en mi bolígrafo y anotar el tiempo del sector. Desastroso.
La puerta del copiloto saltó abierta, pateada con violencia desde el interior. Martín salió a trompicones, tosiendo humo y maldiciendo en tres idiomas diferentes. Se arrancó el casco, lo estrelló contra el cemento con tanta fuerza que la visera se partió en dos, y vomitó su desayuno directamente sobre las botas ignífugas del jefe de pista.
—¡Renuncio! —gritó Martín, con las venas del cuello a punto de reventar, señalando con un dedo tembloroso la jaula de metal humeante—. ¡Ese infeliz tiene instintos suicidas! ¡No vuelvo a subirme ahí ni por todo el oro de Europa!
A escasos metros, Leo Rossi, el director del equipo, frotó sus sienes manchadas de grasa. La desesperación le pesaba en los hombros caídos. Volteó lentamente y me clavó la mirada. Yo sabía exactamente lo que esa expresión de animal acorralado significaba.
Quince minutos después, el interior del tráiler que servía como oficina móvil era un horno asfixiante. El aire acondicionado llevaba roto dos semanas, y el zumbido de un ventilador barato apenas movía el aire viciado, cargado a sudor, aceite de motor y café rancio.
—Siéntate, Val —ordenó Leo. Su voz sonaba áspera, como si hubiera estado tragando arena.
Me quedé de pie, cruzándome de brazos sobre la chaqueta de cuero gastada que heredé de mi padre. Detestaba la compasión en su tono.
—Dilo de una vez, Leo. Tengo que ir a revisar la suspensión de mi coche. Salimos a la pista de pruebas en menos de dos horas y el amortiguador izquierdo sigue rígido.
Él dejó caer una carpeta negra sobre la mesa de fórmica despegada. El sonido resonó como un mazo de juez.
—No hay coche. El patrocinador principal de la liga Junior WRC retiró los fondos esta mañana en una llamada de tres minutos. El dinero no da para mantener la categoría satélite. Se acabó la temporada para ti, chica.
La bilis me subió por la garganta. La sequedad en la boca fue instantánea, convirtiendo mi lengua en papel de lija. Me obligué a tragar saliva, clavando las uñas en las palmas de mis manos con tanta fuerza que la piel protestó.
La aritmética del desastre explotó en mi cabeza como una granada de fragmentación. El alquiler vencido. Las facturas médicas de la terapia de mi madre. Y lo peor de todo: el recuerdo del sonido de los nudillos golpeando mi puerta a las tres de la madrugada la noche anterior. Dos hombres con chaquetas baratas y miradas muertas exigiendo el primer pago de una deuda de apuestas que mi padre había dejado antes de desaparecer.
Necesitaba el dinero. El cheque quincenal de la liga menor era mi único escudo de contención entre la supervivencia y terminar con un par de rodillas destrozadas en un callejón de San Jude.
—No puedes dejarme sin asiento a mitad de temporada —Mi voz salió cortante, desprovista del más mínimo rastro de súplica—. Sabes que soy la mejor estratega táctica que tienes en este maldito campamento. Mis tiempos son impecables. Jamás te he fallado una nota.
—Lo sé, Val. Lo sé mejor que nadie —Leo se dejó caer en su silla plegable, que crujió bajo su peso de exboxeador—. Pero el automovilismo no se paga con talento, se paga con billetes. Y ahora mismo, el único asiento disponible en este equipo que tiene presupuesto garantizado, acaba de quedar vacío.
Leo señaló por la ventanilla cubierta de polvo. Afuera, en el asfalto brillante por el sol del mediodía, una grúa arrastraba el chasis masacrado del Ford Fiesta principal hacia el garaje de reparaciones.
El estómago se me contrajo violentamente.
—¿Ares Thorne? —La incredulidad afiló mis palabras hasta convertirlas en cuchillos—. ¿Quieres que me suba al asiento derecho del "Rompecopilotos"? Acaba de mandar a Martín al hospital por un ataque de ansiedad. Lleva tres navegantes destrozados en seis meses.
—Es un animal salvaje, Val. Conduce puramente por instinto y rompe todo lo que no se somete a su ritmo. La directiva europea me acaba de dar un ultimátum: si Ares no corre este viernes en el Rally de Mónaco, pierde su licencia, el patrocinador oficial nos abandona y el equipo entero se va a la quiebra. Setenta familias en la calle. Y no hay ni un solo copiloto profesional en todo el parque de asistencia que quiera meterse en la cabina con él tras el espectáculo de hoy.
El silencio denso del tráiler solo era perturbado por las aspas del ventilador golpeando la jaula de plástico.
Me acerqué a la mesa y apoyé ambas manos en la madera astillada, inclinándome hacia él.
