
La amante del amigo de papá
Escarlata Ohara · En curso · 30.2k Palabras
Introducción
Entre secretos familiares, pasiones prohibidas y decisiones que pueden destruirlo todo, Aurora deberá elegir entre lo que es correcto y lo que desea con todo su ser.
Un amor intenso, peligroso y capaz de cambiar la vida de todos a su alrededor.
Capítulo 1
Capítulo 1
POV Aurora Smith
Regresar a la ciudad después de tantos años lejos, me provocaba nervios pero también emoción. Tenía veinticuatro años, había terminado mi carrera en Europa, y por fin estaba de vuelta para empezar mis prácticas profesionales. Mis padres insistieron en hacer una cena especial para celebrar mi regreso. No tuve cómo negarme, aunque venía cansada del viaje.
La casa estaba llena de gente cuando llegué. La decoración, la música, todo estaba preparado como si fuera un evento importante. Apenas entré, mi madre me abrazó con fuerza, y mi padre me tomó del brazo para llevarme con los invitados. Me estaba presentando a todos de nuevo cuando lo vi. Leonardo Sáenz. El mejor amigo de mi padre. El hombre que había sido parte de mi vida desde que era niña. No esperaba que se viera tan bien. Sentí mariposas en el estómago de nuevo como siempre que lo veo.
Trataba de comportarme normal, pero cada vez que él me miraba, me tensaba un poco. No sé si alguien más lo notó. Me senté en la mesa y él quedó frente a mí. Intenté no verlo demasiado, aunque mis ojos regresaban para verlo
Durante la cena, mi tía Susan se puso de pie y pidió silencio. Pensé que iba a dar un brindis por mi regreso, pero no. En cambio, anunció algo que no esperaba escuchar. Dijo que ella y Leonardo estaban comprometidos. Sentí como si el aire me dejara los pulmones vacíos.
Sonreí porque no me quedaba otra opción, pero por dentro sentia una mezcla de celos y enojo. ¿Con qué derecho me enojaba? Ni siquiera era mío. Aun así, mi reacción fue fingir estar feliz por ellos, asentí, aplaudí, pero mi corazón latía fuerte y me costaba mantener la sonrisa.
Me había enamorado de el desde los 20 años y ese fue el motivo por el que me fui del país
Mi padre levantó su copa y dijo que estaba contento por ellos, pero luego añadió algo que volvió a ponerme nerviosa. Comentó que quería que Leonardo me llevara a su empresa de abogados para que aprendiera de él todo lo necesario. Dijo que yo era su hija mayor y que algún día esperaba que me hiciera cargo del imperio familiar. Yo sabía que ese plan existía, pero no pensé que lo mencionarían esa noche, ni mucho menos frente a Leonardo.
Mi madre aprovechó para añadir que sería aún mejor si considerábamos unir a la familia por medio de un matrimonio entre Paul, el hijo de Leonardo, y yo. Lo dijo como si fuera un trato lógico. No pude evitar responder.
Le dije que no estaba dispuesta a casarme por contrato, que yo quería elegir a mi esposo por amor. Mi padre me apoyó, aunque trató de mantener el ambiente en paz.
Cuando la conversación se desvió hacia otros temas, salí al jardín con mi hermana Juliana. Siempre ha sido la persona con quien puedo hablar sin filtros. Me abrazó y empezó a hacerme preguntas sobre mi vida en Europa. Luego, como siempre, llevó el tema hacia lo que más le divertía.
—¿Y cómo te fue con los europeos? —me dijo con una sonrisa traviesa—. ¿Alguno te llevó a su cama?
Blanquee los ojos, pero terminé riéndome un poco.
—No —le dije—. No pasó nada de eso.
Me miró con una ceja levantada, dudando.
—No te creo. ¿De verdad ninguno?
Suspiré. Si alguien merecía saber la verdad, era ella.
—No, Juliana. Aún soy virgen.
Ella abrió mucho los ojos, sorprendida. Iba a decir algo cuando escuchamos el sonido de una copa caer detrás de nosotras. Nos giramos al mismo tiempo. Ahí estaba Leonardo, mirándonos con la boca ligeramente abierta, creo que habia escuchado todo.
