
El Vínculo Prohibido
Valtheris21 · Completado · 115.2k Palabras
Introducción
Valerius y Luna son declarados Almas Gemelas, la unión que ambos juran romper a toda costa. Pero cada intento por separarlos solo los acerca más, hasta que descubren que su lazo podría cambiar el destino de sus mundos… o destruirlos.
Entre el odio y el deseo, las reglas y la libertad, tendrán que elegir ¿obedecer al destino… o elegirse el uno al otro?
Capítulo 1
El Salón de la Tregua no había sido testigo de tanta tensión contenida en generaciones.
Construido en terreno neutral, una isla que no pertenecía a ningún clan ni a ninguna manada, flotando entre bosque y mar como si el destino mismo hubiera decidido que ningún bando tuviera ventaja, el salón brillaba esa noche con mil velas suspendidas en el aire mediante hechizos antiguos. Las columnas de mármol negro ascendían hacia un techo abovedado donde constelaciones falsas giraban lentamente, proyectadas por los Ancianos para recordar a todos los presentes que estaban bajo la vigilancia de algo más grande que sus rencores.
Valerius Ashgrave ajustó los gemelos de su chaqueta, un negro tan profundo que parecía tragar la luz de las velas, y contempló la sala con el desdén educado que había perfeccionado durante sus trescientos años de existencia. A su alrededor, la aristocracia vampírica se movía con la elegancia calculada de quienes habían convertido cada gesto en una declaración de poder. Copas de cristal contenían vino teñido de rojos, solo vino, por respeto al protocolo de la Tregua, y las conversaciones fluían en susurros medidos, como si alzar la voz fuera una forma de vulgaridad imperdonable.
Odiaba estas galas, odiaba la necesidad de sonreír a rivales que apuñalarían a su propia familia por un ascenso en el Concilio, odiaba el perfume denso de las flores importadas de invernaderos custodiados, odiaba, sobre todo, la razón por la que los Ancianos habían convocado esta ceremonia, la firma de una tregua centenaria con los Cambiaformas, esos seres que él consideraba poco más que animales con delirios de grandeza.
Fue entonces cuando las puertas del extremo opuesto del salón se abrieron de golpe.
No con la elegancia contenida de la entrada vampírica, sino con una energía cruda, casi salvaje, que hizo que las velas suspendidas titilaran como si el aire mismo hubiera cambiado de textura.
Luna Fairwind entró como si el salón le perteneciera.
Llevaba un vestido color óxido que contrastaba brutalmente con el negro y el plata de los vampiros, el cabello suelto y desordenado a propósito, una trenza a medio hacer cayendo sobre su hombro como una provocación silenciosa a la etiqueta. A su alrededor, los demás líderes de manada avanzaban con la misma falta de reverencia, riendo demasiado fuerte, bebiendo demasiado rápido, existiendo con una libertad que Valerius encontraba, en el mejor de los casos, irritante.
En el peor de los casos, la encontraba magnética. Y eso lo enfurecía aún más.
Sus miradas se cruzaron por accidente, o eso creyó él, en ese primer instante, desde extremos opuestos del salón.
Y el mundo se detuvo…
Un calor abrasador estalló en el pecho de Valerius, como si alguien hubiera encendido una brasa bajo su esternón, algo imposible para un cuerpo que llevaba tres siglos sin necesitar calor alguno. Sintió que el aire se espesaba, que cada sonido del salón, las risas, el tintineo de las copas, la música del cuarteto de cuerdas, se apagaba hasta convertirse en un zumbido distante, irrelevante.
Al otro lado del salón, Luna se tambaleó como si hubiera recibido un golpe físico. Su mano voló instintivamente a su pecho, los dedos curvándose contra la tela del vestido, y sus ojos, dorados, feroces, imposibles de ignorar, se abrieron con una mezcla de incredulidad y puro terror animal.
—No —la escuchó susurrar, aunque estaban a treinta metros de distancia. Sus oídos vampíricos captaron la palabra con una claridad dolorosa —No, no, no.
Entre ellos, en el espacio vacío que separaba a las dos razas enemistadas, algo comenzó a resplandecer.
Al principio fue solo una hebra de luz dorada, tan tenue que varios invitados la confundieron con un efecto de las velas encantadas. Pero creció, se extendió, serpenteando desde el pecho de Valerius hacia el de Luna como una cuerda tejida de luz líquida, pulsando al ritmo de dos corazones que jamás deberían haber estado sincronizados.
El salón entero enmudeció.
—El Lazo —murmuró alguien, y la palabra se propagó como fuego entre la multitud, pasando de vampiro a vampiro, de cambiaformas a cambiaformas, hasta que todos los presentes miraban fijamente el hilo dorado que unía al heredero de la Casa Ashgrave con la Alfa de la Manada Fairwind.
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Última actualización: 9/12/2026
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