NovelaGO
El precio de mi juramento

El precio de mi juramento

Yeni Obregón · En curso · 42.3k Palabras

258
Tendencia
259
Vistas
0
Agregado
Agregar a estante
Comenzar a leer
Compartir:facebooktwitterpinterestwhatsappreddit

Introducción

Valentina Ferrer siempre ha sabido que hay preguntas que es mejor no hacer.

Criada por una madre que se negó a hablar de su pasado, construyó una vida lejos de los secretos familiares. Tiene una carrera que ama, una vida tranquila y una regla: nadie volverá a decidir por ella.

Hasta que una deuda que no contrajo la obliga a aceptar un trato con el hombre más peligroso que ha conocido.

Alessandro Moretti no pide favores. Los compra, los exige o los cobra.

Como cabeza de una de las organizaciones criminales más poderosas de la ciudad, necesita una esposa para sellar un acuerdo que podría evitar una guerra. Cuando la mujer elegida desaparece, Valentina se convierte en su única alternativa.

Seis meses.

Ese es el tiempo que durará su matrimonio por contrato.

Ella obtiene protección para salvar a la persona que ama. Él consigue cumplir un acuerdo que mantendrá a sus enemigos bajo control.

Nada más.

Pero vivir bajo el mismo techo convierte cada discusión en una batalla y cada mirada en una tentación. Alessandro descubre que la mujer que creyó poder controlar es precisamente la única que se atreve a desafiarlo. Y Valentina comienza a descubrir que detrás del hombre frío existe alguien dispuesto a arriesgarlo todo por proteger a los suyos.

Cuando finalmente empieza a confiar en él, el pasado regresa.

Una fotografía escondida. Un nombre que nunca debió aparecer. Una madre que quizá no está muerta.

Valentina descubre que su vida entera podría estar construida sobre una mentira y que su matrimonio con Alessandro quizá nunca fue una casualidad.

Porque enamorarse de Alessandro Moretti podría costarle mucho más que su libertad.

Podría costarle la vida.

Capítulo 1

Siempre había pensado que los secretos tenían un sonido.

No era algo que pudiera explicar con lógica. No eran exactamente las palabras que alguien pronunciaba ni el silencio que quedaba después de una conversación incómoda. Era otra cosa. Una pausa demasiado larga antes de responder, una mirada que se desviaba en el momento equivocado, una puerta que se cerraba con más fuerza de la necesaria o ese cambio casi imperceptible en la voz de una persona cuando estaba intentando ocultar algo.

La forma en que mi madre cambiaba de tema cada vez que yo mencionaba a mi padre. Con los años había aprendido a reconocer esas pequeñas señales.

Quizá por eso había terminado dedicándome a restaurar documentos antiguos. Siempre me había fascinado la manera en que una historia podía sobrevivir incluso cuando alguien intentaba destruirla. Un papel quemado conservaba palabras en sus bordes. Una fotografía deteriorada todavía podía revelar un rostro. Una carta cubierta de humedad podía esconder una confesión durante décadas y, aun así, esperar pacientemente a que alguien encontrara la forma de leerla.

Mientras otras personas veían documentos viejos, yo veía secretos que se negaban a morir.

Aquella tarde llevaba casi nueve horas inclinada sobre una carta del siglo pasado cuando el reloj de la pared marcó las siete. Levanté la cabeza y me di cuenta de que tenía los hombros rígidos y los ojos cansados. Me quité las gafas, masajeé el puente de mi nariz y dejé escapar un suspiro.

—Ya está bien por hoy —murmuré para mí misma, aunque sabía perfectamente que probablemente terminaría quedándome otros veinte minutos.

El taller no era demasiado grande, pero me gustaba precisamente por eso. Las paredes blancas estaban cubiertas de estanterías llenas de cajas etiquetadas, herramientas pequeñas y materiales de restauración. Una mesa amplia ocupaba el centro de la habitación y una lámpara de aumento iluminaba el espacio donde pasaba la mayor parte de mis días. No era un lugar lujoso ni necesitaba que lo fuera.

Había construido aquella vida a mi medida.