Me puse nerviosa, No sabía si ponerme roja o desaparecer. Él sostuvo mi mirada solo un segundo antes de agacharse a recoger la copa rota quería demostrar que no había pasado nada, aunque su cara decía lo contrario. Apenas nos miró y dijo una excusa rápida.
—Perdón, escuché ruido. ¿Puedo usar el baño un momento? —preguntó, sin mirarme mucho.
Juliana señaló hacia la casa.
—Ya sabes dónde está, Leonardo. Arriba, junto a la habitación de Aurora.
Él asintió y se fue. Yo me quedé inmóvil unos segundos. Sentía el calor subirme a la cara, sabía que estaba roja. Juliana me observó con una sonrisa burlona.
—No pongas esa cara —me dijo—. Y no te emociones tampoco. Leonardo es imposible para ti. Es un amor platónico y nada más.
No respondí. Sabía que tenía razón, pero escucharla decirlo tan directo me molestó un poco.
No porque lo negara, sino porque la realidad siempre duele más cuando alguien la dice en voz alta. Ella me dio un golpecito en el brazo y se rió de mi.
Mi madre salió al jardín en ese momento. Nos vio y caminó hacia mí. Me tomó del brazo
—Aurora, ¿qué haces aquí? —susurró, con su tono que sonaba más a reclamo que a preocupación. Me acomodó la ropa, el cabello, todo como si hubiera algo mal conmigo—. Paul acaba de llegar. Quiero que seas amable con él. Coqueta, si es necesario.
La miré con incredulidad.
—Mamá, no voy a hacer eso. No estoy dispuesta a venderme.
Sus ojos se endurecieron. Con mi madre, eso nunca era buena señal.
—Estamos cerca de la ruina, Aurora —dijo en voz baja, reconocerlo en voz alta sería una humillación—. Tu padre lo está intentando todo, pero no alcanza. No quiero verlo caer. Paul puede salvarnos.
Sentí un nudo en la garganta. No sabía nada de esa supuesta ruina, y aunque me costaba creerlo, la forma en que lo dijo me hizo dudar. Aun así, la idea de usarme como moneda de cambio me revolvía el estómago.
—No pienso casarme con alguien que no amo —repetí.
Ella suspiró cansada de escucharme.
—Sube a tu habitación y retoca tu maquillaje. Paul preguntó por ti. No quiero que me hagas quedar mal.
No tuve fuerzas para discutir más. Obedecí porque discutir ahí solo iba a llamar la atención de todos. Caminé hacia la escalera.
Cuando llegué al pasillo, noté algo que me inquietó: la puerta de mi habitación estaba entreabierta. Yo la había cerrado antes de bajar. Me detuve frente a ella, con una sensación rara en el cuerpo. Empujé la puerta despacio.
La habitación estaba casi igual que antes, pero había algo diferente: mi maleta. La había dejado cerrada, pero ahora estaba abierta y toda revolcada.
Ropa por fuera, documentos a un lado, todo mezclado como si alguien hubiera estado buscando algo.
El corazón empezó a latirme fuerte. Di unos pasos adentro, tratando de entender. No escuchaba nada al principio, pero cuando avancé un poco más, oí un sonido suave que venía del baño. Una respiración agitada o algo parecido.
La puerta del baño estaba a medio cerrar. Me detuve un momento, respiré hondo y la empujé con cuidado.
Lo que vi me paralizó.
Allí estaba Leonardo, de pie frente al lavabo, con los pantalones desabrochados y bajados hasta las rodillas.
Su mano derecha agarraba su pene erecto, grande y grueso, con las venas marcadas y la cabeza roja e hinchada, brillando por el líquido transparente que salía de la punta.
Se masturbaba con movimientos rápidos y fuertes, subiendo y bajando la piel, apretando la base y soltando en la punta.
En la otra mano tenía una de mis pantaletas, las de encaje negro que había usado en Europa. Las presionaba contra su nariz, oliéndola mientras se pajeaba, inhalando mi olor con los ojos cerrados y la boca entreabierta.
Gemía bajito, con esa voz ronca que me ponía la piel de gallina, diciendo palabras entrecortadas:
—Aurora... mierda... Aun virgen... hueles tan rico...".
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Por favor, tenga en cuenta que esta es una versión editada de AATD, la historia y el contenido serán los mismos que en la original.
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Alpha at the Door 2020 Por RainHero21 ©












