
El Testamento Silverman
Antonia Di María · En curso · 31.2k Palabras
Introducción
Isaac es todo lo contrario a Viana. Es poderoso, frío, controlador y está acostumbrado a conseguir siempre lo que quiere. Para él, aquel matrimonio no es una historia de amor, sino un acuerdo que debe cumplir para proteger sus intereses y conservar el control sobre el imperio familiar.
Viana acepta convertirse en su esposa únicamente bajo los términos establecidos, convencida de que podrán mantener una relación estrictamente formal durante los dos años que dura el acuerdo. Sin embargo, vivir bajo el mismo techo hará que mantener las distancias sea mucho más difícil de lo esperado.
Entre enfrentamientos, diferencias de clase, secretos familiares, celos y una convivencia marcada por el choque de dos personalidades completamente opuestas, Viana comenzará a descubrir que detrás del hombre arrogante que parece tenerlo todo bajo control existe mucho más de lo que imaginaba.
Lo que comenzó como una obligación impuesta por un testamento podría terminar transformando para siempre la vida de ambos.
Capítulo 1
Mientras veía el vestido que Charles había dejado especialmente para mí, sus palabras seguían retumbando en mi cabeza.
"No voy a dejarte sola cuando yo ya no esté. Pero te necesito, Viana. Eres la única que puede ayudarme a salvar a mi nieto"
No había comprendido realmente el peso de aquellas palabras cuando me las dijo. En ese momento estaba demasiado preocupada por su salud y por el rápido deterioro que había sufrido durante los últimos meses. Charles sabía que su enfermedad avanzaba, aunque siempre intentaba restarle importancia para que yo no me preocupara.
Ahora, frente a aquel vestido, comenzaba a entenderlo.
El señor Allen me había entregado una carta de Charles unos días después de su muerte. En ella me explicaba lo que había dispuesto en su testamento y por qué había tomado aquella decisión. También me recordaba algo que yo no había olvidado: sabía que estaba sola.
Mis abuelos me habían criado y habían sido mi única familia. Cuando murieron, mientras yo todavía estudiaba, tuve que aprender a seguir adelante por mi cuenta. Después llegué a aquella casa para trabajar como enfermera y, durante los tres años que cuidé de Charles, él dejó de ser solamente mi paciente. Se convirtió en mi familia.
Por eso, cuando me dijo que no permitiría que quedara desamparada después de su muerte, pensé que hablaba de una ayuda económica que me permitiera comenzar de nuevo. Nunca imaginé que aquella promesa estaría ligada a una condición tan difícil de aceptar.
Debía casarme con Isaac y permanecer casada con él durante dos años.
Charles había dejado establecido que recibiría el dinero que había destinado para asegurar mi futuro solamente si cumplía esa condición. Si rechazaba el matrimonio o decidía abandonarlo antes de cumplir el plazo, perdería el derecho a recibirlo y esos bienes pasarían a la fundación que él había elegido.
Era una parte importante del testamento, pero no era la razón principal por la que estaba allí. Era por Charles.
Antes de morir me había pedido personalmente que permaneciera al lado de Isaac durante esos dos años. Me dijo que no necesitaba que lo amara ni que intentara convertirlo en otra persona. Solo quería que hubiera alguien que se atreviera a decirle la verdad, incluso cuando él no quisiera escucharla, y lo más importante, que supiera que contaba con alguien.
"Todos a su alrededor terminan dándole la razón", me había dicho. "Tú no lo haces. Tú eres capaz de enfrentarlo"
No estaba segura de que aquello fuera un elogio.
Tampoco sabía si realmente podía ayudar a un hombre al que apenas conocía, pero sí sabía que no podía romper una promesa hecha a Charles.
Había confiado en mí hasta el final y yo había decidido cumplirla.
En su carta también hablaba de Isaac y de los errores que él mismo reconocía haber cometido con su nieto. No me contó todos los detalles, pero sí lo suficiente para entender que cargaba con una culpa que había llevado durante años. Después de perder a su hijo, le había costado acercarse a Isaac y había tomado decisiones que ahora lamentaba.
Charles no quería castigar a su nieto con aquel matrimonio. Quería darle una oportunidad.
