
La rechazada del Alfa
l.m.darkwell · En curso · 77.4k Palabras
Introducción
La noche en que la Diosa Luna decide, el lazo mate se cierra entre Aria y Damien con una fuerza imposible de negar. Frente a toda la manada, él la rechaza sin piedad.
Sin embargo, en Lunas Negras nadie puede rechazar el regalo de la Diosa. La ley es antigua y cruel: o se unen… o el Alfa pierde todo.
Obligados a casarse y a marcarse, Aria se convierte en la esposa que Damien no quiere. Mientras ella se aferra a la esperanza de conquistarlo, él la mantiene a distancia y encuentra consuelo en los brazos de Sofía. La hermana que siempre fue su sombra ahora se convierte en su mayor humillación.
Entre el dolor de una marca no deseada, la traición que se vive a través del lazo y una manada que observa en silencio, Aria deberá decidir si sigue luchando por el amor de un hombre que la desprecia… o si el precio de ser la rechazada del Alfa es demasiado alto.
Porque algunas heridas no las cura ni la luna.
Y algunas traiciones empiezan el mismo día en que te conviertes en su esposa.
Capítulo 1
La marca que nadie quería
El olor a pino húmedo y a tierra removida se mezclaba con el de la sangre seca que aún impregnaba las piedras del claro sagrado. La luna menguante colgaba baja entre las copas de los árboles negros, tiñendo de plata las caras de todos los que se habían reunido aquella noche. La manada de Lunas Negras no solía reunirse completa excepto para los ritos más antiguos, y esta era una de esas noches. Yo lo sabía desde que el llamado del Alfa resonó por los enlaces mentales horas antes. Mi corazón había empezado a latir con una mezcla de esperanza y terror que no conseguía separar.
Me llamo Aria Voss. Tengo veintitrés años. He crecido dentro de esta manada, entre estos mismos árboles, bajo las mismas leyes. Damien Blackwood y yo compartimos casi todos los recuerdos de infancia. Cuando teníamos cinco años nos escondíamos juntos detrás del gran roble caído para escapar de las clases de historia de la manada. Cuando teníamos ocho él me empujó al río helado y después se lanzó a sacarme porque tenía miedo de que me ahogara de verdad. A los doce me enseñó a rastrear ciervos. A los quince me robó un beso torpe detrás de los establos y luego se rio de mi cara roja. Yo guardé ese beso como un tesoro. Él lo olvidó al día siguiente.
Porque siempre estuvo Sofía.
Mi hermana menor. Dos años más joven. Más alta, más delgada, con el cabello negro que caía como seda y esos ojos grises que parecían capaces de derretir cualquier voluntad. Desde que Sofía cumplió los catorce Damien solo tenía ojos para ella. Yo me convertí en la amiga leal, la confidente, la que escuchaba sus quejas cuando Sofía flirteaba con otros lobos solo para hacerlo celoso. Yo era la sombra. Ella era la luz.
Aquella noche yo llevaba el vestido ceremonial blanco que mi madre había guardado durante años. El mismo que ella usó cuando el lazo mate la unió a mi padre. El cuello estaba bordado con hilos de plata que brillaban bajo la luna. Mis manos temblaban tanto que tuve que esconderlas entre los pliegues de la tela. A mi alrededor la manada murmuraba. Cientos de lobos en forma humana, algunos todavía con restos de pelaje en los antebrazos, todos esperando el momento en que la Diosa Luna decidiera.
Damien estaba de pie frente al altar de piedra antigua. Llevaba la camisa negra abierta en el pecho y los pantalones oscuros de cuero que usaba para las ceremonias. Su cabello negro caía sobre la frente. Sus ojos dorados recorrían el claro sin detenerse en mí. Cada vez que su mirada pasaba por encima de mi cabeza sentía un pinchazo en el pecho, como si ya supiera lo que iba a ocurrir y se preparara para el golpe.
El anciano Marcus, Beta de la manada desde antes de que Damien naciera, alzó las manos. Su voz profunda cortó el murmullo.
