
Destinos inesperados
Nancy Rdz · Completado · 178.0k Palabras
Introducción
Frío, exigente y con un carácter imposible, Ernesto parece decidido a hacerle los días más difíciles. Ella, decepcionada por no estar en el área que soñaba, intenta mantener la compostura y dar lo mejor de sí. Pero, con el paso del tiempo, las líneas entre lo profesional y lo personal comienzan a desdibujarse.
Ernesto, acostumbrado al control y al poder, descubre en Sara una dulzura que lo desarma… y un deseo que se vuelve adictivo. Ella, aún marcada por una ruptura que dejó cicatrices en su corazón, se resiste a caer en los brazos del hombre que menos esperaba.
Dos mundos opuestos. Dos pasados incompatibles. ¿Será posible que el amor florezca entre el caos y la distancia emocional? ¿Podrá Ernesto olvidar el pasado y abrir de nuevo las puertas de su corazón?
Capítulo 1
Ernesto Duarte
La oficina estaba en silencio, salvo por el leve zumbido del aire acondicionado y el crujir del papel bajo mis dedos. Había estado toda la tarde revisando reportes financieros, contratos, informes de producción… Nada fuera de lo habitual, excepto la carga. Últimamente, todo se sentía más pesado.
Levanté la vista cuando escuché la puerta, abrirse sin previo aviso.
Vivian.
Rubia, alta, impecable. Siempre perfectamente vestida como si viniera de una sesión de fotos. Llevaba un vestido rojo ajustado, elegante pero insinuante, y tacones que resonaron como campanas de alerta en el suelo de mármol.
Fruncí el ceño.
—¿Qué haces aquí, Vivian? —pregunté, dejando los documentos sobre la mesa con evidente desdén. No me gustaba mezclar mi vida personal con el trabajo, mucho menos a esta hora.
Ella cerró la puerta con suavidad, apoyando la espalda en ella por un segundo antes de caminar hacia mí con su estilo de siempre… como si diera brinquitos ensayados. De pronto, se inclinó y me plantó un beso en los labios.
Me llevé una mano a la sien, frustrado. El reloj marcaba las diez en punto. Doce horas lidiando con ejecutivos, llamadas, y ahora, esto.
—Vivian… —suspiré.
Ella no respondió. Se acomodó con aire provocador en el borde de mi escritorio, dejando entrever más de lo necesario de sus piernas. La miré fijamente, esta vez sin disimular mi molestia.
—Bájate de la mesa. No estás en una pasarela —le dije, con voz baja pero firme.
Frunció los labios, contrariada, y bajó de un brinco.
—Qué amargado eres a veces, Ernesto. De verdad —refunfuñó mientras se alisaba el vestido. Caminó hacia la silla frente a mí y se sentó, cruzando las piernas con elegancia exagerada.
—¿Y cómo supiste que estaba aquí?
—Emilia me dijo que no habías salido todavía —respondió, casual, como si habláramos de cualquier cosa.
Rodé los ojos.
—Vivian, no estoy de humor para juegos. ¿Qué quieres? Te he dicho que no vengas a mi oficina, puedes enviarme un mensaje.
—¿Para que no me contestes?
No le respondí, en eso tenía razón.
Se quedó en silencio unos segundos, su tono cambió. Se volvió más serio, más directo.
—Mi madre no ha dejado de preguntarme si ya tenemos fecha para la boda —dijo, haciendo una pausa dramática—. Y creo que ya es momento de tomar una decisión, Ernesto. Llevamos dos años comprometidos y... la gente empieza a hablar.
Dos años.
Demasiado tiempo para seguir fingiendo que esto aún tenía sentido.
Vivian me miraba esperando una respuesta. Sus ojos verdes brillaban bajo la luz cálida de la lámpara de escritorio, como si la pregunta le doliera más de lo que estaba dispuesta a admitir.
—Por ahora no podemos poner una fecha para la boda —dije con voz firme, sin levantar la vista de los documentos que acababa de revisar.
Ella frunció el ceño con fuerza. Sus labios se torcieron en un puchero dramático mientras exhalaba como una niña contrariada. Se puso de pie con brusquedad, colocándose con las manos en la cintura justo frente a mí.
—¿Por qué no podemos poner una fecha, Ernesto? —soltó, elevando la voz—. ¿O es que no quieres casarte conmigo?
No reaccioné.
Sin decir palabra, abrí el cajón inferior de mi escritorio y saqué una carpeta amarilla. La deslicé hacia ella con calma, dejando que su curiosidad hiciera el resto. Vivian la tomó con desconfianza, arqueando una ceja.
