
La Sanadora, cautiva del Alfa Temido
Anne Mon · En curso · 30.2k Palabras
Introducción
Lo que para ella es un acto de compasión, para él se convierte en una condena: su lobo solo se calma con Jezebel, y eso la ata irremediablemente a él. Arrastrada a la fuerza al territorio de la manada Volkova, Jezebel enfrenta el odio de lobos que la consideran un error y un peligro. Humillada, tratada como basura humana, soporta burlas, golpes y hasta intentos de destierro mientras Raiden mantiene una posesión cruel sobre ella, incapaz de liberarla, pero tampoco dispuesto a protegerla siempre.
Cuando Katerina Orlov, la prometida política de Raiden, llega al territorio para quedarse, Jezebel queda en el centro de una guerra de celos, alianzas y sangre. La luna la ha marcado con un sello que la une al alfa, pero el precio de sobrevivir en ese mundo salvaje será más alto de lo que jamás imaginó.
Capítulo 1
Jezabel Dávila avanzaba rápido, apretando contra su pecho los libros que había sacado de la biblioteca de la facultad de medicina. Tenía la cabeza llena de fórmulas, exámenes pendientes y la eterna pregunta de por qué, desde niña, había sentido que algo en ella no era normal.
Sus manos. Siempre sus manos.
Con un simple roce podía detener un sangrado, calmar un dolor, cerrar una herida pequeña. Nunca había querido admitirlo en voz alta. Ser diferente era peligroso en un mundo donde los rumores sobre criaturas escondidas —lobos, cazadores, brujas— circulaban en las sombras de la ciudad.
Giró por un callejón estrecho, buscando un atajo hacia la parada del bus nocturno. Entonces se detuvo cuando vio algo, o más bien alguien.
Un hombre enorme yacía contra la pared de ladrillo, con la camisa empapada de sangre oscura. La luna apenas iluminaba su rostro: mandíbula fuerte, pómulos marcados, ojos entrecerrados que destellaban con un brillo sobrenatural. No parecía un simple herido. Había algo salvaje en él, algo que le erizó la piel.
Jezabel tragó saliva, dominando el impulso de salir corriendo.
—¿Señor? —inquirió con voz temblorosa.
El hombre levantó la mirada. En sus ojos, un ámbar profundo ardió como fuego contenido.
—Aléjate… —gruñó con un hilo de voz grave, cargada de amenaza y dolor.
Pero ella dio un paso más cerca. El instinto médico fue más fuerte que el miedo. Se arrodilló frente a él, viendo que tenía un corte brutal en el costado, como si algo lo hubiera desgarrado con garras. Sangraba demasiado.
—Si no hago algo ahora, va a morir.
—No tienes idea… de lo que soy. ―Él rió con un gesto sarcástico que le arrancó un hilo de sangre en los labios. ―Tú, una humana, no puedes a hacer nada para ayudarme.
Jezabel sintió el corazón martillando, pero ya tenía las manos sobre las heridas. Y entonces ocurrió. Una oleada de calor recorrió su cuerpo y se concentró en sus palmas. La sangre dejó de fluir, el tejido empezó a cerrarse como si el tiempo retrocediera. El hombre contuvo un gruñido ronco que retumbó en el callejón, mezcla de dolor y alivio.
Cuando los cortes estuvieron cicatrizados, Jezebel se dejó caer hacia atrás, jadeando, con las manos temblorosas.
—¿Qué demonios…?
El hombre la observaba como si acabara de ver un milagro imposible. Y luego, con un movimiento más rápido de lo que su vista pudo seguir, la tomó de la muñeca. Su agarre era de hierro.
—¿Quién eres?
—N-nadie —balbuceó ella, intentando zafarse.
—Tu olor… —Raiden cerró los ojos, aspirando profundamente—. No eres loba. Tampoco humana común.
El miedo le heló la sangre. ¿Cómo podía saberlo?
—Suéltame —suplicó, forcejeando.
Él la arrastró hacia él, su mirada ardiendo con furia y curiosidad peligrosa.