Pequeña.

Tranquila.

Predecible.

Bajo mi control.

O eso había creído.

Apagué la lámpara y me quité los guantes antes de guardar la carta que estaba restaurando. Sin embargo, cuando fui a colocarla dentro de su caja, algo llamó mi atención. En la esquina inferior del documento había una palabra casi completamente borrada por una mancha de humedad.

Me incliné un poco más.

Pasé con cuidado el pincel sobre la superficie y conseguí distinguir algunas letras.

Moretti.

Mi mano se detuvo.

No sabía por qué aquel apellido me provocó una sensación tan extraña. Quizá porque era la primera vez que lo veía escrito en uno de los documentos que me habían entregado. Quizá porque, durante un segundo, tuve la impresión absurda de haberlo visto antes.

Moretti.

Lo repetí mentalmente.

Era solo un apellido. Uno entre miles. Al menos eso me dije mientras sacaba el teléfono y tomaba una fotografía del documento para investigar su procedencia más tarde. Después guardé la carta, cerré la caja y comencé a recoger mis cosas.

Fue entonces cuando mi celular vibró sobre la mesa.

Miré la pantalla.

Número desconocido.

No pensaba contestar. Dejé que sonara hasta que la llamada terminó, pero apenas unos segundos después volvió a vibrar.

Fruncí el ceño.

Algo me dijo que contestara.

—¿Sí? —dije finalmente, llevándome el teléfono al oído.

Durante unos segundos solo escuché silencio. Estuve a punto de preguntar quién hablaba cuando una voz masculina, grave y firme, pronunció mi nombre completo.

—¿Valentina Ferrer?

Mi espalda se tensó.

No estaba acostumbrada a que desconocidos utilizaran mi nombre completo, mucho menos con aquella seguridad.

—¿Quién habla? —pregunté mientras me enderezaba en la silla.

—Necesito hablar contigo sobre una deuda.

El cansancio que llevaba acumulado durante todo el día desapareció de golpe. Miré hacia la puerta del taller, aunque sabía perfectamente que nadie podía estar allí.

—Se ha equivocado de persona —respondí, intentando mantener la voz firme—. Yo no tengo ninguna deuda.

—No me he equivocado.

La seguridad de su respuesta me incomodó. Apreté el teléfono contra mi oído y me obligué a no mostrar nervios, aunque estaba completamente sola.

—No sé quién es usted, pero si está buscando a otra persona, será mejor que la encuentre. Yo no tengo nada que ver con ninguna deuda.

Al otro lado hubo una pausa breve.

—Tú no tienes ninguna deuda, Valentina. Pero tu familia sí.

Me quedé inmóvil.

Por alguna razón, aquellas palabras hicieron que el aire del taller pareciera más pesado.

—Mi familia no tiene nada que ver conmigo —respondí finalmente.

Lo dije con más rapidez de la necesaria, como si necesitara convencerlo a él antes de convencerme a mí misma.

El hombre guardó silencio durante unos segundos. Después habló con una tranquilidad que me inquietó mucho más que una amenaza.

—Eso es exactamente lo que te han hecho creer.

La llamada terminó.

Bajé lentamente el teléfono y me quedé mirando la pantalla apagada.

No sabía quién era.

No sabía qué deuda estaba mencionando.

Pero sabía algo que me desagradaba todavía más: aquel hombre conocía mi nombre, sabía que tenía una familia y, de alguna manera, conocía una parte de mi vida de la que yo misma apenas tenía respuestas.

Podría haber considerado aquella llamada una estafa. Había personas que utilizaban todo tipo de métodos para asustar a otros y conseguir dinero. Podía bloquear el número, marcharme a casa y olvidarlo.

Era lo lógico.

Así que eso fue exactamente lo que intenté hacer.

Guardé el teléfono en el bolso y terminé de recoger el taller mientras me repetía que no iba a permitir que una llamada anónima arruinara mi noche.

Sin embargo, mientras apagaba las luces, una pregunta volvió a mi cabeza.

¿Y si no se había equivocado?

