
Soy la amante del sobrino de mi esposo
Vanesa Vanegas · En curso · 30.0k Palabras
Introducción
Todo cambia la noche de su cumpleaños, cuando un desconocido de mirada intensa y manos expertas le devuelve la sensación de estar viva. Lo que no imagina es que ese hombre, Josh Cárdenas, aparecerá días después en la casa de playa… presentado como el hijo ilegítimo del patriarca de la familia y medio hermano de Rodrigo.
Entre ellos estalla una pasión imposible de ocultar. Y cuando Viviana descubre que está embarazada, se enfrenta al peor dilema de su vida: ese bebé muy probablemente no es de su esposo.
Mientras Rodrigo la encierra, la vigila y presume al “heredero” que cree suyo, Viviana intenta sobrevivir entre secretos, amenazas y un matrimonio que se desmorona. Josh, por su parte, lucha entre el deber con la familia que lo rechazó, un matrimonio convenido con una mujer enferma… y el amor prohibido por la única mujer capaz de hacerlo sentir hombre de nuevo.
Cuando la traición de Rodrigo sale a la luz, la muerte de su padre lo cambia todo: Viviana decide escapar. Pero el poder de los Cárdenas —y la influencia oscura del suegro de Josh, uno de los mafiosos más peligrosos de la ciudad— hacen que la libertad tenga un precio.
Durante un año, Viviana deberá vivir bajo el mismo techo que Josh… compartiendo días, secretos, un bebé que él desconoce que es suyo, y un deseo capaz de destruirlos a todos.
Capítulo 1
Capítulo 1
Narrado por Viviana
No estoy enamorada de Rodrigo. Nunca lo estuve.
Tengo 25 años. Soy joven, soy bonita, y sí, todo el mundo dice que soy la esposa trofeo perfecta. Él tiene 40, y es uno de los empresarios más poderosos del país, y fue mi padre quien me obligó a casarme con él para asegurar los negocios, pues Rodrígo se encapricho conmigo y lo llevo al límite.
Según él, era un sacrificio por el bien de la familia. Según mi madre, era mi deber, Según yo, fue una condena con un vestido blanco de novia
Rodrigo es controlador, celoso, y no me deja salir sola. Cree que todo el mundo me desea, y probablemente tenga razón, pero eso no justifica su actitud. Lo peor es que no se da cuenta de que el problema lo tiene él.
Tiene eyaculación precoz, no lo admite, Según él, yo soy la que no sabe hacer las cosas bien y por eso no he quedado embarazada, me lo repite cada mes.
Yo ya ni discuto, Me encierro en el baño, lleno la tina, enciendo unas velas como si fuera mi ritual privado y saco el consolador del cajón escondido.
Hoy fue uno de esos días.
Estaba harta, cerré la puerta, me quité la ropa, me metí en el agua caliente y me dejé llevar. Cerré los ojos. Hundí el consolador entre mis piernas, no necesitaba a nadie más, me gustaba el sexo pero digamos que era una gran motociclista andando en bicicleta.
Mi respiración se hizo más rápida, Lo moví más fuerte. Gemí, y gemí de verdad no como cuando estaba con el que debía fingir, Me toqué con la otra mano, Lo necesitaba. Necesitaba sentir placer, aunque fuera sola. Mi cuerpo se arqueó, Solté un gemido más fuerte, sin contenerme.
Me corrí y después otra vez, no sé cuántas veces, perdí la cuenta, me encantaba sentir la oleada de orgasmos en mi piel.
Nadie me da eso, y mucho menos Rodrigo.
Esa noche, mis amigas me organizaron una fiesta de cumpleaños. Rodrigo no quería que fuera, me tenía atrapada en una jaula de oro.
—No confío en esas mujeres, solo quieren que termines mal —me dijo enojado.
—No me importa —le respondí—. No voy a quedarme encerrada, es mi día y tu te vas con tus socios.
Me gritó enojado, Cerró la puerta con llave, pidiendo a sus escoltas no dejarme ir, se fue a su comida de socios.
Aproveché para salir por la puerta del jardín.
Llegué tarde, pero llegué a la discoteca de moda de la ciudad, La música, las luces, el ambiente… me sentí viva otra vez, joven, la misma juventud que el me quitaba del alma.
Me tomé un trago, luego otro, Bailé con mis amigas, rei por un rato, olvidé que era la esposa trofeo de un hombre que me trataba como propiedad.
Entonces lo vi.
Alto, de ojos azules con un par de cejas negras, mirada intensa. Se acercó sin pedir permiso.
—¿Bailas conmigo? —me dijo.
No lo dudé.
Terminamos en el área VIP. La música era más suave en aquel lujoso apartado, pero su mirada me tenía hipnotizada. Me pegó contra la pared, sus manos bajaron por mi cintura y me besó en el cuello, yo cerré los ojos y me derretí.
—¿Sabes lo que quiero? —me dijo al oído.
—Muéstramelo —le respondí muy coqueta y si excitada.
Me sentó sobre el sillón. Su mano se metió debajo de mi vestido. Me abrió las piernas, y sus dedos me tocaron.
Empezó suave, luego más fuerte, Gemí y el no paró. Me acariciaba como si conociera cada rincón de mí intimidad, yo también metí la mano en su pantalón, Nos mirábamos a los ojos con una sonrisa, no había vergüenza.
—Chúpamela —me dijo con voz baja.
Me arrodillé. Abrí su pantalón y lo tomé con la mano. Lo metí en mi boca, despacio, el me sujetó del cabello, Le gustaba y me lo decía con la voz ronca
—Así… así, qué rica eres…
Luego me levantó, se sentó, me subió encima de él. Me acomodé y lo metí dentro de mí.
