
Cásate conmigo
Isavela Robles · En curso · 55.8k Palabras
Introducción
Y este fue su mayor error. Desde allí su vida se convierte en una tragedia gracias a Merina, quien se vuelve la esposa de Víctor Varcácel. Ella lo manipula, haciendo que se vengue de Anna, llevándola a la muerte. Sin embargo, lo que ni Merina o Anna esperaban es que, después de que Víctor asesine a Anna, se quitará la vida.
En sus últimos momentos Anna se arrepiente de haber rechazado a Víctor, pues allí comenzó todo. Y se jura que, si tuviera otra oportunidad, lo arreglaría todo.
Y como si la vida la escuchara, Anna vuelve al momento justo donde conoce a Víctor por primera vez.
Anna nota que tiene una gran ventaja: conoce el futuro. Sabe qué piezas debe cambiar, con quién relacionarse y, sobre todo, a quién debe atacar. Pero, ante todo, sabe que algo debe suceder: ella tiene que convertirse en la esposa del heredero del imperio Varcácel.
Capítulo 1
—Señorita Anna, cásese conmigo —dijo su jefe.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Anna.
—Claramente debo declinar su propuesta, señor —respondió después de unos larguísimos segundos incómodos.
La mirada afilada del Satanás en frente de ella la desequilibró por completo. Anna tragó saliva y después se echó en el respaldo de su sillón. Cómo querría pensar que se trataba de una broma, pero claramente no lo era. Cuando se trataba del Satanás, todo era un tema serio. A veces demasiado.
—Acaba de decir usted que si tuviera un pretendiente no lo rechazaría —replicó Víctor, ya con el ceño rojo.
Ella quería reírse, decirle que se dejara de tonterías. Sus ojos la torturaban para barrerlo de pies a cabeza, pero se obligó a no hacerlo; empeoraría el momento.
—Señor, usted es mi jefe y yo su empleada —se limitó a decir.
Qué momento para ser más incómodo. Apretó por un instante los labios. Se cruzó de piernas, pero notó que Víctor se las quedó observando, aunque su pantalón de tela lisa fuera ancho y estuviera algo arrugado, él parecía encontrar algo interesante en ellas.
¿De verdad la veía como una pretendiente digna de ser su esposa? Claramente no, todo se debía a la conversación de hace un momento. Era practicidad, como todo en la vida del Satanás.
—Por eso le propuse que sea mi vicepresidenta —contestó él, aclarando la situación con la lógica que usaba para sus negociaciones—. Tendrá el poder suficiente y las influencias para poder estar a mi mismo nivel.
Anna inspiró hondo. Empezaba a sentirse ofendida.
—Seguiría siendo su subordinada —protestó Anna, intentando no alterarse—. Además, no me encuentro en su mismo nivel socioeconómico.
—Por favor, si me va a rechazar, busque argumentos más válidos. Sabe perfectamente que mi familia no se opondría a nuestra unión. Todo lo contrario, lo celebrarían. Por otro lado, si se casa conmigo, mi fortuna pasará a ser suya también, así que le conviene.
Anna lo barrió de pies a cabeza, rendida ante la idea de mantenerse neutral.
Víctor era guapo, con porte y elegancia, además de que era un magnate. Tenía todo para que una mujer cayera rendida a sus pies, sin embargo... a ella no le gustaba. ¿La razón? Todo de él le parecía desagradable.
—Mi respuesta sigue siendo no —sentenció Anna.
La oficina, aunque solía ser espaciosa, le pareció especialmente estrecha.
Los labios de Víctor se entreabrieron, claramente pasmado al empezar a entender que de verdad Anna, sí, esa misma Anna, lo estaba rechazando. Notó que los ojos claros de Víctor se tornaban oscuros y después cerró la boca, tensando su mandíbula con fuerza.
Anna respiró profundo y contuvo el aliento.
Se produjo una guerra de miradas. Él la estaba asesinando con solo verla. Y Anna le veía con neutralidad, esa frialdad que usaba para rechazar las negociaciones que nunca llamaban su atención.
No estaba tan desesperada como para querer casarse con su jefe.
Antes muerta que casada con el Satanás.
◌◌◌
El líquido escarlata se esparcía por el pavimento, rodeando la cabeza de Anna. Sus ojos aún permanecían abiertos y alcanzaban a distinguir el auto detenido a varios metros de distancia.
La puerta del piloto se abrió.
Unos zapatos de cuero negro avanzaron hacia ella hasta que el hombre apareció en su campo de visión y se agachó para observarla de cerca.
Aquellos ojos verdes claro se abrieron de par en par.
El miedo lo consumió.
Víctor Varcácel se impulsó hacia atrás y cayó sentado, sosteniéndose sobre las manos. Empezó a hiperventilar.
La había asesinado.
