
LA VENGANZA DEL ALFA VINCENZO, Casado con la loba rechazada
Moonie1284 · En curso · 50.1k Palabras
Introducción
El Alfa de Alma Nocturna, Vincenzo Black, es temido y respetado. Su sola presencia impone, y su poder no admite dudas. Pero incluso el lobo más dominante puede sangra y su herida fue profunda. La traición llegó como un puñal al pecho cuando encontró a su prometida, la que debía ser su Luna, en la cama de su Beta, su mano derecha, su hermano de manada.
El rugido que liberó esa noche estremeció los cimientos del territorio. Su ego quedó destrozado, su corazón, si aún lo tenía, hecho cenizas. Y en medio de esa furia, de esa necesidad ardiente de venganza, tomó una decisión que alteraría el destino de muchos: elegiría como Luna a la prima de la traidora.
La peor humillación.
Carolina siempre fue una sombra dentro de la manada. Después de perder a sus padres en circunstancias oscuras, fue acogida por sus tíos, solo para convertirse en blanco de burlas, desprecio y rechazo. Su loba dormía en silencio, como si se negara a despertar y con cada luna llena, su impotencia se hacía más insoportable.
Pero ella sabía que algo más grande la esperaba.
Desde niña, visiones la atormentaban: ojos azules como el hielo, fuego en sus venas, una corona sobre su cabeza y el nombre de Nocturna susurrado por el viento. Aceptar la unión con Vincenzo no era rendirse era el primer paso hacia su verdadero despertar.
Lo que ninguno de los dos sabía, es que ese pacto sellado por orgullo y profecía, desataría una guerra entre el deber y el deseo, entre el destino y la libertad.
Y que, cuando Carolina despertara,
El mundo temblaría ante la loba de ojos azules más poderosa jamás conocida.
Capítulo 1
Capítulo 1
El Alfa Vincenzo Black cabalgaba por sus tierras con la altivez de quien se sabe invencible. Su figura dominante se recortaba contra el cielo rojizo del atardecer, y cada galope resonaba como una declaración de poder. El viento acariciaba su cabello oscuro, despeinándolo con la misma libertad con la que gobernaba su territorio.
Era el líder indiscutible de la manada más poderosa del norte, y lo sabía. Lo disfrutaba. Su ego era un dios al que se rendía sin pudor, y su arrogancia, una corona invisible que pesaba menos que su ambición.
Esa tarde no era como las otras. Era el día en que le pediría la mano a Cassandra Hilton. Su futura Luna.
No, el lazo del destino no había ardido entre ellos aún. Pero él no necesitaba señales místicas para saber lo que le correspondía por derecho. Cassandra era perfecta. Apellidos, linaje, fortuna y belleza. Una loba educada para reinar, criada para acompañarlo. Suya. Como todo lo demás.
Y sin embargo, ni siquiera ella despertaba en su pecho la tormenta que sentía al ver a esa otra loba.
Mientras cabalgaba, su mirada captó un destello entre los árboles: una figura agachada, recogiendo manzanas caídas del viejo manzano del bosque. Sonrió, esa sonrisa torcida que solo anticipaba caos. Cabalgo al caballo sin pensarlo, con la intención de asustarla. Solo por diversión. Solo porque podía.
El animal relinchó, la tierra tembló bajo sus cascos, y la loba se lanzó al suelo con un grito, sus manzanas rodando entre el barro.
—¡¿Qué te pasa, idiota?! —rugió ella al levantarse, con la furia ardiendo en sus ojos azules, los mismos que tantas veces lo habían desafiado. Su vestido, sucio y desgastado, estaba manchado de barro, pero ella no parecía avergonzada. Solo furiosa.
Vincenzo desmontó con lentitud, como un cazador que disfruta cada paso antes del golpe final.
—¿Así le hablas a tu Alfa? —murmuró con una sonrisa helada—. Deberías lamer el suelo que piso, loba.
Se agachó, recogió una manzana y la sostuvo entre sus dedos como si fuera una joya inservible. Sus ojos oscuros se clavaron en ella con una mezcla de desdén.
—No me importa que seas el líder —escupió ella con el mentón en alto—. Para mí no eres más que un arrogante con poder.
El golpe invisible de sus palabras lo atravesó como una daga. La tomó del brazo, con más fuerza de la necesaria, y se acercó a centímetros de su rostro.