La abrió.
Sus ojos se movían de un papel a otro. Su expresión cambió del desconcierto a una especie de alarma silenciosa.
—¿Qué es esto? —preguntó con voz apagada, levantando la mirada hacia mí—. Estas… estas son hojas de vida. Currículums. No entiendo.
Me apoyé en el respaldo, entrelazando las manos frente a mí.
—Planeo independizarme. Voy a dejar la empresa. Apenas consiga una buena oferta, me voy.
La vi tensarse. Bajó la mirada al contenido de la carpeta como si quisiera encontrar una explicación mejor.
Vivian cerró la carpeta con lentitud. Su rostro parecía de piedra. Me miró pasmada, como si no reconociera al hombre frente a ella.
—No puedes dejar DC…
Reí. Una risa seca, sin humor. Me dolió más de lo que quise admitir.
—DC es la empresa de Erik —la corregí con un tono que rozó el cansancio—. Y de mi padre.
Yo solo soy… una figura decorativa. Me tienen aquí trabajando como si algún día fuera a ser mía, pero no lo será.
Me pasé una mano por la nuca, sintiendo cómo se me tensaban los músculos.
—Mientras yo estoy aquí hasta las diez de la noche cerrando reportes, Erik debe estar en algún antro, brindando por la vida, celebrando quién sabe qué estupidez. Y mañana entrará a una reunión como si lo supiera todo, como si se lo mereciera todo… porque así es este mundo para él. Para mí solo queda… trabajar. Y esperar algo que nunca va a llegar.
Vivian no dijo nada por unos segundos. Bajó la mirada. La carpeta seguía entre sus manos, pero ahora parecía más pesada. Como si no supiera qué hacer con ella… o con lo que acababa de escuchar.
Yo sabía que esto era el principio del fin.
Ella quería estabilidad. Apellidos. Un rol social. Una boda bonita con flores blancas, una casa con jardín y una vida sin sobresaltos, llena de lujos.
Vivian se dejó caer de nuevo en el asiento, pero esta vez sin la altanería de antes. Sus hombros cayeron un poco, sus manos se quedaron quietas sobre su regazo, y su mirada se quedó fija en el centro de la mesa, como si allí pudiera encontrar la manera de convencerme.
—No puedes dejar DC —dijo en voz baja, casi como una súplica disfrazada de razón—. Es el orgullo de tu familia, Ernesto. Es lo que te define. Lo que te da valor.
Yo no dije nada. Me limité a observarla.
—Mira, yo soy la heredera de La Voz, y mis padres me han dicho que tú eres el tipo de hombre que está a mi altura. Serías un esposo ideal, respetado, serio, con una posición. Pero si dejas DC… —hizo una pausa breve y cargada—. Si te vas a otra empresa, serás solo… un empleado más. Uno del montón.
Sentí un tirón dentro del pecho. Un dolor silencioso, pero profundo. Apreté la quijada.
Sus palabras eran una estocada cubierta de terciopelo. Me dolían no solo por lo que decían, sino por lo que significaban. Por cómo me veía ella.
Una vena en mi cuello latió con furia. Algo se encendió en mi interior, algo que me hervía por dentro. Me puse de pie con lentitud, dominando el impulso de romper algo. Mis ojos la buscaron con una frialdad que pocas veces dejaba salir.
—Entonces elige, Vivian.
Levantó la mirada, sorprendida.
—O aceptas esta realidad, a mí tal y como soy… o vas diciéndole a tu madre que no habrá boda. Que se acabó. Pueden publicar lo que quieran —añadí con ironía amarga—. Que fue culpa mía, que soy un desagradecido, un inestable, lo que sea. No me importa quedar mal. No me importa lo que hablen de mí.
Vivian se puso de pie haciéndome frente.
—Debí haberme fijado en Erik y no en ti —espetó, con los ojos brillando de rabia—. Al menos él no es un ogro amargado.
Ella sabía lo que decía.
Vivian me conocía desde que éramos niños. Era la hija de la mejor amiga de mi madre. Habíamos compartido veranos, cenas familiares, incluso clases particulares cuando aún no sabíamos qué queríamos de la vida. Y justo por eso… sabía qué nervios tocar para hacerme arder por dentro.
—Entonces cásate con él —solté, seco como un disparo—. A mí no me importa.
—Te odio, Ernesto. —Me lo dijo de frente. Con rabia. Con un dolor que solo nace de una decepción profunda. —Ojalá algún día te partan el corazón en mil pedazos.
No me moví.
Ella salió de mi oficina dando tremendo portazo.
