
Deseos impuros
Blanca Rios · Completado · 101.1k Palabras
Introducción
Capítulo 1
Karen se miró al espejo, sintiendo cómo el corazón le latía con una fuerza desbocada contra las costillas; estaba maravillosamente abrumada por el inminente comienzo de su nueva vida junto a Joseph. Él no era solo su pareja, era una fuerza de la naturaleza que la hacía sentirse emocionada y viva. Un arquitecto multimillonario cuya imponente presencia parecía moldear el mundo a su antojo, de la misma forma en que trazaba las líneas de sus fríos e imponentes rascacielos. Aún recordaba vívidamente aquella tarde que la sintió extraña y fuera de lugar en la que chocaron accidentalmente. Ella iba saliendo exhausta de su trabajo, distraída, cuando tropezó de frente contra el pecho firme de un desconocido. Al levantar la vista y encontrarse con aquellos ojos oscuros y magnéticos, no fue una simple chispa lo que estalló entre ellos, sino una corriente eléctrica que la consumió por completo; una atracción ineludible que desafió toda razón. Ahora, después de un año de aquel cruce del destino que le robó el aliento, el peso del oro y los diamantes en su dedo anular le confirmaba que al fin estaban casados. Las maletas ya aguardaban junto a la puerta, sellando la promesa de una luna de miel donde, lejos de las miradas del mundo, se entregarían por completo a esa pasión que había estado esperando con ansias.
Aunque el rechazo de su elitista familia se había manifestado en gélidas amenazas y cenas convertidas en auténticos campos de batalla, pero ninguna advertencia fue suficiente para doblegar la voluntad de Joseph. Para él, la opinión de su gran familia no era más que ruido de fondo. Él ya había tomado una decisión irrevocable desde aquel y nadie lo pudo obligar a lo contrario, porque para él, el instante en que su mirada capturó a la hermosa castaña entre la multitud de un mundano centro comercial fue algo que despertó sin desearlo. Karen era la encarnación exacta de la mujer que deseaba coronar como su esposa. A menudo, Joseph observaba con desdén a las hijas de los magnates y socios comerciales que su familia intentaba imponerle: mujeres vacías, prefabricadas y moldeadas por la frivolidad del dinero. Ninguna de aquellas herederas de cristal poseía el fuego, la autenticidad y la devoción que Karen le entregaba sin reservas. Para la alta sociedad, el único e imperdonable defecto de la joven era su falta de abolengo y su cuna humilde; pero para Joseph, esa supuesta falla de no pertenecer a una alta posición solo la hacía más suya, una joya invaluable que él estaba dispuesto a proteger del mundo entero, sin importar a quién tuviera que enfrentar en el proceso.
Joseph la tomó por la cintura, acercándola a su cuerpo con esa firmeza que a ella tanto le fascinaba y conocía muy bien que la hacía estremecer.
—¿Lista para nuestra luna de miel? —susurró él, con una voz profunda y aterciopelada que le erizó la piel.
—¡Más que lista! —chilló Karen, incapaz de contener la emoción, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de su esposo. La idea de tener a ese hombre imponente para ella sola durante semanas enteras la embriagaba por completo.
Se dispusieron a subir al lujoso auto negro que los aguardaba con el motor en marcha, pero la brillante sonrisa de Karen se congeló en sus labios de golpe. Al otro lado del vehículo, de pie con una postura rígida y sosteniendo una tableta con frialdad calculada, se encontraba una presencia que le revolvió el estómago. Era la asistente personal de su ahora esposo. Karen la observó de arriba a abajo, sin disimular el amargo disgusto que le provocaba esa mujer de traje impecable y mirada siempre vigilante que parecía inmiscuirse en su intimidad.
La perfecta burbuja de felicidad amenazaba con romperse. Karen se tensó en los brazos de Joseph y lo miró a los ojos, con un tono de abierto reproche.
—Dijiste que solo seríamos nosotros dos —le reclamó en un susurro áspero, sintiendo una repentina punzada de territorialidad—. Es nuestro viaje de bodas.
Él notó de inmediato la rigidez en el cuerpo de su esposa. Con un movimiento suave pero dominante, acunó el rostro de Karen entre sus manos grandes y depositó un beso lento y tranquilizador en su frente.
—Cariño... —murmuró Joseph, acariciando su mejilla con el pulgar para aplacar su molestia—. El imperio que construyó mi familia no duerme, lo sabes bien. Ella solo irá por si surge algún imprevisto corporativo que sea de suma importancia. Te doy mi palabra de que será como una sombra, como si no existiera. Ya verás que ni siquiera recordarás que está cerca —prometió, mirándola con una intensidad tan profunda y devoradora que disipó sus dudas—. En este viaje, mi atención te pertenece absoluta y exclusivamente a ti.
