
Contrato y divorcio
Daysis Valle · En curso · 36.4k Palabras
Introducción
De padres haciendo arreglos con alguien más para casar a sus hijas. Hubo un tiempo en que esa práctica era bastante común.
Siempre supe que no me iba a casar a menos que ese hombre me demostrara que era el indicado. Pensé que lo había encontrado una vez, y me rompieron el corazón de la peor manera.
Estuve sola por un tiempo, manteniendo las flechas de Cupido lejos de mí y de mi corazón.
Un mal día conocí a un hombre que necesitaba una esposa, y yo necesitaba dinero.
Suena mal, lo sé. Pero hay cosas que necesitan dinero y yo no tenía nada en ese momento.
Era algo importante que me prometí hacer cuando pudiera, y trabajé duro para conseguirlo, pero nunca era suficiente.
Pensé que un Cupido apareció a lo lejos. El idiota siempre estaba cerca, solo en silencio.
Disparó sus flechas y me dio justo en el corazón, luego se rió de mí al encontrarme sola de nuevo.
Cupido era malvado, y le gustaba el sufrimiento humano. Más aún el del amor no correspondido.
Capítulo 1
Sus dedos se aferraban a mis caderas mientras me movía sobre él. Mis pechos rebotaban ligeramente, y él disfrutaba de eso, sintiendo sus labios en mi pezón izquierdo, arrancando gemidos de mi boca.
—Así, justo así —le susurré al oído, mordisqueándolo mientras disfrutaba de sus caricias—. Creo que...
No me dejó terminar. Se apartó de mis pechos y se dirigió a mi boca, que recibí con la misma ferocidad y pasión del momento.
El aroma de su colonia mezclado con su sudor me embriagaba, casi tanto como sus jadeos y mordiscos.
Este hombre era mi perdición.
Pero cuando el sexo es bueno, muchos pensamientos estúpidos vienen a la mente, y ese era uno de ellos.
—Me vuelves loco —gruñó en mi boca.
Su mano derecha azotó mi nalga, dando un golpe moderadamente fuerte pero excitante a mi yo excitado. Solté un gemido en sus labios, provocando una sonrisa traviesa en ellos.
Suspiré al sentir mis paredes apretarse y mis dedos de los pies encogerse, presionando mi frente contra la suya, simultáneamente relajada y exhausta. Exhalé al sentir las puntas de sus dedos acariciando mi columna después de alcanzar el paraíso juntos.
—Tienes que firmar —le recordé.
Lo escuché gruñir contra mi hombro después de mordisquear y besar esa área. Me lamí los labios, cerrando los ojos.
¿Por qué demonios tengo que molestarlo tanto con este asunto? Mi firma ya está en el papel, ha pasado un año y cuatro meses, maldita sea.
¡Su abogado se encargó de esto!
Ni siquiera debería estar aquí, pero cuando recibí la llamada de Harold diciendo que no quiere firmar, me dejé llevar por mis impulsos.
Aunque no quiero, me levanto, sintiendo la humedad entre mis piernas y las caricias de sus labios aún tangibles en mi piel.
Todavía siento sus besos y su respiración irregular en mi cuello. Todavía siento todo de él.
Y esa mierda lo hace más difícil, y no debería ser así porque ambos lo queremos.
Me ajusto la falda y el suéter, así como el cabello y el sujetador. Escucho el sonido de su hebilla del cinturón y la cremallera cerrándose. Respiro hondo antes de levantar la cara.
A veces olvido el poder que esos ojos tienen sobre mí.
Prometí no quemarme, pero después de dos meses, ya era cenizas.
Y creo que esa era más la razón por la que necesitaba el divorcio. No podía seguir fingiendo que lo amaba frente a las cámaras, no podía porque todo es verdad.
Lo amo, pero no podemos amarnos.
—Michelle —sacudo la cabeza.
—No —lo detengo con un tono cansado—. No finjas estar cansado de esto porque yo soy la cansada. ¿Quieres que te ruegue que firmes esos malditos papeles que impusiste? ¿Qué quieres?
Presiono un dedo donde está mi firma, y él baja la mirada, todo su cuerpo tensándose bajo el traje que antes estaba impecable.
Me mira con ira en los ojos.
—Tú lo firmaste —afirma lo obvio.
—Ese era el trato —menciono.