Se acababa de convertir en un asesino.
Cuando Anna vio el espanto en su rostro, comprendió que ya no le quedaba tiempo.
Qué irónica era la vida.
Su jefe acababa de arrebatarle la vida. Y todo porque ella había decidido desobedecerlo.
Minutos antes, Víctor le había arrojado los papeles a la cara.
—¡Esto no sirve! Vuélvelo a hacer.
Las manos de Anna temblaban. Llevaba tres días sin dormir y apenas había probado bocado. El estómago le dolía y el mareo comenzaba a nublarle la vista. Ni siquiera había revisado el proyecto.
—Pero, señor... usted ni siquiera lo leyó.
Víctor alzó una ceja.
—¿Ahora vas a enseñarme cómo hacer mi trabajo?
Anna apretó los labios.
—No, señor.
Se agachó para recoger los papeles, pero el mareo la obligó a apoyarse un instante sobre el escritorio. Víctor se levantó y caminó hasta ella. Cuando Anna intentó recoger una de las hojas, él puso el zapato sobre ella.
La joven alzó la mirada.
—Mírate —dijo él—. Tan ridícula. Eres igual que la basura que te rodea.
Anna sintió un nudo en la garganta. No iba a llorar. No frente a él.
—El karma existe, Anna.
La joven dejó de recoger los papeles y se incorporó lentamente.
—¿Karma?
Víctor metió las manos en los bolsillos y ladeó la cabeza.
—Siempre has sido tan prepotente. Humillando a los demás, haciéndoles la vida imposible... Pero mírate ahora. Viviendo una vida miserable.
Anna soltó una breve risa, aunque las lágrimas ya le ardían en los ojos.
—Usted no me conoce, señor.
—Te conozco más de lo que tú crees.
La suficiencia de su voz hizo que Anna se quedara inmóvil.
—¿Ah, sí?
Víctor dio un paso hacia ella.
—Sé lo que le hiciste a Merina.
Anna frunció el ceño.
—¿De qué está hablando?
—Desde muy joven te encantó maltratarla. La humillaste durante años y casi la asesinas.
Las lágrimas de Anna finalmente escaparon por la impotencia.
—Entonces... —su voz tembló—. ¿Todos estos años me ha maltratado porque cree que casi asesiné a Merina?
Víctor endureció la expresión.
—¿Te parece justo que alguien viva tranquilamente después de todo lo que hizo?
—¿Alguna vez cuestionó lo que ella le contó?
El hombre soltó una sonrisa amarga.
—Claro. Una persona como tú jamás pensaría en lo que hizo. Mucho menos se arrepentiría.
Anna lo miró fijamente.
—¿Por qué debería arrepentirme de algo que nunca hice?
—Nunca pedirás perdón.
—¡¿Por qué debería pedirle perdón a alguien que lleva años haciéndome daño?!
Su voz retumbó en la oficina vacía.
Anna apretó los papeles entre sus manos.
—Usted decidió creerle sin siquiera preguntarse qué ocurrió realmente.
—¡Merina sufrió por tu culpa!
—¡No! —La palabra salió desgarrada.
Víctor se quedó en silencio.
Anna respiró con dificultad y lo señaló con una mano temblorosa.
—Ojalá algún día descubra quién es realmente la mujer con la que se casó. Y cuando lo haga, espero que el cargo de conciencia no lo mate.
Arrojó los papeles al suelo.
—Y ojalá algún día usted no tenga que pedirme perdón por todo lo que me ha hecho.
Caminó hacia la puerta y se detuvo apenas antes de salir.
—Porque yo nunca voy a perdonarlo.
Salió de la oficina.
Era de noche y casi todos los empleados se habían marchado. Anna atravesó los cubículos vacíos a toda prisa, con el corazón golpeándole el pecho. No quería pensar en lo ocurrido, no quería llorar y mucho menos darle a Víctor la satisfacción de verla quebrarse.
Anna salió del edificio. La calle estaba desierta. Entonces, un motor rugió a su espalda.
Los faros la alcanzaron.
Corrió.
El automóvil aceleró.
Anna llegó a la carretera y giró. Demasiado tarde. El tacón se le trabó. El vehículo la embistió con una violencia brutal y la lanzó por los aires.
Su cuerpo cayó varios metros después.
Silencio…
La respiración de Víctor temblaba dentro del auto y el sudor le corría por la frente.
No necesitaba mirar, sabía lo que había hecho: la había asesinado.