—Una sanadora… —murmuró, como si acabara de descubrir un secreto olvidado por el mundo.
Antes de que Jezebel pudiera responder, pasos resonaron al fondo del callejón. Hombres armados con cuchillos y ballestas aparecieron de entre las sombras.
—Ahí está —susurró uno, apuntando directamente a Raiden—. Es el momento, el alfa está debilitado.
—Cazadores ―gruñó como un animal acorralado. Sus ojos brillaron en dorado y su voz cambió, más grave, más salvaje.
Jezebel retrocedió, aterrada. ¿Alfa? ¿Cazadores? No entendía nada.
Los hombres avanzaron sin miedo. Raiden intentó ponerse de pie, pero todavía estaba débil pese a la sanación. Uno de los cazadores sonrió al verla.
—Y mira qué tenemos aquí… una testigo.
Jezebel sintió un pánico helado recorrerla. Pero antes de que pudiera moverse, Raiden la empujó detrás de él con brutalidad.
—No la toquen.
El líder de los cazadores rió.
—¿Defiendes a una humana, Volkova? Qué patético.
El alfa lanzó un rugido que estremeció el aire y se lanzó contra ellos, todavía tambaleante, pero con la fiereza de un depredador. El sonido de huesos quebrándose y gritos llenó el callejón. Jezebel, paralizada, vio cómo el hombre que había sanado se convirtió en una bestia imparable, con garras que brillaban bajo la luna.
Uno de los cazadores, aprovecho la distracción del alfa y corrió hacia ella.
—¡Ven acá, maldita! —increpó, levantando el cuchillo.
El terror la sacudió, pero en el último segundo, Raiden apareció frente a ella, arrancándole el arma de la mano y lanzándolo contra la pared con una fuerza inhumana.
Cuando el último enemigo huyó, Raiden quedó de pie en medio del callejón, jadeando, con la respiración agitada. Se giró hacia Jezebel.
Ella lo miraba con el rostro empapado en lágrimas, la espalda contra la pared, completamente muerta de miedo.
—Eres… un monstruo.
Raiden la observó fijamente, sus ojos dorados encendidos, su voz ronca cargada de posesión.
—No. Solo soy tu maldición.
Y entonces, antes de que pudiera escapar, la tomó de la cintura y la cargó sobre su hombro, como si no pesara nada. Jezebel golpeó su espalda firme con los puños, desesperada.
—¡Suéltame! ¡Déjame!
Raiden ignoró sus gritos.
—Sanadora o no, ya es demasiado tarde. Me perteneces.
El último recuerdo de Jezebel fue el aire helado golpeándole el rostro mientras pataleaba sobre el hombro de aquel hombre. Lo golpeaba con los puños, gritaba hasta desgarrarse la garganta, pero nada lograba hacer que la soltara. El mareo la fue envolviendo poco a poco: el miedo, el cansancio y la energía drenada tras cerrar una herida complicada, eso la dejo sin fuerzas.
La oscuridad la atrapó antes de ver a dónde la llevaba.
[***]
Despertó sobresaltada, aspirando un aire distinto al de la ciudad. Pesado. Salvaje. El aroma a leña quemada, cuero y tierra húmeda llenaba el cuarto. Lo primero que sintió fue el cuerpo débil, como si hubiera corrido kilómetros sin detenerse. Sus manos ardían y le temblaban, recordándole lo que había usado ese don que aún no comprendía, y por supuesto que todavía no sabía controlar.
El lugar no era un hospital ni un departamento. Era un cuarto rústico: paredes de piedra, un ventanal estrecho que dejaba entrar la luz de la luna, y una cama cubierta por pieles de animales. Todo era demasiado extraño para ella.
Se incorporó con la fuerza que le quedo, la cabeza dándole vueltas. Entonces, la puerta se abrió de golpe.
Raiden Volkova entró. El alfa. El monstruo, como ella lo nombró.
El torso desnudo aún mostraba restos de sangre seca. Sus pasos eran firmes, seguros, como los de alguien que nunca teme a nada. Sus ojos ámbar la fijaron al instante, tan intensos que Jezebel se sintió atrapada en ellos.
