
ME CONTRATARON PARA SALVARLO Y AHORA ESTOY ENAMORADA DE ÉL
Sofi San · En curso · 176.7k Palabras
Introducción
La segunda...
su hija me pidió que no abandonara a su papá.
Yo solo había ido a limpiar un escándalo.
No a convertirme en la novia falsa del viudo más atractivo del país.
Mucho menos a enamorarme de él.
Durante un mes tendremos que fingir una relación perfecta frente a las cámaras.
Sonreír.
Tomarnos de la mano.
Dormir bajo el mismo techo.
Besarnos cuando los fotógrafos lo pidan.
Todo sería sencillo...
si él no me mirara como si pudiera reparar el corazón que otro hombre rompió.
Y si mi pasado no apareciera justo cuando empiezo a creer que todavía existe un final feliz.
Porque hay algo peor que enamorarte de tu cliente.
Que él empiece a sentirse como tu hogar.
Capítulo 1
—Si quiere salvar su matrimonio, deje de acostarse con la secretaria.
El silencio que siguió fue tan absoluto que incluso el aire acondicionado pareció dejar de hacer ruido.
El señor Benavides dejó de respirar.
Su esposa bajó lentamente el pañuelo con el que llevaba veinte minutos secándose las lágrimas.
Y la secretaria… bueno, la secretaria tuvo la delicadeza de ponerse del color de las cortinas.
Cerré mi libreta sin ninguna prisa, como si acabara de comentar el clima.
—Perfecto. Ahora que todos sabemos cuál es el verdadero problema, podemos dejar de perder el tiempo.
El señor Benavides carraspeó, incómodo.
—Señorita Orsini, creo que—
—No. Usted cree muchas cosas. Por ejemplo, creyó que podía tener una aventura durante ocho meses sin que su esposa lo descubriera.
Deslicé la mirada hacia la mujer sentada frente a él.
—Y usted creyó que amenazar con el divorcio haría que él regresara arrepentido.
Ninguno de los dos acertó.
La señora Benavides respiró hondo, intentando recuperar algo de dignidad.
—No vine para que me humillara.
—No. Vino porque todavía ama a su esposo.
Ella levantó la vista de golpe, sorprendida.
—¿Cómo puede saber eso?
Sonreí apenas.
Porque esa era la pregunta que siempre hacían.
—Porque si realmente hubiera dejado de amarlo, ahora mismo estaría negociando cuánto dinero piensa quitarle durante el divorcio.
En lugar de eso…
Se pasó toda la reunión intentando convencerme de que él todavía puede cambiar.
La mujer abrió la boca.
No salió ninguna palabra.
El señor Benavides me observaba como si acabara de hacer un truco de magia.
No era magia.
Era costumbre.
Después de diez años dedicándome a evitar divorcios millonarios, uno aprende que las personas nunca dicen la verdad cuando llegan a mi oficina.
La verdad siempre aparece unos minutos después.
Cuando dejan de actuar.
Cuando el orgullo se cansa.
Cuando el miedo empieza a hablar.
Me puse de pie.
—Voy a dejarles quince minutos.
No hablen de la amante.
No hablen del dinero.
No hablen del orgullo.
Solo respondan una pregunta.
Abrí la puerta.
—¿Todavía quieren envejecer juntos?
Salí sin esperar respuesta.
Mi secretaria ya estaba esperándome al otro lado del pasillo, apoyada contra la pared con una sonrisa que decía que había escuchado todo.
—¿Cuánto les das?
Miré el reloj.
—Doce minutos.
—Yo digo diez.
—Te falta fe.
Ella arqueó una ceja.
—A ti te sobra ego.
—No es ego. Es experiencia.
Nos quedamos en silencio, escuchando el murmullo lejano de la ciudad filtrarse por las ventanas del despacho.
Exactamente once minutos después, la puerta volvió a abrirse.
La señora Benavides tenía los ojos rojos.
El señor Benavides sostenía su mano con una fuerza que no había tenido cuando llegaron.
—Aceptó darme otra oportunidad —dijo él, con una mezcla de alivio y culpa.
Asentí.
Como si no lo hubiera esperado.
Mientras firmaba el cheque, levantó la vista hacia mí.
—¿Cómo supo que todavía me amaba?
Guardé el contrato dentro de mi portafolio con calma.
—Porque durante una hora no dejó de mirar a su esposa.
Nunca miró a su amante.
Los dos se quedaron completamente callados.
Era una buena señal.
Las personas solo guardan silencio cuando la verdad les cae encima.
Cuando ya no tienen excusas.
Cuando entienden que el problema nunca fue el otro.
Mi secretaria apareció otra vez en cuanto el ascensor se cerró detrás de la pareja.
—Acaba de llamar la familia Montiel.
