
DEL ODIO AL AMOR, HAY UN SOLO PASO
franchescawelsch · Completado · 101.8k Palabras
Introducción
Pero ese no fue el verdadero problema.
El problema fue despertar al día siguiente a su lado, con recuerdos demasiado confusos de la noche anterior y una certeza que hizo que quisiera desaparecer de la vergüenza: entre nosotros había pasado algo que jamás debió ocurrir.
Pensé que podríamos olvidarlo. Fingir que aquella noche nunca existió y regresar a lo de siempre: discutir, provocarnos y soportarnos únicamente porque vivimos demasiado cerca.
Pero Allan tenía otros planes.
De repente comenzó a buscarme más, a provocarme y a recordarme constantemente que entre nosotros había quedado algo pendiente. Yo intenté resistirme. De verdad que lo intenté.
Hasta que acepté seguir jugando con fuego.
¿Quieren saber lo peor de todo?
ME GUSTÓ. Y MUCHO.
Porque detrás del vecino insoportable que juraba odiar descubrí a alguien capaz de hacerme sentir cosas que jamás imaginé.
Y ahora estoy en problemas.
Creo que me estoy enamorando de Allan.
Solo existe un pequeño detalle: estoy convencida de que él jamás sentirá lo mismo por mí.
Lo que para Allan comenzó como un juego, para mí terminó convirtiéndose en algo demasiado real.
Jugué con fuego sabiendo que podía quemarme.
Y terminé enamorada del chico incorrecto.
Capítulo 1
CAPÍTULO 1
El vecino que no soporto
CARLA
Si había algo peor que cenar en completo silencio con mi nueva familia, era escuchar a Brenda intentando fingir que éramos una familia feliz.
—Y… ¿cómo les fue en la escuela?
Levanté la mirada del plato.
Ryan seguía concentrado en su comida. Britney tenía el teléfono escondido debajo de la mesa y seguramente estaba hablando con Caitlin. Yo llevaba los últimos cinco minutos moviendo un pedazo de comida de un lado a otro sin probarlo.
—Bien —respondimos los tres al mismo tiempo.
Brenda parpadeó.
Papá dejó los cubiertos sobre el plato.
—Me encanta el entusiasmo de mis hijos —comentó con sarcasmo—. Realmente conmovedor.
Ryan escondió una sonrisa.
Yo estuve a punto de hacerlo también, hasta que Britney levantó la mirada y nuestros ojos se encontraron.
Error.
Esa chica podía convertir cualquier momento medianamente soportable en una competencia.
—Tengo una idea —continuó papá—. ¿Qué tal si este fin de semana les doy dinero para que vayan de compras?
Ahora sí levanté la cabeza.
Dinero.
Compras.
Dos palabras capaces de mejorar considerablemente mi humor.
—Me parece…
—Ni hablar —me interrumpió Britney.
La miré.
Ella me señaló descaradamente.
—Yo no voy de compras con eso.
¿Eso?
Respiré profundamente.
Uno.
Dos.
Tres.
No funcionó.
—Tranquila —respondí—. Yo tampoco quiero salir contigo. Prefiero ir sola antes que pasar cinco minutos escuchándote hablar de Caitlin.
Ryan soltó una carcajada que intentó disimular tosiendo.
Britney lo fulminó con la mirada.
—Vamos, chicas —intervino Brenda—. Llevan tres años viviendo juntas. Si realmente intentaran conocerse, estoy segura de que serían muy buenas amigas.
Casi me atraganté.
¿Britney y yo?
¿Amigas?
Antes prefería repetir todo el año escolar.
—No va a suceder —contesté.
—En eso estamos de acuerdo —añadió Britney.
Papá se masajeó las sienes.
Reconocía perfectamente ese gesto.
Estaba perdiendo la paciencia.
—Ustedes dos son increíblemente inmaduras.
—Ella empezó —dijimos simultáneamente.
Nos miramos.
—¡Deja de copiarme! —exclamó Britney.
—¡Tú me copiaste!
—Carla —advirtió papá.
Me crucé de brazos.
—Solamente digo la verdad.
Papá respiró profundamente antes de mirarme.
—Te llevas perfectamente con Ryan. ¿Por qué no puedes hacer un esfuerzo con Britney?
Miré a Ryan.