Manteniendo la compostura que no me caracteriza. No dejaré que mi deseo de estar con él nuble lo que realmente necesito. Sí, lo que necesito. Porque lo que quiero nunca estuvo en discusión.
—¿Y lo que acaba de pasar, qué demonios fue eso? —busca una excusa.
Me encojo de hombros, fingiendo restarle importancia.
—Tómalo como una despedida.
—Una despedida —repite, riendo. Aprieto los puños al sentir un cosquilleo en mi abdomen—. Entonces tendremos muchas despedidas porque no voy a firmar nada.
Intenté mantener la calma, tú lo sabes, yo lo sé. Pero fallé.
—Eres un imbécil.
—Gracias, se lo diré a mi madre.
Guiñó un ojo, y gruñí ante su tono juguetón. Esto no es una broma. Necesito ese divorcio ahora.
He pasado cuatro meses tratando de que este bastardo firme una maldita cosa que impuso en el contrato. Su abogado me llamó con la noticia de que el maldito bastardo no quiere firmar. Me pidió que intentara convencerlo, pero no funcionó.
Se niega a hacerlo.
—¿Por qué demonios no quieres firmar?
Se levanta bruscamente, y en tiempo récord, está frente a mí, su mirada dura y vengativa, la misma que usa para destruir a sus enemigos.
Una mirada que, lejos de ponerme nerviosa, saca lo que no debería salir ahora. Deseo.
Un deseo puro, ardiente y fuerte como él.
—Porque no me da la gana.
—Haz lo que quieras —le informo, sin importarme esta discusión—. Ya firmé, ya me mudé de tu casa lujosa, y ya no estoy contigo.
—Yo no he firmado —murmura sin abandonar su tono juguetón.
Inclino la cabeza, permitiéndome sonreír con una mirada seria.
—Ese es tu problema —me encogí de hombros de nuevo—. No entiendo tu insistencia en tenerme a tu lado. No me amas. ¿Y sabes qué? No me importa entenderlo. Quiero que estés lejos de mí.
—¿Tienes a alguien más? ¿Es por eso que insistes tanto en que firme? —demandó, agarrando mi muñeca. Suspiré—. Dime.
—¡Ha pasado un año y cuatro meses ya! El contrato decía...
Me jaló hacia él, su boca se movió lentamente mientras su agarre en mi muñeca se deslizaba hacia mi espalda baja. Separé los labios, siguiendo su beso.
Ya era cenizas, pero cada vez que me besaba, era como prenderme fuego de nuevo.
El beso duró solo unos segundos mientras se apartaba, solo un poco, sus labios aún rozando los míos mientras murmuraba posesivamente.
—No me importa cuánto tiempo haya pasado, Michelle. Eres mía desde que firmaste ese contrato.
Lo empujé con mi cuerpo después de esas palabras. Gruñó por la fuerza que ejercí en el movimiento, pero no le mostré que me importaba.
Era suya, no porque firmé ese contrato. Era suya porque, aunque era el imbécil que era, no podía dejar de pensar en él.
A pesar de eso, necesitaba que estuviera lejos de mí.
—No tienes idea de cuánto me arrepiento de haberlo hecho —dije con una sola intención.
Herirlo, sin embargo, fui yo la única que terminó herida. En nuestro matrimonio y en lo que éramos, siempre terminé herida.
Pero fue mi culpa. Por romper una regla, algo que él no sabe y nunca sabrá.
No pueden surgir sentimientos hacia la otra parte del contrato durante el tiempo establecido.
Arthur es bueno en no sentir nada que no pueda controlar.
Yo era buena en sentir sin miedo, excepto esta vez temía el rechazo de ese hombre.
Ese hombre no era nada de lo que había deseado para mí.
Su mirada permaneció neutral, su rostro igualmente. Tragué saliva, sacudiendo la cabeza, completamente desilusionada por su actitud.
No me queda fuerza para pelear con él. Lo he estado haciendo por demasiado tiempo, es suficiente.
Camino alrededor de él para llegar a su escritorio, apoyándome en la mesa con fuerza mientras siento que mi cuerpo se debilita y mi visión se nubla. Trago saliva, sacudiendo la cabeza para disipar el leve mareo que acabo de experimentar.
Suspiro, agarro mi bolso y camino hacia la puerta de su oficina. Coloco mi mano en el pomo, frunzo los labios y solo lo miro por encima del hombro.