Mi madre había pasado toda mi infancia evitando hablar del pasado. Cuando era niña, yo preguntaba por mi padre y nunca obtenía una respuesta que pudiera considerar definitiva. Algunas veces me decía que había muerto. Otras simplemente guardaba silencio. Hubo momentos en los que llegué a pensar que quizá ni siquiera quería que yo supiera quién había sido.

Con el tiempo dejé de preguntar.

No porque hubiera dejado de querer saber la verdad, sino porque aprendí que insistir me hacía daño.

Y después mi madre desapareció de mi vida.

No hubo una explicación clara. No hubo una despedida que pudiera recordar. Solo quedaron algunas pertenencias, recuerdos incompletos y demasiadas preguntas.

Yo había aprendido a vivir con ellas. O al menos eso creía.

Salí del taller poco después de las siete y media. La noche había caído por completo y el aire estaba más frío de lo que esperaba. Cerré la puerta con llave y caminé hacia mi automóvil mientras buscaba las llaves dentro del bolso.

Entonces lo vi.

Un automóvil negro estaba estacionado al otro lado de la calle.

No reconocí el modelo, pero sí al hombre que permanecía apoyado contra la puerta del conductor.

No sabía quién era.

Él tampoco hizo ningún movimiento cuando nuestras miradas se cruzaron.

Seguí caminando como si no hubiera notado su presencia. No quería darle importancia, ni quería demostrarle que lo había visto.

Pero podía sentir sus ojos siguiéndome. Cuando llegué a mi automóvil, abrí la puerta, entré y cerré rápidamente. Puse el seguro antes incluso de introducir la llave en el contacto.

Respiré profundamente.

—Tranquila, Valentina —me dije mientras miraba por el parabrisas—. Probablemente no sea nada.

Arranqué y salí del estacionamiento.

No miré hacia atrás.

Al menos no durante las primeras calles.

Después de varios minutos, la curiosidad pudo más que el sentido común y miré por el retrovisor.

El automóvil negro seguía detrás de mí. Mi corazón dio un golpe seco.

Intenté convencerme de que podía ser una coincidencia. Giré en la primera esquina.

El automóvil giró también.

Tomé otra calle, esta vez más estrecha.

Volvió a seguirme.

Apreté el volante.

—Perfecto —murmuré con una mezcla de nerviosismo e irritación—. Simplemente perfecto.

Aceleré un poco.

No sabía quién era aquel hombre ni qué quería de mí, pero una cosa empezaba a quedar clara: la llamada no había sido una casualidad.

Durante los siguientes minutos conduje sin rumbo fijo, cambiando de calles hasta asegurarme de que no conociera mi dirección. Finalmente, cuando no volví a ver el automóvil, me dirigí a mi apartamento.

Entré al garaje y apagué el motor.

No bajé inmediatamente.

Me quedé sentada, con las manos todavía sobre el volante, observando el reflejo de las luces en el parabrisas.

Esperé.

Un minuto.

Dos.

Nada.

Finalmente salí del automóvil y subí rápidamente a mi apartamento.

Cerré la puerta con llave y permanecí unos segundos apoyada contra ella, intentando recuperar la calma. Me repetí que estaba exagerando, que probablemente aquel automóvil pertenecía a alguien que simplemente había tomado las mismas calles que yo.

Entonces mi teléfono vibró.

Lo saqué del bolso y tenía un mensaje de un número desconocido.

“No vuelvas a ignorar nuestras llamadas".

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

No respondí.

Tampoco bloqueé el número.

Simplemente me quedé mirando la pantalla, intentando entender cómo alguien podía saber que había ignorado una llamada que acababa de recibir.

Entonces llegó otro mensaje.

“Tu familia dejó una deuda. Tú vas a pagarla".

Esta vez sentí un nudo en el estómago. Me senté lentamente en el sofá mientras volvía a leer aquellas palabras.

Tu familia.

La misma expresión.

La misma amenaza.

Y, de repente, el apellido que había encontrado en la carta volvió a mi cabeza.

Moretti.

