
Irresistible aroma a café
Evelyn Zap · Completado · 161.0k Palabras
Introducción
Austral, una joven, astuta, discreta y brillante mujer de 33 años con un compromiso frustrado en su haber, después de que su prometido le haya sido infiel con la persona a la que consideraba su hermana, y que; además, tiene una vida llena de estrés y responsabilidades que se acrecientan, de manera exorbitante, ante los exigentes pedidos de su familia.
¿Cómo es que Kansas podría cambiar la vida de Austral? O... ¿Cómo podría Austral cambiar la vida de Kansas?...
Aquí, una historia llena de mucho romance, pasión y erotismo; espero que la disfruten mucho.
Con amor,
Evelyn Zap
Capítulo 1
Kansas
«Trece años», pienso al estar frente al televisor, sentado sobre el sofá de la sala con mi hermana viendo una de sus películas favoritas.
«Mañana se cumplirán 13 años», destaco en mi mente al tiempo en que los recuerdos de aquel día se hacen presente en mi mente.
Flashback
Me dirijo hacia la oficina en la que deberé ser entrevistado. Al llegar a ella, doy un respiro profundo y toco la puerta, la cual estaba abierta, para llamar la atención del hombre que estaba concentrado en guardar unos papeles en un portafolio.
—Hola, buena tarde —saludo un poco nervioso, ya que esta era mi primera entrevista; sin embargo, el hombre no me hace caso—. Hola —repito una vez más, pero un poco más firme; y el hombre, por fin, levanta su cabeza para mirarme.
—¿Qué se te ofrece? —contesta descortés cuando termina de cerrar su portafolio y se dirige a un perchero para tomar lo que sería su saco y ponérselo.
—Buena tarde. Mi nombre es Kansas White —me presento—. Soy uno de los postulantes para el puesto de…
—Ah… eso —me interrumpe al terminar de abotonarse el saco y coger unas llaves—. Llegas tarde —precia al regresar a su escritorio y tomar el portafolio que estaba cerrando hace instantes.
—Ah… no, señor. Estoy aquí desde hace dos horas —le doy a conocer amablemente—. Solo estaba esperando mi turno.
—Como sea… —contesta desinteresado al caminar hacia mí; es decir, hacia la salida—. Las entrevistas terminaron —añade al salir de la oficina y cerrar la puerta para después caminar hacia el ascensor sin tomar en cuenta mi presencia, lo cual me desconcierta un poco.
«Tal vez bastante para alguien de 17, con un CV falso, en su primera entrevista y con la enorme necesidad de obtener un empleo», menciono en silencio.
«Con la enorme necesidad de obtener un empleo», repaso en mi mente y…
«¡Carajo! Tengo que obtener el empleo», me demando y reacciono de inmediato para empezar a caminar en dirección del hombre, quien estaba esperando a que el ascensor abriera sus puertas.
—Señor, si el problema es el tiempo; yo podría regresar mañana —puntualizo y este sigue sin hacerme caso, solo se limita a mirar su reloj de forma impaciente—. O, en todo caso, podría dejarle mi CV para que pudiera revisarlo —le digo al extender mi hoja de vida en su dirección y, al fin, voltea a verme.
—Eres muy insistente —precisa—. Eso me gusta —añade sonriente al tomar mi CV; y aquel comentario y gesto parecían ser buenas señales hasta que…—. Pero no me gusta que me hagan perder el tiempo —señala al doblar mi hoja de vida frente a mí—. Tal vez tú no tengas nada bueno que hacer, pero yo —se pausa y mira atenta mi cv— soy un hombre bastante importante —continúa hablando y veo cómo empieza a partir por la mitad la hoja que contenía toda mi información— y por ello, muy ocupado —completa al seguir haciendo pedazos más pequeños de la hoja—. Así que deja de hacerme perder el tiempo y vete —finaliza en el preciso instante en el que el ascensor abre sus puertas y aquel me tira los pedazos de papel en la cara.
«¿Cómo debía reaccionar?», pregunto en silencio.
No lo sabía. Mi padre siempre me había señalado que, pase lo que pase, nunca debía comportarme como un cobarde y recurrir a la violencia, pero, en este preciso instante y con mis inmaduros 17 años, sentía la enorme necesidad de golpear a ese hombre, sin embargo… honrando las enseñanzas de mi padre, me contuve.