Seguí caminando por el despacho, quitándome los tacones con un suspiro apenas perceptible.
—¿Qué hicieron ahora?
—El heredero golpeó a un periodista.
—¿Muy fuerte?
Ella revisó la tableta.
—Hospital. Tres puntos de sutura. Las cámaras grabaron todo.
Me detuve.
Eso cambiaba el presupuesto.
—Entonces no quieren una mediadora.
Quieren un milagro.
—¿Aceptamos?
Pensé dos segundos.
Los suficientes para recordar el apellido.
Montiel.
Empresarios.
Fundaciones.
Portadas de revistas.
Dinero antiguo.
Problemas nuevos.
Escándalos que siempre terminaban enterrados antes de llegar demasiado lejos.
—Diles que mi tarifa acaba de duplicarse.
Mi secretaria sonrió.
—Sabía que dirías eso.
—Si quieren que arregle algo así, van a pagar por adelantado.
—Ya lo están haciendo.
Eso me hizo sonreír.
Veinte minutos después, mi automóvil se detuvo frente al Hotel Imperial.
Había periodistas por todas partes.
Micrófonos.
Cámaras.
Luces.
Guardias de seguridad intentando contener el caos.
Y, en medio de todo, un hombre intentando abrirse paso sin mirar a nadie.
No era la imagen del playboy arrogante que había visto en internet.
No había sonrisa encantadora.
No había seguridad.
Parecía…
Cansado.
Muy cansado.
Como alguien que llevaba demasiado tiempo sosteniendo algo que ya no podía cargar.
Un reportero consiguió acercarse.
—¡Sebastián! ¿Golpeó al fotógrafo porque preguntó por otra mujer?
Él siguió caminando.
—¡¿O fue porque mencionó a su esposa?!
Entonces ocurrió.
Su mandíbula se tensó.
Sus manos se cerraron en puños.
Y por un instante tuve la certeza de que iba a volver a golpear a alguien.
Avancé antes de que pudiera hacerlo.
Me coloqué exactamente entre él y las cámaras.
Saqué una tarjeta de mi bolso.
Y se la entregué.
—Si piensa romperle la nariz a otro periodista…
Espere diez minutos.
Primero necesito cobrar el anticipo.
Por primera vez desde que llegué…
Sebastián Montiel levantó la vista hacia mí.
Sus ojos eran más oscuros de lo que esperaba.
Más cansados.
Más peligrosos.
Me observó unos segundos, como si intentara decidir si yo era parte del problema o la única solución disponible.
Después hizo algo que no esperaba.
Sonrió.
Muy poco.
Pero lo suficiente para hacerme pensar que, quizá…
Aquel caso iba a ser mucho más complicado que todos los anteriores.
Y, por primera vez en mucho tiempo…
Sentí que no iba a ser solo un trabajo.
Últimos capítulos
#149 Capítulo 149 149
Última actualización: 10/31/2026#148 Capítulo 148 148
Última actualización: 10/30/2026#147 Capítulo 147 147
Última actualización: 10/29/2026#146 Capítulo 146 146
Última actualización: 10/28/2026#145 Capítulo 145 145
Última actualización: 10/27/2026#144 Capítulo 144 144
Última actualización: 10/26/2026#143 Capítulo 143 143
Última actualización: 10/25/2026#142 Capítulo 142 142
Última actualización: 10/24/2026#141 Capítulo 141 141
Última actualización: 10/24/2026#140 Capítulo 140 140
Última actualización: 10/23/2026
Te podría gustar 😍
Nirvana: De las Cenizas a la Gloria
¿Había olvidado él cómo la estranguló, la obligó a firmar los papeles del divorcio y la convirtió en el hazmerreír de la ciudad? Ahora, él buscaba la reconciliación, pero solo ella decidiría si él era digno...
Guerreros de la luna azul
La máscara del multimillonario (Un romance oscuro y ardiente)
Rompiendo las reglas
Michelle Ranieri es un hombre que sabe lo que quiere. Construyó la cadena de restaurantes más famosa de país desde cero. No ha llegado tan lejos por detenerse ante los obstáculos y es un hecho que nada lo va a detener de convencer a Laila que están hechos el uno para el otro. Si tiene que fingir ser su novio para ello, pues que así sea. Ella puede poner todas las reglas que quiera, pero todo el mundo sabe que algunas reglas están hechas para romperse.
Seduciendo a mi Luna con Miel
Y no cualquier tipo de venganza.
Para ello necesitaba dejar atrás quién y qué era para forjar un nuevo lobo, uno más letal. Alguien que sería temido y cuyo nombre pasaría a la historia de la raza como el único que libró a las manadas del continente americano del maldito traidor: Alfa Bastian Crow.
