
Cuando nacen flores en la Antártida
Isavela Robles · Completado · 157.1k Palabras
Introducción
La vida de Lía dio un vuelco inesperado el día que conoció a Oliver Foster, sin saber que aquel joven en apuros, al que ofreció ayuda desinteresada, era nada menos que el heredero del imperio Foster: magnate e hijo de un poderoso senador. Lo que comenzó como un acto de compasión, pronto se transformó en una historia de amor tan apasionada como improbable.
Ella, una chica común de clase media. Él, un hombre marcado por el poder y los escándalos. Eran polos opuestos, dos realidades que jamás debieron cruzarse… y sin embargo, lo hicieron.
Ahora, en la cúspide de su carrera y con la boda más esperada del año en puertas, Oliver es el centro de todas las miradas. Y Lía, obligada a convertirse en la prometida perfecta, empieza a notar fisuras en su mundo dorado. Una de ellas tiene nombre: Erika, la exnovia de Oliver, ha regresado. Y no lo ha hecho con las manos vacías.
Erika viene dispuesta a recuperar lo que cree que le pertenece y trae consigo secretos que podrían hacerlo todo estallar. Lía siente que el suelo tiembla bajo sus pies. El pasado, que tanto le costó enterrar, amenaza con mancharlo todo: su presente, su futuro, su historia de amor.
Pero esta vez no está dispuesta a rendirse. Hará lo que sea para defender su lugar al lado de Oliver… aun si eso significa enfrentarse a verdades que podrían destruirlos a ambos.
Capítulo 1
La maleta cayó en el agua sucia, desparramando toda la ropa, ensuciándose de lodo.
Lía soltó un respingo al escuchar un fuerte grito sacado desde el diafragma. Dio un paso hacia atrás, golpeando su espalda con una anciana que se quejó y le dio un pequeño empujón. Rápidamente miró hacia atrás y se disculpó, acomodando su paraguas rojo y volviendo la mirada al frente.
El joven se abalanzó a la maleta e intentó recoger la ropa, pero en cuestión de segundos se dio cuenta que estaba echada a perder. Volvió la mirada fulminante al hombre que estaba subido en los escalones de la entrada del edificio escoltado por dos guardias de seguridad y le gritó maldiciones.
La lluvia apretó más y se escuchó un trueno.
No era una pelea de enamorados como Lía creyó cuando se detuvo a chismosear. Al parecer el chico que intentaba recoger la que evidentemente era su ropa, discutía con su compañero de cuarto que lo estaba corriendo del apartamento.
Se gritaban cosas como: “Yo soy el que se mudó primero, lárgate de aquí”, “¡págame el dinero que me robaste!”, “¡no te pagaré nada, lárgate de aquí, desgraciado!” y “maldito, por tu culpa lo perdí todo”. El de la maleta agregaba a sus reclamos fuertes declaraciones y amenazas como: “¡Te haré llorar lágrimas de sangre por todo lo que me has hecho!”, “¡te voy a enviar al infierno!” y “¡jamás debí confiar en un maldito ladrón como tú, idiota, te voy a matar!”
De pronto, el joven de la maleta se abalanzó hacia el otro, tacleándolo y enviándolo al suelo. Las personas que veían el que ya era un espectáculo, comenzaron a gritar y los dos guardias de seguridad tuvieron que interceder.
Lía no supo cómo pasó, pero se acercó más, bajando del andén y mojando sus zapatos con los charcos. Pudo notar mejor al dueño de la maleta: hombre alto, atlético, de al menos un metro con noventa centímetros; cabello castaño oscuro y una piel blanca. Era guapo, lo que hacía más interesante la situación. Y por el edificio donde pasaba todo, debía ser de los ricos que vivían ahí. Bueno, antes él debía vivir ahí, lo que lo hacía un chico rico… o antes era rico.
Estaba presenciando el proceso de cómo una persona pasaba de ser millonaria a pobre. Era sorprendente.
El otro hombre era de piel bronceada, considerablemente más bajo de estatura, pero más robusto. Y al parecer no sabía pelear, porque acababa de terminar con el rostro magullado y lleno de la sangre que le chorreaba de la nariz.
Una patrulla se acercó a toda velocidad por la avenida, las sirenas ahogaron el sonido de la lluvia. Se acababa el espectáculo.