—Así que ya despierta —afirmó con voz grave, ronca, casi un gruñido.
Jezebel se estremeció. Retrocedió hasta pegar la espalda contra la pared.
—¿Dónde estoy? ¡Llévame de vuelta a la ciudad!
Raiden rió bajo, sin rastro de humor.
—¿Después de lo que hiciste? —su tono era ácido, casi burlón—. ¿Crees que puedes marcharte tan fácil?
—Yo… solo te ayudé. Estabas muriendo —balbuceó ella con la voz temblorosa.
Él se acercó, cada paso cargado de una presión que la hacía encogerse más.
—No me ayudaste. Me expusiste —escupió con dureza—. Una humana que cura a un alfa no debería existir. Eso significa que eres un error. Y los errores… en mi mundo se eliminan.
El corazón de Jezebel dio un vuelco. El miedo le quemó la garganta.
—No soy un error.
Raiden inclinó la cabeza, sus dedos atraparon su mentón con brusquedad. La obligó a mirarlo directo a los ojos, como si quisiera escarbar en lo más profundo de ella.
—Entonces dime qué eres. ¿Bruja? ¿Experimento? ¿Una espía de cazadores?
Ella trató de apartarlo, pero su agarre era de hierro.
—¡Soy una persona! —replicó con un hilo de valentía. —¡Yo solo soy una humana simple!
Su sonrisa fue cruel y torcida.
—Las personas no cierran heridas con las manos, y menos una humana simple.
Jezebel quiso responder, pero su cuerpo volvió a traicionarla: un mareo repentino la obligó a apoyarse contra la pared. Su piel estaba helada, las manos temblorosas. El agotamiento del don todavía la consumía.
Raiden la soltó y la observó con desprecio.
—Mírate. Apenas puedes mantenerte en pie. Sanas… y luego te desplomas como una muñeca rota.
Ella bajó la mirada, humillada.
Un portazo resonó en el pasillo y varias voces empezaron a murmurar. En ese instante, tres figuras aparecieron en la entrada de la habitación: lobos de la manada, dos hombres y una mujer, con ojos que brillaban como brasas en la oscuridad. La observaban con desprecio, como si fuera algo impuro.
—Mírenla —murmuró la loba de cabello oscuro, con una sonrisa envenenada—. ¿Qué hace una humana en la habitación del alfa?
Los otros rieron, susurrando palabras de burla. Jezebel sintió que la piel se le erizaba bajo esas miradas.
—Está aquí porque yo lo dispuse —anunció, con voz cortante. —Esta humana es mía ahora.
El silencio fue inmediato. Sus subordinados agacharon la cabeza y se retiraron, aunque las miradas de odio quedaron clavadas en Jezebel como cuchillos. Cuando la puerta volvió a cerrarse, ella lo miró con rabia contenida.
—¿Por qué dices algo como eso? —Tragó saliva. —No soy tuya.
La fulminó con la mirada, como si acabara de desafiarlo de la peor forma.
—Quieras o no, ya lo eres. Me sanaste, lo que nadie se atrevió nunca a hacer. Tocaste a un alfa. Eso te ata a mí más de lo que imaginas.
Jezebel sintió un nudo en el estómago. Quiso gritarle que no, pero la voz se le quebró.
—No te pedí nada. No te pedí...
Raiden se inclinó, su boca tan cerca de su oído que su aliento la estremeció.
—Nadie pide pertenecerme. Soy yo quien decide lo que toma, y hoy es un día de esos.
El estremecimiento que recorrió su cuerpo fue inevitable. Se odiaba a sí misma por sentir: miedo, repulsión… y algo más, un vértigo inexplicable cada vez que lo tenía tan cerca.
El alfa se enderezó y caminó hacia la puerta.
—Vas a quedarte aquí. Mi manada quiere tu cabeza, pero solo yo decido cuándo caerá.
—¿Qué vas a hacer conmigo? ―levantó la voz, con un coraje que le brotó de lo más profundo.