—¿Qué es lo que sucede aquí? —escucho de pronto y veo cómo un hombre (de tal vez 80 años) se hace presente con una joven mujer, la cual sostenía del brazo y quien observaba de manera sorprendida al hombre que, hace instantes, había hecho trizas mi hoja de vida.
—Eh… nada, William. Un tema sin importancia —contesta el hombre un poco nervioso.
—No es lo que he visto, Christopher —señala con dureza
—Repito que es algo sin importancia, William…
—No para mí —lo interrumpe el hombre con un tono de voz severo—. No sé cómo habrás estado acostumbrado a tratar a las personas en la empresa de tu padre, pero en la mía, tú no tienes ningún derecho de hacer algo como eso —demanda severo sin quitarle la mirada de encima.
—El niño solo me estaba haciendo perder el tiempo, William —se justifica un tanto incómodo y haciendo notar cierta molestia—. Y ahora tengo una reunión a la que tengo que asistir para que esta empresa crezca; y él —me señala— solo estaba estorbando…
—¿Perdón qué dijiste? —cuestiona el viejo hombre al interrumpirlo nuevamente al tiempo en que observo cómo la mujer luce apenada por la situación.
—¿Quién? ¿yo? —se señala el tal Christopher
—Me parece que con quien estoy hablando es contigo ¿no es así? —le pregunta mientras se suelta del agarre de la joven mujer.
—Abuelo, por favor —le pide ella, con cierta preocupación, al sujetar uno de los brazos de aquel.
—Cielo, tranquila —le solicita al mirarla a los ojos—. Hoy no me encargaré de él —le informa al regresar su mirada al hombre con el que estaba discutiendo—. Pero mañana te quiero a primera hora en mi oficina —le ordena; y puedo ver cómo el aludido endurece su gesto y parece estar retando al viejo hombre con la mirada, pero aquel lo ignora—. Ahora tú, muchacho —se dirige a mí—. ¿Cómo te llamas?
—Kansas; Kansas White, señor —contesto un tanto desconcertado por la nueva y mucho más incómoda situación.
—Te pido una disculpa por lo sucedido, Kansas White —expresa sincero—. ¿Te molestaría acompañarme a mi oficina, por favor?
—Ah… yo… —estaba dudoso en si hacerlo o no, ya que la mujer, hace unos segundos, estaba mirándome de manera extraña, pero, al final, acepté—. Claro, señor; será un placer —contesto gentil y ambos empezamos a caminar por un enorme pasillo.
Ya dentro de la oficina y sin intención alguna, durante la conversación que aquel amable hombre y yo sostuvimos, me fue inevitable seguir fingiendo. Sobre todo, cuando el hombre ya había supuesto que estaba mintiendo sobre mi edad cuando se la dije. De hecho, ese era un punto débil en toda mi mentira, ya que mi cuerpo, el cual daba la imagen de un frasco a punto de quebrarse, me delataba.
Aun así, el hombre me dio un trabajo, pero solo a medio tiempo, ya que me advirtió que me despediría si faltaba a clase por asumir esta nueva responsabilidad. Además de ello, me pidió que le contara un poco más de mí; así que le conté un poco más sobre mis padres, mi nueva hermana que estaba por llegar y de mi educación en una de las escuelas más exclusivas de todo el país gracias a una beca que había conseguido y en la cual (daba la casualidad) estaba estudiando una de sus nietas (Brescia, a quien conocía debido a que era la mujer más popular que había en ella, pero la que, por obvias razones, no me hablaba). Yo no era el clase de chico que ella frecuentaba.
Al salir de la oficina, no pude sentirme más contento; estaba sonriente, pero al ver la forma severa en la que me miraba la joven mujer, hizo que la sonrisa que traía marcada en mi rostro se borrara de inmediato. Al parecer, aquella había discutido con el tal Christopher, pues, al salir de la oficina con mi nuevo empleador, este salió hecho una furia del lugar.
Después, los tres tomamos el ascensor y, antes de salir, me despido de ambos; sin embargo, la mujer seguía mirándome de una manera muy extraña…
—White ¿cierto? —habla de repente al mirarme de manera directa
—Sí, White —contesto un poco nervioso, ya que la mujer tenía la habilidad de intimidar sin parecer esforzarse.
