
NUESTRO PACTO SECRETO
MACA · En curso · 81.1k Palabras
Introducción
El contrato como diseñador de sonido le dará el dinero suficiente para terminar su propio estudio y, de paso, podrá ayudar a Abril, su mejor amiga, a acercarse a Mateo Rivas, el cantante del que lleva meses hablando.
Todo parece soportable hasta que conoce a Dante Saavedra.
Dante dirige el documental de la gira, cambia horarios sin avisar, improvisa cuando Teo necesita planificación y parece disfrutar demasiado provocándolo. El problema es que también entiende su trabajo mejor que nadie y juntos consiguen capturar momentos que ninguno habría logrado por separado.
La irritación se convierte rápidamente en atracción.
Para evitar que algo personal arruine el proyecto, Teo y Dante establecen un pacto secreto: durante la gira no harán nada que pueda comprometer el trabajo y, si alguno quiere romper la regla, tendrá que admitirlo antes de tocar al otro.
Lo que parecía una solución termina convirtiéndose en una tortura deliciosa.
Porque ocho semanas pueden parecer poco tiempo hasta que empiezas a enamorarte de alguien que siempre está preparándose para marcharse.
Y Teo lleva toda su vida intentando encontrar un lugar donde quedarse.
Capítulo 1
―No voy a pasar ocho semanas persiguiendo a un cantante para que tú consigas una cita.
Abril dejó mi taza de café sobre la mesa.
―No es perseguir. Es acompañar profesionalmente.
―Tú vas a vestirlo.
―Y tú vas a grabarlo.
―Voy a grabar sonido ambiental para un documental. No a fabricar encuentros románticos.
―Qué hombre tan poco solidario.
―Qué mujer tan peligrosa cuando necesita favores.
Abril se sentó frente a mí y juntó las manos.
―Teo, escucha. El contrato paga casi todo lo que te falta para abrir el estudio.
Eso sí me hizo callar.
Tenía razón.
Odiaba cuando tenía razón.
Desde hacía cuatro años guardaba dinero para montar un estudio propio. Un sitio con mis equipos, mis horarios y, sobre todo, una llave que no tuviera que devolverle a nadie al terminar un proyecto.
La gira pagaba demasiado bien.
Ese era el problema.
Las cosas que pagaban demasiado bien solían exigir una parte de tu alma o, en este caso, seis ciudades, diecisiete conciertos y una mejor amiga obsesionada con Mateo Rivas.
―¿Cuánto tiempo llevas enamorada de él? ―pregunté.
―No estoy enamorada.
―Tienes una carpeta en el teléfono llamada “referencias de vestuario Mateo”.
―Soy estilista.
―Hay fotos de él sin camisa.
―Referencias de torso.
―Eso no existe.
―Ahora sí.
Me reí.
Abril sonrió con la satisfacción de alguien que acababa de detectar una grieta.
―Di que sí.
―Todavía no.
―Ya pedí tu entrevista.
La miré.
―¿Qué hiciste?
―Te conseguí una entrevista.
―Sin preguntarme.
―Ibas a decir que no.
―Esa no es una defensa.
―Es una explicación.
Mi teléfono vibró.
Correo nuevo.
Producción Gira Horizonte.
Cita: 13:00.
Levanté la pantalla.
―Te voy a bloquear.
―Después de firmar.
―No he firmado.
―Pero ya estás calculando cuánto costaría insonorizar la cabina principal.
La odié un poco.
A la una menos diez estaba entrando en un estudio audiovisual al otro lado de la ciudad.
No por Abril.
Por el dinero.
Eso repetí cuatro veces mientras esperaba en recepción.
Una mujer con carpeta negra apareció.
―¿Teodoro Luján?
―Teo.
―Lara Montes, tour manager.
Nos dimos la mano.
―He escuchado tu trabajo.
―Eso espero, considerando que me citaron.
Sonrió.
―Ven.
La sala de reuniones tenía cables, maletas de cámaras y demasiadas personas hablando al mismo tiempo.
Mi clase particular de infierno.
Lara me explicó el proyecto.
La gira sería grabada como documental íntimo. No querían únicamente conciertos. Querían pruebas de sonido, trayectos, habitaciones vacías después de cada show, conversaciones entre músicos y pequeños fragmentos de ciudad.
―Necesitamos alguien que entienda que el sonido también cuenta historia ―dijo.
Eso me gustó.
―¿Horarios definidos?
Lara hizo una pausa.
Mala señal.
―Hay planificación.
―No pregunté eso.
―Los horarios pueden moverse.
―¿Cuánto?
Una voz masculina respondió detrás de mí.
―Lo suficiente para que preguntarlo sea optimista.
Me giré.
El hombre llevaba una cámara colgada del hombro y una camiseta negra que no necesitaba ayuda para ajustarse demasiado bien.
Alto.
Barba corta.
Cabello oscuro.
Y una sonrisa que me irritó antes de que dijera otra palabra.
―Dante Saavedra ―se presentó―. Director del documental.
―Teo Luján.
―Ya sé.
―Qué inquietante.
―Leí tu ficha.
―Menos inquietante.
Dante dejó la cámara sobre la mesa.
―Me gusta tu trabajo.
―Gracias.
―Pero está demasiado limpio.
Mi agradecimiento murió joven.
―¿Perdón?
Lara cerró los ojos.
Parecía haber presenciado aquello antes.
Dante se apoyó en la mesa.
―Tus podcasts suenan perfectos. Todo está donde debe estar. Nada estorba.
