Matrimonio Por Contrato con el Señor Alarcon
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Ella solo es un contrato
Para él, ella no es más que una obligación. Una firma sobre el papel, un anillo en su dedo y una promesa que debe cumplir, aunque eso signifique casarse con una mujer a la que jamás habría elegido por voluntad propia.
Él aceptó aquel matrimonio por una promesa que hizo tiempo atrás. No busca amor, no quiere complicaciones y mucho menos piensa permitir que su esposa se confunda sobre el lugar que ocupa en su vida. Las reglas son sencillas: ella tendrá su apellido, disfrutará de su dinero y cumplirá con su papel de esposa. Nada más.
Pero ella tampoco se casó esperando un cuento de hadas. Sabe que su matrimonio tiene fecha de caducidad y que, para su marido, su valor no va más allá de lo que establece el contrato.
Lo que él no sabe es que su nueva esposa será mucho más difícil de ignorar de lo que imaginaba. Porque mientras él cree que puede comprar su silencio, controlar sus movimientos y mantener su corazón a salvo, ella comienza a conquistar espacios que ningún contrato contemplaba.
Y cuando finalmente comprenda que aquella mujer no solo amenaza su tranquilidad, sino también sus certezas, sus deseos y todo aquello que juró no sentir jamás, quizá sea demasiado tarde.
Él se casó para cumplir una promesa. Ella terminará convirtiéndose en la única mujer de la que no podrá librarse.
Porque el dinero puede comprar muchas cosas, pero nunca podrá garantizar que un corazón permanezca fuera del trato.
Para él, ella no es más que una obligación. Una firma sobre el papel, un anillo en su dedo y una promesa que debe cumplir, aunque eso signifique casarse con una mujer a la que jamás habría elegido por voluntad propia.
Él aceptó aquel matrimonio por una promesa que hizo tiempo atrás. No busca amor, no quiere complicaciones y mucho menos piensa permitir que su esposa se confunda sobre el lugar que ocupa en su vida. Las reglas son sencillas: ella tendrá su apellido, disfrutará de su dinero y cumplirá con su papel de esposa. Nada más.
Pero ella tampoco se casó esperando un cuento de hadas. Sabe que su matrimonio tiene fecha de caducidad y que, para su marido, su valor no va más allá de lo que establece el contrato.
Lo que él no sabe es que su nueva esposa será mucho más difícil de ignorar de lo que imaginaba. Porque mientras él cree que puede comprar su silencio, controlar sus movimientos y mantener su corazón a salvo, ella comienza a conquistar espacios que ningún contrato contemplaba.
Y cuando finalmente comprenda que aquella mujer no solo amenaza su tranquilidad, sino también sus certezas, sus deseos y todo aquello que juró no sentir jamás, quizá sea demasiado tarde.
Él se casó para cumplir una promesa. Ella terminará convirtiéndose en la única mujer de la que no podrá librarse.
Porque el dinero puede comprar muchas cosas, pero nunca podrá garantizar que un corazón permanezca fuera del trato.


















