—Esta noche la Diosa hablará. Que cada uno se prepare para recibir su voluntad.
El silencio cayó como una losa. Yo cerré los ojos. Respiré hondo. Por un segundo permití que la esperanza tonta que había alimentado durante años se expandiera. Tal vez esta vez sería diferente. Tal vez la Diosa vería todo el amor que yo había guardado y le diría a Damien que yo era suficiente.
El lazo se cerró de golpe.
Fue como si alguien hubiera clavado un gancho de fuego en el centro de mi pecho y tirara con todas sus fuerzas. El aire me abandonó los pulmones. Mis rodillas flaquearon. El dolor y el placer se mezclaron de una forma que no tenía nombre. Sentí el corazón de Damien latiendo dentro del mío. Sentí su sorpresa, su rechazo instantáneo, su rabia. El lazo era absoluto. Inevitable. La Diosa nos había unido.
Abrí los ojos y lo miré.
Damien había dado un paso atrás. Su rostro estaba tenso, los labios apretados en una línea blanca. Sus ojos dorados se habían oscurecido hasta volverse casi negros. Me miró por primera vez en toda la noche y en esa mirada no había sorpresa. Había algo peor: decepción.
—No —dijo en voz alta. Su voz resonó en el claro como un trueno—. No la quiero.
El murmullo de la manada se convirtió en un rumor agitado. Sofía, que estaba de pie entre las mujeres jóvenes, se llevó una mano a la boca. Sus ojos brillaban. No era horror lo que vi en ellos. Era triunfo.
Marcus dio un paso al frente. Su expresión no cambió.
—Alfa Blackwood. El lazo se ha cerrado. La Diosa ha hablado.
Damien giró la cabeza hacia el anciano. Su voz bajó de tono pero no perdió fuerza.
—Rechazo el lazo. Rechazo a Aria Voss como mi pareja destinada. No la deseo. No la marcaré. No la tomaré.
Cada palabra era un cuchillo. Yo las sentí entrar una por una. El lazo se retorció dentro de mí como si intentara aferrarse a algo que ya se estaba alejando. Las lágrimas quemaron detrás de mis ojos pero no las dejé caer. No frente a todos. No frente a Sofía.
Marcus no se inmutó.
—La ley de Lunas Negras es más antigua que cualquiera de nosotros. Desde que la primera luna llena iluminó este claro. Nadie rechaza el regalo de la Diosa. El lazo se cierra o la manada se rompe. No existe tercera opción, Damien.
—Entonces que se rompa —contestó Damien con los dientes apretados—. Prefiero perder el título antes que unirme a una mujer que no deseo.
El silencio que siguió fue tan denso que podía oír el latido de mi propio corazón. Marcus miró a los ancianos que formaban el consejo. Uno a uno inclinaron la cabeza. Entonces el Beta habló de nuevo, y su voz sonó como una sentencia.
—No. Esta noche te casarás con ella. Mañana la marcarás de forma permanente. En la próxima luna llena cumpliréis el rito completo. Si te niegas, perderás el título de Alfa, serás expulsado junto con tu linaje y la manada elegirá un nuevo líder. La ley no se doblega ni siquiera ante el hijo del antiguo Alfa.
Damien me miró otra vez. En sus ojos ya no había solo rechazo. Había odio. Odio hacia la Diosa, hacia la ley, hacia mí por existir en ese momento. Dio un paso hacia mí. Su olor a bosque y a poder me envolvió. El lazo cantó dentro de mi pecho, traicionero, esperanzado.
—No me toques —susurró solo para que yo lo oyera—. No te atrevas a mirarme como si esto fuera un regalo.
Marcus levantó las manos de nuevo.
—Que se realice el juramento.
Me empujaron hacia adelante. Mis pies se movieron solos. Me detuve frente a Damien. Él no me ofreció la mano. Marcus tomó la mía y la colocó sobre la de Damien. Su piel estaba fría. El contacto envió una descarga a través del lazo que me hizo morder el interior de la mejilla para no gemir.