—Eso dependerá de ti, sanadora ―soltó al girarse hacia ella. Sus labios curvándose en una sonrisa torcida que heló la habitación. ―Demuéstrame que no eres un error… o acabaras siéndolo.
La puerta se cerró tras él con un golpe seco, y Jezebel cayó de rodillas sobre la cama, exhausta.
La joven comprendió que no estaba prisionera de un hombre… sino de una bestia que se había adueñado de su destino, y tal vez muy pronto de su alma.
Últimos capítulos
#24 Capítulo 24 Bajo la tormenta
Última actualización: 4/17/2026#23 Capítulo 23 El encuentro
Última actualización: 4/17/2026#22 Capítulo 22 Celoso de Alfa
Última actualización: 4/17/2026#21 Capítulo 21 La sombra que acecha
Última actualización: 4/17/2026#20 Capítulo 20 Grietas en el hielo
Última actualización: 4/17/2026#19 Capítulo 19 El peso del vínculo
Última actualización: 4/17/2026#18 Capítulo 18 La revelación de la cueva
Última actualización: 4/17/2026#17 Capítulo 17 Bajo la piel
Última actualización: 4/17/2026#16 Capítulo 16 Las grietas en la manada
Última actualización: 4/17/2026#15 Capítulo 15 La verdad en un sueño
Última actualización: 4/17/2026
Te podría gustar 😍
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
El Ascenso de la Loba Desterrada
Ese rugido me robó mi decimoctavo cumpleaños y destrozó mi mundo. Mi primera transformación debería haber sido gloriosa—la sangre convirtió la bendición en vergüenza. Al amanecer me habían marcado como "maldita": expulsada por mi manada, abandonada por mi familia, despojada de mi naturaleza. Mi padre no me defendió—me envió a una isla desierta donde los marginados sin lobos eran forjados en armas, obligados a matarse entre ellos hasta que solo uno pudiera irse.
En esa isla aprendí los bordes más oscuros de la humanidad y cómo enterrar el terror en los huesos. Innumerables veces quise rendirme—sumergirme en las olas y no salir jamás—pero los rostros acusadores que atormentaban mis sueños me empujaban hacia algo más frío que la supervivencia: venganza. Escapé, y durante tres años me escondí entre humanos, recopilando secretos, aprendiendo a moverme como una sombra, afilando la paciencia hasta convertirla en precisión—convirtiéndome en una espada.
Luego, bajo una luna llena, toqué a un extraño herido—y mi lobo regresó con una violencia que me hizo completa. ¿Quién era él? ¿Por qué podía despertar lo que yo creía muerto?
Una cosa sé: ahora es el momento.
He esperado tres años para esto. Haré que todos los que me destruyeron paguen—y recuperaré todo lo que me fue arrebatado.
El Latido Prohibido
La mía cambió en el tiempo que tomó abrir una puerta.
Detrás de ella: mi prometido Nicholas con otra mujer.
Tres meses hasta nuestra boda. Tres segundos para verlo todo arder.
Debí haber corrido. Debí haber gritado. Debí haber hecho cualquier cosa excepto quedarme allí como una tonta.
En cambio, escuché al mismísimo diablo susurrar en mi oído:
—Si estás dispuesta, podría casarme contigo.
Daniel. El hermano del que me advirtieron. El que hacía que Nicholas pareciera un niño de coro.
Se apoyó contra la pared, observando cómo mi mundo se desmoronaba.
Mi pulso retumbaba. —¿Qué?
—Me escuchaste. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Cásate conmigo, Emma.
Pero al mirar esos ojos magnéticos, me di cuenta de algo aterrador:
Quería decirle que sí.
Que comience el juego.
El Amor No Dicho del CEO
Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.
—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.
Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.
Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...
Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.
Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
La Noche Antes de Conocerlo
Dos días después, entré a mi pasantía y lo encontré sentado detrás del escritorio del CEO.
Ahora le traigo café al hombre que me hizo gemir, y él actúa como si yo hubiera cruzado la línea.
