
Sublimes Placeres
Blanca Rios · Completado · 100.2k Palabras
Introducción
Gabriel Hoffman un hombre enfocado en un solo objetivo que es aumentar el patrimonio de su familia.
Pero una noche mía descubre el secreto que Gabriel guardaba de todos para no manchar el apellido de su familia, acorralado por su rival Gabriel debe complacer cada petición suya mientras en el proceso descubren sus más sublimes placeres.
Capítulo 1
Amor. Una palabra que es absurdamente estúpida, pero sobre todo innecesaria; algo que no tiene cabida en mi vida, y menos teniendo padres como los míos.
Se dice comúnmente que los padres son las únicas personas que nunca dejarán de amarnos y protegernos sin condición alguna, ya que sus instintos más primarios los impulsan a cuidarnos pese a que ellos y nosotros ya seamos mayores de edad. Mis padres no son la excepción a esa regla no escrita.
Aunque tengo 27 años, aún me sobreprotegen como si fuese una niñita indefensa de cinco años. Aquello me asfixia, me drena la energía día tras día. Ellos creen firmemente que todavía necesito de su constante cuidado, pero por más que les repito una y otra vez que ya soy lo suficientemente mayorcita para cuidarme sola, parece que hablan un idioma completamente diferente, porque simplemente no lo comprenden.
Y eso no es todo, pues su asfixiante sobreprotección no es lo único que me molesta de su actitud. También desean con desesperación que formalice un matrimonio con “un buen hombre”, una criatura mitológica que no creo que exista en este miserable mundo.
Prefiero mil veces vivir mi vida en libertad, justo como hasta ahora lo he hecho. La verdad irrefutable es que no quiero formar una familia, ni amarrarme a las cadenas de un hombre; nunca lo necesité en el pasado y mucho menos lo necesitaré en el futuro. ¿La razón de mi escepticismo? Es simple: no creo en el amor ni en el mito del matrimonio perfecto. Dejé de creer en cuentos de hadas desde hace muchos años, cuando la realidad me golpeó la cara con fuerza. Antes, en mi ingenua juventud, creía que era suficiente con que dos personas se amaran para que un matrimonio funcionara, más la experiencia me demostró que no es así. Por más que alguien te mire a los ojos y te diga un tierno “te amo”, no le creas. Solo son simples palabras vacías que dirá para manipularte, para hacerte creer falsamente que no tiene ojos para nadie más, algo que siempre resulta ser una vil mentira.
El eco de mis propios pensamientos amargos todavía resonaba en mi cabeza mientras ordenaba unos papeles. Me encuentro en mi oficina y voy de salida, ansiando un poco de aire fresco lejos de las responsabilidades, pero mi padre entra abruptamente.
Al ver que pretendo irme antes de la hora de cierre, sus ojos se entornan con desaprobación y, sin dudarlo, comienza con sus habituales reproches. De inmediato, discuto con él; siempre es el mismo maldito ciclo sin fin.
Quiere intervenir a toda costa en mi vida personal, controlar mis horarios, mis amistades y mis decisiones, y eso es lo que más detesto en esta tierra. Jamás se lo permitiré, ni a él ni a nadie, y esa firmeza mía es precisamente lo que más le molesta y hiere su orgullo de patriarca.
—¡No! —digo, exasperada, arrojando las llaves de mi auto sobre el escritorio de caoba—. ¡Basta ya! Tú no puedes obligarme a hacerlo, ya te lo he dicho mil veces, papá. No voy a asistir a esa absurda cena de negocios que organizaste solo para presentarme a los hijos de tus socios adinerados. Sé muy bien cuáles son tus verdaderas intenciones.
—Mía, entiende de una vez por todas que a tu madre y a mí nos preocupa enormemente tu situación actual —respondió él, elevando la voz, aunque el esfuerzo pareció robarle el aire por un segundo—. Tu madre, a los 27 años, ya te tenía a ti en sus brazos y administraba nuestro hogar con una gracia inigualable. Ella siempre fue una mujer recta, de principios inquebrantables. Sabía perfectamente qué es lo que quería en la vida y luchaba por ello con dignidad. Por favor, comprende que lo único que buscamos es tu estabilidad...