Él se encogió de hombros como diciendo no me metas en esto.
—Porque Ryan es amable. No intenta hacerme la vida imposible y tampoco se pasa todo el día siguiendo a la persona que más detesto en esta escuela.
Britney dejó caer el tenedor.
—No seas cínica.
—¿Perdón?
—Escuchaste perfectamente.
Su mirada se endureció.
—Solamente estás celosa.
Solté una carcajada.
—¿Celosa de qué?
—De nosotras.
—¿De ti y Caitlin? Por favor.
—Porque Caitlin tiene todo lo que tú nunca tendrás.
Eso consiguió borrar mi sonrisa.
Britney lo notó.
Y sonrió satisfecha.
—Es popular, es capitana de las porristas y tiene al chico que todas quieren.
Ah.
Por supuesto.
Allan Arriagada.
Tenía que aparecer su nombre incluso cuando él ni siquiera estaba presente.
—Puedes quedarte con tu maravillosa Caitlin y con su maravilloso novio —respondí—. No me interesa ninguno de los dos.
—Mentira.
—Britney.
—Admítelo, Carla. Estás celosa porque Allan jamás…
—¡Ya basta!
El grito de papá hizo que todos nos quedáramos inmóviles.
Incluso Brenda.
Papá rara vez gritaba.
Y cuando lo hacía, significaba que realmente habíamos cruzado el límite.
—No quiero volver a escuchar una discusión durante la cena —sentenció—. La próxima vez, ambas se van a sus habitaciones. ¿Entendido?
Britney apretó los labios.
—Sí.
—Carla.
—Está bien.
Volví a sentarme.
El silencio regresó a la mesa.
Aunque esta vez era muchísimo más incómodo.
Ryan esperó unos segundos.
—Entonces… —murmuró—, si ellas no quieren el dinero…
Brenda le dio un pequeño golpe en el brazo.
—Ryan.
—¿Qué? Solamente intento encontrar una solución.
Papá terminó riéndose.
Y así de fácil Ryan consiguió disminuir la tensión.
Ese era uno de sus talentos.
—Después hablamos —le respondió papá.
Ryan sonrió como si acabara de ganar la lotería.
Yo, en cambio, había perdido completamente el apetito.
—Ya no tengo hambre.
Me levanté.
—Carla…
—Estoy cansada, papá.
No esperé respuesta.
Subí las escaleras y cerré la puerta de mi habitación.
Por fin.
Silencio.
Me dejé caer sobre la cama mirando el techo.
A veces extrañaba cómo era nuestra casa antes.
Cuando tenía ocho años, mamá murió de cáncer.
Habían pasado nueve años y todavía existían momentos en los que llegaba del colegio pensando que podría encontrarla abajo. Era absurdo, lo sabía.
Pero perder a alguien no significaba acostumbrarse automáticamente a su ausencia.
Papá había intentado seguir adelante.
Y tres años atrás ese intento había llegado con nombre, apellido y dos maletas adicionales.
Brenda.
Britney.
Ryan.
Bueno, muchas más que dos maletas.
Especialmente Britney.
Nunca había visto tanta ropa junta en mi vida.
Al principio pensé que quizá podríamos llevarnos bien. Britney parecía tímida, incluso agradable.
Entonces conoció a Caitlin.
Y todo cambió.
Caitlin y yo nos conocíamos desde pequeñas.
Nunca nos habíamos soportado.
Ella era esa clase de chica que entraba a cualquier lugar esperando que todos la miraran.
Y casi siempre ocurría.
Popular.
Porrista.
Siempre rodeada de gente.
Britney se convirtió prácticamente en su sombra.
Y para completar el maravilloso grupo estaba Danna.
Las tres parecían inseparables.
Aunque había algo todavía más insoportable que Caitlin.
Su novio.
Allan Arriagada.
Mi vecino.
El mejor amigo de Ryan.
Y probablemente la persona con mayor talento para sacarme de quicio en menos de treinta segundos.
Nuestras familias se conocían desde antes de que nosotros naciéramos, así que evitarlo era prácticamente imposible.
Vivía en la casa de al lado.
Estudiaba conmigo.
Jugaba en el mismo equipo que Ryan.
Entraba a nuestra casa como si fuera suya.
Y cada vez que me veía parecía considerar una obligación personal molestarme.
