
Pasión prohibida, el tío de mi novio me quitó la virginidad
Letras de Mercurio · En curso · 50.1k Palabras
Introducción
Todo cambia cuando el tío de su prometido regresa al país. Fernando Mondragón no solo es el hombre que le enseñó lo que era el verdadero placer... también es el ex prometido de su hermana mayor. Ahora, Alondra está envuelta en una red de secretos familiares, deseo prohibido, y decisiones que podrían destruir a todos.
Capítulo 1
Capítulo 1
Narrado por Alondra Thompson
Llegamos a su penthouse sin hablar mucho, Solo nos mirábamos con intensidad, su mirada me derretía.
Yo temblaba por los nerviso, pero no me detuve. Lo había decidido esa noche en el club mientras celebraban mi cumpleaños: iba a dejar de ser virgen hoy.
Ya tenía 23 años y estaba cansada de cargar con eso como si fuera algo sagrado, Ya no quería seguir esperando a alguien “especial”. Solo necesitaba a alguien que supiera lo que hacía. Y este hombre, este desconocido del bar, parecía más que calificado, era un Adonis elegante
Entramos a la habitación, cerró la puerta me tomó de la cintura, me besó con fuerza. Me quitó el abrigo y la blusa en segundos. Yo llevaba lencería negra, había planeado todo.
Se detuvo a mirarme. Sus ojos me recorrieron con deseo, Me empujó contra la pared, me besó el cuello, bajó las manos a mis caderas. Estaba caliente, duro, excitado.
Me quería. Yo también lo quería, pero antes de que siguiera, lo detuve.
—Espera —dije, respirando agitada.
Él frunció el ceño, se quedó quieto. Me miró, confundido
—¿Qué?
—Soy virgen —dije.
Se alejó un poco. Dio un paso atrás. Me mirósorprendido
—¡¿Qué?!
—Hoy es mi cumpleaños. 23, quiero perder la virginidad esta noche, Contigo.
Él negó con la cabeza y rio
—No, No va a pasar.
—Sí va a pasar —respondí.
Me arrodillé frente a él, desabroché su cinturón y bajé su pantalón. Su erección estaba ahí, firme y grande, apuntándome. Lo miré a los ojos mientras me lo metía en la boca.
Él soltó un gemido bajo. Cerró los ojos. Puso una mano en mi cabeza. Empecé lento, succionando, moviéndome con ganas. Quería demostrarle que no era una niña. Que no tenía miedo y Que no era una santa.
—Joder… —murmuró.
Cuando estuvo a punto de correrse, me detuvo. Me levantó de un tirón, me besó con deseo, me alzó y me tiró sobre la cama.
Me quitó la ropa interior con ansias, rompiéndola sin cuidado. Me abrió las piernas y bajó su boca.
Me hizo sexo oral con una intensidad que nunca imaginé, Usaba la lengua como si supiera exactamente lo que me gustaba, Me tocaba conprecisión.
Me agarraba de las piernas, me lamía el clítoris, me metía los dedos mientras me miraba. Me corrí en segundos, grité y me arqueé.
—Siiiii
Acabé con un gemido tan fuerte que me dio vergüenza pero me libere sonrojada
—Estás empapada —dijo con una sonrisa en sus labios
Me besó otra vez, frotó la punta de su pene en mi entrada y eso ya me volvio loca, Me miró con sus ojos deseosoa
—Eres demasiado pasional para ser virgen —dijo metiendo mi seno en su boca —. Pero tranquila, yo me voy a encargar de liberarte.
Asentí.
Estaba lista y sentí cuando empujó la punta entró, me ardió, me dolió.
Él fue despacio. Yo apreté los dientes, pero no quise parar. Él me acarició la cara, me besó. Me dijo que respirara, y empujó , grité de dolor, Cuando estuvo dentro, se quedó quieto.
—Ya está preciosa —susurró—. Ya no eres nada virgen.
Sonríe y asentí mordiendo mi labio.
Me movió despacio, Entraba y salía, hasta que el dolor se volvió placer, me agarró fuerte, me cogía con fuerza, con ritmo.
Me hablaba al oído y me decía que era suya, me decía que no iba a olvidarme.
Yo gemía sin vergüenza, lo sentía todo, cuando me vine otra vez, me empapé. Literalmente. Solté un squirt que mojó todo: las sábanas, sus piernas, la cama entera.
