
La Tristeza De Sus Ojos
Denise Arcilio · Completado · 124.8k Palabras
Introducción
Aiden no vive, él sobrevive: trabaja, cuida a sus hermanos y lucha contra un entorno marcado por la falta de oportunidades, los excesos y las heridas emocionales. Emma, en cambio, descubre que acercarse a él significa entrar en un mundo mucho más oscuro de lo que imaginaba, donde el amor se mezcla con dolor, adicciones y secretos que amenazan con destruirlos a ambos.
Capítulo 1
Emma:
Miré la última necesidad que mamá anotó en la lista, y fui en busca de los tres paquetes de azúcar. Los metí en el carrito y preparé el dinero antes de llegar a la caja.
La fila era enorme, por lo que opté por irme a la siguiente sección: la caja rápida. También estaba llena, pero no tanto como las demás.
Suspiré y me coloqué un mechón de cabello detrás de la oreja. No tenía ganas de esperar a que la gente tuviera su turno, quería ser yo la primera e irme a casa cuanto antes. Era noche de películas con mi prima Kendall, que prácticamente era mi mejor amiga. Había que aprovechar que era fin de semana y, dada la falta de costumbre de levantarme a las seis de la mañana, sentía la urgencia de recostarme en el sofá y no hacer nada más que meterme en la piel de personajes ficticios. Las últimas vacaciones habían sido de mis preferidas, me la había pasado genial rodeada de toda mi familia, pero la libertad de hacer lo que quería se había esfumado hacía una semana, cuando se dio por comenzado el nuevo año escolar.
Aún no podía creer que estuviese en cuarto año de instituto. Era realmente una locura, sólo me faltaba este y uno más para irme a la universidad a estudiar una carrera que, para mi decepción, aún no había escogido. No me resultaba muy agradable ponerme a pensar en ello porque, a pesar de que lo que decidiera iba a encaminarme hacia un título universitario, me daba pena pensar que los años se estaban pasando muy rápidos y que pronto ya sería una adulta. Podía decir que entendía lo que Peter Pan sentía.
Empecé a revisar mi teléfono para matar el tiempo de aburrimiento que me quedaba. La verdad, tampoco tenía mucho qué hacer en él; no me entretenían mucho los juegos de Play Store, por lo que no tenía ninguno instalado en el celular. Opté por ir a la galería de imágenes y empecé a revisar las fotos que Katherine, mi hermanita pequeña, me enviaba casi todos los días. Le gustaba mucho tomarle fotografías a nuestras mascotas, ella se consideraba una amante de los animales, y a eso sin duda lo había sacado de mí. Era una de las muchas cosas que teníamos en común.
Sonreí cuando vi una captura en la que Toby, nuestro perro de unos dieciocho años (o esa edad es la que creían mis papás que tenía) estaba jugando con sus hijos. Para ser un animalito muy viejo, aún conservaba fuerza en sus patas y mucha energía para ladrar a cada rato y para morder a sus crías en forma juguetona. Estos tampoco eran muy pequeños, ya tenían unos cinco años de vida, pero los tres bebés (porque para mí eran bebés) se comportaban como si fuesen cachorros. No había día en la que no estuvieran escuchándose sus peleas. Lo que no me gustaba de ellos pero sí me asombraba era que, como mamá se levantaba temprano para ir a trabajar, antes de que la alarma sonara, los caninos ya estaban despiertos y con la energía a las cien por ciento. Eso conllevaba a oír ladridos a cada ratito y no me dejaban dormir en paz por tanto ruido. Pero los amaba igual. Me hacían muy feliz.
—Hola —la voz del cajero me sobresaltó y obligó a que levantara la vista de la pantalla. Guardé con torpeza el teléfono y empecé a poner la mercadería del carrito sobre la cinta negra de la caja. Me coloqué de costado y miré de reojo a las personas que estaban detrás de mí. Parecían molestas, y lo comprendía porque yo también me hubiese sentido frustrada si se tardaran tanto en colocar todos los productos sobre la caja. Para colmo, mamá me había mandado a comprar muchas cosas. Suerte que Kendall me esperaba en el auto que el tío Isaac le regaló para su cumpleaños, porque sino yo no iba a poder caminar mucho con tantas bolsas.
—Disculpa, tendrás muchos botones que apretar —me disculpé, sintiéndome mal por el chico.
—No te preocupes, todos los días pasan muchas más personas con muchísimas más cosas de las que tú traes.
Sonreí. Por alguna razón me había puesto nerviosa.
Pero la razón no era nada de otro mundo. Yo sabía cuál era; no estaba acostumbrada a hablar con chicos jóvenes.
Lo observé detenidamente y su cara me resultó familiar. No tardé en deducir que era un compañero mío de clase, uno mayor que yo pero que compartía pocas clases conmigo debido a que había repetido de curso. No recordaba su nombre, pero sabía que era el muchacho del que todos se reían en la escuela.
No sabía mucho de él. Es más, el año anterior, cuando aún no íbamos juntos jamás lo había visto, y si lo había hecho, no lo recordaba en lo absoluto.
Tenía un pequeño moretón debajo del ojo, y cuando notó que miraba justo esa parte, pareció tensarse. Sus ojos se encontraron con los míos y vi algo extraño en ellos, pero no sabía qué era porque no me consideraba una lectora de miradas. Sólo podía decir que había algo en ellos que me hacían sentir mal. ¿Estaba triste? Eso parecía. O quizás estaba cansado por el trabajo.