Últimos capítulos
#45 Capítulo 45 Entre tú y mil mares
Última actualización: 9/3/2026#44 Capítulo 44 Cuando te hablo de mí
Última actualización: 9/3/2026#43 Capítulo 43 Cuando la historia cambia
Última actualización: 9/2/2026#42 Capítulo 42 En la oscuridad
Última actualización: 9/1/2026#41 Capítulo 41 Consumida
Última actualización: 8/25/2026#40 Capítulo 40 Tranquila, ya viene lo mejor
Última actualización: 8/25/2026#39 Capítulo 39 Simplemente tú
Última actualización: 8/25/2026#38 Capítulo 38 Promesas de amor
Última actualización: 8/25/2026#37 Capítulo 37 Cuando los destinos se entrelazan
Última actualización: 8/25/2026#36 Capítulo 36 Semillas del imperio
Última actualización: 8/25/2026
Te podría gustar 😍
La Trilogía de la Bruja Verde
«Primero», dijo obstinadamente, «rechazo tu rechazo».
Lo miré fijamente.
«En segundo lugar, ¿acabas de decir Oakenfire? ¿Como la manada perdida de Ice Moon Oakenfire?»
EL ALFA Y LA DONCELLA es el libro #1 de la trilogía de La Bruja Verde. Eris ha pasado los últimos tres años escondida después de que su manada y sus padres fueran asesinados por un misterioso extraño de ojos amarillos y su horda de vampiros. El Alfa de la Manada Luna Dorada lleva seis años buscando a su pareja y está decidido a no dejar que ella lo rechace. Lo que no se da cuenta es que luchará contra algo más que el obstinado corazón de Eris. Hay una poderosa bestia que colecciona seres sobrenaturales raros y tiene sus ojos amarillos puestos en ella.
Los otros dos libros son EL SEGUNDO LIBRO: LA BETA Y EL ZORRO y EL TERCER LIBRO: EL LEÓN Y LA BRUJA.
Pecado Adoptivo
Que me aceptaran en una de las universidades más prestigiosas del país es un sueño hecho realidad, sobre todo porque mi hermano adoptivo ya está allí y es la estrella revelación del fútbol americano.
Es todo lo que siempre he querido...
Hasta que todos mis sueños se hacen pedazos.
Mi “hermano” me odia.
No es el mismo chico que salió de nuestra casa camino a la grandeza. No quiere saber nada de mí y me trata peor que a su enemigo.
Hasta que lo veo con una chica.
Y entonces ya no se ve como mi hermano.
Se ve como el atractivo deportista por el que todas las chicas del campus se derriten.
Esto está mal.
No debería mirarlo de esta manera.
Y él no debería tocarme como si estuviera listo para devorarme.
Es mi hermano.
¿O no?
Las líneas se difuminan y los cimientos bajo mis pies se tambalean entre la lujuria y el pecado.
Se susurran secretos sobre piel febril, se comparten besos prohibidos en rincones oscuros.
Pero nunca es suficiente.
Necesito más.
Destinada al Alfa Que Me Mató
Me arrodillé en el lodo, con la agonía del rechazo desgarrándome por dentro mientras lo veía alejarse junto a Celeste, embarazada.
—Yo, Daemon Blackwood —entonó con frialdad—, te rechazo como mi pareja.
Lo había amado durante diez años… hasta que me humilló en una Ceremonia de Rechazo pública, me abandonó por otra mujer y le declaró la guerra a mi manada. Mis padres murieron protegiéndome. Yo morí sola, hecha pedazos por su traición.
Entonces desperté… tres años antes.
Esta vez, se acabó rogar por su amor.
—Hagamos una apuesta, Daemon —digo cuando desestima mi oferta de romper nuestro vínculo—. Pronto no solo aceptarás este rechazo: lo vas a suplicar.
Me mira con un desprecio helado.
—Yo. No. Suplico.
Suspiro. Como la que ya vivió esto, sé lo que viene. Daemon conocerá a su verdadera pareja, se enamorará perdidamente de ella y por fin me dejará libre. Lo único que tengo que hacer es esperar.
Pero entonces… las cosas se ponen raras.
El hombre que antes pasaba meses lejos de mí ahora vigila cada uno de mis movimientos. Me interroga sobre otros machos. Y cuando de verdad conoce a Celeste, no me rechaza a mí, como se supone que debe hacerlo.
La rechaza a ella.
Roisin
Conociendo a mi papá millonario
La Novia Sustituta
Atrapada en una red de intriga y engaño, Ariadna navega por la política cortesana y secretos peligrosos, todo mientras oculta su propio amor por el Príncipe Alfa Rowan. El Príncipe Alfa Rowan, el príncipe rechazado y deshonrado que ha sido apartado desde que quedó lisiado, nunca ha abierto su corazón antes. Cuando la suave y cariñosa Ariadna llega para cuidarlo y devolverle la salud, un romance apasionado y prohibido florece entre ellos.
Ahora la novia sustituta se ha convertido en una amenaza y con cada reconocimiento que recibe, su secreto amenaza con derrumbarlo todo.