Marcus pronunció las palabras antiguas. Damien las repitió con voz monocorde, como si estuviera leyendo una lista de compras. Yo dije las mías en un susurro que apenas se oyó. Cuando terminó el juramento, el anciano nos declaró unidos bajo la ley de la manada.
—Ahora la marca —ordenó Marcus.
Damien no esperó. Agarró mi muñeca con una fuerza que dejó marcas, me giró y empujó mi cabello hacia un lado. Sus colmillos se hundieron en el punto donde el cuello se une al hombro. El dolor fue agudo, eléctrico. El lazo se cerró todavía más, anudándose alrededor de mi alma con una fuerza que me dejó sin aliento. Sentí su sangre mezclarse con la mía. Sentí su rechazo convertise en una herida abierta dentro de ambos.
Cuando levantó la cabeza, se limpió la boca con el dorso de la mano. Había sangre en sus labios. Mi sangre.
—Que duerma en la habitación de invitados del ala este —dijo en voz alta para que todos lo oyeran—. No compartiré cama con una mujer que no deseo. Que nadie se atreva a cuestionarlo.
Los guardias se acercaron. Uno de ellos me tomó del brazo con suavidad. Yo caminé sin resistirme. Mientras cruzaba el claro sentí las miradas. Algunas de lástima. Otras de desprecio. Sofía me sonrió cuando pasé a su lado. Una sonrisa pequeña, perfecta, llena de victoria.
Me llevaron a través de los corredores de la casa del Alfa. La casa donde Damien y yo habíamos jugado de niños. La casa donde yo había soñado tantas noches que algún día compartiría su cama. Ahora me depositaron en una habitación fría, con una cama demasiado grande y ventanas que daban al bosque. Cerraron la puerta. El pestillo sonó como una sentencia.
Me quedé de pie en el centro de la habitación durante mucho tiempo. La marca en mi cuello latía con el ritmo del corazón de Damien. Podía sentirlo. Estaba cerca. Muy cerca. Y no estaba solo.
Caminé hasta el baño, me quité el vestido ceremonial y me metí bajo el agua fría. Intenté lavar el olor de su rechazo. Intenté lavar la sangre. Intenté lavar la esperanza estúpida que todavía se aferraba a mí. El agua corría por mi cuerpo y yo me repetía en silencio que algún día él podría cambiar. Que si era lo suficientemente paciente, lo suficientemente buena, lo suficientemente leal, él terminaría por mirarme como miraba a Sofía.
Cuando salí de la ducha y me sequé, escuché risas.
Venían del pasillo. Suaves. Intimas. La risa de Sofía, esa risa baja y melodiosa que siempre había sabido usar para conseguir lo que quería. Y después la voz de Damien. Grave. Cálida. La misma voz que me había rechazado frente a toda la manada ahora respondía a mi hermana con un tono que yo nunca había oído dirigido a mí.
Me acerqué a la puerta. Apoyé la frente contra la madera. El lazo se retorció. Podía sentir su placer. Podía sentir cómo su mano tocaba a otra mujer. Podía sentir cómo Sofía se reía contra su cuello.
Cerré los ojos.
La esperanza no murió esa noche. Solo se hizo más pequeña. Más terca. Más dolorosa.
Me senté en el borde de la cama, con la marca todavía sangrando ligeramente y el corazón hecho pedazos, y me dije que mañana empezaría de nuevo. Que le demostraría que yo podía ser suficiente. Que algún día Damien Blackwood dejaría de mirar a mi hermana y me miraría a mí.
No sabía todavía que esa esperanza iba a costarme todo lo que era.
Pero esa noche, en la habitación de invitados del ala este, con las risas de Sofía y Damien filtrándose por debajo de la puerta, todavía creía que el amor podía cambiarlo todo.
Todavía no había aprendido que algunas marcas nunca se curan.
Y que algunas traiciones empiezan el mismo día en que te conviertes en la esposa del hombre que nunca te quiso.