—Deberías estar agradecida de seguir aquí. Eres la vergüenza de esta manada. Veinte años y tu loba no ha despertado, Nos haces ver débil ante los demás.
Pero ella se soltó de un tirón, como si el contacto le quemara.
—¿Y echarás a la prima de tu futura esposa? —gruñó con los ojos encendidos—. En unos días seré parte de tu familia, lo quieras o no.
Carolina. La loba sin nombre entre los suyos. Marginada. Sola. Y aún así, más feroz que muchas guerreras. Era prima de Cassandra, sí. Pero a diferencia de ella, Carolina vivía de lo que el bosque le daba. Sin vestidos caros ni fiestas de luna llena. Solo con su orgullo intacto y esa rebeldía que lo desconcertaba.
—Eres una pesadilla —rugio él, con los dientes apretados—. No se te ocurra aparecer esta noche en la fiesta. Sería una lástima tener que sacarte a patadas.
Ella no respondió. No lo necesitaba. Sus ojos ya lo habían dicho todo. No le temía. Y eso lo enfurecía y lo excitaba en partes iguales.
De regreso a la casa principal, Vincenzo se despojó del polvo del camino con un baño rápido. El vapor de la ducha no logró calmar la tensión que Carolina le había sembrado bajo la piel.
Su madre, siempre impecable en los detalles, había dejado sobre su cama el traje para esa noche. Negro como su lobo. Impecable como se esperaba de él.
Sobre la tela, un broche antiguo con forma de dos lobos entrelazados: uno blanco, uno negro. El símbolo de la dualidad. El símbolo que perteneció al Beta de su padre. Un regalo que pensaba entregar a Mike, su beta esa noche. Su mejor amigo, su hermano en todo, menos en sangre.
Bajó las escaleras, decidido a sorprenderlo. Se detuvo frente a su puerta, dispuesto a golpear, pero algo lo detuvo.
Un sonido, los gemidos de una loba en brazos de la pasión.
Vincenzo sonrió, al principio divertido. Quizá Mike tenía compañía. No era raro. Pero entonces escuchó una voz. Esa voz.
—Así... Sigue asi...te pertenezco.
La sangre se le heló.
No. No podía ser.
El corazón le martilló el pecho mientras empujaba suavemente la puerta entreabierta. Lo que vio, lo que sintió fue como si alguien le arrancara el alma a puñaladas.
Cassandra. Su prometida. Su Luna. Estaba desnuda, encima de Mike, gimiendo el nombre de su beta con pasión.
Vincenzo se quedó congelado en el umbral. El aire pareció cortarse de golpe, como si el tiempo mismo se negara a avanzar. Su cuerpo temblaba, no de frío, sino de una furia visceral que le subía desde el estómago hasta la garganta. Un escalofrío le recorrió la espalda, erizándole la piel como si mil agujas se le clavaran a la vez.
Dio un par de pasos hacia atrás, tambaleante, el mundo bajo sus pies habia perdido firmeza. Cerró la puerta de su habitación con un golpe seco, y ahí dentro, solo, la rabia lo envolvió como un manto denso, asfixiante. Su respiración era errática, los puños apretados hasta hacerse daño. Quería destruirlo todo. Quería gritar. Quería matarlos.
Pero no pudo moverse.
Fue entonces cuando la puerta se abrió lentamente y su hermano menor, Daniel, apareció con esa energía que siempre traía a cuestas, iluminando la oscuridad con solo una sonrisa. Pero hoy no había luz en él, solo preocupación en sus ojos.
—¿Vincenzo...? —preguntó con voz temblorosa al ver a su hermano roto, colapsado en su propia furia.
El Alfa alzó la mirada, y sus ojos estaban enrojecidos por la rabia contenida. Le temblaban los labios al tratar de hablar. Tragó saliva, apretó los dientes y, por fin, las palabras salieron a borbotones, llenas de veneno, de dolor, de traición.
Daniel escuchó y su expresión cambió al instante. El asombro se transformó en enojo
—¡Malditos sean! —escupió con fuerza—. ¡Merecen que los destierres de este lugar!
—¿Desterrarlos…? —Vincenzo soltó una carcajada amarga, rota—. No, hermano. No los quiero lejos, Quiero tenerlos cerca. Quiero que cada día, cada maldito día, vivan sabiendo que me fallaron. Que sufran. Que se traguen su vergüenza por haber humillado a su Alfa.