—Ares no escucha las notas de ruta. Conduce de memoria, y cuando su ego se frustra, improvisa. A doscientos kilómetros por hora entre los pinos, improvisar es firmar un certificado de defunción. Martín vomitó el alma hace diez minutos porque ese imbécil calculó mal la fuerza de frenado por pura arrogancia.
—Por eso te necesito a ti —Leo me sostuvo la mirada. No había lástima, solo la frialdad de un táctico pidiendo un rescate—. Eres de hielo, Val. No te dejas intimidar por los gritos, no entras en pánico y tienes una capacidad de procesamiento espacial que no he visto en mis treinta años de carrera. Si alguien puede anclar la mente de ese demente al asfalto, eres tú.
—No soy domadora de monstruos. Búscate un psiquiatra.
—Te triplicaré el sueldo actual de la liga Junior —soltó Leo, poniendo la mano sobre la carpeta—. Pagaré la prima de seguro médico por adelantado esta misma tarde. Y el bono por terminar la carrera sin estrellarse irá directo a tu cuenta bancaria.
El número se formó en mi mente en luces de neón. Triplicar el sueldo. Significaba liquidar a los prestamistas hoy mismo. Significaba respirar sin mirar por encima del hombro. El miedo a estrellarme contra un árbol volando por un acantilado competía directamente con el terror de volver a mi casa y encontrar la puerta reventada. En mi mundo, la pobreza siempre demostró ser mucho más letal que la velocidad.
Me separé de la mesa. Tomé la carpeta negra con el contrato, sintiendo el peso del papel barato en mis dedos.
—Tráeme un bolígrafo —exigí, manteniendo el pulso intacto—. Pero antes de firmar mi sentencia, quiero ir al taller. Necesito ver qué tan roto está ese idiota.
Últimos capítulos
#42 Capítulo 42 LA MENTIRA DE SEGURIDAD.
Última actualización: 7/21/2026#41 Capítulo 41 EL RASTRO BORRADO.
Última actualización: 7/21/2026#40 Capítulo 40 EL PRECIO DEL HUMO.
Última actualización: 7/20/2026#39 Capítulo 39 CUERO NEGRO.
Última actualización: 7/20/2026#38 Capítulo 38 MUROS DE CEMENTO.
Última actualización: 7/19/2026#37 Capítulo 37 FUERZA G.
Última actualización: 7/19/2026#36 Capítulo 36 TELEMETRÍA LETAL Y SOMBRAS EN EL ÁTICO.
Última actualización: 7/18/2026#35 Capítulo 35 SONRISAS DE PLÁSTICO.
Última actualización: 7/18/2026#34 Capítulo 34 PRENSAS HIDRÁULICAS Y RÉCORDS ROTOS.
Última actualización: 7/17/2026#33 Capítulo 33 CRISTAL EMPAÑADO Y PAPEL COUCHÉ.
Última actualización: 7/17/2026
Te podría gustar 😍
Luna Ascendente
Se equivocaban.
Seren fue robada cuando era una recién nacida y criada en una manada que la trató como si fuera desechable. Golpeada y encarcelada, sobrevive ocultando su fuerza… hasta que un baile de apareamiento hace que el destino se estrelle contra su vida.
Con enemigos dispuestos a vender vidas y un pasado ligado al trono, Seren debe alzarse… o morir.
Un romance oscuro de hombres lobo sobre poder, destino y venganza.
Lucha entre Alfas (libro 3 de Híbrido Aria)
«Papá», grito petrificado mientras lucho por librarme de sus garras. Mi padre y mi hermano Ryker salieron corriendo antes de que se congelara, lo que me hizo mirar al hombre que me había agarrado.
«Alpha Tate ha dejado ir a mi hija ahora», gruñe mi padre, acercándose a él, incluido mi hermano, al ver la expresión de miedo en mi rostro. Mi tío sale corriendo por la puerta antes de detenerse junto a mi hermano.
«Tate la dejó ir, caramba, ¿qué te pasa?» Le pregunta Damien. Sin embargo, Alpha Tate no me suelta, sino que me acerca más a él y veo a mi hermana salir corriendo con una expresión de pánico en su rostro.
«Mía». Gruñe detrás de mí, haciendo que todos se miraran, sin que nadie ocultara su asombro ante sus palabras. Mi hermano parece recuperarse más rápido antes de recurrir al alfa.
«Déjala ir, solo tiene dieciséis años, estás asustando a mi hermana»
El regreso de Eva (El comienzo de mi condena)
Una que hasta el día de hoy me persigue cada vez que veo esos ojos color dorado que me miran con tanta devoción y amor.
Es por ella que salgo de la oscuridad en la que me he mantenido.
Por ella es que quiero cerrar este maldito capítulo de mi vida.
