Mentiras de fuego
919 Vistas · En curso · sarakimve
Dicen que el dinero compra poder, pero en mi familia solo compró una diana en mi espalda.
Cuando los negocios oscuros de mi padre nos pusieron en el punto de mira del hampa internacional, él contrató al hombre más implacable del entorno corporativo y militar: Dante Kael. Frío, arrogante y letal, Kael asumió el rol de mi sombra y mi protector.
Al principio nos odiamos con furia. Pero en la clandestinidad, entre carreteras oscuras, disparos y noches en refugios olvidados, la fricción se convirtió en fuego. Caí en su juego. Me enamoré de la calidez detrás de sus cicatrices, de la forma en que arriesgaba su vida por la mía. Pensé que había encontrado a mi aliado en medio del caos.
Qué ingenua fui.
No sabía que Dante no llegó a mi vida para salvarme, sino para destruirme. Mi rescate era su fachada; mi fortuna, su objetivo; y mi corazón, solo un daño colateral en su plan maestro.
Él dice que se enamoró de verdad y que está dispuesto a dar la vida por mi perdón. Pero no se engañen: si Dante jugaba a ser el depredador, ahora va a descubrir lo peligrosa que puede ser la presa cuando ya no le queda nada que perder.
Cuando los negocios oscuros de mi padre nos pusieron en el punto de mira del hampa internacional, él contrató al hombre más implacable del entorno corporativo y militar: Dante Kael. Frío, arrogante y letal, Kael asumió el rol de mi sombra y mi protector.
Al principio nos odiamos con furia. Pero en la clandestinidad, entre carreteras oscuras, disparos y noches en refugios olvidados, la fricción se convirtió en fuego. Caí en su juego. Me enamoré de la calidez detrás de sus cicatrices, de la forma en que arriesgaba su vida por la mía. Pensé que había encontrado a mi aliado en medio del caos.
Qué ingenua fui.
No sabía que Dante no llegó a mi vida para salvarme, sino para destruirme. Mi rescate era su fachada; mi fortuna, su objetivo; y mi corazón, solo un daño colateral en su plan maestro.
Él dice que se enamoró de verdad y que está dispuesto a dar la vida por mi perdón. Pero no se engañen: si Dante jugaba a ser el depredador, ahora va a descubrir lo peligrosa que puede ser la presa cuando ya no le queda nada que perder.


















































