
Amor en cláusulas
Dayi Pérez · Completado · 117.5k Palabras
Introducción
El destino los junta en un club y los separa al día siguiente para volverlos a unir en los preparativos de una boda.
¿Qué tan peligroso sería encontrarse con el hombre que se llevó a la cama una noche de locura, y caer en cuenta de que será su futuro esposo? ¿Cómo lidiar con un galanaso prepotente, dominante y arrogante esposo millonario?
Capítulo 1
Elena
—¡Salud! —vocifero con una multitud desconocida que me sigue tras la barra. Levanto mi Gintonic y seguidamente lo llevo a mis encendidos labios color carmín.
El sudor mezclado con gotas de alcohol ruedan por mi cuello hasta manchar el escote de mi vestido. El dije de mi colgante se ha pegado a la piel que me recubre los pechos y sonrío como la estúpida borracha que soy ahora.
Un fuerte olor a piña colada inunda mis pulmones junto con la frescura de un aroma que no distingo. Cierro los ojos, sin la mínima certeza de qué hago o cómo me muevo. Solo escucho a Britt cantar de forma horrible mientras Abril grita a los cuatro vientos que ama a su ex. Elevo los brazos y la mirada al techo reluciente de la disco mientras mis caderas se contonean, haciéndome impactar contra pantalones irrespetuosos y portañuelas abultadas. Ahora nada de eso me importa.
«Voy a casarme». Me repito varias veces, muerdo mis labios en frustración y dejo que mi cintura sea poseída por manos extrañas. Me dejo llevar.
«Me ha vendido a un viejo que no conozco...». Vuelvo a torturarme sin poder evitarlo.
Lo aborrezco, odio a quien alguna vez tuvo el privilegio de llamarse padre.
—¡Voy al baño! —le grito a Britany. Ella asiente sin dejar de saltar al ritmo de la música estruendosa que ha logrado debilitar mis oídos.
Con un fuerte dolor de cabeza y el corazón cada vez más destrozado, camino intentando mantener la postura con la que llegué, lo cual me resulta prácticamente imposible. El ardor en los dedos de mis pies me obligan a apoyarme de una pared. Recorro mis alrededores con la vista y entre tantas personas bebiendo y teniendo sexo con ropa, dudo que alguien se detenga a ver a una ebria quitarse los zapatos. Me despojo de mis peligrosos tacones y con la espalda arqueada esquivo a quienes se tropiezan en mi camino.
Las lágrimas se asoman, pensé que bebiendo superaría un poco la desgracia que se avecina y lo único que he conseguido es multiplicar mi dolor.
La fila para entrar al baño es corta, me posiciono tras una morena que me supera dos veces en altura y no puedo evitar echarme a llorar, porque eso solo me recuerda lo pequeña e insignificante que soy ante las órdenes de mi padre. Me llevo las manos a la cabeza. Mis sentidos quieren explotar y tomo una bocanada de aire cargada de ira e impotencia.
—¡¿Estás bien?! —me pregunta la morena y alzo la vista a su rostro. Lleva un maquillaje extremadamente exagerado pero su semblante preocupado me hace ignorar el largo exótico de sus pestañas y los rasgos varoniles de su mentón.
—Eh... ¡Como nueva! —le contesto y vuelvo a estallar en un llanto más que dramático.
Me siento como la mierda.
Cubro mi rostro con mis manos y me ahogo sola. Una mano se posa en mi brazo y al dejar de cubrirme la cara me encuentro con la compasión de la joven —o el joven—, que me brinda apoyo emocional. No hago más que mentir con que el alcohol me pone sensible. Espero a que haga sus necesidades y una vez sola entre las enmarañadas paredes de los baños femeninos suelto un grito que me desgarra la garganta.
«Eres la solución a nuestros problemas, Ele».
Dejo los tacones sobre el lavabo y abro el grifo para lavarme la cara. Levanto la vista y hago una mueca horrorizada al ver mi aspecto. Tengo todo el rimel regado alrededor de mis ojos, el delineado por suerte está intacto, al igual que el labial. Agarro un pedazo de papel sanitario y limpio el desastre negro que me hace parecer ridícula y fea. Sin embargo, de poco sirve, porque no puedo estar dos minutos sin llorar.
«¡Basta Elena, fuerza!». Me exijo a mí misma. En estos momentos me siento destruida, vendida... Sin gota de dignidad ante la idea de doblegarme ante mi padre y un anciano que no tengo las mínimas ganas de conocer. Un escalofrío me recorre completa al imaginarme en la cama de un señor que bien podría ser mi abuelo. Siento asco, terror.
Agarro lo que me hace lucir cinco centímetros más alta de lo que soy y un poco más tranquila abro la puerta dispuesta a beber todo lo necesario hasta perder incluso la noción de quién soy. Descalza y mareada me encamino hacia el pasillo aglomerado que conduce la pista de baile, juro que el primero que me toque tendrá la suerte de irse conmigo a un hotel.
—¡Mierda! —exclamo. Mis manos han amortiguado mi caída, pero nada disimula la posición extraña en la que he quedado, con mis cuatro extremidades apoyadas en el piso. Sin gota de control y equilibrio espero a que quien sea que me haya lanzado al suelo tenga la amabilidad de ayudarme.
Pero para mi mala suerte, esa ayuda no llega.
Me dejo caer a un lado y maldigo mil veces porque nadie es capaz de socorrerme. Recargo mi cabeza contra la pared tras mi espalda y junto mis piernas para impedir que se suba mi vestido. Me siento como el demonio y el puchero se forma solo en mis labios, no soy lo suficientemente fuerte como para ignorar la carga que llevo en mis hombros.
—Hija de puta —pronuncia una voz masculina a mi lado y vagamente giro el rostro. Es un hombre, tumbado en la misma posición que yo y prácticamente igual de destruido.
Lleva una camisa blanca remangada hasta sus codos y unos pantalones negros empolvados a la altura de sus tobillos. Luce bien, aunque demacrado. Una barba incipiente viaja desde su mentón hasta su barbilla, otorgándole un aspecto maduro. Su cabello está revuelto, es oscuro y brillante, lastima que no pueda ver más, desde mi posición solo alcanzo presenciar el lateral de su rostro.
—Esa niña no era mía —musita apretando los dientes y por la cercanía de nuestros cuerpos logro descifrar un par de frases más—, pero ahora lo será, no te la devolveré.
—¡Estás tirado en el medio de un pasillo, obstruyes el paso! —le alzo la voz para que pueda escucharme y la sigue hasta hacer contacto conmigo. Sorbo por la nariz ante la consecuencia de mis lágrimas y observo un par de ojos encendidos de llanto escanearme completa.
Últimos capítulos
#87 Capítulo 87 Epílogo
Última actualización: 6/29/2026#86 Capítulo 86 Ochenta y seis
Última actualización: 6/29/2026#85 Capítulo 85 Ochenta y cinco
Última actualización: 6/29/2026#84 Capítulo 84 Ochenta y cuatro
Última actualización: 6/29/2026#83 Capítulo 83 Ochenta y tres
Última actualización: 6/29/2026#82 Capítulo 82 Ochenta y dos
Última actualización: 6/29/2026#81 Capítulo 81 Ochenta y uno
Última actualización: 6/29/2026#80 Capítulo 80 Ochenta
Última actualización: 6/29/2026#79 Capítulo 79 Setenta y nueve
Última actualización: 6/29/2026#78 Capítulo 78 Setenta y ocho
Última actualización: 6/29/2026
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