Y con un rugido ahogado por la impotencia, descargó su puño contra la cama. El golpe fue brutal. El colchón crujió, astillado en su estructura, mientras un gruñido ronco escapaba de su garganta.
Daniel, aún impactado, fue hasta la licorera y sirvió un trago. Lo extendió hacia su hermano con una mirada cautelosa.
—¿Y ahora qué piensas hacer…? —susurró, sintiendo que cualquier palabra podía romper lo poco que quedaba entero en esa habitación.
Vincenzo tomó el vaso con manos temblorosas. Lo sostuvo unos segundos, observando el líquido ámbar intentando encontrar un plan, una respuesta. Pero no la halló. Solo un deseo oscuro de venganza.
—Necesito humillarlos. Hacerlos caer. Arrastrarlos.
Daniel suspiró. No sabía cómo sanar una herida como esa, ni cómo acompañarlo en su tormenta.
—Nunca pensé que Mike… —dijo, bajando la voz—. Siempre creí que estaba enamorado de la rechazada. Que su corazón solo latía por Carolina.
Y entonces, los ojos de Vincenzo se encendieron.
Carolina.
El nombre estalló en su mente como un relámpago. Su corazón dio un vuelco. Sus labios esbozaron una sonrisa torcida.
—Exacto… —murmuró con una calma peligrosa—. Carolina, la recha
zada. La mugrosa. Será ella quien me ayude a devolverles el golpe.
La venganza ya tenía nombre.
Últimos capítulos
#42 CAPÍTULO 42
Última actualización: 8/11/2025#41 CAPÍTULO 41
Última actualización: 8/11/2025#40 CAPÍTULO 40
Última actualización: 8/11/2025#39 CAPÍTULO 39
Última actualización: 8/11/2025#38 CAPÍTULO 38
Última actualización: 8/11/2025#37 CAPÍTULO 37
Última actualización: 8/11/2025#36 CAPÍTULO 36
Última actualización: 8/11/2025#35 CAPÍTULO 35
Última actualización: 8/11/2025#34 CAPÍTULO 34
Última actualización: 8/11/2025#33 CAPÍTULO 33
Última actualización: 6/22/2025
Te podría gustar 😍
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
El Ascenso de la Loba Desterrada
Ese rugido me robó mi decimoctavo cumpleaños y destrozó mi mundo. Mi primera transformación debería haber sido gloriosa—la sangre convirtió la bendición en vergüenza. Al amanecer me habían marcado como "maldita": expulsada por mi manada, abandonada por mi familia, despojada de mi naturaleza. Mi padre no me defendió—me envió a una isla desierta donde los marginados sin lobos eran forjados en armas, obligados a matarse entre ellos hasta que solo uno pudiera irse.
En esa isla aprendí los bordes más oscuros de la humanidad y cómo enterrar el terror en los huesos. Innumerables veces quise rendirme—sumergirme en las olas y no salir jamás—pero los rostros acusadores que atormentaban mis sueños me empujaban hacia algo más frío que la supervivencia: venganza. Escapé, y durante tres años me escondí entre humanos, recopilando secretos, aprendiendo a moverme como una sombra, afilando la paciencia hasta convertirla en precisión—convirtiéndome en una espada.
Luego, bajo una luna llena, toqué a un extraño herido—y mi lobo regresó con una violencia que me hizo completa. ¿Quién era él? ¿Por qué podía despertar lo que yo creía muerto?
Una cosa sé: ahora es el momento.
He esperado tres años para esto. Haré que todos los que me destruyeron paguen—y recuperaré todo lo que me fue arrebatado.
El Latido Prohibido
La mía cambió en el tiempo que tomó abrir una puerta.
Detrás de ella: mi prometido Nicholas con otra mujer.
Tres meses hasta nuestra boda. Tres segundos para verlo todo arder.
Debí haber corrido. Debí haber gritado. Debí haber hecho cualquier cosa excepto quedarme allí como una tonta.
En cambio, escuché al mismísimo diablo susurrar en mi oído:
—Si estás dispuesta, podría casarme contigo.
Daniel. El hermano del que me advirtieron. El que hacía que Nicholas pareciera un niño de coro.
Se apoyó contra la pared, observando cómo mi mundo se desmoronaba.