Empezó con un reto. Terminó con el único hombre que nunca debería desear.
June Alexander no planeaba acostarse con un extraño. Pero en la noche que celebra haber conseguido su pasantía soñada, un reto salvaje la lleva a los brazos de un hombre misterioso. Es intenso, callado e inolvidable.
Pensó que nunca lo volvería a ver.
Hasta que entra en su primer día de trabajo—
Y descubre que él es su nuevo jefe.
El CEO.
Ahora June tiene que trabajar bajo las órdenes del hombre con quien compartió una noche imprudente. Hermes Grande es poderoso, frío y completamente prohibido. Pero la tensión entre ellos no desaparece.
Cuanto más cerca están, más difícil se vuelve mantener su corazón y sus secretos a salvo.
La Pequeña Pareja de Alfa Nicholas
¿Qué? No—espera… oh Diosa Luna, no.
Por favor, dime que estás bromeando, Lex.
Pero no lo está. Puedo sentir su emoción burbujeando bajo mi piel, mientras que todo lo que siento es pavor.
Doblamos la esquina y el aroma me golpea como un puñetazo en el pecho—canela y algo increíblemente cálido. Mis ojos recorren la habitación hasta que se posan en él. Alto. Imponente. Hermoso.
Y luego, tan rápido como… me ve.
Su expresión se tuerce.
—Joder, no.
Se da vuelta—y corre.
Mi compañero me ve y corre.
Bonnie ha pasado toda su vida siendo destruida y abusada por las personas más cercanas a ella, incluida su propia hermana gemela. Junto a su mejor amiga Lilly, que también vive una vida de infierno, planean escapar mientras asisten al baile más grande del año que está siendo organizado por otra manada, solo que las cosas no salen como planeaban, dejando a ambas chicas sintiéndose perdidas e inseguras sobre su futuro.
El Alfa Nicholas tiene 28 años, sin compañera, y no tiene planes de cambiar eso. Este año le toca organizar el Baile Anual de la Luna Azul y lo último que espera es encontrar a su compañera. Lo que espera aún menos es que su compañera sea 10 años menor que él y cómo su cuerpo reacciona ante ella. Mientras intenta negarse a reconocer que ha encontrado a su compañera, su mundo se pone patas arriba después de que los guardias atrapan a dos lobas corriendo por sus tierras.
Una vez que las traen ante él, se encuentra nuevamente frente a su compañera y descubre que ella esconde secretos que lo harán querer matar a más de una persona.
¿Podrá superar sus sentimientos hacia tener una compañera y una que es tan joven? ¿Su compañera lo querrá después de sentir el dolor de su rechazo no oficial? ¿Podrán ambos trabajar en dejar atrás el pasado y avanzar juntos o tendrá el destino otros planes y los mantendrá separados?
Enamorada del hermano marino de mi novio
¿Por qué estar cerca de él hace que mi piel se sienta demasiado apretada, como si llevara un suéter dos tallas más pequeño?
Es solo la novedad, me digo firmemente.
Solo la falta de familiaridad de alguien nuevo en un espacio que siempre ha sido seguro.
Me acostumbraré.
Tengo que hacerlo.
Es el hermano de mi novio.
Esta es la familia de Tyler.
No voy a dejar que una mirada fría deshaga eso.
**
Como bailarina de ballet, mi vida parece perfecta—beca, papel protagónico, dulce novio Tyler. Hasta que Tyler muestra su verdadera cara y su hermano mayor, Asher, regresa a casa.
Asher es un veterano de la Marina con cicatrices de batalla y cero paciencia. Me llama "princesa" como si fuera un insulto. No lo soporto.
Cuando una lesión en mi tobillo me obliga a recuperarme en la casa del lago de la familia, me quedo atrapada con ambos hermanos. Lo que comienza como odio mutuo lentamente se convierte en algo prohibido.
Estoy enamorándome del hermano de mi novio.
**
Odio a las chicas como ella.
Consentidas.
Delicadas.
Y aún así—
Aún así.