Últimos capítulos
#53 Capítulo 53 Capitulo 53
Última actualización: 10/22/2026#52 Capítulo 52 Capitulo 52
Última actualización: 10/21/2026#51 Capítulo 51 Capitulo 51
Última actualización: 10/20/2026#50 Capítulo 50 Capitulo 50
Última actualización: 10/16/2026#49 Capítulo 49 Capitulo 49
Última actualización: 10/15/2026#48 Capítulo 48 Capitulo 48
Última actualización: 10/12/2026#47 Capítulo 47 Capitulo 47
Última actualización: 10/11/2026#46 Capítulo 46 Capitulo 46
Última actualización: 10/11/2026#45 Capítulo 45 Capitulo 45
Última actualización: 10/9/2026#44 Capítulo 44 Capitulo 44
Última actualización: 10/8/2026
Te podría gustar 😍
La Niñera Del Monstruo
Para salvar a su hermano pequeño y conservar el único hogar que les dejó su difunto padre, Cora no tiene más opción que someterse al cruel chantaje de su madrastra y entrar a trabajar como sirvienta en la temida mansión Athanasiou. Lo que no imaginaba era que el destino la arrojaría directo a la jaula de una bestia.
Nereo Athanasiou, apodado "El Zar", es un hombre despiadado, frío y dominante cuya alma quedó destruida por la traición de su difunta esposa. Cuando la última niñera de su hija huye aterrorizada, Cora es obligada a asumir el cuidado de la pequeña Anthea. Pero la primera vez que Nereo fija sus ojos en Cora, no ve a una inocente muchacha: ve el fantasma de la mujer que lo traicionó. Convencido de que ella es solo otra ramera calculadora que busca su dinero y su poder, Nereo promete demostrarlo que piensa de Cora.
Sin embargo, la pequeña Anthea, rota y necesitada de afecto, encuentra en Cora el único refugio de amor que ha conocido. A regañadientes y cegado por el odio, la ira y una oscura atracción irresistible que se niega a aceptar, el Zar se ve obligado a nombrarla la niñera oficial de su hija.
Encerrada bajo el mismo techo que un monstruo que la desprecia, pero que arde por poseerla, Cora tendrá que sobrevivir a la tiranía del hombre más peligroso de la ciudad...
La Cuarta Vida de la Omega
El Alfa más brutal, temido y despiadado de las manadas, le propone un trato inesperado: convertirse en su Luna. Ella necesita el poder y la protección que solo un Alfa como él puede proporcionarle.
Acepta, convencida de que podrá utilizar al Alfa para conseguir su venganza.
Lo que no imagina es que el Alfa también tiene sus propios secretos… y que acercarse demasiado a él podría ser mucho más peligroso que enfrentarse a sus enemigos.
Mientras su antigua pareja la traiciona con su propia media hermana, Escarlata comienza su plan de venganza. Pero cuanto más se acerca al alfa, más difícil le resulta distinguir entre el peligro y la atracción.
Ella quería usar al Alfa para vengarse.
Él tenía sus propias razones para elegirla.
Y ninguno estaba preparado para enamorarse.
Esta vez, ella no permitirá que nadie decida cómo termina su historia.
La Omega despreciada está a punto de convertirse en la mujer que nadie podrá volver a destruir.
El compañero de segunda oportunidad de Luna
Abrí la boca cuando la conmoción y el dolor me llenaron el cuerpo. Mi marido se estaba acostando con mi hermanastra en nuestra noche de bodas. Lágrimas calientes brotaron de mis ojos mientras los sonidos húmedos y los gemidos se hacían cada vez más fuertes.
Larissa, la estimada Luna de la manada Tokenmoon, lo tenía todo. Un marido cariñoso y una manada fuerte. Pero todo era mentira. Stefan, su marido alfa, era el diablo. La maltrataba y abusaba constantemente mientras la engañaba con su hermanastra. Para empeorar las cosas, la rechazó y la despidió. Con el corazón roto, Larissa estaba perdida hasta que se topó con su pareja de segunda oportunidad.. Kaden.