Él sonrió.
—Eso es, eso quería ver.
Siguió moviéndose más rápido. Me levantó las piernas, me cogió con ganas. Me vine otra vez, No podía más, gritaba, jadeaba, temblaba.
Cuando terminó, se vino dentro, gruñendo, con la cara roja de placer.
Nos quedamos acostados un rato. No dije nada. Me sentía diferente, como si hubiera descubierto el secreto del deseo
Al amanecer, me levanté sin hacer ruido. Me vestí rápido y me miré al espejo. Tenía marcas en el cuello, en los pechos, en las piernas, pero me sentía bien, mee sentía viva.
Él se despertó, desnudo, y fue a la cocina. Preparó café, huevos, pan. Lo miré desde el marco de la puerta.
—No hace falta que hagas eso —le dije—. Esto fue solo una noche, no hay un compromiso romántico.
Se giró, me miró serio.
—¿Solo una noche?
—Sí. Era algo que tenía que hacer y ya está hecho.
—No. No lo es. Me diste algo especial, preciosa. Te entregaste a mí por completo
—No seas cursi, no necesito que me digas eso.
Se acercó, me agarró de la cintura con fuerza.
—Te marqué y ahora eres mía ahora.
—Si es así, el destino sabrá qué hacer. Pero por ahora, esto termina aquí.
Le di un beso en la mejilla. Pero él no me soltó. Me besó en los labios, me agarró de la cintura y me levantó como si no pesara nada. Me sentó en el mesón frío de la cocina, me abrió las piernas sin pedir permiso, y me bajó la tanga medio rota después de anoche y la dejó caer al piso.
—¿Estás segura de que quieres que esto se quede en una sola noche? —dijo con la voz ronca, con la mirada fija en mi entrepierna.
—Sí —mentí.
Ni me dejó responder bien. Ya se estaba bajando el pantalón, sacando su verga dura, completamente erecta. La frotó un par de veces con la mano y la acomodó justo en mi entrada. Me agarró fuerte de las caderas y me empujó hacia él.
Me la metió de una. Sin avisar.
Grité, me dolió y me encantó a la vez. Estaba tan mojada que entró hasta el fondo. Me empujaba contra el mesón con cada embestida, . Sus manos me agarraban con rabia, como si quisiera dejarme marcada.
—Eres mía —me dijo al oído, apretando los dientes.
—Demuestramelo —le solté en el oido.
Se volvió loco.
Me jaló del cabello hacia atrás, me besó el cuello, me mordía los hombros mientras seguía cogiéndome con fuerza. Yo me aferraba a su espalda, a sus brazos, al mesón, como podía. Me estaba partiendo en dos y me encantaba.
El sonido de nuestros cuerpos chocando llenaba la cocina. El olor a sudor, a sexo, a café recién hecho que nadie iba a tomar, era el escenario más excitante de mi vida
Me empezó a tocar el clítoris con el pulgar mientras seguía metiéndomela sin parar. No tardé en venirme. Me arqueé, solté un gemido largo y fuerte, y otra vez, me empapé. El squirt salió con fuerza, chorreando por el borde del mesón, cayendo al suelo. Me temblaban las piernas.
—Joder… —gruñó él, con los ojos entrecerrados—. No tienes idea lo genial que es que te vengas así
Siguió cogiendo más duro, más rápido, como si quisiera grabar su cuerpo en el mío. Yo ya no podía pensar. Solo sentía, Me corrí de nuevo, aún más fuerte. Me mojé tanto que sentí cómo le resbalaba la verga dentro de mí.
Él empujó una última vez, profundo, y se vino con un gruñido largo, apretándome contra él como si no quisiera soltarme jamás. Sentí su semen caliente llenándome. Se quedó así, dentro de mí, respirando agitado, con la cara escondida en mi cuello.
Pasaron unos segundos.
Se alejó lentamente, me miró con una sonrisa. Yo estaba desnuda, con las piernas abiertas, jadeando, chorreando por todos lados, El mesón estaba empapado.
—Ya está —dije sin mirarlo—. Ahora sí es suficiente.
Él no contestó, solo
fue a la ducha, yo me vestí y me fui
Pensé que sería algo de una vez, pero la vida tiene caminos extraños y después el sería parte de mi vida.
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