Karen tragó grueso, sintiendo un nudo de insatisfacción apretándole la garganta. Las palabras de Joseph sonaban seguras y eso le daban un poco más de seguridad en que así sería, pero su instinto femenino seguía en alerta roja. Sin embargo, se mordió el interior de la mejilla para contener la réplica; se negaba rotundamente a permitir que la simple sombra de esa mujer empañara las primeras horas de su luna de miel.
El lujo desmedido del resort de cinco estrellas apenas logró distraerla. La furia de Karen volvió a encenderse, ardiendo bajo su piel en un silencio sepulcral, cuando al llegar al piso VIP descubrió la distribución de las habitaciones. Joseph había alojado a su asistente en la suite inmediatamente contigua a la suya. Solo una elegante pared la separaba de su santuario nupcial. Sus uñas se clavaron en las palmas de sus manos, sintiendo aquella cercanía como una intrusión imperdonable.
Obligándose a respirar hondo, decidió tragarse el orgullo y no iniciar una guerra por lo que él llamaría "pequeñeces sin sentido". El esfuerzo pareció rendir frutos; bajaron a la playa privada y la tensión se disolvió bajo el sol abrasador. Disfrutaron de una tarde idílica entre las olas, donde el mar fue el único testigo de sus besos salados y risas compartidas. Durante esas horas perfectas, la asistente brilló por su ausencia, devolviéndole a Karen la paz y la ilusión de ser los únicos habitantes de aquel paraíso.
Exhausta tras un día cargado de emociones, Karen visualizó el cierre perfecto para la velada. Quería recrear la magia sencilla de cuando eran novios: pedir servicio a la habitación, acurrucarse entre las sábanas de seda y ver una película abrazada al pecho de su marido. Con esa dulce expectativa latiendo en su pecho, salió del cuarto de baño con una toalla envuelta en su cuerpo. Pero el mundo de fantasía se le derrumbó de golpe. Sus planes íntimos se hicieron añicos al instante. Allí estaba Joseph, dándole la espalda, ajustándose el reloj y los gemelos de plata sobre un impecable traje oscuro hecho a la medida, luciendo de pronto tan distante, inalcanzable y frío como uno de sus propios edificios.
La ilusión de Karen se desvaneció tan rápido como la humedad de su piel cuando la sangre se le subió a la cabeza de la decepción. Apretó los bordes de la toalla contra su pecho, sintiendo de pronto que la enorme habitación de hotel se había vuelto insoportablemente fría y demasiado asfixiante.
—¿Vas a salir? —preguntó. Detestó cómo su voz tembló ligeramente, traicionando la profunda decepción que le oprimía el pecho.
Joseph se giró hacia ella, terminando de abotonar su saco con movimientos elegantes y calculados. La miró con esa indulgencia que a veces la hacía sentir diminuta, como si ella fuera una niña caprichosa que no entendía cómo funcionaba el mundo de los adultos.
—Amor, olvidas que habíamos acordado ir al casino un rato después de estar en la playa toda la tarde —respondió él, con un tono suave pero impregnado de esa autoridad natural de quien está acostumbrado a que sus planes jamás se discutan.
Karen frunció el ceño, dando un paso al frente. La confusión rápidamente dio paso a una punzada de abierta indignación.
—¿Qué? Pero si yo no recuerdo haber acordado eso en ningún momento —replicó, alzando la barbilla para sostenerle la mirada—. Es más, creí que pediríamos la cena a la habitación y veríamos una película juntos. Acurrucados, a solas. Tal y como lo hacíamos antes.
Últimos capítulos
#91 Capítulo 91 Epilogo
Última actualización: 5/13/2026#90 Capítulo 90 Por ti
Última actualización: 5/13/2026#89 Capítulo 89 Mi angel
Última actualización: 5/13/2026#88 Capítulo 88 Tiempo
Última actualización: 5/13/2026#87 Capítulo 87 Protegerte
Última actualización: 5/13/2026#86 Capítulo 86 Corrupcion
Última actualización: 5/13/2026#85 Capítulo 85 Una visita
Última actualización: 5/13/2026#84 Capítulo 84 No existe
Última actualización: 5/13/2026#83 Capítulo 83 Tu familia
Última actualización: 5/13/2026#82 Capítulo 82 La mascara
Última actualización: 5/13/2026
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