—¿Quieres un consejo, White? —pregunta al dar un paso hacia mí.
—Austraaal —escucho la voz de su abuelo y puedo reconocer su tono de advertencia en él al tiempo en que una de sus manos sujeta la muñeca derecha de su nieta.
—Perdón, señorita, ¿qué? —cuestiono confuso por la forma en que me miraba.
—La próxima vez que te presentes a una entrevista de trabajo —comienza a hablar mientras se libera del agarre de su abuelo y lleva aquella mano hasta la solapa izquierda del saco que usaba—, trata de usar otra camisa —me dice al cubrir una parte visible de lo que venía a ser la insignia de mi colegio.
«¡Carajo! Ni siquiera eso puedo hacer bien», me reclamo en silencio.
—Yo… —trato de responder, pero no sabía qué decir; aquella también me había descubierto.
—¿Está usted seguro que tiene 20 años, señor White? —cuestiona al no obtener una respuesta de mi parte.
—Señorita, yo…
—¿Qué pasa, White? —habla de forma retadora
—¡Ya basta, Austral! —se hace oír la voz del viejo hombre mientras hace retroceder a la mujer con uno de sus brazos para después fijar su mirada en mí—. Disculpa a mi nieta, por favor —me pide apenado—. Te veo mañana para explicarte tus actividades —agrega de forma gentil y me regala una sonrisa—. Que tengas buena noche —señala y, ante ello, lo único que atino a hacer es despedirme de aquel y salir del lugar.
A pesar de que aquella entrevista empezara mal y fuese extraña; nada me quitaba la felicidad de haber conseguido mi primer empleo para empezar a ayudar a mis padres con los gastos de la familia y, para celebrarlo, compré una caja de los chocolates favoritos de madre.
—Muchas gracias —le digo a la señora que me acababa de vender unos chocolates.
—Gracias a ti; vuelve pronto —me pide con una gran sonrisa al entregármelos.
—Así será —respondo y me retiro del lugar.
Camino por unos minutos más y escucho mi celular sonar; así que contesto rápidamente. Y es ahí en donde comienza la experiencia más triste de toda mi vida. Nunca antes había sentido un dolor similar. Después de la llamada, me dirigí al hospital del cual me habían llamado y corrí directamente hacia la sala de emergencia para preguntar por el estado de mis padres y mi hermana; sin embargo, lo único que recibí fue un “Lo lamento mucho; no pudimos hacer nada”.
—¿Qué? —cuestiono en un murmuro y totalmente incrédulo.
—En este momento, estamos haciendo lo posible para salvar a la bebé. Es la única sobreviviente, pero está en la incubadora y todo dependerá de cómo progrese en los siguientes días. No podemos asegurarle nada —señala compasivo—. Lo lamento mucho —añade y, en ese momento, lo único que deseaba es que nada de eso fuera cierto; sin embargo, un grito lleno de dolor y llanto que venía de algún lugar, me decía que todo aquello era real.
—!Noooooo… mi abuelo, nooooo! —se escucha muy fuerte—. ¡Por favor, noooo… llévenme con él! ¡Quiero verlo!—gritaban más fuerte hasta que se oye cómo aquella persona empieza a llorar; y ese fue el detonante para que yo me sentara en el piso y comenzara a hacer lo mismo de manera desconsolada.
Al parecer, aquel día, no solo yo había perdido a alguien que amaba... para siempre.
Fin del flashback
—¿Qué dices? —escucho la voz de Ángeles y ello me saca de mis pensamientos.
—Perdón ¿decías? —le respondo al girar a verla
—¿No me has estado oyendo, Kansas? —me reclama al fruncir su entrecejo, lo cual me hace sonreír
—Lo lamento —le digo sincero—. ¿Qué quieres? —pregunto interesado.
—Te decía que quiero replicar las notas de una canción en nuestro piano —me pide.
—Está bien, pero no por mucho tiempo. Tienes que estar en la cama en una hora —le recuerdo; y ella asiente sonriente.
Así que, con esa premisa, ambos decidimos ir hacia donde se encontraba el instrumento que había pertenecido a mi madre.