Mi pulso retumbaba. —¿Qué?
—Me escuchaste. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Cásate conmigo, Emma.
Pero al mirar esos ojos magnéticos, me di cuenta de algo aterrador:
Quería decirle que sí.
Que comience el juego.
El Amor No Dicho del CEO
Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.
—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.
Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.
Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...
Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.
Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
La Noche Antes de Conocerlo
Dos días después, entré a mi pasantía y lo encontré sentado detrás del escritorio del CEO.
Ahora le traigo café al hombre que me hizo gemir, y él actúa como si yo hubiera cruzado la línea.
Empezó con un reto. Terminó con el único hombre que nunca debería desear.
June Alexander no planeaba acostarse con un extraño. Pero en la noche que celebra haber conseguido su pasantía soñada, un reto salvaje la lleva a los brazos de un hombre misterioso. Es intenso, callado e inolvidable.
Pensó que nunca lo volvería a ver.
Hasta que entra en su primer día de trabajo—
Y descubre que él es su nuevo jefe.
El CEO.
Ahora June tiene que trabajar bajo las órdenes del hombre con quien compartió una noche imprudente. Hermes Grande es poderoso, frío y completamente prohibido. Pero la tensión entre ellos no desaparece.
Cuanto más cerca están, más difícil se vuelve mantener su corazón y sus secretos a salvo.
La Pequeña Pareja de Alfa Nicholas
¿Qué? No—espera… oh Diosa Luna, no.
Por favor, dime que estás bromeando, Lex.
Pero no lo está. Puedo sentir su emoción burbujeando bajo mi piel, mientras que todo lo que siento es pavor.
Doblamos la esquina y el aroma me golpea como un puñetazo en el pecho—canela y algo increíblemente cálido. Mis ojos recorren la habitación hasta que se posan en él. Alto. Imponente. Hermoso.
Y luego, tan rápido como… me ve.
Su expresión se tuerce.
—Joder, no.
Se da vuelta—y corre.
Mi compañero me ve y corre.
Bonnie ha pasado toda su vida siendo destruida y abusada por las personas más cercanas a ella, incluida su propia hermana gemela. Junto a su mejor amiga Lilly, que también vive una vida de infierno, planean escapar mientras asisten al baile más grande del año que está siendo organizado por otra manada, solo que las cosas no salen como planeaban, dejando a ambas chicas sintiéndose perdidas e inseguras sobre su futuro.
El Alfa Nicholas tiene 28 años, sin compañera, y no tiene planes de cambiar eso. Este año le toca organizar el Baile Anual de la Luna Azul y lo último que espera es encontrar a su compañera. Lo que espera aún menos es que su compañera sea 10 años menor que él y cómo su cuerpo reacciona ante ella. Mientras intenta negarse a reconocer que ha encontrado a su compañera, su mundo se pone patas arriba después de que los guardias atrapan a dos lobas corriendo por sus tierras.
Una vez que las traen ante él, se encuentra nuevamente frente a su compañera y descubre que ella esconde secretos que lo harán querer matar a más de una persona.
¿Podrá superar sus sentimientos hacia tener una compañera y una que es tan joven? ¿Su compañera lo querrá después de sentir el dolor de su rechazo no oficial? ¿Podrán ambos trabajar en dejar atrás el pasado y avanzar juntos o tendrá el destino otros planes y los mantendrá separados?
Enamorada del hermano marino de mi novio
¿Por qué estar cerca de él hace que mi piel se sienta demasiado apretada, como si llevara un suéter dos tallas más pequeño?
Es solo la novedad, me digo firmemente.
Solo la falta de familiaridad de alguien nuevo en un espacio que siempre ha sido seguro.
Me acostumbraré.
Tengo que hacerlo.
Es el hermano de mi novio.
Esta es la familia de Tyler.
No voy a dejar que una mirada fría deshaga eso.
**
Como bailarina de ballet, mi vida parece perfecta—beca, papel protagónico, dulce novio Tyler. Hasta que Tyler muestra su verdadera cara y su hermano mayor, Asher, regresa a casa.
Asher es un veterano de la Marina con cicatrices de batalla y cero paciencia. Me llama "princesa" como si fuera un insulto. No lo soporto.
Cuando una lesión en mi tobillo me obliga a recuperarme en la casa del lago de la familia, me quedo atrapada con ambos hermanos. Lo que comienza como odio mutuo lentamente se convierte en algo prohibido.
