
PROHIBIDA PARA UN HOMBRE JOVEN
Catalina Paez · En curso · 30.4k Palabras
Introducción
En ese camino conoce a Alexander, un hombre más joven que ella, y que se obsesiona con su belleza y su manera de ser, él le enseña que nunca debió tener miedo, que nunca debió aceptar las migajas de amor que le dio Thomas y que es más capaz de lo que ella misma está dispuesta aceptar. Pero sobre todo, Alexander le enseña a disfrutar de su cuerpo y la lleva por un camino tan decadente como adictivo.
¿Pero es amor lo que siente por el joven o solo es adicción a su cuerpo y lo que él le da con eso?
¿Se dará cuenta Thomas de la mujer que perdió?
Elizabeth sabrá elegir entre el deseo o el hombre que una vez pensó que sería su “para siempre”
Thomas, su esposo, no era ni fiel, ni devoto, ni mucho menos un hombre enamorado, por el contrario, despreciaba a Elizabeth tanto como una vez la amo, sí, Thomas la amo profundamente, se obsesionó con tenerla, porque ella era una mujer que brillaba por sí sola, a cualquier lugar al que llegaba llamaba la atención por su belleza y explosiva personalidad; personalidad que se fue apagando con el paso de los años de la vida matrimonial y porque ella se dedicó a hacer feliz a Thomas y se olvidó completamente de ella.
Así que cuando Thomas la apago por completo, decidió desecharla y cambiarla por la vida de un hombre soltero, sí, eso era lo que quería él, estar soltero.
Capítulo 1
POV. ELIZABETH
—¡De-detente, por favor!
—Así no se pide —la voz ronca de Alexander, demandante y oscura, entra en mi sistema y exploto.
Sí, el orgasmo llega desde la punta de mis pies hasta mi cabeza y golpea tan fuerte que siento mareo.
Sus manos aprietan con fuerza mis muslos y se entierra en mí por completo, no me deja recuperar el aliento, nunca me deja, siempre es la misma rutina, me toma con fuerza, me corro y él empieza de nuevo.
Sus labios carnosos toman los míos y muerde, me besa, su lengua me invade, mi mente se pone en blanco, las puntas de sus dedos pellizcan mis pezones mientras se empuja dentro de mí con fuerza. Su mano se desliza por mi rostro y llega a mi cuello, aprieta levemente y se aleja para mirarme fijamente, sus ojos azules tan penetrantes me miran completamente dilatados, en su rostro se dibuja esa sonrisa fría y casi vacía pero llena de lujuria, esa que me da cuando está a punto de correrse, su mano en mi cuello se aprieta y los empujes se vuelven más fuertes, verlo moverse es delirante y eso me lleva cada vez más cerca de un nuevo orgasmo, Alexander se inclina sobre mi pecho y succiona uno de mis pezones con fuerza, y eso es todo, me corro de nuevo, mientras él tan habilidoso como siempre, me toma por la espalda, me gira para que mi pecho quede contra el colchón, levanta mi trasero y empuja con fuerza apretando mis nalgas y siento como pierde el control.
Finalmente se detiene y su frente se pega a mi espalda, puedo sentir como intenta que su respiración se ralentice, yo siento mis párpados pesados, fue un día duro de trabajo, además lleve a Liam a su clase de fútbol y luego volví a trabajar, el cansancio y el sueño se apoderan de mí, siento las manos de Alexander rodar por mi cuerpo, pero en menos de un minuto me hundo en un sueño donde veo al monstruo del que intento alejarme.
6 MESES ATRÁS…
La alarma está junto a mi cama, suena siempre a la misma hora.
5:30 a.m..
La escucho y refunfuño un poco, la apago rápidamente evitando que Thomas despierte, me levanto con mucho cuidado para no incomodar, siempre se molesta si no puede dormir un poco más y lo entiendo, su horario laboral no es fácil.
La rutina siempre es la misma, una ducha de agua fría para mantener piel y pelo brillantes y firmes, cremas para las arrugas, maquillaje suave que me haga ver arreglada pero que no me tome demasiado tiempo, busco ropa básica que me permita moverme rápidamente en la casa, voy a la habitación de Liam para darle un beso y despertarlo.
Tengo 10 años de casada con Thomas, el amor de mi vida, nos conocimos en la universidad y Thomas era un hombre inteligente, decidido, que siempre lograba lo que se propone y tal vez eso fue lo que me enamoró de él.
Aunque no siempre ha sido un hombre muy romántico, ni expresivo, aún así, me ha demostrado todo el amor que siente por mí de diferentes maneras, no les voy a negar que anhelo un ramo de flores, una caja de chocolates o una noche en pareja, solo él y yo.
No puedo ser desagradecida, tengo una vida llena de privilegios gracias al trabajo que hace Thomas.