Kaden, guapo como el pecado y el alfa de la manada de Griffen-Howl, es un hombre roto. Cuando su esposa huye con otro hombre, mientras lo abandona a él y a su hijo, promete no creer nunca en el amor. Pero cuando una mujer sin hogar, Larissa, entra en su territorio, parece que podría estar rompiendo esos votos. Ella es su compañera de segunda oportunidad, pero ¿podrá volver a creer en el amor?
La Novia Reacia del Despiadado Jefe de la Mafia
La voz de Melo era baja, peligrosa, sus dedos se curvaban bajo su barbilla. —Firmaste la deuda de tu padre con tu nombre. Eso te hace mía.
Isabella lo miró a los ojos fríos y grises, negándose a apartar la vista. —Puedes poseer mi cuerpo, Melo Rossi —susurró—, pero nunca poseerás mi corazón.
Su sonrisa era lo suficientemente afilada como para cortar. —Eso lo veremos.
Cuando la deuda de su padre la ata a un despiadado jefe de la mafia, Isabella Bianchi se convierte en la esposa reacia de Carmelo Rossi, un hombre temido por su crueldad y deseado por su poder.
Atrapada en su mundo de peligro y tentación, Isabella lucha por mantener su corazón intacto. ¿Podrá escapar del hombre que posee su destino o caerá por el monstruo al que ha aprendido a temer?
Mírame
Antonella, por su parte, es maestra de escuela primaria. Lleva seis años casada con Bruno, un hombre violento y humillante que la somete física y psicológicamente. No la ama; para él, Antonella es poco más que una empleada. Aunque ella no está enamorada, soporta el matrimonio por miedo y por el deseo de que las cosas mejoren algún día.
El destino los cruza en un bar karaoke. Diego llega allí empujado por su mejor amigo, buscando un respiro a su rutina. Antonella asiste gracias a su mejor amiga, directora del colegio, aprovechando la ausencia temporal de su esposo. Comparten mesa sin conocerse, hasta que una emergencia obliga a sus amigos a marcharse juntos, dejándolos solos. Entre canciones, copas y una conexión inesperada, se besan y terminan pasando la noche en un motel. Ninguno revela estar casado; ambos creen que ha sido un encuentro fugaz.
El reencuentro llega durante una reunión de padres, cuando descubren que Diego es el padre de uno de los alumnos de Antonella. Deciden mantener una relación estrictamente profesional, pero el deseo y los sentimientos los superan, arrastrándolos a una relación clandestina que desafía sus vidas y sus límites.
Prohibido enamorarse
Mi jefe dominante
El Sr. Sutton y yo no hemos tenido más que una relación de trabajo. El me da órdenes y le escucho. Pero todo eso está a punto de cambiar. Necesita una fecha para una boda familiar y me ha elegido como su objetivo. Podría y debería haber dicho que no, pero ¿qué más puedo hacer cuando amenaza mi trabajo?
Es aceptar ese favor que cambió mi vida entera. Pasamos más tiempo juntos fuera del trabajo, lo que cambió nuestra relación. Lo veo bajo una luz diferente, y él me ve bajo una luz diferente.
Sé que está mal involucrarse con mi jefe. Intento luchar pero no lo consigo. Es solo sexo. ¿Qué daño podría causar? No podría estar más equivocada porque lo que empieza siendo solo sexo cambia de dirección de una manera que nunca podría imaginar.
Mi jefe no solo es dominante en el trabajo sino en todos los aspectos de su vida. He oído hablar de la relación DOM/Subs, pero no es algo en lo que haya pensado mucho. A medida que las cosas se intensifican entre el Sr. Sutton y yo, me piden que me convierta en su sumisa. ¿Cómo puede uno convertirse en algo así sin experiencia ni deseo de serlo? Será un desafío para él y para mí, porque no me gusta que me digan qué hacer fuera del trabajo.