—¿Qué te pasó en el ojo? —pregunté sin querer hacerlo. No sabía si eso había sido algún acto nervioso o qué, pero mi instinto decía que tenía que ver el hueco incómodo que se había formado y que yo quería hacerlo desaparecer con alguna que otra palabra. Y eso era extraño de mí porque, generalmente, como había dicho, no solía hablar con ningún muchacho. En realidad, tampoco hablaba mucho con las chicas. Me consideraba una persona muy asocial, muy tímida. Me daba miedo expresarme ante las personas y que se terminaran burlando de mí por mostrarme de la manera en que era. Sólo sentía que dentro de mi familia podía ser quien yo quisiera, pero afuera me afligía mucho el mundo crítico y cómo las personas te juzgaban por la apariencia.
—Me golpeé —respondió y bajó la mirada. Parecía estar incómodo, y no era el único.
—Fue muy de metida, lo lamento —de verdad no tenía por qué meterme en sus problemas. Bueno, tampoco era que me había escabullido en sus dilemas personales, pero no debí divagar nada porque él no me conocía y yo tampoco a él. Tenía que mantener las distancias y no hacerme amiga de alguien que no conocía. Sí, compartíamos matemáticas, literatura y creo que economía juntos, pero no había hablado con él en toda la semana como para estar preguntando cosas en ese momento.
Me preguntaba si sabía quién era yo. Probablemente no. Se sentaba en la primera fila de la clase y no se volteaba en ningún momento a ver a nadie. Creo que no tenía amigos dentro del cuarto año, y eso podía deberse a que, como era un año mayor que todos, no se sintiera encajado en el ámbito. Quizás sus amistades estaban en el último año.
—No te preocupes —se limitó a responder.
Lo volví a mirar con detenimiento y me di cuenta de que me parecía lindo. Por primera vez me parecía lindo alguien. Bueno, muchos chicos me habían llegado a parecer atractivos, pero sin duda él tenía algo más llamativo que despertaba en mí lo que se le llamaba "curiosidad".
Sus ojos eran avellana, el mismo tono de ojos que yo saqué de papá. Su pelo era castaño, un poco más oscuro de que el que yo llevaba. Las facciones de su rostro eran demasiado bonitas y tenía un toque que me daba ternura. Pero lo que no me gustó fue ver en uno de sus movimientos descuidados, un moretón debajo de su cuello.
Otra vez me pregunté qué le había pasado, pero intentaba quedarme con la idea de que su respuesta había sido real, por más que parte de mí sabía que no se había golpeado él solo.
—Vamos juntos a clase, ¿verdad? —inquirió, algo tímido.
¿Bonito y tímido? Buena combinación.
—Sí —respondí.
Me sonrió a modo de respuesta, y sentí que quería que me siguiera hablando, pero alejé el sentimiento cuando me llegó un mensaje.
Era mamá.
Em, tu padre ya llegó del viaje, está ansioso por verte, mi amor. Vente lo más rápido que puedas.
Guardé el celular otra vez y fui formando una sonrisa en el rostro. Adoraba a papá, y después de casi un mes que no lo veía por su trabajo, al fin iba a poder abrazarlo. Tenía que admitir que me había tocado el mejor padre del mundo, lo adoraba con todo mi ser a pesar de que a veces me molestaba mucho con él.
Sentí la mirada del chico puesta en mí. Empecé a guardar las cosas en las bolsas y maldecí en mi interior por no pedirle a Kend que bajara conmigo a ayudarme a guardar las cosas.
—¿Sueles venir mucho por aquí?
—No tanto —respondí—, generalmente mis papás hacen las compras.
—Ah —asintió.
—¿Hace cuánto trabajas aquí?
—Casi un año y siete meses.
—Bastante —asimilé.
—Sí.
Terminé de guardar las cosas y le pagué lo que correspondía. Esperé a que me diera el vuelto y colgué las bolsas en mis antebrazos. Sabía que, por más que el estacionamiento del super estuviese al lado del gran local, las bolsas me dejarían las tiras marcadas en la piel. Estaban bastante pesadas.
—Aquí tienes —Tomé el dinero y nuestras manos rozaron. Intercambiamos miradas y le sonreí amablemente. Esperaba que me devolviera la sonrisa pero no lo hizo. Fue ahí cuando noté que su rostro, además de amabilidad también expresaba cansancio. De seguro no era fácil estudiar y trabajar a la misma vez. Debe dejarte muy cansado, y más cuando es en un super en el que hay ventas a cada rato.
—Gracias.
—A ti.
—Soy Emma —le tendí la mano y él sopesó por un momento para después corresponderme el gesto.
—Soy Aiden.
Últimos capítulos
#52 Capítulo 52 Epílogo
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Última actualización: 6/29/2026#47 Capítulo 47 Capítulo 47
Última actualización: 6/29/2026#46 Capítulo 46 Capítulo 46
Última actualización: 6/29/2026#45 Capítulo 45 Capítulo 45
Última actualización: 6/29/2026#44 Capítulo 44 Capítulo 44
Última actualización: 6/29/2026#43 Capítulo 43 Capítulo 43
Última actualización: 6/29/2026
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