
Mi Insignificante Secretaria
Gabbo Murano · Completado · 127.2k Palabras
Introducción
Pero su jefe directo, Patrick Hamilton, es el CEO de Hamilton's Corp. una enorme corporación financiera, es un hombre duro y amargado, que detesta a las mujeres en general, pero en especial a las bonitas a quienes nunca contrata.
Su padre, Randall Hamilton, un hombre duro también, viejo y con altos principios morales y familiares, le impone una condición inviolable para que pueda heredar el vasto imperio familiar: Debe casarse y tener un heredero en el plazo de un año. Si no lo hace el setenta y cinco por ciento de su fortuna iría a parar a su madre y ésta prefería a su pedante y egocéntrico primo, Derek Coleman, quien además es mala persona, pero está casado y tiene dos hijos, y con toda seguridad sería el nuevo CEO de las empresas.
Entonces en medio de su apuro se le ocurre una idea: pedirle matrimonio a su tímida e inteligente asistente, quién en secreto se ha enamorado de él, aunque él la menosprecia y la trata mal como a todas las mujeres, al menos al principio. Pero la chica resultó tener un cerebro sobresaliente y va escalando puestos en la empresa por mérito propio, y quizás también, en el endurecido corazón de Patrick Hamilton.
Capítulo 1
Patrick Hamilton entró en la oficina de Recursos Humanos como una tromba, al entrar cerró la puerta dando un fuerte portazo. La secretaria que estaba justo al lado de la entrada pegó un respingo del susto y miró con cara de terror al CEO de las empresas que tenía cara de muy pocos amigos.
—¿Está Roberts aquí? —le preguntó a la secretaria con tono autoritario, se le notaba a leguas que estaba de muy mal humor.
—S - S - Sí, señor… —dijo titubeante la pobre muchacha— E - está en su oficina.
Sin contestar siquiera Patrick se dirigió a la puerta que estaba al fondo de la elegante estancia a paso vivo, abrió la puerta de un tirón y al cerrar la puerta se estremeció de lo fuerte que la había cerrado.
A continuación se escucharon gritos amortiguados a través de los paneles que separaban la oficina del jefe de Recursos Humanos del resto de las oficinas. Dos secretarias y un joven asistente que estaban allí se miraron unos a otros con expectación.
No era nada extraño para ellos que Patrick Hamilton estuviera de mal humor, ese parecía ser su estado natural, a nadie le gustaba cruzarse en su camino, pocas veces saludaba o contestaba los saludos y la gente a su alrededor se preguntaba: ¿Qué había hecho que un hombre que no llegaba a los treinta y cinco años, fuera tan amargado?
El pobre señor Roberts, gerente del departamento de Recursos Humanos tampoco lo sabía, lo único que sabía en esos momentos era que Patrick Hamilton estaba enojado con él y que tenía que buscar la manera de explicarse sin que lo despidieran esa misma mañana.
—Lo si - siento mucho, señor Hamilton —dijo el hombre completamente turbado ante la imponente presencia de su jefe— Pero es que no hemos podido conseguir a nadie que tenga todos los requisitos que usted nos pidió.
Patrick inhaló profundamente para tratar de controlarse, sabía que había sido bastante exigente a la hora de solicitar un asistente personal para que trabajara en la oficina que estaba junto a la de él. Pero, ¿Sería posible que no hubiera una sola alma en Nueva York que cumpliera con esos requisitos o en todos los Estados Unidos, quizás?
Trató de calmarse respirando varias veces, pero el trabajo se acumulaba y las secretarias que tenía en la oficina no eran capaces de resolver algunos asuntos que sólo necesitaban algo de sentido común.
Por eso había solicitado a alguien, preferiblemente hombre o una mujer mayor, que tuviera un cumlaude en sus estudios de administración de empresas, o al menos una especialización, una maestría o un doctorado, ¡O por lo menos alguien con una inteligencia que no necesitará que le estuviera repitiendo las cosas cien veces!
Era exasperante el poco nivel académico o de inteligencia que ostentaban los empleados que tenía en su oficina. Necesitaba alguien que lo ayudara y no una carga humana a quien tuviera que estar enseñándole las mismas cosas cada dos por tres.
Patrick respiró una vez más antes de hablar, realmente sabía que el nivel de las personas no era muy bueno en estas últimas fechas, así que trató de no inculpar tanto al señor Roberts que temblaba como un flan en esos momentos, pero tampoco quiso eximirlo de toda la culpa, tenía que exigirle.
—Eso lo puedo entender —dijo sin suavizar el tono de voz ni relajar su postura— Pero no quiero seguir esperando indefinidamente—, ¿Me entiendes, Roberts?
Estás últimas palabras las dijo Patrick apretando los dientes, y sonaron bastante amenazadoras.
—S - sí, lo entiendo, señor —balbuceó el pobre hombre— Haré todo lo posible, pero los requisitos que usted pide…
Una vena comenzó a latir amenazadoramente en la sien de Patrick, le molestaba sobremanera que no pudieran ser más eficientes.
—¡Entonces olvídate de los malditos requisitos y consígueme al mejor! —su voz resonó cómo un trueno— No me importa como se vea, si es hombre o mujer, joven o viejo, fea o bonita… —hizo una amenazadora pausa— Pero consígueme a alguien que de la talla para mañana en la mañana ¡O el que tendrá que buscar trabajo será usted!
Dio media vuelta y salió dando un duro portazo, atravesó la oficina y salió hacia su despacho sin mirar atrás ni saludar a nadie, estaba harto de la gente y de este día en particular, así que lo mejor sería que se encerrara en su oficina y no saliera hasta que fuera a salir hacia su casa.
Mientras Patrick salía hecho una furia hacia su oficina, el señor Roberts aún miraba a la puerta sopesando en toda su extensión las palabras que le había dicho Patrick Hamilton. Sabía que éste cumpliría su palabra al pie de la letra sin desviarse ni un ápice, así que tendría que moverse, y muy rápido.
Utilizó el interfono para llamar a una de las secretarias, necesitaba revisar de nuevo los expedientes que había desechado porque no llenaban los requisitos por otras causas que no fueran la experiencia y el currículo.
Había descartado a varias jóvenes porque eran muy hermosas y a otros porque eran muy jóvenes, sabía que Patrick Hamilton despreciaba a las mujeres hermosas, según las malas lenguas decían, se debía a qué una mujer con la que iba a casarse lo había traicionado con un amigo unos días antes de la boda, una amiga suya, quien iba a ser la madrina de la boda, la había conseguido con otro hombre en su apartamento.
Y eso no había sido todo, sino que luego se había comprometido con otra chica, y ésta vez fue el mismo que la consiguió en brazos de otro hombre, debido a que él se había regresado del aeropuerto porque había dejado unos papeles en su casa, cuando entró a su cuarto ella estaba completamente desnuda en los brazos de otro sujeto quién había resultado ser el entrenador del gimnasio a dónde ella asistía.
De allí en adelante, y en ese entonces sólo tenía veinticinco años, no volvió a tener una novia o algo que se le pareciera, solo tenía contacto, muy esporádicamente, con mujeres con las que compartía un poco de sexo y nada más, en definitiva, Patrick Hamilton era un hombre amargado.
Últimos capítulos
#99 El final y el Epílogo
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