—Estoy cansada de esto. De nosotros —noto que aprieta la mandíbula, me lamo los labios—, no te quiero cerca de mí, y si tienes una pizca de dignidad, que sé que la tienes, lo aceptarás.
Independientemente de su respuesta, me dirijo al ascensor, dando pasos lentos, el mareo aún presente.
—¿Está bien, señora? —su secretaria pregunta con evidente preocupación.
Se aseguró de que todos sus empleados me conocieran como su esposa cuando firmé. Asiento en respuesta a su pregunta, el ascensor se abre y entro en él después de que varios trabajadores bajan en su piso deseado. Hago un sonido en mi garganta, logrando encontrar mi teléfono y marcar su número mientras selecciono el piso al que quiero ir.
Él responde minutos después de que salgo del ascensor.
—¿Vienes a recogerme? Estoy afuera de tu oficina —murmuro tristemente.
¿Afuera de su oficina? Me prometiste que no irías más allí. ¿No era algo que dejarías a su abogado para evitar tener que verlo?
Está enojado, lo entiendo. Dije eso porque era lo que necesitaba en ese momento. No verlo más. Y lo estaba logrando, aunque vivía en mi cabeza, estaba logrando no inventar una excusa para ir a él.
Pero su negativa a firmar me estaba afectando.
—Necesitaba verlo —respondo, parpadeando varias veces.
Creo que estoy llorando.
Sí, claro, necesitabas acostarte con él una última vez, ¿verdad?
Pongo los ojos en blanco, apoyando mi espalda contra la pared del edificio, apartando mi cabello color miel, casi castaño.
—Ven, me siento mal. Estoy mareada.
—Voy en camino.
Cuelga, le toma varios minutos llegar, minutos en los que me destruyo tratando de no pensar en su rostro.
El sonido de un motor de motocicleta me hace levantar la mirada del suelo, resoplo, ¿por qué no trajo el coche? Toma unos segundos desmontar de ella cuando nota mi figura y se acerca rápidamente.
Conocerlo fue realmente lo mejor en estos cuatro meses.
—¿Qué pasa? —pregunta solo al estar cerca de mí.
El irritante sonido de la máquina que controla el ritmo cardíaco es lo que me despierta. Mis ojos se ajustan a la luz después de varios segundos.
Axel es quien se apresura a mi lado cuando me oye gemir. Me lamo los labios, sedienta. Miro a mi izquierda donde hay una botella de agua, hago un gesto para alcanzarla yo misma.
—Quédate quieta —gruñe, agarrándola por mí.
—Mandón —susurro, abriendo la boca.
Me ayuda a beber, suspiro, apoyando mi espalda contra la cama. Trago saliva, analizando el hecho de que estoy en un hospital.
—Has estado sintiéndote así durante semanas —mi compañero señala después de sentarse a mi lado.
Lo miro confundida.
—Creo que el desayuno no me cayó bien —respondí, aclarando mi garganta.
Sacude la cabeza, frunciendo los labios. Me muerdo los míos, pensando en lo que dijo. Me doy cuenta de que es verdad, me siento mareada a veces.
—¿Has tenido náuseas? —insiste.
Cuando quiere saber algo, lo consigue.
—A veces.
—¿Cuándo fue la última vez que las tuviste? —se acerca.
Resoplo, sentándome. ¿Y por qué esa pregunta?
—No lo sé, no recuerdo...
Me quedo en silencio mientras finalmente entiendo a dónde va con el tema. Miro esos ojos pequeños y rasgados, de color café. Sacudo la cabeza.
No puede ser.
—Michelle, tal vez estás...
—No —interrumpo, sacudiendo la cabeza—. No lo estoy. No es el momento adecuado. No puede pasar, y no lo estoy. Probablemente sea otra cosa.
Le tomo la mano, angustiada. La duda plantada en mi pecho y el miedo apretando mi alma.
Embarazada. Podría estar embarazada.
—Lo sabremos pronto, hice que te hicieran pruebas.
Me abraza, atrapando el primer sollozo en su cuello.
Un lugar donde escondo mi rostro mientras lo abrazo. Tomo en cuenta la última vez de mi menstruación, haciendo que las lágrimas sean más fuertes y el miedo mayor.
Un bebé de Arthur en medio de un divorcio.
Un bebé de alguien que no me ama.