Me levanté de inmediato y fui hasta mi bolso. Saqué el teléfono y abrí la fotografía que había tomado en el taller. Amplié la imagen hasta que las letras ocuparon casi toda la pantalla.

Moretti.

No tenía sentido.

¿Por qué ese apellido estaba relacionado con una carta antigua que había llegado a mi taller precisamente aquella tarde?

¿Por qué alguien me estaba hablando de una deuda familiar?

Y, sobre todo, ¿por qué una parte de mí sentía que aquellas dos cosas estaban conectadas?

Dejé el teléfono sobre la mesa y caminé hasta la ventana.

La ciudad se extendía frente a mí, llena de luces y vehículos que continuaban moviéndose como si mi mundo no acabara de cambiar.

Hasta ese momento había pensado que podía mantener mi vida separada del pasado de mi madre. Había creído que sus secretos le pertenecían a ella y que yo tenía derecho a construir una vida diferente.

Pero aquella noche comprendí que quizá nunca había tenido ese derecho.

Alguien había encontrado la manera de llegar hasta mí. Y si conocían mi nombre, conocían mi dirección y sabían cosas sobre mi familia que yo misma ignoraba, entonces probablemente sabían mucho más de lo que estaban diciendo.

Apagué la pantalla del teléfono. Todavía no sabía quién estaba detrás de las llamadas. No sabía qué deuda querían cobrarme.

Tampoco sabía qué relación tenía aquel apellido con mi familia.

Pero estaba a punto de descubrir que algunos secretos no permanecen enterrados porque hayan desaparecido.

Permanecen enterrados porque alguien está dispuesto a matar para que nadie los encuentre.

Y yo acababa de poner las manos sobre uno de ellos.

Todavía no lo sabía, pero aquella noche no había comenzado una amenaza.

Había comenzado mi entrada en el mundo de los Moretti.

Y, en algún lugar de aquella ciudad, el hombre que gobernaba ese mundo ya sabía que yo existía.

Alessandro Moretti.

Últimos capítulos

Te podría gustar 😍

Mírame

Mírame

15.8k Vistas · Completado · Marcela Millacura
Diego de Luca y Antonella Piusi son los protagonistas de una historia de amor prohibido marcada por el deseo, la culpa y las decisiones equivocadas. Diego es un prestigioso médico ginecólogo, casado con Ambra, una mujer bella y apasionada, con quien tiene un hijo de seis años, Marcus. Aunque intenta sostener su matrimonio, vive atrapado en el estrés y la frustración: Ambra está consumida por los celos hacia su profesión y, peor aún, rechaza a su propio hijo. Diego lucha cada día por mantener a flote una relación que se desmorona, cargando con la responsabilidad del hogar y el bienestar de Marcus.
Antonella, por su parte, es maestra de escuela primaria. Lleva seis años casada con Bruno, un hombre violento y humillante que la somete física y psicológicamente. No la ama; para él, Antonella es poco más que una empleada. Aunque ella no está enamorada, soporta el matrimonio por miedo y por el deseo de que las cosas mejoren algún día.
El destino los cruza en un bar karaoke. Diego llega allí empujado por su mejor amigo, buscando un respiro a su rutina. Antonella asiste gracias a su mejor amiga, directora del colegio, aprovechando la ausencia temporal de su esposo. Comparten mesa sin conocerse, hasta que una emergencia obliga a sus amigos a marcharse juntos, dejándolos solos. Entre canciones, copas y una conexión inesperada, se besan y terminan pasando la noche en un motel. Ninguno revela estar casado; ambos creen que ha sido un encuentro fugaz.
El reencuentro llega durante una reunión de padres, cuando descubren que Diego es el padre de uno de los alumnos de Antonella. Deciden mantener una relación estrictamente profesional, pero el deseo y los sentimientos los superan, arrastrándolos a una relación clandestina que desafía sus vidas y sus límites.
Prohibido enamorarse
Los Reyes Licántropos y Su Pareja Híbrida

Los Reyes Licántropos y Su Pareja Híbrida

12.5k Vistas · Completado · theresachipps
Los Reyes Licántropos y su Pareja Híbrida
Libro dos de Los Reyes Licántropos y la Loba Blanca. También puede leerse como una historia independiente.

