
Bajo las Órdenes del Amor.
sofi sanz · En curso · 120.6k Palabras
Introducción
Sin embargo, un inesperado anuncio corporativo destruye su estabilidad: la empresa abrirá una sucursal en Tailandia y seleccionará a un empleado soltero para trasladarlo por cinco años. El pánico se apodera de Alessandra, quien se niega a abandonar su mundo y a su gata.
Cuando todo parece perdido, Gael le propone una salida tan absurda como letal para su cordura: un matrimonio por conveniencia. Lo que comienza como un frío acuerdo de negocios para burlar las reglas de la empresa pronto los arrastra a un peligroso juego de apariencias. Al cruzar la línea entre la farsa y la realidad, Alessandra descubrirá que hay secretos corporativos oscuros, amenazas anónimas y un pasado enterrado que está a punto de salir a la luz. En un mundo donde las mentiras se escriben en hojas de cálculo, el verdadero riesgo no es perder el control de su agenda... sino descubrir qué se esconde detrás de la perfecta armadura de su falso prometido.
Capítulo 1
Bip. Bip. Bip.
El reloj marcó las 3:00 a.m.
Alessandra abrió los ojos de inmediato. No lo pensó, simplemente actuó. Con un movimiento automático, apagó la alarma y se incorporó, dejando que sus pies se hundieran en la suavidad de la alfombra. La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la luz azul del reloj digital.
Sin detenerse, estiró las sábanas, alisó las esquinas de la cama con precisión quirúrgica y caminó hacia el baño. El agua fría la recibió como una bofetada de realidad. Le gustaba así: helada, exacta, despiadada.
Después de ducharse, se puso su ropa deportiva, se amarró el cabello en una coleta perfecta y salió a correr hacia el parque más cercano. La ciudad aún dormía, pero ella ya estaba cumpliendo su rutina. Cada paso, cada respiración, cada vuelta al circuito era una forma de mantener el control.
Una hora más tarde, regresó a su departamento. Segunda ducha. Ropa de oficina planchada de la noche anterior. Maquillaje natural. Té verde. Pan tostado con mantequilla y huevos revueltos.
Cuando la alarma volvió a sonar, marcando las 7:00 a.m., Alessandra sonrió apenas. Todo iba según el plan.
Salió de casa y caminó al metro, como todos los días desde que comenzó a trabajar en VegaCorp. Le gustaba esa sensación de constancia: los mismos rostros somnolientos, el mismo asiento vacío junto a la ventana, el mismo trayecto que conocía de memoria. A las 8:00 a.m., cruzó las puertas automáticas del edificio con el logotipo plateado que relucía bajo la luz del vestíbulo. Su tarjeta de acceso emitió el pitido habitual, un sonido breve pero tranquilizador. Todo estaba bajo control. Como debía ser.
El aire acondicionado la envolvió al instante. El contraste entre el calor húmedo del verano y el frío impecable de la oficina me produjo una satisfacción casi física. Inspiré profundo.
Ese olor a papel, café y tecnología nueva era, para mí, es el equivalente a la calma.
—Buenos días, Alessandra. Como siempre puntual. —me saludó Laura, la recepcionista, mientras acomodaba un ramo de flores marchitas sobre su escritorio.
—Buenos días, Laurita —respondí con una sonrisa leve, ajustando la correa de mi bolso sobre el hombro. —Como debe ser.
Tres pasos después, mi celular vibró. Un recordatorio:
*Revisión de presupuestos 8:15
*Reunión de equipo 9:00
*Almuerzo con Karla cancelado
*Comprar comida para Luna
Mi gata. Mi única constante emocional. Solo pensar en dejarla más de unas horas me revolvía el estómago cada día. Era una simple bola de pelo blanca con ojos enormes, pero cuando la adopté, fue como si el mundo dejara de sentirse tan inestable. Había aprendido que los humanos eran impredecibles, nunca se sabe cuando se van. Pero Luna, no. Ella es diferente, siempre estaba ahí.
Entré en mi oficina, encendí el computador y respiré con alivio al ver todo en su lugar: las carpetas etiquetadas por color, los post-its alineados milimétricamente, el aroma a café recién hecho llenando el aire.