Porque por ella soy lo que soy y no me arrepiento de nada de lo que he hecho en la vida, menos de escapar de él.
CONNOR BROWN, espera mi regreso y prepárate para caer de rodillas suplicando clemencia.
Corazón sin dueño
Bethany: Su Pequeña Loba
Tan pronto como Bethany piensa que está segura, se equivoca una y otra vez. ¿Cómo logrará escapar de la oscuridad que acecha? ¿Será obligada a ser la compañera de alguien o hay alguien ahí fuera que pueda salvarla?
Orden de lectura recomendado de la serie El Pequeño Lobo
Amada por el Gamma ~ La historia de Jack y Ashley
Su Pequeño Lobo ~ La historia de Liam y Bethany
Emparejada con su Instructor Alfa
Semanas después, nuestro nuevo instructor Alfa de combate entra al salón. Regis. El tipo del bosque. Sus ojos se clavan en los míos, y sé que me reconoce. Entonces el secreto que he estado ocultando me golpea como un puñetazo: estoy embarazada.
Él tiene una propuesta que nos ata más que nunca. ¿Protección… o una jaula? Los susurros se vuelven venenosos, la oscuridad se cierra sobre mí. ¿Por qué soy la única sin lobo? ¿Es mi salvación… o me arrastrará a la ruina?
Millonario enamorado
Esa noche, ¡ella acogió a un joven apuesto!
¿Quién necesita un hombre en estos tiempos?
Tres años después, el joven se convirtió en un CEO dominante.
—Espera, ¿tú, un multimillonario, gastando el dinero de esta chica todos los días?
La desheredada de la familia multimillonaria
Con apenas 22 años, Isabella se ha quedado sola y desamparada, viviendo en la calle, pues sus padres han muerto y el banco le ha quitado todo, debido a las deudas acumuladas.
Todo el mundo de Isabella se ha desmoronado, cuando algo increíble sucede. Ella recibe una carta de parte de la familia de su padre, los adinerados Sinclair, invitándola a una singular reunión familiar, la cual se efectuará en un crucero de dos semanas.
Al no tener un techo en el cual vivir, Isabella decide ir sin saber el giro que dará su vida durante este corto viaje, ¿Conocer a los Sinclair, significará su salvación o su perdición?
Amor Entre Las Nubes
LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL DE ESTE MATERIAL QUEDA PROHIBIDA. LA HISTORIA ESTA REGISTRADA EN SAFE CREATIVE . Copyright
Promesas Olvidadas
Hasta que empieza a recordar. Recordar a una mujer. Una mujer que le salvó la vida. Evelyn Harris resultó ser mucho más de lo que él recordaba originalmente. ¿Podrá Zach mantener su vida en orden mientras lidia con esta mujer misteriosa? ¿O todo lo que ha construido en los últimos tres años se desmoronará?
El regreso de la princesa de la mafia
El CEO Sobre Mi Escritorio
—Sé que sí.
—¿Y si no quiere este tipo de protección?
—La querrá —digo, bajando un poco la voz—. Porque necesita a un hombre que pueda darle el mundo.
—¿Y si el mundo arde?
Mi mano se tensa sutilmente en la cintura de Violet.
—Entonces le construiré uno nuevo —respondo—. Aunque tenga que quemar el viejo yo mismo.
No trabajo para Rowan Ashcroft.
Trabajo bajo él.
Desde mi escritorio, decido quién obtiene acceso al CEO más implacable de la ciudad y quién no pasa del lobby. Gestiono su tiempo, su silencio, sus enemigos. Mantengo su mundo en marcha mientras el mío se derrumba en silencio bajo facturas impagas, una madre internada en rehabilitación y un hermano que desapareció sin despedirse.
Rowan Ashcroft es poder envuelto en un traje a medida.
Frío. Intocable. Implacable.
No coquetea. No sonríe. No ve a las personas, solo su utilidad.
Y durante mucho tiempo, yo solo fui útil.
Hasta que empezó a observarme.
Al principio, el cambio en su atención es sutil. Una pausa demasiado larga. Una mirada que se queda. Órdenes que me acercan en vez de alejarme. El hombre que está de pie frente a mi escritorio empieza a controlar más que mi agenda, y me doy cuenta demasiado tarde de que llamar la atención de Rowan Ashcroft es mucho más peligroso que ser ignorada.
Porque los hombres como él no ansían afecto.
Ansían posesión.
Esto se suponía que era un trabajo.
No una prueba de mis límites.
No una lenta y deliberada caída en su autoridad.
Pero si Rowan Ashcroft decide que pertenezco bajo su escritorio, que así sea.
Sobrevivir tiene un precio, y las facturas no se preocupan por cómo las pago.