Estoy enamorándome del hermano de mi novio.
**
Odio a las chicas como ella.
Consentidas.
Delicadas.
Y aún así—
Aún así.
La imagen de ella de pie en la puerta, apretando más su cárdigan alrededor de sus estrechos hombros, tratando de sonreír a pesar de la incomodidad, no me deja.
Tampoco lo hace el recuerdo de Tyler. Dejándola aquí sin pensarlo dos veces.
No debería importarme.
No me importa.
No es mi problema si Tyler es un idiota.
No es asunto mío si alguna princesita malcriada tiene que caminar a casa en la oscuridad.
No estoy aquí para rescatar a nadie.
Especialmente a ella.
Especialmente a alguien como ella.
Ella no es mi problema.
Y me aseguraré de que nunca lo sea.
Pero cuando mis ojos se posaron en sus labios, quise que fuera mía.
La última oportunidad de la luna morbosa
Pero todo cambió el día que me dijeron que mi loba se había quedado dormida. El doctor me advirtió que si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre se preocuparon lo suficiente como para ayudarme.
En mi desesperación, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera.
Pronto, todos me llamaron loca, pero eso era exactamente lo que quería—rechazo y divorcio.
Lo que no esperaba era que mi antes arrogante esposo un día me rogara que no me fuera…
Papis Alfa y su Criada Innocente (18+)
—¿De quién fue la polla que te hizo llorar más fuerte esta noche?— La voz de Lucien era un gruñido bajo mientras me sujetaba la mandíbula, obligándome a abrir la boca.
—La tuya— jadeé, mi voz destrozada de tanto gritar. —Alpha, por favor—
Los dedos de Silas se clavaron en mis caderas mientras se hundía de nuevo en mí, rudo e implacable. —Mentirosa— gruñó contra mi espalda. —Ella sollozó en la mía.
—¿Deberíamos hacer que lo demuestre?— dijo Claude, sus colmillos rozando mi garganta. —Átenla de nuevo. Que suplique con esa boquita bonita hasta que decidamos que ha ganado nuestros nudos.
Estaba temblando, empapada, usada— y todo lo que pude hacer fue gemir, —Sí, por favor. Úsenme de nuevo.
Y lo hicieron. Como siempre lo hacen. Como si no pudieran evitarlo. Como si les perteneciera a los tres.
Lilith solía creer en la lealtad. En el amor. En su manada.
Pero todo fue arrancado.
Su padre—el difunto Beta de Fangspire— murió. Su madre, con el corazón roto, bebió acónito y nunca despertó.
¿Y su novio? Encontró a su pareja y dejó a Lilith atrás sin una segunda mirada.
Sin lobo y sola, con una deuda hospitalaria creciendo, Lilith entra en el Rito—un ritual donde las mujeres ofrecen sus cuerpos a los Alphas malditos a cambio de oro.
Lucien. Silas. Claude.
Tres Alphas despiadados, malditos por la Diosa Luna. Si no marcan a su pareja antes de los veintiséis, sus lobos los destruirán.
Lilith se suponía que era un medio para un fin.
Pero algo cambió en el momento en que la tocaron.
Ahora la quieren—marcada, arruinada, adorada.
Y cuanto más la toman, más la desean.
Tres Alphas.
Una chica sin lobo.
Sin destino. Solo obsesión.
Y cuanto más la prueban,
Más difícil es dejarla ir.
De mejor amigo a prometido
Una semana de boda en New Hope. Una mansión llena de invitados. Y una dama de honor muy resentida.
Para sobrevivir, Savannah lleva una cita —su encantador y pulcro mejor amigo, Roman Blackwood. El único hombre que siempre la ha apoyado. Le debe un favor, y fingir ser su prometido? Fácil.
Hasta que los besos falsos empiezan a sentirse reales.
Ahora Savannah está dividida entre mantener la farsa… o arriesgarlo todo por el único hombre del que nunca debió enamorarse.
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
En la Cama con su Jefe Idiota
Una noche. Eso es todo lo que se suponía que iba a ser.
Pero a la fría luz del día, alejarse no es tan fácil. Roman no es un hombre que suelta—especialmente no cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por una noche. La quiere a ella, punto.
Y no tiene intención de dejarla ir.