Miré mi reloj, y eran las 8:15. Perfecto. Hora de revisar el presupuesto de campaña para un cliente.
El día iba de maravilla. O al menos lo era, hasta que la puerta se abrió sin previo aviso.
—¿Sabes qué haría este lugar más agradable? —dijo una voz masculina, arrastrando las palabras con una confianza que solo él podía tener—. Una planta. O dos. Y quizá… un poco menos de rigidez militar. —dijo, despreocupado.
Alcé la vista y lo vi. Gael Han. Jefe de proyectos, favorito de la jefa y, probablemente, la persona más incompatible con mi concepto de eficiencia. No dudo que su puesto se lo haya ganado con esfuerzo, aunque a veces nuestros conceptos de esfuerzo están muy alejados de ser iguales.
El saco colgado del hombro, la corbata mal anudada, una sonrisa despreocupada. De alguna forma, siempre parecía llegar tarde y aún así lograr que todo el mundo lo perdonara. Detrás de él, iba Anastasia, su secretaria “personal” con una sonrisa de oreja a oreja que me ponía los pelos de los brazos de punta.
—Buenos días, señor Han —dije, esforzándome por mantener el tono profesional, aunque no podía disimular mi tono de fastidio, —. Y no es rigidez. Es eficiencia.
—Ah, claro, eficiencia —repitió él, apoyándose en el marco de la puerta—. Como cuando me mandaste quince correos recordándome que el informe debía estar listo ayer. —dijo en burla, y Anastasia apoyó su comentario con una risa burlona.
—Catorce —lo corregí sin levantar la mirada—. Y sigue sin enviarlo. —mantenía mi mirada frente a la pantalla del computador.
Él soltó una carcajada.
—Diría que ya es acoso. Solo las exs tóxicas envían catorce mensajes. —con su comentario miro a Anastasia para buscar su aprobación.
—Con todo respeto señor Han, lo invito a terapia si piensa que catorce mensajes pidiendole el informe son igual a los mensajes tóxicos de su ex parejas. —dije, sin mirarlo a la cara, aunque ya sabia cual era su reacción.
Con el rabillo de mi ojos pude ver que su sonrisa burlona se había borrado, me sentí satisfecha, dejarlo en ridículo frente a todas las chicas de la oficina era mi pasión.
—Quizás tengas razón. Pero… ¿no te aburre tanto control?
—¿No se cansa tanto caos? —repuse con naturalidad.
El silencio que siguió fue breve, pero cargado de algo familiar. Esa era nuestra dinámica: polos opuestos orbitando el mismo universo, evitando chocar… aunque siempre lo hacíamos.
Si él era un incendio, yo era el manual de emergencias.
La conversación se interrumpió cuando la voz de la directora general, la señora Méndez, resonó por los altavoces del pasillo. —Atención, equipo: todos a la sala de juntas en cinco minutos. Tenemos un anuncio importante.
Gael y yo nos miramos. Ese tono solo podía significar una cosa, y esperaba que estuviera equivocada.
Quince minutos después la sala de juntas estaba llena, los murmullos se mezclaban con el sonido de tazas de café y hojas de papel moviéndose. La señora Méndez, impecable como siempre, caminó hasta el frente. Su sonrisa era amplia, pero sus ojos escondían esa emoción tensa que precede a una bomba.
—Como muchos saben —empezó—, gracias a sus esfuerzos estos últimos cuatro años a la compañía le está yendo muy bien. Y hemos buscado expandirnos, buscar nuevos horizontes. Me complace anunciarles que hemos abierto una nueva sucursal en Tailandia.
La oficina se llenó de aplausos. Pero algo dentro de mí sabía que aún no había acabado.
—Sin embargo, no es la única buena noticia. Queremos anunciar que entre la junta de jefes hemos decidido enviar a una persona de cada área de esta sede para que ocupe el puesto de jefe de área.
La sala se llenó de murmullos.
—El seleccionado o seleccionada vivirá allá durante cinco años, con todos los gastos cubiertos, junto con el aumento de sueldo que le corresponde a un jefe de área. —continuó la jefa—, pero… —alzó un dedo— Le daremos total importancia a personas totalmente solteras para este puesto, llegamos a la conclusión de que cinco años pueden incluir muchos riesgos cuando se trate de alguien casado.