Últimos capítulos
#27 27
Última actualización: 1/14/2026#26 26
Última actualización: 1/14/2026#25 25
Última actualización: 1/14/2026#24 24
Última actualización: 1/14/2026#23 23
Última actualización: 1/14/2026#22 22
Última actualización: 1/14/2026#21 21
Última actualización: 1/14/2026#20 20
Última actualización: 1/14/2026#19 19
Última actualización: 1/14/2026#18 18
Última actualización: 1/14/2026
Te podría gustar 😍
Solo un para siempre
Digo, porque debe existir una razón para que a estas alturas me siga afectando aquello que viví hace tantos años. Algo que explique, por qué los hechos que me llevaron hasta donde hoy estoy, me persigan sin cansancio.
Desde que todo comenzó, o acabó, depende de cómo se mire, no he podido avanzar. No realmente. Siempre hay algo que me hace regresar atrás.
Una frase. Un lugar. Una fecha.
Todo me lleva hacia él.
A mi supuesto "para siempre".
La frustración y la rabia me llenan cuando recuerdo cómo sucedió todo. Cómo fue capaz de mirarme a los ojos mientras besaba a otra, mientras tocaba a otra. Cómo fue capaz de culparme de todo cuando lo enfrenté.
El dolor de la traición fue horrible. No solo por lastimar mi orgullo, mi dignidad, sino también, por todo lo que provocó en mi posterior vida.
Me prometió un para siempre. Y nunca lo cumplió.
No al menos, de la forma en que debía.
La máscara del multimillonario (Un romance oscuro y ardiente)
Un amor mexicano
Pero, su camino cambia cuando se ve obligado por su padre a contraer matrimonio con la única hija de su padrino, Carolina Beltrán y, así, obtener más poder como más territorio en los negocios familiares. Pero ocurren atentados contra su familia, Daniel, busca a los culpables, pero entre más escarba, secretos encuentra, haciéndole pensar que el enemigo podría estar en su misma familia.
Contrato Evans
A ella le dará la oportunidad de terminar sus estudios y evitar la muerte de su padre y a él la posibilidad de encontrar con quién resolver el asunto de contraer nupcias.
De las decisiones que ellos tomen va a depender si el contrato se cumple o termine antes de tiempo.
Atracción Peligrosa
Para muchos, soy la bestia de la mafia. Un líder despiadado, implacable, sin corazón. Fui criado para no sentir, para ser duro y frío, porque en mi mundo, la compasión es una debilidad, y la debilidad te mata. Aquí, solo los fuertes sobreviven, y siempre hay alguien esperando arrancarte la cabeza.
El amor nunca ha tenido lugar en mi vida. Lo considero una tontería, una distracción insignificante que solo debilita a las personas.
Hasta que ella apareció.
LIBRO 1 DE LA SAGA ATRACCIÓN
La Gestante del Rey Alfa
Isla
Soy una don nadie de una manada lejana. Mi familia debe mucho por los gastos médicos de mi hermano. Haré lo que pueda para ayudarlos, pero cuando descubro que he sido vendida al Rey Alfa Maddox como su criadora, no estoy segura de poder hacerlo.
El rey es frío y distante, y se rumorea que mató a su primera esposa. Pero también es sexy y atractivo. Mi mente puede estar diciéndome que no, pero mi cuerpo lo desea de todas las maneras posibles.
¿Cómo voy a sobrevivir como la criadora del Rey Alfa cuando nunca he estado con un hombre antes? ¿Volverá a matar?
Maddox
Desde que mi Reina Luna murió, juré no volver a amar. No estaba buscando una criadora, pero solo tengo un año para producir un heredero o perderé mi trono. Esta hermosa chica, Isla, apareció en mi puerta justo a tiempo. ¿Es el destino? ¿Es ella mi segunda oportunidad de tener una compañera? No, no quiero una de esas.
Todo lo que necesito es un hijo.
Pero cuanto más tiempo paso con Isla, más quiero no solo a cualquier criadora, sino a ella.
¡Más de un millón de lecturas en Radish—haz clic en este romance ardiente de cambiaformas lobo ahora mismo!
Embarazada de los Gemelos Genios del Alfa
Mírame
Antonella, por su parte, es maestra de escuela primaria. Lleva seis años casada con Bruno, un hombre violento y humillante que la somete física y psicológicamente. No la ama; para él, Antonella es poco más que una empleada. Aunque ella no está enamorada, soporta el matrimonio por miedo y por el deseo de que las cosas mejoren algún día.