—¡Yo no soy mi madre, papá! —respondo, completamente exaltada por su necedad, sintiendo cómo la sangre me hierve en las venas.
Sin embargo, en medio de mi rabia, un destello de culpa me frena al recordar su delicado estado de salud, su corazón debilitado que no debería pasar por estas tensiones. Así que inhalo profundamente el aire frío de la oficina y luego suspiro con pesadez. Trato de controlarme, bajando el tono de mi voz, aunque la firmeza de mis palabras permanece intacta.
—Ya soy una mujer hecha y derecha, papá, y tengo el absoluto derecho a hacer lo que yo quiera con mi propia vida. Y te lo aseguro hoy mismo: no está ni estará jamás en mis planes la cursi, anticuada y ridícula idea del matrimonio.
Mi padre me miró fijamente, con una mezcla de tristeza profunda y severidad en su rostro surcado por las arrugas del tiempo y la enfermedad.
—Hija, salir de fiesta los fines de semana, beber con desconocidos y vivir una vida completamente despreocupada, sin obligaciones reales fuera de estas cuatro paredes, no es en absoluto apropiado para una mujer de tu clase social y mucho menos de tu edad. Tu comportamiento errático demuestra que todavía tienes la mentalidad inmadura de una adolescente de 17 años o menos. Dejas mucho de qué hablar entre los miembros del club y los inversores. —Pasa su mano derecha por su rostro cansado, en un gesto cargado de una frustración que parece envejecerlo diez años más en un segundo—. No puedes seguir viviendo así, Mía. La vida se te va a ir entre las manos y te quedarás sola.
Sus reproches constantes y sus comparaciones me tienen harta, exhausta hasta la médula. Siento las lágrimas de la rabia presionar detrás de mis ojos, pero me niego a mostrarme débil ante él.
—¿Por qué eres siempre tan duro y así conmigo? —Me cruzo de brazos, adoptando una postura defensiva que refleja el muro que he construido a mi alrededor—. ¡De verdad no puedo creer lo injusto y egoísta que eres conmigo, papá! Te ayudo en absolutamente todo lo que está a mi alcance con la gestión de la compañía. Mis informes financieros y trabajos son impecables, los clientes te lo dicen todo el tiempo. Sabes perfectamente que me mato trabajando más que cualquiera en este maldito lugar, sacrificando mis fines de semana y mis noches. Y si te sigo ayudando de esta manera hasta el día de hoy, es únicamente porque tú no puedes solo, ¿o es que ya se te olvidó que desde hace nueve años estoy ayudándote porque estás enfermo? He cargado con este imperio para que no se derrumbe mientras tú vas de hospital en hospital.
Mi padre bajó la mirada, el peso de mis palabras pareció doblegar sus hombros. Hubo un silencio denso en la oficina, interrumpido solo por el tic tac del reloj de pared. Finalmente, levantó los ojos hacia mí, llenos de una dolorosa honestidad.
—Lo sé perfectamente, hija.
Últimos capítulos
#91 Capítulo 91 EPÍLOGO
Última actualización: 6/3/2026#90 Capítulo 90 Nuevos comienzos
Última actualización: 6/3/2026#89 Capítulo 89 Mi felicidad
Última actualización: 6/3/2026#88 Capítulo 88 Mi familia
Última actualización: 6/3/2026#87 Capítulo 87 Secuelas
Última actualización: 6/3/2026#86 Capítulo 86 Nuestra union
Última actualización: 6/3/2026#85 Capítulo 85 Legado
Última actualización: 6/3/2026#84 Capítulo 84 Pequeña Alis
Última actualización: 6/3/2026#83 Capítulo 83 Por siempre
Última actualización: 6/3/2026#82 Capítulo 82 Redención
Última actualización: 6/3/2026
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