Han pasado diecisiete años desde el surgimiento de la Loba Blanca, y el reinado de los Reyes Licántropos aseguró la paz en todo el reino. La siguiente generación de guerreros ha crecido bajo la protección de sus poderosos gobernantes.

Cassian y Atlas, los herederos gemelos del trono licántropo, ya no son niños. A punto de cumplir dieciocho, los futuros reyes ya se han probado en los campos de entrenamiento con una fuerza, una destreza y un poder muy por encima de su edad. Como gemelos idénticos nacidos con habilidades extraordinarias, su vínculo es irrompible, su lealtad entre ellos absoluta. El reino sabe que algún día gobernarán juntos.

Pero cumplir dieciocho trae algo más que responsabilidad.

Para los licántropos, marca el momento en que el destino puede revelar a la única persona destinada a estar a su lado: su pareja.

Para celebrar el décimo octavo cumpleaños de los gemelos, el palacio se prepara para un gran baile real. Alfas y familias de todo el reino están invitados; muchos llegan con la esperanza de que sus hijas sean elegidas como la futura reina del trono licántropo.

Sin embargo, el destino rara vez sigue el camino que otros esperan.

En algún lugar del reino vive una chica cuya existencia nunca debió ser conocida. Oculta en las sombras de los muros del reino, lleva en la sangre secretos que podrían cambiarlo todo. Secretos lo bastante poderosos como para redefinir el futuro del reino licántropo.

A medida que se acerca la noche del baile, hilos invisibles del destino empiezan a entrelazar vidas de formas que nadie habría podido prever.

El siguiente capítulo de la historia de los Reyes Licántropos está a punto de comenzar.

Y la pareja destinada a dos reyes podría ser mucho más poderosa y peligrosa de lo que cualquiera podría imaginar.
Solo un para siempre

Solo un para siempre

18k Vistas · Completado · A.N. Cruz
¿Es verdad eso que dicen que las experiencias del primer amor no se olvidan nunca?
Digo, porque debe existir una razón para que a estas alturas me siga afectando aquello que viví hace tantos años. Algo que explique, por qué los hechos que me llevaron hasta donde hoy estoy, me persigan sin cansancio.
Desde que todo comenzó, o acabó, depende de cómo se mire, no he podido avanzar. No realmente. Siempre hay algo que me hace regresar atrás.
Una frase. Un lugar. Una fecha.
Todo me lleva hacia él.
A mi supuesto "para siempre".
La frustración y la rabia me llenan cuando recuerdo cómo sucedió todo. Cómo fue capaz de mirarme a los ojos mientras besaba a otra, mientras tocaba a otra. Cómo fue capaz de culparme de todo cuando lo enfrenté.
El dolor de la traición fue horrible. No solo por lastimar mi orgullo, mi dignidad, sino también, por todo lo que provocó en mi posterior vida.
Me prometió un para siempre. Y nunca lo cumplió.
No al menos, de la forma en que debía.
Sin Segunda Oportunidad, Despreocupada y Próspera

Sin Segunda Oportunidad, Despreocupada y Próspera

1.1m Vistas · Completado · Gloria Fox
Hace un mes antes de mi boda, quemé el vestido que había pasado un año haciendo con mis propias manos.
Mi prometido estaba allí con su amante embarazada envuelta en sus brazos, burlándose de mí. —Sin mí, no eres nada.
Me di la vuelta y llamé a la puerta del hombre más rico de la ciudad. —Sr. Locke, ¿interesado en una alianza matrimonial? Estoy ofreciendo una participación de cien mil millones de dólares—más un futuro imperio empresarial, sin costo alguno.
El CEO Sobre Mi Escritorio

El CEO Sobre Mi Escritorio

1.3m Vistas · Completado · McKenzie Shinabery
—Crees que ella te necesita —dice él.

—Sé que sí.

—¿Y si no quiere este tipo de protección?

—La querrá —digo, bajando un poco la voz—. Porque necesita a un hombre que pueda darle el mundo.