La habitación quedó en silencio.
Me dejé caer en la silla, sin fuerzas. Tragando saliva con dificultad. Sus palabras resonaban en mi mente una y otra vez, como un veneno de liberación lenta.
“Ojalá algún día te partan el corazón en mil pedazos… Eres un ogro amargado… Debí haberme fijado en Erik y no en ti”
Apoyé los codos sobre la mesa y me sujeté la cabeza con ambas manos. Sentí el peso del día… pero también el de los años. A mis 27, la vida se sentía vacía. No por falta de metas, sino por el cansancio de sostener lo que no me pertenece.
Nunca entendí cómo es que mis hermanos pueden caminar por el mundo tan ligeros, como si nada les tocara. Como si todo se acomodara solo. Como si el apellido bastara.
Y yo… aquí estaba. Haciéndome cargo de una empresa a la que no le debo nada.
Si acaso, ella me debe a mí.
Últimos capítulos
#101 Capítulo 101 Toda una vida juntos
Última actualización: 11/28/2025#100 Capítulo 100 Regalo de bodas
Última actualización: 11/28/2025#99 Capítulo 99 Triple boda
Última actualización: 11/28/2025#98 Capítulo 98 Siete meses de abstinencia
Última actualización: 11/28/2025#97 Capítulo 97 Dónde estés, yo estaré
Última actualización: 11/28/2025#96 Capítulo 96 Cuídala como si fuera un tesoro
Última actualización: 11/28/2025#95 Capítulo 95 Eres un desgraciado
Última actualización: 11/28/2025#94 Capítulo 94 Era libre
Última actualización: 11/28/2025#93 Capítulo 93 Su primera vez
Última actualización: 11/28/2025#92 Capítulo 92 Estaba arrepentido
Última actualización: 11/28/2025
Te podría gustar 😍
La herencia del rancho.
En allí, Margarita conoce a Ryder, un vaquero que la atrae desde el inicio y con agrado descubre que el sentimiento es mutuo. ambos cargan con un pasado turbio, y lo suyo fue demasiado rápido, ardiente. Margarita descubre que está embarazada, ahora, las cosas han cambiado y no solo por el exnovio de Margarita aparece y para empeorar todo, su padre y madrastra también.
Se enfrentan a las hormonas de una joven embarazada y la pasión abrazadora de un hombre que sabe montar toros y domar caballos salvajes.
Emparejada con su Instructor Alfa
Semanas después, nuestro nuevo instructor Alfa de combate entra al salón. Regis. El tipo del bosque. Sus ojos se clavan en los míos, y sé que me reconoce. Entonces el secreto que he estado ocultando me golpea como un puñetazo: estoy embarazada.
Él tiene una propuesta que nos ata más que nunca. ¿Protección… o una jaula? Los susurros se vuelven venenosos, la oscuridad se cierra sobre mí. ¿Por qué soy la única sin lobo? ¿Es mi salvación… o me arrastrará a la ruina?
Matrimonio Rápido con el CEO
Pero tal vez la suerte finalmente me encontró. Me liberé de esa pesadilla y me escapé con este hombre hermoso que tiene un poder serio y dinero que parece nunca agotarse...
Cielo o Infierno: Amando a Mi Retorcido Multimillonario
Me volteó sobre mi estómago con brutal eficiencia, su mano cayendo fuerte sobre mi trasero en una bofetada que resonó en la habitación.
—Eso es lo que quieres, ¿verdad? Ser tratada como la puta barata que eres.
Hannah se convirtió en madre sustituta para salvar al "moribundo" hijo de su benefactor—solo para descubrir que era una mentira de un drogadicto.
Ahora, llevando al hijo de Finn Sterling, un hombre tan frío y despiadado como peligroso, no tiene salida.
Pensó que todo iría según el acuerdo: pasaría su embarazo en un sanatorio remoto, daría a luz y luego se marcharía.
Hasta que la familia Sterling envió un mensaje—Finn quería casarse con ella.
Hannah quedó atónita. La última vez que se vieron, Finn había dejado claro que quería tener el menor contacto posible con ella.
¿Por qué el cambio repentino? ¿O hay alguien más moviendo los hilos—ocultando un plan que podría destruirlos a ambos?
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
Maximiliano Fisterra
Maximiliano Fisterra es u verdadero nombre, pero todos lo conocen como "Bayá", el hombre más frío y calculador que pudiera existir y el cual, después de haber sido abandonado en el altar por la mujer que quería, decide dejar de creer en el amor.