Nunca esperé que lo único de lo que no sabía nada fuera lo mismo que me abriera un mundo increíble y completamente nuevo.
El CEO Sobre Mi Escritorio
—Sé que sí.
—¿Y si no quiere este tipo de protección?
—La querrá —digo, bajando un poco la voz—. Porque necesita a un hombre que pueda darle el mundo.
—¿Y si el mundo arde?
Mi mano se tensa sutilmente en la cintura de Violet.
—Entonces le construiré uno nuevo —respondo—. Aunque tenga que quemar el viejo yo mismo.
No trabajo para Rowan Ashcroft.
Trabajo bajo él.
Desde mi escritorio, decido quién obtiene acceso al CEO más implacable de la ciudad y quién no pasa del lobby. Gestiono su tiempo, su silencio, sus enemigos. Mantengo su mundo en marcha mientras el mío se derrumba en silencio bajo facturas impagas, una madre internada en rehabilitación y un hermano que desapareció sin despedirse.
Rowan Ashcroft es poder envuelto en un traje a medida.
Frío. Intocable. Implacable.
No coquetea. No sonríe. No ve a las personas, solo su utilidad.
Y durante mucho tiempo, yo solo fui útil.
Hasta que empezó a observarme.
Al principio, el cambio en su atención es sutil. Una pausa demasiado larga. Una mirada que se queda. Órdenes que me acercan en vez de alejarme. El hombre que está de pie frente a mi escritorio empieza a controlar más que mi agenda, y me doy cuenta demasiado tarde de que llamar la atención de Rowan Ashcroft es mucho más peligroso que ser ignorada.
Porque los hombres como él no ansían afecto.
Ansían posesión.
Esto se suponía que era un trabajo.
No una prueba de mis límites.
No una lenta y deliberada caída en su autoridad.
Pero si Rowan Ashcroft decide que pertenezco bajo su escritorio, que así sea.
Sobrevivir tiene un precio, y las facturas no se preocupan por cómo las pago.
La venganza de la heredera y el CEO secreto
Fui adoptada por una familia, pero su otra hija adoptiva, Emilia, me tendió una trampa y terminé en prisión en su lugar. Ahora, estoy decidida a vengarme.
En mi camino aparece un inesperado protector: un multimillonario de bajo perfil que ha perdido la fe en el amor…
¿Se enamorará de mí? ¿Podremos liberarnos del pasado y tener un hogar juntos?
Casada con el Esposo de mi Hermana
Guerreros de la luna azul
Sin Segunda Oportunidad, Despreocupada y Próspera
Mi prometido estaba allí con su amante embarazada envuelta en sus brazos, burlándose de mí. —Sin mí, no eres nada.
Me di la vuelta y llamé a la puerta del hombre más rico de la ciudad. —Sr. Locke, ¿interesado en una alianza matrimonial? Estoy ofreciendo una participación de cien mil millones de dólares—más un futuro imperio empresarial, sin costo alguno.
Solo un para siempre
Digo, porque debe existir una razón para que a estas alturas me siga afectando aquello que viví hace tantos años. Algo que explique, por qué los hechos que me llevaron hasta donde hoy estoy, me persigan sin cansancio.
Desde que todo comenzó, o acabó, depende de cómo se mire, no he podido avanzar. No realmente. Siempre hay algo que me hace regresar atrás.
Una frase. Un lugar. Una fecha.
Todo me lleva hacia él.
A mi supuesto "para siempre".
La frustración y la rabia me llenan cuando recuerdo cómo sucedió todo. Cómo fue capaz de mirarme a los ojos mientras besaba a otra, mientras tocaba a otra. Cómo fue capaz de culparme de todo cuando lo enfrenté.
El dolor de la traición fue horrible. No solo por lastimar mi orgullo, mi dignidad, sino también, por todo lo que provocó en mi posterior vida.
Me prometió un para siempre. Y nunca lo cumplió.
No al menos, de la forma en que debía.