—¿Y si el mundo arde?

Mi mano se tensa sutilmente en la cintura de Violet.

—Entonces le construiré uno nuevo —respondo—. Aunque tenga que quemar el viejo yo mismo.

No trabajo para Rowan Ashcroft.
Trabajo bajo él.

Desde mi escritorio, decido quién obtiene acceso al CEO más implacable de la ciudad y quién no pasa del lobby. Gestiono su tiempo, su silencio, sus enemigos. Mantengo su mundo en marcha mientras el mío se derrumba en silencio bajo facturas impagas, una madre internada en rehabilitación y un hermano que desapareció sin despedirse.

Rowan Ashcroft es poder envuelto en un traje a medida.
Frío. Intocable. Implacable.
No coquetea. No sonríe. No ve a las personas, solo su utilidad.

Y durante mucho tiempo, yo solo fui útil.

Hasta que empezó a observarme.

Al principio, el cambio en su atención es sutil. Una pausa demasiado larga. Una mirada que se queda. Órdenes que me acercan en vez de alejarme. El hombre que está de pie frente a mi escritorio empieza a controlar más que mi agenda, y me doy cuenta demasiado tarde de que llamar la atención de Rowan Ashcroft es mucho más peligroso que ser ignorada.

Porque los hombres como él no ansían afecto.
Ansían posesión.

Esto se suponía que era un trabajo.
No una prueba de mis límites.
No una lenta y deliberada caída en su autoridad.

Pero si Rowan Ashcroft decide que pertenezco bajo su escritorio, que así sea.
Sobrevivir tiene un precio, y las facturas no se preocupan por cómo las pago.
Mi padrino es mi Sugar Daddy

Mi padrino es mi Sugar Daddy

35.4k Vistas · En curso · Wendy Ramirez
Hace tres años, Alaric se alejó.
Después de un romance vertiginoso y ardiente, el mejor amigo de mi padre me rompió el corazón.
Me dijo que las cosas eran demasiado complicadas. Desordenadas. Incorrectas.
Que nunca podríamos estar juntos.
Sabía que me amaba, pero el miedo a arruinar a nuestra familia era demasiado grande.
Con demasiado en juego, sacrificó nuestros corazones y lo terminó.

Ahora ha vuelto y todavía me desea.
Todavía me ama.

Pero ahora… estoy comprometida con otro hombre.
Después de la aventura: En brazos de un multimillonario

Después de la aventura: En brazos de un multimillonario

1.3m Vistas · Completado · Louisa
Desde el primer flechazo hasta los votos matrimoniales, George Capulet y yo habíamos sido inseparables. Pero en nuestro séptimo año de matrimonio, él comenzó una aventura con su secretaria.

En mi cumpleaños, la llevó de vacaciones. En nuestro aniversario, la trajo a nuestra casa e hizo el amor con ella en nuestra cama...

Descorazonada, lo engañé para que firmara los papeles de divorcio.

George permaneció indiferente, convencido de que nunca lo dejaría.

Sus engaños continuaron hasta el día en que se finalizó el divorcio. Le lancé los papeles en la cara: —¡George Capulet, a partir de este momento, sal de mi vida!

Solo entonces el pánico inundó sus ojos mientras me suplicaba que me quedara.

Cuando sus llamadas bombardearon mi teléfono más tarde esa noche, no fui yo quien respondió, sino mi nuevo novio Julian.

—¿No sabes —rió Julian en el receptor— que un exnovio decente debería estar tan callado como los muertos?

George rechinó los dientes: —¡Ponla al teléfono!

—Me temo que eso es imposible.

Julian dejó un suave beso en mi forma dormida, acurrucada contra él. —Está agotada. Acaba de quedarse dormida.
El juego de Chase

El juego de Chase

47k Vistas · Completado · Eva Zahan
Huyendo del oscuro pasado de su vida, Sofia McCommer está decidida a empezar de cero y demostrar su valía a su familia uniéndose a la empresa familiar que está al borde de la quiebra.