Los dos guardias tenían que sujetar al chico guapo de la maleta que pataleaba y le gritaba todo tipo de groserías al otro hombre. Por un momento logró zafarse e intentó ir a por otra ronda de golpes, pero su contrincante retrocedió con rapidez, lleno de miedo y de sangre. Pero los guardias lograron apresar a su agresor una vez más.
Entonces llegó la policía y empezó a dispersar al grupo de personas que observaban la trifulca.
Y antes de que un policía le pidiera a Lía que se marchara, pudo cruzar mirada con el chico de la maleta. Su mirada estaba rebosada en una inmensa tristeza.
Aquel recuerdo se quedó grabado en lo más profundo de su mente y le creó un nudo de fuego en la garganta.
Sus ojos eran color miel intensos y rebosaban en lágrimas. Eran unos ojos que conocían lo que era perderlo todo. Le manifestaron que ya no tenía nada más en el mundo.
El chico de la maleta fue esposado y le gritó a un policía que podía caminar solo a la patrulla.
Y Lía se marchó por la larga calle, bajo su paraguas rojo mientras la lluvia se convertía en tormenta.
❦❦❦
El chico de la maleta estaba en el parque. Lía podía reconocerlo, aquellos ojos rebosantes de tristeza bajo la lluvia eran imposibles de olvidar, había soñado con ellos dos noches seguidas.
Y ahí estaba, sentado en una banca, con un bulto de cosas a un lado.
Parecía estar mirando a la nada. Como si debatiera que hacer con su vida. Y por momentos a Lía le daba la impresión de que quería llorar.
Desde su balcón tenía toda la vista perfecta para apreciarlo. Tragó saliva y se alejó, intentando que aquel joven no le removiera todos sus adentros.
Entró al cuarto que usaba para trabajar y se sentó frente a su escritorio, tomando el lápiz digital para comenzar a dibujar.
Con el paso de las horas, terminó dibujando aquella mirada rebosante en tristeza: necesitaba sacársela de la cabeza.
Y cuando llegó la noche, volvió a asomarse, esta vez por la ventana. Se cubrió la boca cuando lo vio hablar por teléfono. Estaba ahogado en lágrimas.
Y Lía lloró con él. Era un desconocido, lo entendía, pero por alguna razón que no lograba comprender, empatizaba con su desgracia. Ella lo pudo ver cuando lo perdió todo. Cuando lo apresaron. Cuando la vida le había dado la espalda.
Lo vio llevarse las manos a la cabeza, cerrando los ojos.
Le esperaba una noche larga, una muy fría noche en una incómoda banca. Y la gran pregunta retumbaba en la cabeza de Lía: ¿por qué nadie lo ayudaba?
❦❦❦
Había pasado la noche en el parque, de eso estaba segura. Seguía usando la misma ropa que llevaba hace tres días, cuando lo vio pelearse en frente del edificio.
Estaba con los brazos apoyados en sus muslos y la cabeza gacha.
—¿Cuántos días lleva ahí? —preguntó su hermana mientras se asomaba en el balcón.
—Dos días, creo —contestó Lía desde la cocina.
—Es un vagabundo —declaró Amanda.
—No lo es.
—Dijiste que lo corrieron de su departamento. Ahora vive en la calle.
—Pasa por un mal momento, seguro y se repondrá —replicó Lía. Quería creérselo.
¿Por qué hablaban del chico de la maleta? No tenía sentido, porque… ante todo, ¿qué podía hacer ella por aquel hombre?
Últimos capítulos
#64 Capítulo 64 Datos curiosos:
Última actualización: 8/22/2026#63 Capítulo 63 Epílogo
Última actualización: 8/22/2026#62 Capítulo 62 Nuestro futuro juntos
Última actualización: 8/21/2026#61 Capítulo 61 Una vida junto a ti
Última actualización: 8/21/2026#60 Capítulo 60 Cuando llega el karma
Última actualización: 8/21/2026#59 Capítulo 59 Boda y envidia
Última actualización: 8/21/2026#58 Capítulo 58 Mi prometido
Última actualización: 8/21/2026#57 Capítulo 57 Los cambios
Última actualización: 8/21/2026#56 Capítulo 56 Los errores que cometí
Última actualización: 8/21/2026#55 Capítulo 55 El karma
Última actualización: 8/21/2026
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