Y había decidido que yo podía ser parte de ella porque no le tenía miedo, porque nunca había intentado agradarle a cambio de algo y porque, durante aquellos tres años, había aprendido a decirle a Charles las cosas que otros preferían callar.
Quizá eso era lo que esperaba de mí, que hiciera lo mismo con Isaac.
El golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos.
—Viana, apresúrate. Te están esperando en el despacho.
—Sí, ya voy —respondí. Era Marta.
Me miré una última vez frente al espejo. Ya estaba maquillada y peinada para la ocasión, aunque había pedido que todo fuera sencillo. El vestido era de color marfil, elegante y sin demasiados adornos. Charles sabía perfectamente que no me gustaba llamar la atención y, hasta en eso, había pensado en mí.
Marta entró unos segundos después y me observó en silencio.
—¿Estás segura de esto, cariño?
Me giré hacia ella.
—Sí, Marta. Se lo prometí a Charles y soy una mujer de palabra.
Ella soltó un suspiro mientras acomodaba una pequeña arruga de mi vestido.
—Es que todavía no sabes cómo es el señor Silverman.
—No, no lo sé —admití mientras me sentaba para colocarme las zapatillas—. Pero tampoco creo que pueda ser tan terrible.
Marta me miró con una expresión que no consiguió tranquilizarme.
—Ojalá pudiera decirte que tienes razón.
Levanté la cabeza.
—¿Qué sabes que yo no sé?
—Sé que el señor Isaac está acostumbrado a que todo se haga como él quiere. Charles era una de las pocas personas que se atrevía a enfrentarlo.
Aquello hizo que pensara nuevamente en la carta. Tal vez por eso Charles me había elegido.
Terminé de acomodarme las zapatillas y me puse de pie.
—¿Cómo me veo?
Marta sonrió con ternura.
—Hermosa, Viana. Eres una novia hermosa.
Novia. Todavía me costaba creer que aquella palabra pudiera referirse a mí. Nunca había imaginado una boda así, mucho menos con un hombre al que apenas conocía y que, según Charles, necesitaba que alguien se atreviera a ponerle límites.
Respiré profundamente.
—Vamos. Terminemos con esto de una vez.
Marta asintió y salió conmigo.
Caminamos por el pasillo hasta llegar a las escaleras. A cada paso sentía que me acercaba a una decisión que ya no podía cambiar. No sabía cómo serían los siguientes dos años, pero había tomado mi decisión mucho antes de ponerme aquel vestido.
No estaba allí por Isaac. Estaba allí por Charles.
Cuando llegamos al despacho, escuché voces al otro lado de la puerta. Marta se detuvo y me miró.
—Recuerda lo que Charles te pidió.
Asentí.
—Lo haré.
Empujé la puerta y entré.
Lo primero que vi fue a Isaac.
Estaba de pie junto al escritorio, vestido con un traje oscuro impecable. Su rostro era serio y sus ojos azules se posaron sobre mí de arriba abajo, sin mostrar la menor emoción. No parecía estar frente a la mujer con la que estaba a punto de casarse, sino ante alguien que había sido incluida en una reunión que él consideraba innecesaria.
Entonces comprendí que Marta no había exagerado.
Aquel hombre estaba acostumbrado a tener el control.
Y Charles había decidido que, durante los próximos dos años, yo sería precisamente la persona que no permitiría que lo tuviera sobre mí.
Últimos capítulos
#27 Capítulo 27 El baúl de los recuerdos
Última actualización: 10/22/2026#26 Capítulo 26 Bajo sus condiciones
Última actualización: 10/22/2026#25 Capítulo 25 Una nueva posibilidad
Última actualización: 10/22/2026#24 Capítulo 24 Una invitada interesante
Última actualización: 10/22/2026#23 Capítulo 23 Aprendiendo mi rol
Última actualización: 10/22/2026#22 Capítulo 22 Manos a la obra
Última actualización: 10/22/2026#21 Capítulo 21 Lo que se espera de mí
Última actualización: 10/22/2026#20 Capítulo 20 La esposa equivocada
Última actualización: 10/22/2026#19 Capítulo 19 Defendiendo a su esposa
Última actualización: 10/22/2026#18 Capítulo 18 Una propuesta inesperada
Última actualización: 10/22/2026
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