Yo estaba convencida de que Allan había nacido únicamente para complicarme la existencia.
Mi teléfono vibró.
Lo tomé esperando encontrar algún mensaje de Jennifer, pero antes de desbloquearlo tocaron la puerta.
—Está abierto.
Ryan apareció.
—Hola, problemática.
—Hola, aprovechado.
Cerró la puerta.
—¿Sigues enojada?
—No.
—Eso significa que sí.
Rodé los ojos.
—¿Qué quieres?
Ryan se sentó al borde de mi cama.
—Necesito pedirte un favor.
Eso llamó mi atención.
—Depende.
—Quiero comprar un regalo.
—¿Para quién?
Vaciló.
Mala señal.
—Jennifer.
Me incorporé inmediatamente.
—¿Mi Jennifer?
—No sabía que tenías derechos de propiedad sobre ella.
—Ryan.
Sonrió.
—Sí. Tu mejor amiga Jennifer.
Lo observé durante varios segundos.
Entonces mi cerebro conectó algunas cosas.
Las veces que Jennifer desaparecía durante los recreos.
Las veces que Ryan preguntaba casualmente por ella.
Los mensajes que ambos escondían.
Abrí los ojos.
—No.
Ryan comenzó a reír.
—Sí.
—¡¿Ustedes están saliendo?!
—Desde hace casi un mes.
—¡¿UN MES?!
Le lancé una almohada.
Ryan la atrapó.
—¡Soy su mejor amiga!
—Yo pensé que te había contado.
—¡Pues pensaste mal!
Tomé mi teléfono.
—Voy a escribirle ahora mismo.
Ryan me lo quitó.
—Primero ayúdame.
—Devuélvemelo.
—El domingo cumplimos un mes y quiero comprarle algo. Tú sabes qué le gusta.
Lo pensé.
—¿Y qué gano yo?
—Te invito a comer.
—Acepto.
—Qué fácil eres de comprar.
—Cállate.
Me devolvió el teléfono.
—Entonces vamos el viernes o el sábado.
—Después vemos.
Ryan asintió.
Se quedó en silencio unos segundos antes de preguntar:
—¿De verdad odias tanto a Britney?
—No la odio.
Él arqueó una ceja.
—Bueno… quizás un poco.
Se rio.
—Ella tampoco ayuda.
—Desde que se junta con Caitlin es insoportable.
—Tengo información que podría mejorar tu noche.
Eso consiguió interesarme.
—Habla.
Ryan miró hacia la puerta como si Britney pudiera estar escuchándonos.
Después se acercó.
—Britney está enamorada.
—¿Qué?
—Muchísimo.
Sonreí.
—¿De quién?
—Adivina.
—No tengo ganas.
—Es alguien cercano.
—¿De la escuela?
—Sí.
—¿De tu equipo?
Ryan sonrió.
Mis ojos se abrieron.
—No puede ser.
—Sí puede.
—¿Allan?
Ryan asintió.
Me tapé la boca para no reír demasiado fuerte.
—¡Pero es el novio de Caitlin!
—Exactamente.
—Britney está completamente loca.
—Eso ya lo sabíamos.
Me dejé caer contra las almohadas.
Por primera vez en toda la noche, estaba de excelente humor.
—Cuando Caitlin descubra esto, va a destruirla.
—Primero Allan tendría que fijarse en Britney.
—¿Y por qué no lo haría?
Ryan soltó una risa.
—Porque conozco a Arriagada.
—Eso no responde mi pregunta.
—Digamos que Allan no está interesado en complicaciones.
—Allan es una complicación.
—Te cae realmente mal.
—Me cae horrible.
—¿Desde cuándo?
Lo miré como si hubiera hecho la pregunta más estúpida de la historia.
—Desde siempre.
Ryan se rio.
—Algún día ustedes dos van a matarse.
—Probablemente.
—O algo peor.
—¿Qué podría ser peor?
Ryan solamente sonrió.
—Buenas noches, Carla.
—¿Qué quisiste decir?
—Nada.
—¡Ryan!
Ya estaba saliendo.
—¡Buenas noches!
Le lancé otra almohada, pero cerró la puerta antes de que pudiera alcanzarlo.
Idiota.
Me acomodé nuevamente.