Tragué saliva. Tailandia. Cinco años lejos. Cinco años de calor, idioma desconocido, horarios imposibles, comida extraña. Cinco años sin Luna. Mi corazón latía tan fuerte que apenas escuché el resto.Cinco años. Sin control. Sin rutina. Sin mi gata…
—El nombre se anunciará en dos semanas —concluyó—. Así que prepárense.
Tailandia… ¿Qué es lo peor que puede pasar en Tailandia?...
Últimos capítulos
#67 Capítulo 67 Capítulo 65 Las primeras veces
Última actualización: 8/31/2026#66 Capítulo 66 Capítulo 64 ¿Estás bien?
Última actualización: 8/30/2026#65 Capítulo 65 Capítulo 63 Viviremos felices.
Última actualización: 8/28/2026#64 Capítulo 64 Capítulo 62: Un fantasma en su vida
Última actualización: 8/26/2026#63 Capítulo 63 Capítulo 6:1 Anastasia… decidistes jugar sucio…
Última actualización: 8/26/2026#62 Capítulo 62 Capítulo 60 Nuestra Luna de Miel.
Última actualización: 8/25/2026#61 Capítulo 61 Capítulo 59 ¡Estás embarazada!
Última actualización: 8/25/2026#60 Capítulo 60 Capítulo 58 Te arrodillaras ante mi
Última actualización: 8/24/2026#59 Capítulo 59 Capítulo 57 Vamos a Tailandia
Última actualización: 8/23/2026#58 Capítulo 58 Capítulo 56 No estarás más sola.
Última actualización: 8/24/2026
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**************Ava es secuestrada y se ve obligada a darse cuenta de que su tío la ha vendido a la familia Velky para saldar sus deudas de juego. Zane es el jefe del cártel de la familia Velky. Es duro, brutal, peligroso y mortal. En su vida no hay espacio para el amor o las relaciones, pero tiene necesidades como cualquier hombre de sangre caliente.
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Por favor, tenga en cuenta que esta es una versión editada de AATD, la historia y el contenido serán los mismos que en la original.
Lectura madura 18+
Alpha at the Door 2020 Por RainHero21 ©
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Mi hermana gemela se escapó y me dejó a mí para casarme con Luciano Moretti, un implacable Don de la Mafia. Caminé por el pasillo, temblando, rezando para que no notara el cambio. Pero en el instante en que me besó en el altar, su lengua invadió mi boca, exigente y posesiva, saboreándome como si fuera de su propiedad.
Creí que podría ocultar la verdad. Pero en nuestra noche de bodas salió del baño llevando apenas una toalla, con el agua resbalándole por los abdominales esculpidos y la marcada V que apuntaba hacia su pesada hombría.
Me acorraló contra la cama.
—Hueles diferente, esposita —susurró, y su mano se deslizó por mi muslo, con el pulgar rozando, peligrosamente cerca, mi calor húmedo.
Intenté apartarlo, pero a la mañana siguiente decidió ponerme a prueba. Empujó un plato de bagels con mantequilla de maní hacia mí: comida que me mataría, pero que era la favorita de mi hermana.
—Come —ordenó, y sus ojos bajaron a mi pecho, donde mis pezones se marcaban duros contra la bata de seda—. ¿O quieres que te dé de comer otra cosa?
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Destinada al Alfa Que Me Mató
Me arrodillé en el lodo, con la agonía del rechazo desgarrándome por dentro mientras lo veía alejarse junto a Celeste, embarazada.
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Entonces desperté… tres años antes.
Esta vez, se acabó rogar por su amor.
—Hagamos una apuesta, Daemon —digo cuando desestima mi oferta de romper nuestro vínculo—. Pronto no solo aceptarás este rechazo: lo vas a suplicar.
Me mira con un desprecio helado.
—Yo. No. Suplico.
Suspiro. Como la que ya vivió esto, sé lo que viene. Daemon conocerá a su verdadera pareja, se enamorará perdidamente de ella y por fin me dejará libre. Lo único que tengo que hacer es esperar.
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