
El CEO me ruega perdón tras el divorcio
GVSTELLARISS · En curso · 148.5k Palabras
Introducción
Lily Rose vivió tres años casada con el millonario Alejandro en secreto. Él nunca la amó. Él nunca la presentó a su familia. Mientras Alejandro gastaba millones en su primer amor, Lily Rose estaba sola en una casa fría.
Todo cambió el día que Lily Rose se cansó. Firmó los papeles del divorcio, dejó su anillo en la mesa y se fue sin pedir nada.
Ahora, Lily Rose es una mujer nueva y poderosa que no necesita a nadie. Alejandro finalmente descubrió la verdad sobre su pasado y se dio cuenta de su gran error. Está desesperado. Quiere recuperarla a toda costa. Pero Lily Rose ya tiene nuevos pretendientes y un corazón que ya no le pertenece a él.
¿Podrá Alejandro convencerla de volver o es demasiado tarde para el CEO que la despreció?
Capítulo 1
POV LILY ROSE
Miré el reloj de la sala. Eran las tres de la mañana.
La cena que había preparado con tanto esmero estaba fría sobre la mesa. Las velas se habían consumido hasta convertirse en charcos de cera inútiles. Alejandro no había llegado, otra vez. No me sorprendió, pero el dolor en mi pecho seguía siendo igual de agudo.
De pronto, escuché el motor de su auto de lujo en la entrada. Mi corazón dio un vuelco por costumbre, pero esta vez lo obligué a calmarse. Me levanté y caminé hacia el recibidor.
Alejandro entró quitándose el saco. Se veía impecable, pero el olor de un perfume que no era el mío lo envolvía. Era el perfume de Valeria. Lo reconocería en cualquier lugar.
—¿Qué haces despierta, Lily Rose? —preguntó él sin siquiera mirarme. Su voz era fría, como si hablar conmigo fuera una carga pesada.
—Es nuestro aniversario de bodas, Alejandro —dije. Mi voz no tembló.
Él se detuvo un segundo, pero no mostró arrepentimiento. Se limitó a sacar su teléfono y revisar unos mensajes.
—Mañana te enviaré un regalo con mi secretaria. Ahora estoy cansado. Tuve una emergencia con Valeria.
"Emergencia". Esa era la palabra que usaba siempre que pasaba la noche con ella. Valeria, su primer amor. La mujer que había regresado hace un mes para reclamar el lugar que, según todos, me pertenecía solo por un accidente del destino.
—¿Una emergencia que requería comprarle un collar de diamantes en la Quinta Avenida? —pregunté.
Alejandro se giró bruscamente. Sus ojos oscuros me taladraron con molestia.
—No empieces con tus celos. Valeria ha pasado por mucho. Mi madre la trató mal en el pasado y yo solo estoy compensando ese daño. Tú tienes todo lo que quieres. Tienes esta casa, tienes mi apellido. ¿Qué más quieres?
—Quiero un esposo, Alejandro. No un cajero automático que me oculta del mundo —respondí acercándome a él—. Llevamos tres años casados y nadie sabe que existo. Me escondes como si fuera una mancha en tu historial.
Él soltó una risa seca y amarga.
—Sabías cuáles eran las reglas cuando aceptaste el trato de mi abuelo. Te casaste conmigo para sacar a tu familia de la pobreza. Cumplí mi parte. No me pidas sentimientos que no tengo para darte.
Cada palabra era un cuchillo. Yo lo amaba. Lo amaba desde que era una adolescente y él me salvó de aquel callejón oscuro. Pensé que con el tiempo, al verme a su lado cada día, él llegaría a quererme. Qué estúpida fui.
—Tienes razón —dije con una calma que lo sorprendió—. Sabía las reglas. Pero las reglas acaban de cambiar.
Caminé hacia la mesa del comedor y tomé el sobre que había dejado allí horas antes. Regresé y se lo puse en el pecho. Él lo tomó con desdén.
—¿Qué es esto? ¿Otra lista de compras?
—Son los papeles del divorcio, Alejandro.
El silencio que siguió fue absoluto. Por primera vez en tres años, Alejandro me miró de verdad. Sus cejas se juntaron y su mandíbula se tensó.
—¿Estás loca? —escupió—. ¿Sabes lo que significa esto? Volverás a ser nadie. Volverás a la calle. Sin mi apellido, no eres nada.
—Prefiero no ser nada a seguir siendo tu sombra —dije con firmeza—. No quiero tu dinero. No quiero tu secretaria enviándome flores por compromiso. Ya firmé. Solo faltas tú.
Alejandro arrugó el sobre con la mano. Su arrogancia era infinita.
—Mañana te arrepentirás. Esto es solo un berrinche porque no vine a cenar. Ve a dormir, Lily Rose. No voy a perder el tiempo con estas tonterías.
Se dio la vuelta para subir las escaleras, ignorándome como siempre. Pero esta vez no me quedé llorando en el sofá.
—Me voy ahora mismo, Alejandro —le grité.
Él se detuvo en el primer escalón, pero no se giró.
—Vete entonces. Veremos cuánto duras ahí fuera sin mi protección.
Subí a la habitación, pero no empaqué maletas grandes. Solo tomé mi identificación, un poco de dinero que había ahorrado de mis propios trabajos temporales y el pequeño pañuelo bordado que guardaba desde hacía diez años. El único recuerdo del Alejandro que alguna vez fue humano.
Bajé las escaleras. Él seguía de pie en el pasillo, observándome con los brazos cruzados. Estaba seguro de que me detendría en la puerta y le pediría perdón.
Me quité el anillo de bodas. Era un diamante enorme y frío. Lo puse sobre la pequeña mesa de la entrada.
—Quédate con tu joya. Ya no tiene nada que amarrar.
—Si cruzas esa puerta, Lily Rose, no habrá vuelta atrás —advirtió él. Su voz tenía un tono de amenaza que nunca antes me había asustado tanto como hoy.
—Eso espero —respondí.
Abrí la puerta. El aire frío de la noche me golpeó la cara, pero se sintió como el primer suspiro de libertad en años. No miré atrás. Caminé por el sendero de la mansión mientras escuchaba el sonido de mis propios pasos.
Detrás de mí, escuché un estruendo. Alejandro había arrojado algo contra la pared, probablemente un jarrón caro. Supe que estaba furioso, no porque me perdiera, sino porque yo había tenido la audacia de dejarlo primero.
Mientras caminaba hacia la calle principal, saqué mi teléfono y borré su número.
Mañana el mundo sabría que el CEO de Altea Group estaba soltero. Pero lo que él no sabía es que, a partir de mañana, yo dejaría de ser la chica pobre que le suplicaba amor.
A partir de hoy, Lily Rose empezaría a vivir. Y Alejandro… Alejandro empezaría a entender lo que es la verdadera soledad.
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Última actualización: 7/24/2026
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