Tomé mi computador y traté de distraerme.
Pero, por alguna razón, las palabras de Ryan regresaron a mi cabeza.
O algo peor.
Negué inmediatamente.
No.
Con Allan Arriagada solamente podía existir una cosa.
Guerra.
Y eso jamás iba a cambiar.
---
CUATRO DÍAS DESPUÉS
ALLAN
—Ya te dije que se acabó, Caitlin.
Ella me observó como si acabara de hablar en otro idioma.
—No puedes hablar en serio.
—Estoy hablando completamente en serio.
Estábamos frente a su casa y llevábamos casi veinte minutos discutiendo exactamente lo mismo.
Yo había intentado terminar esa relación varias veces durante las últimas semanas.
Caitlin siempre encontraba la manera de evitar la conversación.
Hasta hoy.
—¿Por qué? —preguntó—. Estábamos bien.
—Tú estabas bien.
Su expresión cambió.
—¿Hay otra chica?
Solté una risa sin humor.
—Ese es exactamente el problema.
—¿Qué?
—Todo tiene que convertirse en un interrogatorio contigo. Si hablo con alguien, quieres saber quién es. Si salgo con Ryan, quieres saber dónde estamos. Si no respondo inmediatamente, haces un drama.
—Porque soy tu novia.
—Eras.
Caitlin se quedó completamente quieta.
—¿Qué dijiste?
—Que terminamos.
—Allan…
—No voy a cambiar de opinión.
La vi apretar las manos.
Sabía perfectamente que aquello no iba a terminar tranquilamente.
Caitlin odiaba perder.
Especialmente cuando alguien podía enterarse.
Para ella nuestra relación también era parte de esa imagen perfecta que intentaba mantener frente a toda la escuela.
—Te vas a arrepentir.
—Puede ser.
—Vas a volver.
—No cuentes con eso.
Me alejé antes de que pudiera continuar.
Saqué las llaves del auto.
Por primera vez en meses sentí que podía respirar tranquilo.
Mañana mi madre estaría fuera toda la noche.
Mi casa estaría completamente libre.
Y Ryan llevaba días insistiendo en que organizáramos algo para celebrar el comienzo de clases.
Perfecto.
Saqué el teléfono y escribí en nuestro grupo.
Fiesta mañana en mi casa.
La respuesta de Ryan apareció casi inmediatamente.
¿Todos invitados?
Sonreí.
Todos.
Guardé el teléfono y subí al auto.
Todavía no sabía que aquella simple fiesta iba a convertirse en la peor —o quizás la mejor— decisión que había tomado.
Porque entre todas las personas que cruzarían la puerta de mi casa al día siguiente…
había una que jamás habría esperado encontrar allí.
Carla Díaz.
Mi insoportable vecina.
La chica que llevaba años asegurando que me odiaba.
Y la única capaz de convertir una simple fiesta en el comienzo de un desastre.
Últimos capítulos
#59 Capítulo 59 FIN
Última actualización: 8/12/2026#58 Capítulo 58 Capítulo 58
Última actualización: 8/12/2026#57 Capítulo 57 Capítulo 57
Última actualización: 8/12/2026#56 Capítulo 56 Capítulo 56
Última actualización: 8/12/2026#55 Capítulo 55 Capítulo 55
Última actualización: 8/12/2026#54 Capítulo 54 Capítulo 54
Última actualización: 8/12/2026#53 Capítulo 53 Capítulo 53
Última actualización: 8/12/2026#52 Capítulo 52 Capítulo 52
Última actualización: 8/12/2026#51 Capítulo 51 Capítulo 51
Última actualización: 8/12/2026#50 Capítulo 50 Capítulo 50
Última actualización: 8/12/2026
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Reinelle solo sabía una cosa: Sobreviviría y regresaría a casa junto a su hija sin importar qué era lo que tuviera que hacer… o en qué se tuviera que convertir.
Soportaría torturas, derramaría sangre y no tendría piedad de sus enemigos.
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Ella lo ve como una bestia deformada por el odio.
Él la ve como una hembra que no se quebrará, incluso en cadenas.
Ese primer contacto no es romántico todavía, sino un choque de fuerzas salvajes. Lo que nace entre ellos es tensión, rabia y atracción envenenada.