La imagen de ella de pie en la puerta, apretando más su cárdigan alrededor de sus estrechos hombros, tratando de sonreír a pesar de la incomodidad, no me deja.
Tampoco lo hace el recuerdo de Tyler. Dejándola aquí sin pensarlo dos veces.
No debería importarme.
No me importa.
No es mi problema si Tyler es un idiota.
No es asunto mío si alguna princesita malcriada tiene que caminar a casa en la oscuridad.
No estoy aquí para rescatar a nadie.
Especialmente a ella.
Especialmente a alguien como ella.
Ella no es mi problema.
Y me aseguraré de que nunca lo sea.
Pero cuando mis ojos se posaron en sus labios, quise que fuera mía.
La última oportunidad de la luna morbosa
Pero todo cambió el día que me dijeron que mi loba se había quedado dormida. El doctor me advirtió que si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre se preocuparon lo suficiente como para ayudarme.
En mi desesperación, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera.
Pronto, todos me llamaron loca, pero eso era exactamente lo que quería—rechazo y divorcio.
Lo que no esperaba era que mi antes arrogante esposo un día me rogara que no me fuera…
Papis Alfa y su Criada Innocente (18+)
—¿De quién fue la polla que te hizo llorar más fuerte esta noche?— La voz de Lucien era un gruñido bajo mientras me sujetaba la mandíbula, obligándome a abrir la boca.
—La tuya— jadeé, mi voz destrozada de tanto gritar. —Alpha, por favor—
Los dedos de Silas se clavaron en mis caderas mientras se hundía de nuevo en mí, rudo e implacable. —Mentirosa— gruñó contra mi espalda. —Ella sollozó en la mía.
—¿Deberíamos hacer que lo demuestre?— dijo Claude, sus colmillos rozando mi garganta. —Átenla de nuevo. Que suplique con esa boquita bonita hasta que decidamos que ha ganado nuestros nudos.
Estaba temblando, empapada, usada— y todo lo que pude hacer fue gemir, —Sí, por favor. Úsenme de nuevo.
Y lo hicieron. Como siempre lo hacen. Como si no pudieran evitarlo. Como si les perteneciera a los tres.
Lilith solía creer en la lealtad. En el amor. En su manada.
Pero todo fue arrancado.
Su padre—el difunto Beta de Fangspire— murió. Su madre, con el corazón roto, bebió acónito y nunca despertó.
¿Y su novio? Encontró a su pareja y dejó a Lilith atrás sin una segunda mirada.
Sin lobo y sola, con una deuda hospitalaria creciendo, Lilith entra en el Rito—un ritual donde las mujeres ofrecen sus cuerpos a los Alphas malditos a cambio de oro.
Lucien. Silas. Claude.
Tres Alphas despiadados, malditos por la Diosa Luna. Si no marcan a su pareja antes de los veintiséis, sus lobos los destruirán.
Lilith se suponía que era un medio para un fin.
Pero algo cambió en el momento en que la tocaron.
Ahora la quieren—marcada, arruinada, adorada.
Y cuanto más la toman, más la desean.
Tres Alphas.
Una chica sin lobo.
Sin destino. Solo obsesión.
Y cuanto más la prueban,
Más difícil es dejarla ir.
De mejor amigo a prometido
Una semana de boda en New Hope. Una mansión llena de invitados. Y una dama de honor muy resentida.
Para sobrevivir, Savannah lleva una cita —su encantador y pulcro mejor amigo, Roman Blackwood. El único hombre que siempre la ha apoyado. Le debe un favor, y fingir ser su prometido? Fácil.
Hasta que los besos falsos empiezan a sentirse reales.
Ahora Savannah está dividida entre mantener la farsa… o arriesgarlo todo por el único hombre del que nunca debió enamorarse.
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
En la Cama con su Jefe Idiota
Una noche. Eso es todo lo que se suponía que iba a ser.
Pero a la fría luz del día, alejarse no es tan fácil. Roman no es un hombre que suelta—especialmente no cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por una noche. La quiere a ella, punto.
Y no tiene intención de dejarla ir.