CASADA CON UN SEÑOR DEL CRIMEN
Tras numerosos intentos fallidos de emparejarme, mi madre amenazó con cancelar el fondo fiduciario que mi padre me había dejado. Tres días antes de cumplir veintiocho años, fui a un evento benéfico.
Desesperada y medio borracha de champán, me acerqué al hombre más intimidante de la gala benéfica. Era frío, arrogante, y me miraba como si yo fuera un pedazo de carne. No me importó. Le tendí mi tarjeta de presentación, con la mano temblorosa.
No la tomó. En cambio, me siguió hasta el balcón.
—No viniste aquí por negocios, Talia —susurró, con una voz oscura y seductora—. Viniste para que te tomaran.
Antes de que terminara la noche, yo estaba en su cama. Desnuda, satisfecha y somnolienta. Le dije que quería casarme con él. Dijo que sí y aceptó casarse conmigo de inmediato. Me quedé dormida sin darme cuenta de que acababa de pedirle matrimonio al banquero más poderoso de la ciudad de Nueva York.
Debí haber salido corriendo. No sabía que era Alexander Cielo Morgan, el banquero más despiadado de Nueva York. No sabía que una noche con él me costaría la libertad para siempre. Pero ya era demasiado tarde para echarme atrás. Estaba atrapada en un matrimonio con él. Y descubrí que perder cien millones de dólares del fondo fiduciario era mucho mejor que entregarle mi vida a Alexander Cielo.
Notas de Colisión
Valentina Cruz es la mejor copiloto que nadie quiere contratar. En un mundo dominado por hombres, su talento táctico está desperdiciado en ligas menores, hasta que una deuda familiar amenazante la obliga a aceptar un trato con el diablo. Y el diablo tiene nombre: Ares Thorne.
Arrogante, temerario y con un historial de copilotos hospitalizados, Ares es el chico malo indiscutible del Campeonato Mundial. Necesita a Val para no perder su asiento, pero se niega a escuchar su voz. Encerrados en el infierno asfixiante del coche de carreras, la hostilidad inicial se transforma en una dependencia brutal. Cada curva ciega los obliga a confiar, cada roce en las cabañas heladas tras las carreras rompe sus defensas. Val pensó que lo más peligroso del rally era la pista, pero pronto descubrirá que lo verdaderamente letal es enamorarse del hombre que lleva el volante.
Tentación Italiana
Con su sola presencia erizaba cada parte de mi cuerpo, era un hombre imponente con una mirada que hacía desde mojar mis bragas, a hacerme temblar de puro miedo, todo de él emanaba peligro y sexo, mucho sexo.
Él era el pecado hecho persona y yo solo una simple mortal que cayó en tentación. Soy Nicole Davis y esta es mi historia.
Deseando al tío multimillonario de mi ex
«¿Lindo? ¿Tu nombre?»
«Tú».
De repente, se enderezó e inclinó toda la parte superior de su cuerpo hacia él, con la mirada fija. «¿Crees que soy hermosa?»
Él rió suavemente, inclinándose más cerca, ella podía sentir su aliento en sus labios.
«Eres etéreo».
Ella cogió su corbata y lo acercó más. «Entonces, ¿te gustaría dormir conmigo?»
Elaine Rock había pasado toda su vida construyendo su empresa hasta que se convirtió en una de las mejores. Pero sus años de arduo trabajo se derrumbaron cuando la acusaron de presionar a su hermana para que intentara suicidarse, y como si la angustia no fuera suficiente, también descubrió que su novio de dos años se iba a casar con su hermana. En su momento más oscuro y desesperado, alguien apareció y no era cualquiera, era Xavier Romano, el multimillonario de 30 años, y el tío de su ex. Sin embargo, quería algo a cambio para ayudar a que su empresa volviera a funcionar. ¡Matrimonio!
Pero no es solo un contrato para Xavier. Quiere su corazón, su cuerpo y su alma. Él tenía la misión de malcriarla estúpidamente.
La Última Cláusula del Multimillonario
Tres años de matrimonio terminaron con una línea y una pluma que le temblaba en la mano. No eran los papeles lo que dolía: era la forma en que él ni siquiera se inmutó cuando ella sí lo hizo.
Amelia Hart salió del penthouse de él esa noche sin nada más que una maleta y el corazón hecho pedazos. Se lo había dado todo a Daniel Sterling —su amor, su identidad, su devoción silenciosa—, solo para que la desecharan en el momento en que se volvió inconveniente.
Pero cuando el imperio que él construyó empieza a derrumbarse, cuando el CEO frío que jamás miró atrás de pronto necesita a la mujer que tiró a la basura, regresa con las mismas manos que una vez la soltaron, ahora extendiéndose hacia lo que destruyó.
Solo que esta vez hay una cláusula que él no leyó…