—Déjame ayudarte —le pido al tratar de cargarla para sentarla en su silla de ruedas.
—No, estoy bien —me detiene—. Últimamente, ya no pierdo mucho el equilibrio —me señala sonriente y orgullosa—. Quiero caminar —expresa firme; así que no podía negarme.
—Está bien, pero te sujetarás de mi brazo
—Me parece un trato justo —concluye; y nos vamos rumbo a la esquina en la que se encontraba el piano.
Llevábamos mucho tiempo practicando y se nos había pasado la hora, pero, aun así, no había sido capaz de detener a Ángeles de seguir tocando el piano.
—No, no… mmm… tal vez debas bajarle un tono —le sugiero
—¿Tú crees? —contesta dudosa
—Creo que no perdemos nada intentándolo —respondo al mirarla a sus ojos y sonreírle.
—Bien, entonces ahí vamos… —contesta. Luego, suspira profundamente e, inmediatamente, empieza a tocar “Always remember us this way” de Lady Gaga en nuestro viejo piano.
Y ahí empezaba, otra vez, uno de mis momentos favoritos: ver a mi hermana feliz y disfrutando de su música. Llevábamos poco más de 3 horas frente al viejo piano que perteneció a mi madre y el cual tocaba todas las noches durante el tiempo que llevó a Ángeles en su vientre.
—¡Oye! ¡Suena bien! —exclama emocionada—. ¡Qué digo bien!... ¡Suena más que perfecto! —aclara con una gran sonrisa—. La vamos a dejar así —acota mientras hace unos escritos en el pentagrama.
—Bieeen… —contesto al mirar el reloj de pared—. Entonces, aquí lo dejamos —le demando mientras me paro de mi asiento.
—¿No nos podemos quedar un rato más? —me pide con su fallido intento de hacer la mirada del gato con botas.
—Eso ya no funcionará, Ángeles —le advierto divertido.
—Por favor… un tiempo más —suplica.
—No —contesto tajante—. Ya debes ir a la cama
—Por favooorr… di que sí —pide al juntar sus manos como una súplica.
—Ángeles, a la cama
—Por favor —continúa con su infantil súplica
—Ángeles White, me estás orillando a tomar medidas drásticas —le indico al sonreírle; y esta sonríe también al leer mi mirada y darse cuenta de a lo que me refería.
—Oooh no, no lo harías
—¿Estás retándome? —cuestiono al arquear una ceja y levantarme de mi asiento para acercarme a ella
—Oh nooo… ¡no lo vayas a hacer! —demanda seria, pero me sigo acercando a ella—. ¡Kansas! Si lo haces, prometo una venganza —añade amenazante—. ¡Así que aléjate! —agrega, pero sigo sin hacerle caso y decido acercarme por completo y cargarla al tiempo en que me las ingenio para hacerle cosquillas.
—¡No! ¡Suéltame! —demanda entre risas—. ¡Kansas! —se queja y empieza a hacer lo mismo conmigo
—Esta es una guerra, señorita —le aviso entre risas mientras camino hacia su habitación con ella en brazos.
—¡Tú empezaste! —me aclara sin dejar de reír—¡Ya! ¡Ríndete! —pide sonriente cuando hemos llegado a su cuarto y voy hacia su cama para depositarla ahí.
—Esto no se ha acabado —le advierto al verla a sus hermosos ojos, los cuales había heredado de mamá.
—Tenlo por seguro —afirma—. Voy a disfrutar mi venganza —señala al tiempo en que yo me dedico a abrigarla con su suave edredón.
—Estaré esperándola —señalo divertido—. Pero ahora duerme.
—¿No me puedes hablar de papá y mamá un momento?
—Solo un momento —le digo y ella asiente.
Me quedé como una hora acostado a su lado contándole cómo eran nuestros padres y todo lo que hacían ellos para cuidarla cuando se enteraron de que estaban embarazados.
—Entonces ellos eraaan…
—Los mejores —respondo con una amplia sonrisa mientras tomo su mano y la beso.
—Me habría encantado conocer a papá y a mamá —comenta cuando termina de cubrirse por completo con el edredón.
—Y ellos a ti— contesto sincero en medio de un suspiro y después, le regalo una sonrisa, la cual es correspondida de inmediato.