Era grueso y grande, una delicia, Lo cabalgué, quería disfrutar de este momento de libertad por completo, lo monte como me gusta, como nunca puedo con Rodrigo porque se viene rápido.
—Dime que te gusta —le dije jadeando.
—Me vuelves loco… nunca he estado con una mujer así…
Yo gemía. Me venía una y otra vez. Me encantaba verlo así, tan perdido en mí. Yo lo dominaba, y él se dejaba.
Lo cabalgué más fuerte.
—Mírame —le dije—. Mira cómo me follas…
Ambos gemimos, ambos temblamos y ambos nos vinimos.
Por fin sentí lo que era el sexo real, No tenía culpa en mi pecho, era casi una necesidad como dormir y comer, ese deseo me lleno la vida
Y no quería que se acabara.
Me besó el cuello mientras todavía seguíamos abrazados, sudados, jadeando, no me importo que estuviéramos en una discoteca y que probablemente nos vieron sus escoltas, fue increíble sentirme así de liberada.
El no decía mucho, solo me miraba como si no creyera lo que acababa de pasar.
—Nunca había estado con una mujer tan sensual —me dijo al oído—. Ven conmigo, vamos a mi departamento.
Quise decir que sí, quise seguirlo y vivir una noche de sexo con el, Pero no tuve tiempo.
Un grupo de hombres entró de repente al VIP. Eran sus escoltas, el se levantó, confundido mientras yo me acomodaba la ropa.
—Señor, tenemos que irnos ya. Es por su seguridad.
Uno de ellos lo tomó del brazo. Otro me empujó sin mirarme sacándome del balcón VIP
Todo pasó en segundos, la gente gritando, luces, empujones, En medio del caos, me alejaron de él.
Lo vi voltear a buscarme, pero ya era tarde. Me metí entre la gente, tomé un taxi y me fui directo a casa con mis amigas.
Llegue a casa, Rodrigo había llegado de su reunión y estaba despierto. Me esperaba sentado en el sillón del estudio, con una copa de whisky en la mano. Cuando entré, no dijo nada. Solo me miró con esa cara que ya conocía de enojo, por salirme de su control
—¿Dónde estabas?
—Salí a divertirme, Es mi cumpleaños —respondí sin miedo—. Tengo 25 años, Rodrigo, quiero vivir lo que me queda de juventud.
—Por eso me casé contigo —dijo él, dejando el vaso sobre la mesa—. Porque eres joven, fértil. No para que te estés exhibiendo como una cualquiera, como una puta como tus amigas
Se levantó, caminó hacia mí y me mostró una hoja del calendario.
—Es tu día de ovulación. No podemos perder tiempo.
No dijo nada más, solo me besó el cuello, me levantó el vestido y me llevó a la habitación. Me quitó la ropa, parecía más una tarea que deseo, es como si fuera una obligación, Me empujó en la cama, se subió encima y empezó.
Estaba duro, sí, pero apenas entró, ya se movía rápido, Muy rápido como siempre.
—¿Te gusta? —preguntó, respirando agitado—. ¿Te vas a venir?
No dije nada, solo cerré los ojos.
—Sí… sí, me gusta… sigue así —mentí.
No duró ni dos minutos. Se vino con un gemido apagado. Yo me quedé quieta, y Fingí como siempre.
—Estuvo bien, ¿verdad?
—Sí, me encantó —dije sin mirarlo.
Se giró, satisfecho. En minutos ya dormía.
Fui al baño. Me lavé y me senté en el borde de la tina, quise llorar, pero no quería arruinar mi cumpleaños con mi realidad.
Un mes después....
Rodrigo me llamó temprano, estaba en su oficina, como siempre.
—Prepara todo. Mañana viajamos a la casa de la playa. Va a estar mi familia para celebrar Navidad, y Ya sabes lo que espero de ti.
—Perfeccion —respondí.
Fui a la cocina, pero apenas sentí el olor del café, corrí al baño. Vomité como
nunca, me sentí mareada y no era la primera vez
No dije nada en esa momento, pero lo supe.
Podía estar embarazada.
Y no sabía de quién.
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Mi hermana gemela se escapó y me dejó a mí para casarme con Luciano Moretti, un implacable Don de la Mafia. Caminé por el pasillo, temblando, rezando para que no notara el cambio. Pero en el instante en que me besó en el altar, su lengua invadió mi boca, exigente y posesiva, saboreándome como si fuera de su propiedad.
Creí que podría ocultar la verdad. Pero en nuestra noche de bodas salió del baño llevando apenas una toalla, con el agua resbalándole por los abdominales esculpidos y la marcada V que apuntaba hacia su pesada hombría.
Me acorraló contra la cama.
—Hueles diferente, esposita —susurró, y su mano se deslizó por mi muslo, con el pulgar rozando, peligrosamente cerca, mi calor húmedo.
Intenté apartarlo, pero a la mañana siguiente decidió ponerme a prueba. Empujó un plato de bagels con mantequilla de maní hacia mí: comida que me mataría, pero que era la favorita de mi hermana.
—Come —ordenó, y sus ojos bajaron a mi pecho, donde mis pezones se marcaban duros contra la bata de seda—. ¿O quieres que te dé de comer otra cosa?
Su mirada se ensombreció, se desplazó a mis labios, y supe que no estaba hablando de comida. Sabe que soy una impostora. Y va a disfrutar cada segundo de castigarme por ello.