El destino los cruza en un bar karaoke. Diego llega allí empujado por su mejor amigo, buscando un respiro a su rutina. Antonella asiste gracias a su mejor amiga, directora del colegio, aprovechando la ausencia temporal de su esposo. Comparten mesa sin conocerse, hasta que una emergencia obliga a sus amigos a marcharse juntos, dejándolos solos. Entre canciones, copas y una conexión inesperada, se besan y terminan pasando la noche en un motel. Ninguno revela estar casado; ambos creen que ha sido un encuentro fugaz.
El reencuentro llega durante una reunión de padres, cuando descubren que Diego es el padre de uno de los alumnos de Antonella. Deciden mantener una relación estrictamente profesional, pero el deseo y los sentimientos los superan, arrastrándolos a una relación clandestina que desafía sus vidas y sus límites.
Prohibido enamorarse
Rompiendo las reglas
Michelle Ranieri es un hombre que sabe lo que quiere. Construyó la cadena de restaurantes más famosa de país desde cero. No ha llegado tan lejos por detenerse ante los obstáculos y es un hecho que nada lo va a detener de convencer a Laila que están hechos el uno para el otro. Si tiene que fingir ser su novio para ello, pues que así sea. Ella puede poner todas las reglas que quiera, pero todo el mundo sabe que algunas reglas están hechas para romperse.
En la Cama con su Jefe Idiota
Una noche. Eso es todo lo que se suponía que iba a ser.
Pero a la fría luz del día, alejarse no es tan fácil. Roman no es un hombre que suelta—especialmente no cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por una noche. La quiere a ella, punto.
Y no tiene intención de dejarla ir.
El compañero de segunda oportunidad de Luna
Abrí la boca cuando la conmoción y el dolor me llenaron el cuerpo. Mi marido se estaba acostando con mi hermanastra en nuestra noche de bodas. Lágrimas calientes brotaron de mis ojos mientras los sonidos húmedos y los gemidos se hacían cada vez más fuertes.
Larissa, la estimada Luna de la manada Tokenmoon, lo tenía todo. Un marido cariñoso y una manada fuerte. Pero todo era mentira. Stefan, su marido alfa, era el diablo. La maltrataba y abusaba constantemente mientras la engañaba con su hermanastra. Para empeorar las cosas, la rechazó y la despidió. Con el corazón roto, Larissa estaba perdida hasta que se topó con su pareja de segunda oportunidad.. Kaden.
Kaden, guapo como el pecado y el alfa de la manada de Griffen-Howl, es un hombre roto. Cuando su esposa huye con otro hombre, mientras lo abandona a él y a su hijo, promete no creer nunca en el amor. Pero cuando una mujer sin hogar, Larissa, entra en su territorio, parece que podría estar rompiendo esos votos. Ella es su compañera de segunda oportunidad, pero ¿podrá volver a creer en el amor?
El enigma del millonario
"¿Eres virgen?" preguntó Ayden, y Arya casi escupió su bebida.
"Quiero decir, ¿cuenta si he usado un vibrador?", respondió ella mientras notaba cómo Ayden trataba de tragar con fuerza su agua.
"¿Cuántas parejas sexuales has tenido?", preguntó Ayden con seriedad.
"Bueno, solo he tenido un par de consoladores. Resulta que los de látex son muy resistentes", respondió ella sonriendo.
Ayden se levantó molesto y rompió el buen humor de la habitación. "Esto no es un puto juego, señorita Arya", dijo amenazante el millonario. "Lárgate".
"No, espera, estaba bromeando", trató de aclarar Arya.
"He dicho que te largues, ¡fuera!" puntualizó Ayden cada palabra y golpeó la mesa.
Arya, que veía su única oportunidad destrozada, se arrepintió de haber bromeado como lo hizo. Nunca pensó que tendría tales consecuencias. Caminó desolada hacia la salida sin esperar nada, sin saber qué hacer ni a quién recurrir.
Mientras intentaba detener un taxi, un Aston Martin de color oscuro se detuvo delante de ella. Era Ayden Emory. "Sube", le pidió, pero ella lo ignoró.
"¿Eres siempre tan testaruda? Sube o no hay trato", insistió Ayden.
La esperanza de que no todo hubiera terminado se apoderó de ella, y subió al lujoso coche del millonario.