—¿Me cuentas otra vez cómo decidieron mi nombre? —pregunta divertida
—Lo haría, pero ya es tarde y debes ir a dormir —le contesto al besar su mano una vez más antes de cubrirla con la colcha por completo.
—Nooo… —se queja—. Por favor, Kansas —demanda como toda una niña, lo cual me parece divertido—. Aún es muy temprano —determina—. Por favor —pide.
—Ángeles White —la nombro al mirarla fijamente—. Mañana cumplirás trece años y te sigues comportando como una niña de cinco —expreso jocoso; con lo cual me gano que aquella tome su almohada y me la lance con todas sus fuerzas y, aquel gesto, me hace reír—. Por eso te amo —menciono al mirarla directamente a sus ojos—. Que descanses— añado al tiempo en que me acerco a ella para besar su frente.
—Yo también te amo —murmura al envolver sus brazos alrededor de mi cuello y abrazarme muy fuerte.
Luego de unos segundos, nos separamos, coloco su almohada nuevamente en su lugar e, inmediatamente, me dirijo a la salida.
—Hasta mañana —le susurro desde la puerta.
—Hasta mañana —contesta ella y yo procedo a apagar la luz para que pudiese dormir.
Al salir de la habitación de Ángeles, voy de inmediato a mi habitación a asearme para dormir y poder levantarme temprano para otro día de trabajo. Tardo menos de 30 minutos en ducharme, colocarme mi pijama y cepillarme los dientes. Después, le envío un mensaje a Brescia (mi novia).
—En serio, pa, aún no me creo que ella sea mi novia —murmuro al sonreír.
Luego, solo me limito a ir a mi cama para poder dormir, no sin antes mirar la foto que tenía de mis padres en mi mesita de noche y, sin quererlo, los recuerdos tristes de aquel día quieren invadirme nuevamente.
«Me pregunto qué habrá sido de la otra persona», digo en mi mente al recordar la voz de la mujer que lloraba desconsolada en algún lugar del hospital.
Austral
—Así que no esperaste hasta mañana para venir a molestar a mis padres —escucho la voz de quien, en algún momento, fue como una hermana para mí.
—No estoy para pleitos, Brescia.
—Así que la princesita no quiere pleitos —sonríe irónicamente
—Solo estoy aquí para ver que todo esté listo para la fiesta anual —le aclaro—. Si por mí fuera, no volvería a este lugar.
—¿Qué? ¿La culpa te persigue? —pregunta al sonreír maliciosamente.
—Iré a dormir. Buena noche —decido no hacerle caso.
—Claro… huye de tu culpa —menciona y veo cómo se acerca a mí—. Pero así huyas de mí —habla al pararse frente a mí y mirarme con odio—, jamás podrás huir de ti —afirma sin contemplación alguna—. Mi abuelo murió por tu culpa y eso… eso jamás te lo perdonaré —escupe con mucho odio y luego sube las escaleras con rapidez para tomar el camino que llevaba a su habitación. En tanto, yo me quedo quieta en mi lugar, repasando las palabras de Brescia.
A pesar de que ella siempre hacía lo que fuese para jugarme malas pasadas con trampas, chismes o comentarios fuera de lugar; había algo en lo que sí tenía razón y es que yo…
«Yo sí había matado a mi abuelo», completo en mi mente.
—Espero que algún día puedas perdonarme —le pido en un susurro y después, solo me dirijo a mi habitación para seguir siendo atormentada por los recuerdos de aquella casa a la que llegué cuando tenía 8 años al ser adoptada por William Foster.
Últimos capítulos
#75 Capítulo 75 C75
Última actualización: 3/24/2026#74 Capítulo 74 C74
Última actualización: 3/24/2026#73 Capítulo 73 C73
Última actualización: 3/24/2026#72 Capítulo 72 C72
Última actualización: 3/24/2026#71 Capítulo 71 C71
Última actualización: 3/24/2026#70 Capítulo 70 C70
Última actualización: 3/24/2026#69 Capítulo 69 C69
Última actualización: 3/24/2026#68 Capítulo 68 C68
Última actualización: 3/24/2026#67 Capítulo 67 C67
Última actualización: 3/24/2026#66 Capítulo 66 C66
Última actualización: 3/24/2026
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