Por esa razón siempre intento complacerlo en todos los aspectos, hago sus comidas favoritas, en las porciones que él prefiere, y a la hora que más le gusta. Su ropa siempre está impecable y perfectamente planchada, los viajes de familia siempre los organizó a sus lugares favoritos y así la vida la vivimos para tratar de estar lo más tranquilos posibles, al menos que Thomas sea feliz.
—Mamá —me llama Liam cuando sale del baño—. ¿Qué hiciste de desayuno? —Es la misma pregunta de todas las mañanas, esperando una respuesta diferente.
—Liam, la próxima semana…
—Papá se va de viaje y al fin podremos comer lo que nos gusta a nosotros y no lo que él quiere comer —respondió con resentimiento.
—Hijo, tu padre es un hombre muy ocupado, no puedo hacer que las cosas en casa se vuelvan una carga más.
—Somos su familia, no una carga —dice mientras revuelve sus huevos revueltos con vegetales.
—Te prometo que…
—No tienes que prometerme nada, Ma. Yo te amo y si tu dices que esto es lo mejor, entonces es porque así es —mi pequeño Alan, no es tan pequeño, ya tiene casi 11 años y es muy inteligente, lo suficiente como para notar que en casa todo gira en torno a su padre.
Sí, hemos tenido peleas fuerte Thomas y yo, pues algunas veces las cosas no están como él lo espera o le gusta, pero es una casa grande y entre mantener todo al día, y cumplir con cada uno de sus caprichos, a veces me olvido de algunas tareas o simplemente no logró hacer todo lo que él quiere y terminó explotando en un ataque de ira porque la ansiedad de su llegada y que las cosas no están listas me afecta demasiado.
La rutinas es siempre la misma, acompañó a Liam hasta la puerta de la casa y espero que tome la ruta escolar, debo correr a servir el té de Thomas que no debe estar sumergido en el agua por más de 2 minutos y ponerlo humeante sobre la mesa, me apresuro y cuando llego a la cocina, me doy cuenta que las cosas no están bien.
Él no está sentado en su lugar y tampoco ha tocado sus huevos, veo la hora y me doy cuenta que va tarde por al menos 15 minutos.
—Thomas, vas a llegar tarde y hoy…
—Quiero… Elizabeth, quiero que me prestes atención —uso un tono tan sombrío que imagine lo peor.
La quiebra del negocio, la pérdida de alguno de nuestros familiares, una enfermedad grave, lo que técnicamente es imposible, porque soy yo quien está pendiente de sus controles médicos). Por mi cabeza pasaron mil escenarios trágicos, menos las palabras que vendrían a continuación.
—Thomas, no sé que sucede, pero yo siempre voy a estar para ti y te voy a apoyar en…
—Quiero el divorcio —cada palabra se sintió como una puñalada en medio del pecho.
Un frío me recorrió, mis manos estaban temblando, el aire dejó de llegar a mis pulmones, mientras el extendía una carpeta negra hacía mi en la encimera.
Me sentí enferma y como mejor pude, llegué hasta la silla más cercana para sentarme, y en ningún momento Thomas me ayudó.
No me tendió la mano, no me ayudó, no me preguntó cómo me sentía ni una sola vez, como lo hice yo durante estos 10 años.
—No hay nadie —hablo con firmeza—. No se trata de otra persona.
—Yo… Thomas, que mala broma —dije con los ojos a punto de desbordarse.
—Elizabeth no es una broma, me canse —se movió y tomó un vaso de agua, su primero del día y con limón, tal como lo he preparando hace 10 años—. Me canse de ti, de tu cuerpo, de tus ojos apagados, de tus gritos, de tu necesidad de controlarlo todo, me canse de no verte con ropa sexy, me canse de que no hacemos nada como pareja, me canse de la falta de deseo y pasión, me cansé de está rutina, me cansé de que la piel de tus manos este dura y áspera, que tus caderas ya no son firmes, me canse de…
—De mí —susurré con la mirada perdida en ese maldito vaso de agua que con tanto esfuerzo preparo todas las mañanas.
—Sí —tomó aire y me extendió la carpeta—. El acuerdo de divorcio, si lo firmas te quedas con el 15% de la compañía, el apartamento de la ciudad y la mensualidad para la manutención de Thomas.
—¿Qué? —susurre, no podía creerlo.
Años a su lado para construir un imperio y me tocaba el 15%
—¿Y si no firmo?
—Te quedas sin nada.
Últimos capítulos
#20 Capítulo 20 LA MUJER PROFESIONAL
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Última actualización: 2/6/2026#18 Capítulo 18 CALMA DESPUÉS DE LA TORMENTA
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Última actualización: 2/6/2026#14 Capítulo 14 ENFRENTAMIENTOS
Última actualización: 2/6/2026#13 Capítulo 13 DESEADA
Última actualización: 2/6/2026#12 Capítulo 12 LA ABOGADA
Última actualización: 2/6/2026#11 Capítulo 11 GOLPES EN LA PUERTA
Última actualización: 2/6/2026
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