Arrasado por la vida, Adrian T. Larsen, el poderoso imán empresarial, se ha convertido en un hombre con el que nadie quería cruzarse. Su corazón muerto solo está lleno de oscuridad, por lo que no sabe lo que es la bondad y siente un intenso odio por la palabra: amor.

Y luego viene el juego.

Un juego de ignorar al despiadado playboy que Sofía juega con sus amigos en un club los sábados por la noche. Las reglas eran simples: ignora al multimillonario, hiere su ego y sal. Pero no sabía que salir de las garras de un tigre herido no era algo fácil de hacer. Especialmente cuando el infame hombre de negocios Adrian Larsen estaba en juego aquí.

El destino los une cuando sus caminos chocan entre sí más de lo que Sofia esperaba, cuando el poderoso multimillonario irrumpe en su vida, las chispas y el deseo comienzan a poner a prueba su resistencia. Pero tiene que alejarlo y mantener su corazón cerrado para mantener a ambos a salvo de las peligrosas sombras de su pasado. El oscuro pasado que siempre estuvo al acecho.

¿Pero puede hacerlo cuando el diablo ya ha puesto sus ojos en ella? Ha jugado un juego y ahora tiene que enfrentarse a las consecuencias.

Porque cuando se burlan de un depredador, se supone que lo persigue...
Seduciendo a mi Luna con Miel

Seduciendo a mi Luna con Miel

138.4k Vistas · En curso · La Esclava Blanca
Markos hizo un pacto consigo mismo hacía un par de años: Haría lo que fuera por venganza.
Y no cualquier tipo de venganza.
Para ello necesitaba dejar atrás quién y qué era para forjar un nuevo lobo, uno más letal. Alguien que sería temido y cuyo nombre pasaría a la historia de la raza como el único que libró a las manadas del continente americano del maldito traidor: Alfa Bastian Crow.
Él le quitó su vida y sus sueños. Él le quitaría hasta su jodida alma y luego iría al mismísimo infierno para asegurarse de que ahí Bastian Crow continuara con un castigo eterno.
Reinelle solo sabía una cosa: Sobreviviría y regresaría a casa junto a su hija sin importar qué era lo que tuviera que hacer… o en qué se tuviera que convertir.
Soportaría torturas, derramaría sangre y no tendría piedad de sus enemigos.
Si el precio de sus libertades era matar unos cuantos lobos… bueno, ella no estaba en desacuerdo.

Ella lo ve como una bestia deformada por el odio.
Él la ve como una hembra que no se quebrará, incluso en cadenas.

Ese primer contacto no es romántico todavía, sino un choque de fuerzas salvajes. Lo que nace entre ellos es tensión, rabia y atracción envenenada.
La venganza de la heredera y el CEO secreto

La venganza de la heredera y el CEO secreto

17.7k Vistas · En curso · obraskeyrapayan
Soy Mariana y creció en un orfanato, añorando una familia.
Fui adoptada por una familia, pero su otra hija adoptiva, Emilia, me tendió una trampa y terminé en prisión en su lugar. Ahora, estoy decidida a vengarme.
En mi camino aparece un inesperado protector: un multimillonario de bajo perfil que ha perdido la fe en el amor…
¿Se enamorará de mí? ¿Podremos liberarnos del pasado y tener un hogar juntos?
El deseo del millonario

El deseo del millonario

29.7k Vistas · Completado · maracaballero32
Emiliano Rodríguez regresa a México para estar presente en el funeral y la lectura del testamento de su padre, quien ha dejado indicaciones siempre y cuando cumplan las cláusulas de este es que podrán tomar control de los negocios de la familia. Pero Emiliano no está interesado en asumir nada que tenga que ver con los negocios turbios de su familia, ya que sería tener dos enemigos más contra él: Sebastian y Leonardo, sus dos propios hermanos, hasta que se encuentra con Alicia, la nueva empleada doméstica de la casa de la cual su difunto padre ha dejado órdenes claras de mantenerla en la casona aún en su ausencia. Pero sin previo aviso, todos los planes de Emiliano se van por la borda cuando el deseo nace entre él y la chica del servicio…

El deseo del millonario.