―Eso suele considerarse una virtud.
―Para publicidad, sí.
―¿Y para ti?
―Quiero escuchar puertas cerrándose, gente respirando antes de salir al escenario, conversaciones que no parecen preparadas.
―También sabes que existen micrófonos direccionales y edición.
―Sé que si editas demasiado, matas el momento.
―Y yo sé que si grabas basura, después nadie puede resucitarlo.
Silencio.
Lara miró el techo.
Dante sonrió.
No como alguien ofendido.
Como alguien entretenido.
Eso me irritó más.
―Me gusta ―dijo.
―Qué alivio. Estaba preocupado por tu aprobación.
―No hablaba de ti.
―Mejor.
―Hablaba de que discutas.
―Eso sí era sobre mí.
Se acercó para tomar una carpeta junto a mi brazo.
Demasiado cerca.
Su antebrazo rozó el mío.
Fue un contacto breve, absurdo.
Mi cuerpo decidió registrarlo con una claridad ofensiva.
Dante también miró el punto donde nos habíamos tocado.
Después me miró a mí.
Un segundo más de lo normal.
Perfecto.
Además de desordenado, atractivo.
Inconveniente.
―Primera regla ―dije―. Si quieres cambiar una grabación, me avisas.
―Primera regla mía: si aparece algo bueno, no voy a esperar una reunión.
―Entonces vamos a tener problemas.
―Eso parece.
Lara golpeó la carpeta contra la mesa.
―¿Puedo recuperar mi entrevista?
―Por favor ―dije.
Dante levantó ambas manos.
―Soy una víctima de la burocracia.
―Eres una víctima de tu personalidad.
Soltó una carcajada.
Grave.
Demasiado agradable.
Me senté.
La entrevista continuó durante treinta minutos.
Equipos.
Disponibilidad.
Permisos.
Viajes.
Pago.
Cuando Lara dijo la cifra exacta, pensé en la cabina principal de mi estudio.
Después en los paneles acústicos.
Después en el alquiler.
―Acepto.
―Perfecto ―dijo Lara―. Salimos el lunes.
―¿Este lunes?
―Ese suele ser el que viene después del domingo.
―Necesito organizar equipos.
Dante intervino:
―Te dije que preguntar por horarios era optimista.
Lo miré.
―Todavía puedo renunciar.
―No lo harás.
―¿Por qué estás tan seguro?
Su mirada bajó al contrato frente a mí.
―Porque llevas veinte minutos mirando esa cifra como si ya hubieras gastado el dinero.
Maldito.
Firmé.
Firmar debería haberme tranquilizado. En cambio, sentí esa incomodidad que aparecía cada vez que algo dependía de personas que no conocía. Durante años había aprendido a construir rutinas alrededor de trabajos temporales, pero aquella gira era distinta. Dormiría en hoteles, compartiría autobuses, trabajaría a horas absurdas y tendría a Dante cuestionando cada decisión técnica. Era el tipo de caos que evitaba.
También era exactamente el dinero que necesitaba.
Miré la firma.
Ocho semanas.
Cincuenta y seis días.
Podía soportar cualquier cosa durante cincuenta y seis días.
Incluso a un director demasiado atractivo que parecía disfrutar de llevarme la contraria.
Eso decidí no contabilizarlo como riesgo profesional.
Abril me esperaba afuera.
No pregunté cómo sabía a qué hora terminaba.
―¿Y? ―dijo.
―Ocho semanas.
Chilló.
―No hagas eso.
Me abrazó.
―Te amo.
―Tú amas a Mateo.
―Puedo repartir cariño.
―Eso me preocupa.
Nos separamos.
―¿Lo conociste?
―No. Conocí al director del documental.
―¿Cómo es?
Pensé en la camiseta negra.
En la sonrisa.
En aquel segundo extraño después de rozarnos.
―Desorganizado.
―Eso no fue lo que pregunté.
―También arrogante.
Abril entrecerró los ojos.
―¿Guapo?
―Objetivamente.
―Teo.
―¿Qué?
―Tienes esa cara.
―No tengo ninguna cara.
―La de “esto es una pésima idea y probablemente voy a hacerlo igual”.
Mi teléfono vibró.
Un mensaje de un número desconocido.
“Lunes, seis de la mañana. Intenta no llegar cinco minutos antes solo para juzgarme.”
Debajo aparecía un nombre.
Dante.
Abril leyó por encima de mi hombro.
―Vas a divertirte.
Tecleé una respuesta.
“No te emociones. Solo necesito tu documental para pagar mi estudio.”
La respuesta llegó enseguida.
“Perfecto. Yo solo necesito tu oído.”
Fruncí el ceño.
Apareció otro mensaje.
“Lo demás podemos discutirlo durante las próximas ocho semanas.”
Abril sonrió.
―Creo que tu gira acaba de ponerse interesante.
Guardé el teléfono.
―Ni se te ocurra empezar.
Ella señaló mi bolsillo.
―Yo no empecé nada, Teo. Pero tengo la impresión de que Dante sí.
Últimos capítulos
#80 Capítulo 80 80
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Última actualización: 9/30/2026#76 Capítulo 76 76
Última actualización: 9/29/2026#75 Capítulo 75 75
Última actualización: 9/29/2026#74 Capítulo 74 74
Última actualización: 9/29/2026#73 Capítulo 73 73
Última actualización: 9/28/2026#72 Capítulo 72 72
Última actualización: 9/28/2026#71 Capítulo 71 71
Última actualización: 9/27/2026
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