Él le quitó su vida y sus sueños. Él le quitaría hasta su jodida alma y luego iría al mismísimo infierno para asegurarse de que ahí Bastian Crow continuara con un castigo eterno.
Reinelle solo sabía una cosa: Sobreviviría y regresaría a casa junto a su hija sin importar qué era lo que tuviera que hacer… o en qué se tuviera que convertir.
Soportaría torturas, derramaría sangre y no tendría piedad de sus enemigos.
Si el precio de sus libertades era matar unos cuantos lobos… bueno, ella no estaba en desacuerdo.
Ella lo ve como una bestia deformada por el odio.
Él la ve como una hembra que no se quebrará, incluso en cadenas.
Ese primer contacto no es romántico todavía, sino un choque de fuerzas salvajes. Lo que nace entre ellos es tensión, rabia y atracción envenenada.
Mi Alfa prohibido
En un mundo donde las uniones entre hombres lobo y magos están estrictamente prohibidas y severamente condenadas, Alana, una joven bruja huérfana sin magia, se ve envuelta en una situación no deseada. Su tía egoísta la presiona para que se case con un mago al que no ama y cuyas intenciones son cuestionables. El destino de Alana da un vuelco cuando se adentra en un peligroso bosque y, en un momento de peligro, es salvada por un lobo misterioso y extraordinariamente atractivo llamado Sedrik. Es el alfa de su manada y no espera cruzarse en el camino de Alana de forma tan abrupta.
Embarazada de los Gemelos Genios del Alfa
Atracción Peligrosa
Para muchos, soy la bestia de la mafia. Un líder despiadado, implacable, sin corazón. Fui criado para no sentir, para ser duro y frío, porque en mi mundo, la compasión es una debilidad, y la debilidad te mata. Aquí, solo los fuertes sobreviven, y siempre hay alguien esperando arrancarte la cabeza.
El amor nunca ha tenido lugar en mi vida. Lo considero una tontería, una distracción insignificante que solo debilita a las personas.
Hasta que ella apareció.
LIBRO 1 DE LA SAGA ATRACCIÓN
Después de la Aventura de mi Esposo, me Volví a Casar con un Multimillonario
La venganza de la heredera y el CEO secreto
Fui adoptada por una familia, pero su otra hija adoptiva, Emilia, me tendió una trampa y terminé en prisión en su lugar. Ahora, estoy decidida a vengarme.
En mi camino aparece un inesperado protector: un multimillonario de bajo perfil que ha perdido la fe en el amor…
¿Se enamorará de mí? ¿Podremos liberarnos del pasado y tener un hogar juntos?
El compañero de segunda oportunidad de Luna
Abrí la boca cuando la conmoción y el dolor me llenaron el cuerpo. Mi marido se estaba acostando con mi hermanastra en nuestra noche de bodas. Lágrimas calientes brotaron de mis ojos mientras los sonidos húmedos y los gemidos se hacían cada vez más fuertes.
Larissa, la estimada Luna de la manada Tokenmoon, lo tenía todo. Un marido cariñoso y una manada fuerte. Pero todo era mentira. Stefan, su marido alfa, era el diablo. La maltrataba y abusaba constantemente mientras la engañaba con su hermanastra. Para empeorar las cosas, la rechazó y la despidió. Con el corazón roto, Larissa estaba perdida hasta que se topó con su pareja de segunda oportunidad.. Kaden.
Kaden, guapo como el pecado y el alfa de la manada de Griffen-Howl, es un hombre roto. Cuando su esposa huye con otro hombre, mientras lo abandona a él y a su hijo, promete no creer nunca en el amor. Pero cuando una mujer sin hogar, Larissa, entra en su territorio, parece que podría estar rompiendo esos votos. Ella es su compañera de segunda oportunidad, pero ¿podrá volver a creer en el amor?
Notas de Colisión
Valentina Cruz es la mejor copiloto que nadie quiere contratar. En un mundo dominado por hombres, su talento táctico está desperdiciado en ligas menores, hasta que una deuda familiar amenazante la obliga a aceptar un trato con el diablo. Y el diablo tiene nombre: Ares Thorne.
Arrogante, temerario y con un historial de copilotos hospitalizados, Ares es el chico malo indiscutible del Campeonato Mundial. Necesita a Val para no perder su asiento, pero se niega a escuchar su voz. Encerrados en el infierno asfixiante del coche de carreras, la hostilidad inicial se transforma en una dependencia brutal. Cada curva ciega los obliga a confiar, cada roce en las cabañas heladas tras las carreras rompe sus defensas. Val pensó que lo más peligroso del rally era la pista, pero pronto descubrirá que lo verdaderamente letal es enamorarse del hombre que lleva el volante.