No obstante, la incómoda y molesta condición que le pone su padre para heredar la mafia, lo lleva a buscar una esposa por contrato. Pero lo que nunca imaginó fue que aquella fuese una astuta y testaruda mujer; además de hermosa y dominante como él.
¿Qué pasará entre dos polos que se detestan a morir?
¿Será que con ellos sí se podrá decir que "del odio al amor, hay un solo paso"?
Descúbrelo en la candente y apasionada historia de Merlí y...
Maximiliano Fisterra.
Cadenas de Seda y Foco
Ciel Reid no es ajeno al escándalo. Como un actor rebelde con una reputación de chico malo, ha escalado hacia la fama, dejando un rastro de caos. Pero cuando su carrera se tambalea al borde de la ruina, aparece un salvavidas en forma de Xerxes Laurent—un CEO implacable con secretos tan oscuros como sus trajes.
Xerxes le ofrece una oportunidad para recuperar su estrellato, pero hay una trampa: un contrato para un compromiso falso que convertirá a Ciel en su peón. Lo que comienza como un retorcido trato de negocios pronto se convierte en un juego de alto riesgo de poder, deseo y traición.
En Cadenas de Seda y Reflectores, la pasión arde, las lealtades se rompen y nada es lo que parece.
Una beta para el alfa.
Por otro lado, tenemos a Cole Turner, un alfa de veintitrés años que está envuelto en un drama familiar, el cual, lo ha orillado a mantener un compromiso con la hija adoptiva de su difunto tío, el antiguo alfa de una manada vecina.
Gracias a que el alfa de Raine, Alan Carter, es el mejor amigo de Cole, la joven loba se ve forzada a asistir a la fiesta de compromiso de Cole, donde, por desgracia, descubre que el novio, es su compañero.
Al encontrarse sus miradas, las chispas no tardan en surgir, mientras que las de Raine son de rencor, las de Cole no son más que de amor.
¿Podrá Cole hacer entender a su terca compañera que nada es lo que parece?
¿Podrá la propia Raine, resistirse a los encantos del alfa?
Sobre todo, ¿podrán llegar a confiar el uno en el otro para resolver los misterios sobre las desdichas de la familia Turner? ¿O las intrigas y las personas mal intencionadas triunfaran sobre ellos?
Una semana para el amor
Vicenzo (quien realmente se llamaba Leo) vive su propio tormento en su casa después de haber contraído matrimonio, hace 19 años, con Norka, una mujer que aceptó casarse con él por interés, pero quien mantiene una relación clandestina con uno de los mejores amigos de su esposo.
¿Cómo podría cruzarse las vidas de dos personas atormentadas como Lorey y Leo (por quienes consideraron al amor de sus vidas) en el momento exacto y en el lugar preciso?
Descúbrelo en…
Una semana para el amor...
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
Mamá por acuerdo: Corazón roto por el CEO
Pero cuando él insiste en concebir de forma natural, todo se descontrola. Entre encuentros ardientes y emociones que no deberían existir, Valentina cae. Él también... aunque nunca lo admitiría.
Hasta que nace el bebé.
Hasta que Damián desaparece.
Años después, el magnate regresa con una verdad que ya no puede callar: la perdió. Y ahora está dispuesto a recuperarla... aunque tenga que enfrentarse al mayor miedo de su vida: amar.
ATLAS EL ALFA CAUTIVO
—Lléname de ti, Atlas —suplicó abriendo los pantalones del hombre.
Un gruñido animal abandonó la garganta de Atlas, pero no pudo hacer nada. Simplemente, observó como Mica le acariciaba la dura verga.
Durante meses. Atlas Dravencor sufrió en cautiverio a manos de su enemigo. El alfa Aziel de la manada de Plata. Encerrado como una bestia, fue torturado para doblegarlo, pero fiel a sus principios y lealtades, no se dejó vencer. Hasta que llegó Mica, inocente y con intención de ayudarlo, terminó sucumbiendo ante ella. Solo para enterarse de que se trataba de la hija de su peor enemigo.
Traicionado, juró vengarse y, cuando finalmente es rescatado por su padre y su gente, Atlas no huye solo: arrastra a Mica con él, herida en el asalto. No la salva por piedad. La lleva con él como su botín de guerra. Como castigo y símbolo de su victoria.
Atlas está decidido a vengarse y hacerle pagar por su engaño; sin embargo, estar lejos de la joven omega le resulta imposible, sobre todo, cuando descubre que en su cuello lleva su marca y en su vientre, a su hijo.
Entre la sed de venganza y el deseo prohibido, Atlas deberá decidir si será un verdugo… o un alfa digno.












